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Funerarte recupera la memoria enterrada en los cementerios a través de paseos llenos de historia

Nayara Garde Carlos | Efeminista - 21 mayo, 2026

Recuperar la idea que imperaba en el siglo XIX, cuando los cementerios eran vistos como espacios de paseo e incluso como lugares de ocio, es el propósito de Paloma Contreras y de Ainara Arizcoy. Juntas crearon la Asociación Funerarte, con la que se dedican a contar historias desde el nicho y "por su final" para enseñar, a quienes se animan a caminar con ellas, a prestar atención a su propia memoria.

"El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla", advierte Arizcoy. Una historia, que en el caso español, ha empujado al abandono paulatino de las visitas a las necrópolis del país, donde el silencio y las flores de plástico, se imponen sobre las naturales.

La desatención a los cementerios españoles es consecuencia de la guerra civil: "A partir de la guerra civil empezamos a utilizar los cementerios, no sólo para enterrar, sino también fusilamos dentro de ellos". Para ella, esto supuso un "traer de vuelta a la muerte a los cementerios" que aún hoy, no se ha podido superar, explica Contreras

Alejadas de este "yuyu", para Funerarte, las necrópolis son paisajes de muerte donde sobrevive la memoria. Juntas llevan seis años luchando contra la amnesia que envuelve, sobre todo, el recuerdo de muchas mujeres que antaño no tenían permitida la entrada a los cementerios en los días de entierro.

"Si no podíamos estudiar en en su momento tampoco éramos relevantes ni importantes y ahí nos quedamos, en el cajón. ¡Y anda que no hubo mujeres que hicieron un montón de cosas importantes!".

Paloma Contreras y Ainara Arizcoy de Funerarte posan en una entrevista para Efeminista. EFE/Marcos Moreno

Mujeres que visitan los cementerios: una "venganza histórica"

P.- ¿Cómo es la gente que se acerca a Funerarte?

Contreras.- Pues el perfil del público que solemos tener en nuestras visitas es que es bastante variado. Entre semana solemos tener grupos de personas que se dedican a conocer Madrid y demás, que son personas jubiladas, principalmente mujeres. A los hombres les suele costar más venir a los cementerios.

Y luego los fines de semana organizamos otras visitas por nuestra cuenta y ahí tenemos de todos los perfiles. Hemos tenido desde niños, hasta personas de 90 años. Ahí varía, varía absolutamente todo. 

Es principalmente gente que le interesa la cultura de los cementerios, que está acostumbrada a visitar cementerios cuando sale al extranjero o cuando va a otra ciudad y principalmente gente que le gustan las historias que hay dentro de los cementerios. 

P.- Señalas las que más vienen son mujeres, aunque históricamente, a las ellos no les dejaban estar en los cementerios...

Contreras.- Debe ser por amor histórico, por venganza o algo así. Las mujeres antes no podíamos venir a los entierros.

De hecho en La Casa De Bernarda Alba, sin ir más lejos, ellas se quedan en la casa y son los hombres los que van al cementerio. Toda la obra transcurre dentro de la casa porque ellas no han podido ir al cementerio. 

No es hasta después de la muerte de Franco cuando las mujeres empezamos a poder venir como algo más apropiado. Antes veníamos solamente a limpiar las sepulturas y a poner las flores, pero lo que era el día del entierro no podíamos venir. 

Nosotros tenemos por la idea que era porque, como los hombres llorarían por tristeza al estar aquí, serían el “sexo débil” en ese momento más vulnerable, y los “Señores” en el siglo XIX lo que tenían que hacer era ocupar los espacios. Entonces verlos tristes hoy llorando sería bajarles el nivel a “señores”. 

Tenemos esa teoría de que no podíamos por eso, porque nosotras "nos desmayaríamos, montaríamos un escándalo, etcétera". Pero creemos que es más por no ver, que el hombre no dejara de ser un hombre viril incluso dentro del cementerio.

