Marta Sanz publica «Enciclopedia Secreta», una guía de lectura «constituida por miradas femeninas»

María G. de Montis | Madrid - 6 abril, 2022

Un debate con las escritoras que articulan su obra, un reencuentro con los libros que conviven en las estanterías de su casa e incluso una «retícula constituida por distintas miradas femeninas»: el último libro de Marta Sanz, «Enciclopedia secreta. Lecturas en el espejo feminista», es «una guía de lectura crítica» en la que la escritora y crítica literaria sale al encuentro de sus lectoras y lectores.

«Yo creo que lo que puede ofrecer es el contacto con un modo de leer cariñoso y profundo, pero que no por eso deja de ser crítico», cuenta Sanz en una entrevista con Efeminista, desde su casa en Madrid.

El libro, editado en Contraseña, recoge artículos, ensayos y reseñas literarias que Sanz ha publicado en distintos medios entre los años 2006 y 2019. El trabajo de recolección ha corrido a cargo de la profesora de la Universidad de Zaragoza María Ángeles Naval, a quien Sanz (Madrid, 1967) quiere poner en valor, junto al resto de su equipo, por su vertebración «de un pensamiento que en principio era disperso y fragmentario, aunque ha demostrado cierta coherencia».

«Este equipo lleva un proyecto en el que están estudiando cómo los discursos del ensayismo femenino, en lugar de publicarse como tales y tener la entidad y el prestigio de un libro -lo que parece que les quita peso específico-, se han dispersado en revistas y periódicos», explica Sanz.

La autora charla con Efeminista sobre este último libro, sobre su concepción de la escritura y sobre la división del movimiento feminista en España, evidenciado el pasado 8 de marzo con la convocatoria de dos manifestaciones paralelas. Una segmentación que, admite, le genera «mucho dolor y tristeza», ya que tenía «una mirada muy optimista respecto a todo lo que significaba el movimiento feminista y los nuevos lenguajes del feminismo».

Cada reseña, una manera de pensar

PREGUNTA.- Este libro tiene mucho de su aprendizaje como lectora. ¿Ha tenido la tentación de volver sobre sus reseñas más antiguas y replantear alguna?

RESPUESTA.- No, no he querido. Creo que cada reseña da cuenta de una manera de pensar en el momento en el que en el que se ha escrito, así que perdería todo el sentido. Para mí, la crítica, el ensayismo cultural es radicalmente histórico: tú piensas lo que piensas sobre los libros de los que escribes porque estás viviendo un momento en tu campo literario que tiene una serie de características. Eso también influye: tus fuentes, referencias y conocimientos, todos los discursos sincrónicos que nos rodean. Yo creo que, si ahora me hubiera puesto a revisar, habría traicionado la necesaria historicidad y contemporaneidad de la lectura y de la crítica literaria.

P.- En este libro lee y escribe como mujer feminista. ¿Cómo ha vivido este 8M, el primero con dos manifestaciones programadas?

R.- Con muchísimo dolor y tristeza, porque tenía una mirada muy optimista respecto a todo lo que significaba el movimiento feminista y los nuevos lenguajes del feminismo, como conté en Monstruas y centauras.

El feminismo puede ser un pensamiento en torno al cual pues se aglutinen todas las reivindicaciones que tienen que ver con la fragilidad y con las desventajas.

Yo creo que un feminismo sinérgico con las luchas de clase, con las luchas por motivos de discriminación racial, por la posesión de la salud puede ser un ariete transformador de la sociedad. Y por eso creo que es uno de los objetivos preferidos de la ultraderecha española: porque puede darle un revolcón a las formas de organización política, social y económica a partir de una resignificación de conceptos como como el poder y a través de la aplicación de los cuidados no solo en el espacio de la intimidad, sino en todo lo que se refiere al diseño de políticas públicas.

Por eso, yo espero que tengamos la suficiente inteligencia para que pronto las aguas vuelvan a su cauce y podamos encontrar nuevas formas de encuentro.

La desigualdad, una cuestión de cifras

P.- Escribe sobre feminismo siempre desde la duda.

