(H)amor 10 bi(y)bollo

Foto de archivo de 1987. Dos mujeres del colectivo se besan durante una concetración en la Puerta del Sol. EFE/ R. Pascual

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'(h)amor 10 bi(y)bollo', deseo, lucha y memoria compartida entre bolleras y bisexuales

Laura de Grado | Madrid - 3 abril, 2025

El vasto y diverso universo bisexual y lésbico se despliega en (H)amor 10 bi(y)bollo, una colección de relatos donde lo erótico, lo político y lo íntimo se entrelazan para explorar el deseo y la memoria de quienes aman fuera de los márgenes normativos. Las autoras convocadas desmantelan las narrativas estereotipadas e invitan a reflexionar sobre el amor en todas sus formas: el que arde con intensidad, el que se enreda en la toxicidad, el que se teje con ternura o el que habita en el silencio.

Este libro, al igual que los otros nueve títulos que integran la colección (h)amor, publicada por Continta Me Tienes, "es una forma de descentralizar el amor romántico y resignificarlo a partir de experiencias que han sido históricamente silenciadas", explica a Efeminista la editora Sandra Cendal.

La colección (h)amor nació hace una década como un experimento, casi como un acto de fe, y rápidamente se consolidó como una de las apuestas más importantes de la editorial. "Invitamos a diez autoras para el primer volumen sin saber qué sucedería. Contra todo pronóstico, funcionó. Y aquí seguimos", comenta Cendal.

El espacio común entre bolleras y bisexuales

Con el paso del tiempo, la colección ha tejido un tapiz donde caben el amor gordo, el amor trans, el amor de amigas, el amor materno o el amor que desafía las monogamias.

"Es un ejercicio de genealogía muy bonito. Las autoras, sin que se lo pidiéramos, han creado su propia genealogía de referentes, de pensadoras feministas que nos han cedido su legado y gracias a las cuales podemos pensar y desear en este momento", reflexiona Cendal.

Este volumen, en particular, reivindica el espacio común entre bolleras y bisexuales, un territorio donde se cruzan historias de deseo, pérdida y autoafirmación. "Es una comunidad. Creo que muchas de las polémicas dentro del colectivo vienen de fuera. Para mí, las personas bisexuales y las bolleras formamos parte de las mismas luchas", asegura la editora.

Las voces que componen (h)amor 10 bi(y)bollo atraviesan tiempos y geografías, recuerdan las adolescencias silenciadas, los cuerpos que desafían los márgenes y los encuentros que han dado forma a una identidad colectiva.

Portada '(H)amor 10 bi(y)bollo' de la editorial Continta Me Tienes.

Adolescencia lésbica y bisexual

La periodista y escritora Aida González Rossi (Tenerife, 1995), en un ejercicio de arqueología emocional, escribe sobre "amores reprimidos y guarramente íntimos entre amigas de pueblo" o habla del silencio como una frontera y una protección.

"Me atrevo a decir que mi adolescencia sáfica, como tantas otras adolescencias medio clandestinas, fue todo esto doblemente, tanto por el silencio como por la falta de palabras. El silencio nos condenaba a un cuarto de puerta cerrada, pero tener la puerta cerrada nos salvaba de algunas palabras que ni se nos ocurría que pudieran aplicársenos a nosotras", escribe la autora de Leche condensada (Caballo de Troya, 2023) o Pueblo yo (Libero editorial, 2020).

La activista Ana Murillo recuerda el peso de la palabra "lesbiana" durante la infancia, una palabra que se convierte en una carga invisible: "Desde aquel día 'lesbiana' se convirtió en un peso que cargaba en silencio y con vergüenza sobre mis espaldas".

Su relato se adentra en la memoria de las primeras veces: "¿Te acuerdas de la primera vez que oíste la palabra lesbiana, tortillera, marimacho? ¿Te acuerdas de la primera vez que pensaste algo raro estaba pasando contigo? ¿Te acuerdas de la primera vez que sentiste el rechazo? ¿Te acuerdas de la primera vez que el suelo bajo tus pies se abrió?".

