Anne Sexton

La poeta Anne Sexton, leyendo con sus hijas. Foto: Ian Cook / Editorial Navona

93 años del nacimiento de Anne Sexton, una poeta fascinante con la palabra como confesión

María G. de Montis | Madrid - 9 noviembre, 2021

Si hay una gran obsesión en la poesía de Anne Sexton es el cuerpo de la mujer. La poeta estadounidense, que este 9 de noviembre habría cumplido 93 años, escribió textos que no tardaron en convertirse en títulos de cabecera para crítica y público.

Una carrera que alcanzó su pico de reconocimiento en 1967, con la obtención del Pulitzer, y que acabó en 1974, cuando ella misma se quitó la vida. Tenía 45 años.

Un mito universal

Anne Sexton (Massachusetts, 1928 – Boston, 1974) es uno de los grandes nombres de la literatura universal del siglo pasado. Su obra reconstruye minuciosamente los pilares de la intimidad: las relaciones entre madres e hijas, las dinámicas de poder entre los amantes, los celos o la envidia.

«Madre // cada vez que le hablo a Dios // tú te entrometes», escribe Sexton.

Pero la poesía de Anne Sexton también habla de desnudez, de adulterio, de incesto, de aborto, de drogodependencia y de masturbación. Su tema central fue la mujer, los límites de su cuerpo y su relación con el mundo.

Sexton hablaba, siendo muy joven, de cuestiones que la mayoría de las mujeres solo comentaban en voz baja. Precisamente por eso, la crítica más conservadora no la envolvió en elogios hasta mucho después.

Una vida atravesada por la violencia

La infancia de la autora fue acomodada, pero no feliz. Sexton era la menor de tres hijas de una familia adinerada, alcohólica y violenta. A los 26 años se casó con un marido maltratador, con el que tuvo dos hijas, Linda Gray y Joyce Sexton.

En 1954, tras el alumbramiento de Linda Gray, Sexton sufrió un colapso nervioso y fue hospitalizada.

En 1955, tras el parto de su segunda hija, tuvo otra crisis y volvió a ingresar en el hospital. Ese mismo año, el día de su cumpleaños, intentó suicidarse.

Las hijas de Anne Sexton

Sus hijas vivieron largas temporadas en casa de sus abuelos, sufriendo por la enfermedad de su madre, que se manifestó especialmente cuando ellas nacieron. La mayor, Linda Grey, lo cuenta en el libro “Buscando Mercy Street”, unas memorias que publicó en España la editorial Navona.

En ellas, la autora destaca que el hecho de que su madre hiciese pública su enfermedad y la convirtiera “en su sello personal” hizo que el sufrimiento de las dos hijas aumentase. “Mi madre tomó el control de su enfermedad y la hizo pública”, explica en el libro, “obteniendo una perversa gloria y mucha atención”.

En el libro, la mayor de las hermanas Sexton también recuerda cómo la muerte acechaba su casa. En las salas se amontonaban los botes de pastillas y las jarras de bebida. “Siendo una niña no imaginaba la muerte como una figura alta montada en caballo oscuro, ni como un monstruo de tres cabezas, sino como un episodio de una simplicidad perfecta y espantosa”.

La poesía, terapia y confesión

Por su parte, después del nacimiento de sus hijas Anne Sexton comenzó a recibir tratamiento médico. Fue su doctor quien la incitó a escribir poesía con carácter terapéutico. Después de eso, empezó a publicar textos y a participar en talleres literarios.

La escritora empezó a obtener subvenciones, elogios y espacio en la prensa. Beca tras beca, viajó por todo el mundo estudiando y recitando. En 1967 recibió el premio Pulitzer de poesía por su libro “Live or Die” (“Vive o muere”, editado en España por Vitrubio) y el Shelley Award de la Poetry Society of America.

Además, recibió cuatro Honoris Causa por diferentes universidades y formó parte del jurado del Pulitzer.

Una vida marcada por la muerte

La poeta vivió entre picos emocionales, sin demasiadas herramientas para rebajar el éxtasis o superar el hundimiento. Fue amiga de Sylvia Plath, con quien compartía martinis e impresiones sobre la poesía. También compartió final: intoxicación por monóxido de carbono.

En 1974, nueve años después de la muerte de Plath, Sexton se suicidó. El 4 de octubre, tras comer en casa de su amiga Maxine Kumin para ultimar los detalles de un manuscrito, volvió a casa.

La poeta se vistió de largo, con zapatos de tacón de aguja y el abrigo de piel que había heredado de su madre. Después, bajó al garaje y entró en su coche, un Cougar rojo. Sexton encendió el motor y esperó a que el gas lo abarcase todo.

Sus restos se encuentran en un cementerio a las afueras de Boston.