R.- Eso lo planteé en Monstruos y centauras: cuando me ofrecieron escribir este libro me di cuenta de que lo tenía que hacer sobre la revisión de mi propia autobiografía, de la construcción de mi propia sentimentalidad como mujer. Yo planteo que nos tenemos que hacer muchas preguntas sobre el significado del abuso: con qué mimbres hemos construido nuestro deseo, cómo el deseo femenino responde muchas veces a una expectativa masculina… ¡porque nos han educado como hombres en muchísimos sentidos! Nosotras estamos instaladas en esa contradicción, en esa contractura, y eso necesariamente genera dudas.

También es verdad que, más allá de la duda, hay evidencias que no nos pueden paralizar: a las mujeres las matan, las vejan, las violan. Y, desde mi punto de vista, ese maltrato y ese ensañamiento contra el cuerpo de las mujeres, que es como un campo de batalla, es un reflejo de una violencia sistémica, es un reflejo de cifras, de cantidades pagadas: tasas de desempleo, tasas de temporalidad, de imposibilidad de encontrar cauces para hacer políticas de conciliación… para mí, esas cosas están ligadas.

P.- Hablaba antes de los cuidados; en sus libros reivindica mucho esa red sobre la que simultáneamente descansan y construyen las mujeres.

R.- Sí, de hecho yo creo que una de las características de esta Enciclopedia secreta es contemplar la obra de muchas mujeres y entenderla como un tejido. A mí me da a mí me da mucho miedo que en este campo cultural en el que ahora vamos entrando haya mujeres que sean publicitadas de una como este excepcionalidades: lo singular, lo excepcional.

Cuando una escritora es comentada públicamente de esa manera aparece igual que desaparece: lo excepcional, lo singular se arranca del campo con mucha facilidad. Por eso, muchas veces cuando hablo con escritoras jóvenes les animo a que reflexionen sobre sus genealogías, sobre otras escritoras cuya mirada puedan reconocer dentro de sí mismas, y que al mismo tiempo reflexionen sobre sus lecturas escritas por hombres con una especie de vocación constructiva, porque al fin y al cabo, como decía Adrienne Rich, esta es la lengua del opresor, pero la necesitamos para hablar.

Seguramente esa sea una de las cosas más interesantes de la Enciclopedia secreta: poder acceder a una retícula constituida por distintas miradas femeninas y distintos nombres que, tal vez, para muchas personas que lean el libro son totalmente desconocidas.

Una genealogía con buena salud

P.- ¿Con qué autoras dialoga recurrentemente?

R.- Con muchas y muy diversas. Con Marguerite Duras, por ejemplo, y esa frase que dice que escribir es encarnizarse. A mí se me quedó dentro de la carne; yo entiendo la escritura como una experiencia física en el que el cuerpo es texto. De ella también aprendí, por ejemplo, la posibilidad de hablar sobre sentimientos muy calientes y tremebundos con una lengua fría e incisiva, cortante como el filo de un cristal.

Junto a ella, he aprendido mucho de la mirada insecticida de Dorothy Parker, que era un tsunami, agridulce y tremenda. Una rubia imponente es uno de los relatos más crueles, y a la vez más bellos, para hablar de la vulnerabilidad de las mujeres. Y también aprendo mucho de mis contemporáneas: leo con verdadero interés, con los oídos muy abiertos, a Edurne Portela y a Sara Mesa, que es a las dos escritoras a las que dediqué Pequeñas mujeres rojas.

Por otro lado, lo que hace Cristina Morales, la libertad con la que escribe, me parece absolutamente envidiable. Y las escritoras latinoamericanas, jovencísimas, como Mónica Ojeda o Liliana Colanzi, me parecen increíbles.

P.- Esa genealogía tiene buena salud, entonces.

R.- Sí, claro. Vamos a ver, estábamos conmemorando el centenario de Emilia Pardo Bazán. Emilia Pardo Bazán es un referente con una capacidad de previsión, de diagnóstico y de análisis alucinante. Ella forma parte de nuestra tradición. Luego tenemos a las poetas, las poetas latinoamericanas: Alfonsina Storni. Alejandra Pizarnik, Gabriela Mistral, Ida Vitale… tenemos referentes por todas partes.