"Encontrar las mujeres en el cementerio es buscarlas"

P.- Dentro de vuestros itinerarios tenéis uno dedicado a la memoria de las mujeres. Vosotras mismas, ¿cómo llegáis a conocer estas historias no contadas de mujeres? 

Arizcoy.- Por ejemplo, en este cementerio (San Justo) hay un libro publicado y en una primera edición únicamente había caballeros, salvo dos mujeres, dos mujeres frente a más de 50. Entonces te planteas, ¿no ha habido señoras que han hecho cosas? 

A veces tiramos de fuentes más profesionales, —luego ahora os cuenta Palomas sobre la Biblioteca Nacional—, pero a veces nos pasan cosas… Yo creo en las causalidades, en las casualidades. 

A veces vas paseando por el cementerio y te llama la atención un nombre, por lo que sea y empiezas a tirar de un hilo y te encuentras con unas historias maravillosas de grandísimas mujeres metidas en el baúl del olvido. 

Llegamos por diferentes caminos, ¿no? Pero a mí ese camino de la causalidad me gusta mucho. Me parece muy romanticón, muy de película.

Contreras.- Encontrar las mujeres en el cementerio es buscarlas. O sea, es investigación pura y dura. Ver nombre, lo que dice Ainara. 

Hay alguna que te llama que directamente te dice: "Fíjate en mí que necesito salir a la palestra”.

Pero sobre todo es investigación. O sea, son muchas horas de buscar nombres, de entrar en la hemeroteca, de ver si tiene alguna relación de algo…

Como en el siglo XIX tenían tantísimo ego, lo promocionaban todo, cualquier historia, aunque fueran a salir de su casa al teatro. Lo publicaban en el periódico y eso nos ha servido para ir hilando las historias de diferentes personas, de mujeres, aunque no fueran protagonistas.

Porque si no podíamos estudiar en en su momento tampoco éramos relevantes ni importantes y ahí nos quedamos en el cajón y anda que no hubo mujeres que hicieron un montón de cosas importantes. 

Paloma contreras caminando entre los nichos del cementerio de San Justo. EFE/Marcos Moreno

Las consecuencias de la guerra civil: una "herida abierta"

"Con la guerra civil volvimos a traer la muerte al cementerio". 

P.- Parece que la gente ahora ya no viene a los cementerios. ¿Por qué creéis que esto es así? 

Contreras.- Los cementerios durante el siglo XIX y principios del X estaban pensados para venir a pasear y estar aquí con la con tu difunto pasando el día. De hecho, se hacían hasta picnics, pero es a partir de la guerra civil cuando cambiamos ese concepto. 

Empezamos a utilizar los cementerios como lugar, no sólo para enterrar, sino fusilamos, dentro de los cementerios y en las y en los patio y en las tapias de fuera hacemos las fosas comunes y demás... Con lo cual cambiamos por completo ese concepto. Volvimos a traer la muerte al cementerio. 

Nos está volviendo a costar sacar, —no sacar porque realmente no puede sacar la muerte del cementerio porque es su sitio—, pero convertir al cementerio en un sitio, no solamente donde venir a llorar y venir a a recordar a tus difuntos, sino que puedes también visitarlo como un museo al aire libre. 

Arizcoy.- Tenemos un problema que es el siglo XXI. No asumimos que envejecemos, no asumimos que vamos a morir. Hemos apartado la muerte de tal manera que no interiorizamos que son las dos caras de una misma moneda.

Si tienes miedo a morir es porque has nacido, si no, no haber nacido. 

Al final vamos a envejecer algo que no asumimos, todo el tema de la estética, sobre todo, además, machacando a las mujeres, no se nos exige más. Tenemos que estar siempre perfectas… 

Y luego no se habla de la muerte, el yuyu, el cementerio. Nos hemos inventado los tanatorios, nos hemos inventado hospitales, donde la gente a paliativos va a morir. Son lugares en los que van a morir. 

Morir en casa está mal visto, como nos da como miedo. “¡Ay, un muerto en mi casa!”. No pasa nada. 

