Milena Busquets: «Si eres mujer y escribes ‘sobre la intimidad’, tienes que ser realmente buena»

María G. de Montis y Carmen Sigüenza | Madrid - 29 mayo, 2022

La escritora Milena Busquets conoce el mundo editorial prácticamente desde que nació. Hija de la editora y también autora Esther Tusquets, fundadora de Lumen, y del poeta Esteban Busquets, la catalán se convirtió en un éxito de ventas con su novela También esto pasará, un ejercicio de memoria sobre el luto por la muerte de su madre. El uno de junio publica en Anagrama Las palabras justas, unos diarios en los que afina su particular voz y en los que reconoce «un gran trabajo de precisión», ya que «si eres mujer y escribes de temas que se consideran ‘femeninos, sobre la intimidad’, tienes que ser realmente buena».

«A las mujeres nos leen menos los hombres, les cuesta, mientras que a los hombres les leemos todos», apunta Busquets (Barcelona, 1972). «Ser mujer significa que todo nos va a costar un poco más: escribir cuesta y, por tanto, cuesta más que te lean. Muchos escritores y críticos te dirán que no es cierto. Pero no solo les leen más, sino que les toman más en serio».

Así lo reconoce en una entrevista con Efeminista desde el parque del Retiro, en el marco de la 81 Feria del Libro de Madrid. Un evento que, cuenta, “le gusta y le divierte”, pero que también le genera «cierta aprensión». «Es mucha presión de repente. Sobre todo con lo que yo escribo, que es tan íntimo, y viene gente que se ha sentido muy identificada, que ha entendido el libro… y siempre me causa una cierta aprensión, porque me da miedo que piensen que soy un desastre. Pero bueno, después siempre va bien y es maravilloso», asegura.

Un libro que toma distancia

PREGUNTA.- ¿Cómo nace este libro? Conecta con sus anteriores obras, pero es muy diferente.

RESPUESTA.- Exactamente. Con el libro anterior, Gema, que escribí después de También esto pasará, me pareció que había llegado lo más lejos que podía con la autoficción. Así que tenía dos opciones: o ir directamente a la ficción, que no me apetecía, o probar varios formatos. Y los diarios eran los que mejor se adaptaban y me servían para comunicar lo que tenía ganas de escribir.

P.- Pero conecta con el primero, ¿no?

R.- Sí, aunque yo creo que conecta con todos los anteriores. Creo que una vez tienes una voz, se trata de ir afinándola y viendo facetas distintas.

P.- ¿Por qué apostó por este género? ¿Tiene algo que ver con la pandemia, tan centrada en los diarios? ¿O está más encajada en esa corriente de literatura intimista, como la de Annie Ernaux?

R.- La verdad es que la pandemia casi ni aparece en el diario. Es cierto que es un momento en el que nos volvimos más hacia el interior, pero no tiene que ver con eso. Y sobre Annie Ernaux, curiosamente la empecé a leer cuando acabé el libro y me pareció extraordinaria. Y no sé si este género intimista es solo de mujeres, creo que los hombres también lo han transitado y lo transitan, como Karl Ove Knausgård. Pero entiendo lo que quieres decir, tal vez sea una voz que nos es más fácil a las mujeres porque estamos más cerca de temas íntimos y detalles pequeños.

En la literatura, no solo en los diarios o en los libros de autoficción, me gusta la exactitud, la brevedad, la concesión. En eso se une bastante con el periodismo.

P.- Es que este libro está muy depurado, tiene mucho ritmo… no se ve el taller interior.

R.- ¡Gracias! Justo ayer lo hablaba con mi editora y con Jorge Herralde: es cierto que cada frase es mucho trabajo. Mis libros son cortos, pero yo creo que mis 135 páginas me dan tanto trabajo como a una persona que escribe 300 o 350. Mi trabajo es de condensación y de precisión.

A veces, cuando los escritores tienen una buena idea tienen la tentación de alargarla muchísimo, de que cunda. Pero, si puedes desarrollarla bien en 15 páginas, ¿por qué alargarla más? Hay libros que tienen 3.000 páginas y son increíbles, pero hay otros que están llenos de paja.

Y pienso que la paja, en el arte, estorba. No me gustan las florituras.

Una mirada a la Feria del Libro de Madrid

P.- Hay también una mirada a lo cotidiano, de lo local a lo universal. Pero también hay una mirada, ahora que estamos en la Feria del Libro, a las colas de la feria, por ejemplo.

