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Mujer realizando tareas domésticas. EFE/EPA/Remko de Waal

La desigualdad no disminuye pese al aumento del empleo en mujeres

Barcelona | EFE - 14 marzo, 2022

Los roles que continúan asignándose a hombres y mujeres lastran la igualdad de género, que no ha mejorado pese al constante incremento del empleo de las mujeres de entre 25 y 45 años con hijos en Cataluña, que pasó de suponer el 47 % en 1999 al 72 % en 2021.

Los mandatos tradicionales de género son la causa principal de esta situación, ya que influencian el comportamiento laboral de hombres y mujeres e, implícitamente, favorece a una mayor proporción de estas últimas en los trabajos no remunerados.

Así lo constató el estudio «La pobreza en las mujeres: el precario equilibrio del trabajo y la conciliación», presentado por la Taula del Tercer Sector Social de Cataluña y elaborado por María José González, profesora agregada al Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Pompeu Fabra y miembro del Grupo de Investigación en Sociodemografía y del Centro de Estudios de Género del mismo departamento.

Brecha de pobreza según género

La Taula del Tercer Sector Social apuntó cinco propuestas urgentes para revertir esta situación, como racionalizar los horarios laborales y las jornadas de trabajo, crear políticas de familia con compensación salarial y permisos remunerados para el cuidado de niños menores de edad, invertir en políticas para combatir la pobreza infantil e incentivos para la contratación formal de cuidadores a domicilio y trabajadoras domésticas.

Las diferencias de género, según el estudio, aumentan el riesgo de pobreza y exclusión, así como la dependencia económica, y en los últimos años se ha visto como las mujeres tienen más trabajos a tiempo parcial, salarios más bajos y más riesgo de abandonar el trabajo por atender las necesidades familiares.

Durante los años de recuperación económica, entre 2014 y 2019, se redujo significativamente la brecha de pobreza según el género pero, en los últimos años y debido a la pandemia, se observó un repunte, se precisa en el estudio.

Ahora, la pobreza es del 22 % en las mujeres frente el 17 % en los hombres, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2020, según citó el informe.

Crisis de cuidados

Las causas de este incremento de la pobreza son la estructura familiar, con más riesgo en los hogares monoparentales; la edad, especialmente entre los jóvenes y las parejas jóvenes con hijos; y el origen, con las mujeres de origen emigrante más vulnerables ya que a menudo trabajan en sector informales de la economía.

De nuevo, el INE indicó que la tasa de pobreza en las personas con nacionalidad española de 16 años y más es del 14 % mientras que el porcentaje sube al 55 % para las personas de origen extranjero.

El estudio afirma que «la pandemia ha evidenciado la grave crisis de los cuidados y el predominio de los valores tradicionales de género que asignan a las mujeres un papel protagonista en la educación y cuidado de la infancia, las personas mayores o las personas con dependencia».

Aumenta la inactividad laboral

Así, la covid-19 comportó que el porcentaje de mujeres (25-45 años) en situación de inactividad laboral se elevó al 18 % (segundo trimestre de 2020) mientras que ese porcentaje era del 14 % durante el mismo periodo del año anterior.

«La pandemia ha expulsado más mujeres del mercado laboral, con mucha probabilidad para atender las necesidades familiares», se indicó en el estudio, que señaló que fue peor en el caso de las mujeres emigrantes.

En pleno confinamiento (segundo trimestre de 2020), la tasa de empleo de las mujeres con nacionalidad española fue del 80 % frente al 57 % de las mujeres de Centroamérica, Caribe y Sudamérica, el 47 % de las asiáticas o el 22 % de las africanas.

Vulnerabilidad y estrés

La autora del informe reconoció que «los hombres se han implicado más en determinadas tareas domésticas y de cuidados pero esta implicación se ha dado sobre todo durante el confinamiento y las cuarentenas y siempre por debajo del nivel de las mujeres«.

Esta evidencia hizo «visible las debilidades del sistema de protección social y las consecuencias que tiene en las mujeres«, como la marginalidad de las trabajadoras en situación irregular, especialmente las domésticas y cuidadoras a domicilio, la mayoría de las cuales son de origen emigrante.

También se constatató la vulnerabilidad de las mujeres víctimas de violencia de género y el estrés personal de las mujeres trabajadoras con hijos menores, que han debido conciliar desde casa los cuidados, la educación de los más pequeños y el trabajo remunerado.