P.- En otras zonas de Europa no tienen esta visión lúgubre de los cementerios. De hecho, siguen haciendo picnics en ellos. ¿Creéis que esto en la España actual sería posible? ¿Qué hay que hacer para conseguirlo? 

Arizcoy.- Yo estoy un poco con lo que ha dicho Paloma, la guerra civil aquí abre una herida que todavía no está cerrada. Realmente, creo que tienen que pasar por lo menos dos generaciones más o igual abrir la herida para curarla bien.

Los cementerios son lugares terroríficos. Aquí se fusilaba, aquí no solo es que se trajeran difuntos, es que aquí se provocaba la misma muerte. Y son lugares que nos tienen pues nos dan todavía esa tristeza, ese dolor. 

Imagen de los columbarios de San Justo. EFE/Marcos Moreno

Las desigualdades de la vida se trasladan a la muerte

"El único momento en el que nos igualamos en la muerte es en la mesa del tanatorio".

P.- Un dato: 2025 fue el primer año en el que —ya era una tendencia que se veía venir—, las cremaciones superaron a las inundaciones. ¿Qué repercusión creéis que va a tener esto en el cementerio? Ya no solo a nivel estético, sino en el vínculo que nosotros tenemos con los cementerios.

Contreras.- Mucha gente utiliza la cremación para luego llevar las cenizas a otro lado, a esparcirlas —que no se puede, que está prohibido—, o hacer el entierro en el mar o tenerlo en la mesilla en su casa. En ese sentido, yo creo que los cementerios irán desapareciendo lo que es el concepto del arte funerario y demás, pero sobre todo, no le vamos a dejar ningún rastro a los pobres arqueólogos del futuro. Y eso me parece terrible. 

Si todos nos incineramos los arqueólogos del futuro van a necesitar también conocer nuestra historia y no la van a poder encontrar porque vamos a ser todos ceniza.

Realmente aquí, en este cementerio, tenemos entierros todos los días y hay entierros de todo tipo, o sea, en este caso tampoco es que ganen las cremaciones. Hay muchos, muchos veces que se entierra el cadáver entero. Es por practicidad, principalmente, por no pagar una sepultura, por un montón de cosas. 

P.- Vosotras que paseáis por cementerios con más frecuencia, ¿de qué manera consideráis que se trasladan las desigualdades de la vida a la muerte?

Contreras.- El único momento en el que nos igualamos en la muerte es en la mesa del tanatorio, pero según nos colocan en la mesa del tanatorio, porque ya si eliges maquillarte... Ya ahí la muerte vuelve a ser diferente. 

Todo depende del dinero que tuviera tu familia en su momento. Siempre estamos pensando en el ego decimonónico, el “yo estuve aquí, yo he vivido y me voy a hacer una sepultura enorme para que me recuerdes”.

Les funcionó. Sí, porque dos siglos más tarde es lo que estamos haciendo, viendo esas esas sepulturas. 

Entonces, en cuestión de dinero, principalmente, si no tienes una sepultura familiar, normalmente se suele utilizar escoger un cementerio municipal donde el mismo seguro te da una sepultura, —aunque en este tipo de cementerios, en los sacramentales, el seguro también te cubre la sepultura, que mucha gente no lo sabe—. Es todo como un trámite más rápido, que el marrón se lo coma el siguiente dentro de 10, de 25 o de 75 años. 

Es un poco más olvidar, enterrar realmente, enterrar para olvidar. No enterrar para recordar como se hacía antes. 

Imagen del cementerio de San Justo. EFE/Marcos Moreno

"El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla"

P.- ¿Qué importancia creéis que tienen los trabajos como el vuestro, vinculados directamente con la memoria?

Contreras.- Es importante recordar constantemente, hacer que la gente no caiga en el olvido e incluso de descubrir bastantes historias. 

Por ejemplo, nosotras hemos descubierto que la patente de la Vespa en España la trajo una mujer. Y eso no está escrito por ningún lado, de hecho no aparece ni en la propia página de Vespa. 