R.- Quise hacer un diario con mi vida cotidiana: mi casa, mis dos hijos, la compra… la vida de cualquier mujer de mi edad, más o menos. Pero también hay una parte sobre mi trabajo, sobre las muchas horas que dedicamos a esto. Y hay reflexiones sobre lo que es estar firmando libros, equivocarte de nombre, estar nerviosísima…

Escribir es un trabajo extraño, porque pasas del aislamiento más absoluto, de estar en tu casa sola durante meses o años, a una exposición muy directa y cercana con gente que te lee, gente que quiere hacerte preguntas. Y eso a mí me desequilibra un poco, porque es un cambio muy radical.

Eso sí, a mí me gusta la Feria, me divierte. Y al mismo tiempo me causa una cierta aprensión, sobre todo con lo que yo escribo, que es tan íntimo, y viene gente que se ha sentido muy identificada, que ha entendido el libro… y siempre me causa una cierta aprensión, porque me da miedo que piensen que soy un desastre. Pero bueno, después siempre va bien y es maravilloso. Escribes para eso, para transmitir una experiencia y para ver si alguien se refleja en ella. Y si nadie se refleja es un fracaso, por muy especial que sea, por muy original, largo o muy bien escrito que esté.

P.- Comentaba antes que la escritura, si es buena, no importa si está escrita por una mujer o un hombre, pero todavía hay muchos hombres a los que les cuesta leer mujeres.

R.- Sí, es verdad. A las mujeres nos leen menos los hombres, les cuesta, mientras que a los hombres les leemos todos. Ser mujer significa que todo nos va a costar un poco más: escribir cuesta y, por tanto, cuesta más que te lean. Muchos escritores y críticos te dirán que no es cierto. Pero no solo les leen más, sino que les toman más en serio.

Hay que hacer un trabajo extra siempre. Si eres mujer y escribes de temas que se consideran «femeninos, sobre la intimidad», tienes que ser realmente buena. Yo creo que has de ser, igual, un 10% mejor que un tío en las mismas condiciones, y creo que es la verdad y que está bien decirlo. Pero también son las reglas del juego. Por el hecho de que me lean menos no estoy dispuesta a dejar de escribir, porque es muy importante hacerlo.

Por ejemplo, hablábamos antes de Annie Ernaux, que ya tiene 82 años… y es ahora cuando se la empieza a tomar en serio, se empieza hablar de ella para el Nobel, ¡pero ha costado muchísimo! Su obra ha sido motivo de escándalo por hablar de una forma tan cruda de su intimidad, incluso motivo de burla, cuando su intimidad ha resultado ser un artefacto literario perfecto. Todos los escritores cuentan su intimidad: Marcel Proust, por ejemplo, o Woody Allen, sus mejores películas son autoficción. Si la intimidad no forma parte de la obra, algo falla, no se ha puesto toda la carne en el asador.

Escribir es un ejercicio de desvelarse y protegerse: si no tienes nada que contar, no te pongas a escribir.

Un feminismo dialogante

P.- Mientras tanto, hay conquistas en el terreno de la igualdad que permiten avanzar. Pero también hay una reacción a todo esto: el movimiento negacionista está cobrando fuerza y tiene mucho peso entre los más jóvenes.

R.- Sí, yo tengo dos hijos varones, de 22 y 14 años, y los dos son muy críticos con todo porque les he educado así. Pero, aunque no es el caso de mis hijos, hay muchos hombres que piensan que el #Metoo se ha llevado muy lejos, que hay muchas mujeres mediocres escribiendo (y creo que en parte es cierto, que cualquier movimiento importante tiene personas menos brillantes haciendo obras menos interesantes), pero a pesar de eso hemos hecho muchos avances muy importantes en los últimos años que no nos puede quitar nadie.

El futuro está por escribir y yo soy optimista. Pienso que el avance que se ha hecho en los últimos cinco años es una auténtica locura, es magnífico.

P.- ¿Y qué opina de la división del feminismo en torno a la inclusión de las mujeres trans y otros colectivos?

R.– Bueno, no estoy muy informada, pero pienso que siempre hay que remar a favor de la diversidad. Yo quiero ver a gente lo más diversa y diferente a mi alrededor, pero hay sitios en los que ponen trabas a esa diversidad y ahí salimos perdiendo todas.

Creo que hay prejuicios todavía y del otro lado también hay modas y corrientes y momentos en los que solo se visibilizan determinados temas que quizás son detalles comparados con que, de repente, hay un mayor respeto de los hombres hacia las mujeres. Yo he sido una privilegiada, nunca he sufrido eso, pero lo he visto y es maravilloso el final del desprecio, que es una cosa muy sutil, pero que todo el mundo reconoce. Lo demás me parecen pequeñas peleas. A mí me parece muy mal cancelar a la autora de Harry Potter, a J K Rowling, pero también estoy a favor de la diversidad de género y de opiniones: que nadie cancele a nadie, que nadie se rasgue las vestiduras ni pase a considerar al otro su enemigo.