Pero para construirnos con esos referentes, e incluso para separarnos de esos referentes, tenemos que ser críticas. Es más, debemos ser críticas con ciertas posiciones o maneras de sentir sus vidas. Hay que leer más allá de los prejuicios que podemos encontrar en muchos libros e interpretaciones, intentando apropiarnos de ellos a partir de nuestra propia experiencia vital, desde nuestra propia ideología, desde nuestra propia red de lecturas, y leer más allá de lo que nos han dicho de ellas, intentando corregir ese camino.

Yo creo que siempre hay que leer con cierta desconfianza respecto a los discursos previos, con cierta curiosidad e intrepidez, sin miedo y sin pereza, sin caer en la rutina o en las inercias de lo aprendido.

Una lectura racional

P.- Hábleme un poco más de este libro. Como lectora, ¿cómo se enfrenta a él?

R.- En este libro hay, por una parte, un intento de completar el canon, pero sobre todo creo que interesa para familiarizarse con un modo de leer que a lo mejor no es el habitual, pero que es cariñoso.

Yo no soy una lectora a la que le guste estropear los libros, pero cuando leo doy lo mejor de mí misma: intento descifrar lo que hay por detrás y por debajo de las palabras y, al mismo tiempo, considero que es importante que cada lectura esté encajada en su contexto histórico. Yo creo que lo que puede ofrecer esta Enciclopedia secreta es el contacto con un modo de leer cariñoso y profundo, pero que no por eso deja de ser crítico. Y en estos tiempos de discurso de odio, moverse en un espacio de lectura que pretende ser racional, pero no razonable, que quiere ser espeleológico, es interesante.

P.- Ahora se le está empezando a reconocer como ensayista. ¿Es una etiqueta o un estilo con el que se sienta cómoda?

R.- Bueno, yo no me puedo acomodar: si pudiera, quizás sería un ser humano mucho más feliz, pero yo siempre escribo desde la incomodidad, desde la conciencia de un dolor que a lo mejor se puede traducir o cristalizar en un lenguaje alegre, chistoso o en un sentido del humor negro, pero yo escribo desde la conciencia de la herida y, a partir de ahí, creo que cada libro busca su lenguaje. Y creo que esto es imprescindible, porque cuando una escritora se acomoda dentro de un estilo está contando siempre el mismo libro, la misma historia.

Yo intento mantener una conversación pública en la que la literatura construya significado por la combinatoria de las palabras, por la sensualidad y la textura carnal, pero al mismo tiempo desde la conciencia de que cada pregunta, cada emoción ha de buscar una manera diferente de ser dicha. Asumo ese riesgo y, en la misma medida, pido a los lectores y lectoras que asuman ese tipo de compromiso con la palabra y, simultáneamente, con la realidad. Porque yo creo que la literatura es realidad y, tal y como se nutre de ella, termina formando parte de la misma.

Todos los relatos, todos los poemas tienen una implicación histórica.

Cuando tú asumes el compromiso de una lectura, creo que se debe tener curiosidad: cuál era el discurso dominante en ese momento, si ese libro lo adoptó… hay que buscar las grietas, las brechas, ofrecer alternativas y expresar malestares.

Deconstruir prejuicios

P.-  ¿Y cómo llegó a leer de esa manera?

R.- Bueno, es importantísimo tener buenas maestras y tener buenos maestros. Esto no viene del cielo, a mí no se me ha ocurrido de un día para otro; yo le debo a muchas personas mi aprendizaje como lectora. Tuve que deconstruir prejuicios respecto a la literatura, como esa idea de que la literatura siempre es tintineante y debe hablar de flores y utilizar palabras preciosas y maravillosas. A mí me vino bien, de todas formas, porque me desarrolló ese gusto por las palabras, por los sonidos.

También tuve que superar un prejuicio impuesto por el neoliberalismo y la prisa: pensar que un libro es muy bueno porque se lee rápido; pensar que la buena literatura tiene que ver con pescar peces, con que las cosas te enganchen, con los discursos de seducción.

Una vez superados esos dos prejuicios, empiezas a articular tus propios discursos, tus propias maneras de pensar los libros que lees. En el libro pones mucho de ti y, al mismo tiempo, el libro te está dando cosas. Para mí, una lectura son dos papeles que se superponen: en uno está el texto y en el otro tus vivencias, todo lo que crees saber de la vida. Con la superposición, se puede dinamitar tu manera de ver la realidad.