Entonces, el ir sacando de la memoria de esos sitios que directamente nos ocuparon los hombres, por lo que fuera. Nosotras siempre éramos “la mujer de”. En los cementerios hay veces que no somos “la mujer de”, sino que nosotros tenemos un nombre y ellos son nuestros viudos

Intentamos sacar ese a esas mujeres que estaban completamente olvidadas para recordarlas y para decir: "oye, que esto no lo inventó un señor, lo inventó una mujer o esto fue una mujer la primera que lo hizo, aunque nos han estado ninguneando durante todo este tiempo”. 

P.- Entonces, ¿diríais que para eliminar ese estigma que hay en España con los cementerios, lo único que nos queda es esperar a superar este "trauma" que tenemos de la guerra civil?

Contreras.- Sí, realmente sí. Es es reeducar nuevamente a la población. Que aprender a decir que esto son sitios de historia.

Reivindicar esa parte histórica y museística que tienen que tienen los cementerios, pero, ¿qué nos va a costar? Sí, poco a poco.

Nosotras en seis años hemos avanzado muchísimo. En el 2020 venía poca gente y venía asustada; ahora los grupos que vienen suelen repetir. Entonces, bueno, pues por un lado nos gusta porque eso significa que hacemos muy bien nuestro trabajo y por otro que estamos aumentando el interés hacia el resto de las personas para que vengan a los cementerios.

Arizcoy.- Yo creo que además hay que ahondar en ese concepto de reeducar. Tenemos una herida abierta histórica por la propia guerra civil que ha pasado este país, pero creo que es un problema de verdad, de esa modernización, de esta sociedad que todo lo quiere hacer corriendo y que volvemos a negar la mayor: no entendemos que la muerte es el final de la vida.

Y esto hay que decirlo así y no es ningún drama ni hay que hacer un trauma de esta frase, hay que entenderlo, asumirlo y vivirlo.

Empezamos por el final, pero contamos lo mismo. Ahondamos en esas historias que no hay que perder, que hay que recuperar. Esto es super importante: el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla. (Ojo a esto).

P.- Muchas veces parece que la gente se acerca antes a la tumba de sus ídolos que a las de su propia familia. ¿Por qué es eso?

Arizcoy.- La mitomanía es entre vivos y entre difuntos. Cuando uno admira o tiene una obsesión, —incluso en algunas ocasiones hasta enfermiza—, por un personaje determinado quiere acercarse hasta su descanso eterno. Quiere hacerse la foto, quiero figurar, quiero sacar en mi red social que lo he estado viendo.

Muchas veces, durante las guías ves que están más pendientes del encuadre de la foto de que de la propia historia

Yo estoy muy a favor de ser fan, yo admiro a Sara Montiel (que está aquí) y me parece una mujer maravillosa, fenomenal... Pero admiramos a otras muchas mujeres que nadie conoce y que no han sido grandes personajes mediáticos. 

El cementerio: la ciudad de los muertos, un reflejo de los vivos

P.- ¿Qué diríais para terminar?

Arizcoy.- Al final el cementerio es el reflejo de la ciudad de los vivos, es la ciudad de los muertos. Ahora utilizamos la palabra "cementerio" por el término de la resurrección, el dormir... Pero la palabra griega, la "necrópolis" es ciudad de los muertos. Aquí se refleja la ciudad de los vivos. Los cementerios se dividen por calles, por números. Los cementerios tienen perfectamente identificadas las zonas de epidemias de cólera, epidemias de peste, epidemias de la COVID.

Todo lo de los vivos se refleja aquí en lo de los muertos.

Aquí se aprende. Se puede y se debe venir a los cementerios a aprender a mirar y a observar. Cuando tú vienes con tu duelo no estás en circunstancias de mirar ni de observar. Estamos hablando de un sentimiento de pérdida donde hay dolor solo respeto.

Pero cuando no tienes ese sentimiento, ven, mira, observa y encontrarás. Y verás y te darás cuenta de muchas cosas y volverás a colocar las piezas en su sitio, es super importante, de verdad.

Imagen de una tumba del cementerio de San Justo. EFE/Marcos Moreno