¿Y la interseccionalidad?

Por su parte, Rioko Fotabon, poeta, artista investigadore e hije africane de la diáspora, desmonta la idea de una comunidad homogénea y señala la fractura racial dentro del mundo sáfico: "La verdad es que yo no siento que tenga nada en común con la mayoría de personas se mueven en espacio nombrados bi-bollo. O sea, sí, disidimos de la heterosexualidad, eso es muchísimo. Igualmente, la mayoría de veces, yo disido de la blanquitud (radicalmente) y elles no".

Su poesía es también un acto de resistencia y celebración: "Nuestro deseo no se formula en base a/tus leyes/que nos tachan de perversas, degenera-/das y salvajes/ y al mismo tiempo/gozamos de serlo/ nuestro éxtasis está fuera de tu mirada/nuestra libertad fusionándose/al ritmo de caricias y gemidos/son la más bella revolución".

La filóloga e investigadora en temas LGTBIQ+ Paula Villanueva (Bilbao, 1997), en cambio, se sumerge en el vértigo del deseo y la identidad, en esa línea difusa entre el autodescubrimiento y la imposición externa: "Llevaba años dudando de si me sentía más cómoda nombrándome bisexual o lesbiana, pero tenía clarísimo que las mujeres despertaban en mí todo lo que yo anhelaba sentir".

Y denuncia cómo funciona el sistema de normalización corporal y sexual. "Se te mete muy dentro y te destroza viva", escribe.

Más allá de las etiquetas, Villanueva también se adentra en la complejidad de las identidades sáficas para acabar hablando de las "butch", un término que describe a mujeres lesbianas que adoptan una estética y actitud que socialmente se asocia con lo masculino: "Lo butch siembra terror porque parece un acceso resignificado a lo masculino, un ocupar el espacio publico desde la disidencia y la ruptura, abre demasiadas posibilidades (...) jugar un poco, también, con lo que nos categoriza, qué aburrido si no".

Aprender a ser lesbiana con Monique Wittig, Shego o Spinelli

Entre relato y relato el libro se despliega como una constelación de referencias, una genealogía de lo sáfico que se reconoce en autoras como Leslie Feinberg, Monique Wittig, Brigitte Vasallo o Carmen María Machado, pero también en la iconografía queer de la infancia y la adolescencia. En este collage encuentran su lugar los viajes en autobús impulsados por el amor, las folclóricas compartiendo "pipetazos", personajes como Kim Possible o Spinelli de La Banda del Patio, la banda de música Shego, las cartas de Emily Dickinson a Susan Gilbert, las monjas, los anillos en el meñique, los mosquetones y hasta la pelusa del bigote.

El escritor y traductor Darío Gael (Madrid, 1989), también presente en la antología, ofrece una reflexión sobre ser un hombre trans y bisexual. Aborda la fluidez de las identidades y cuestiona cómo estas etiquetas, a menudo rígidas, no alcanzan a describir la multiplicidad de las experiencias vividas.

"Me supe bi, sin saber que eso tenía un nombre ni que había empezado a verbalizarlo, desde antes de saberme trans", recoge.

"Ser bisexual es navegar en una constante pregunta"

Gran parte de las autoras intentan explicar, a su modo, lo que es ser bollera o bisexual en esta sociedad, ya sea a partir de experiencias, de etiquetas o de formas de relacionarse.

"Me digo muy convencida en este momento que ser bisexual es navegar en una constante pregunta por dibujar líneas no rectas que perfilen tu identidad sexual, al mismo tiempo que también puedes encontrar apetecible y transitable ese camino de la sexualidad normativa", es la forma que tiene para describirlo la filósofa Angela Rodríguez Pam, exdiputada en el Congreso y ex Secretaria de Estado de Igualdad contra la Violencia de Género.

Millanes Rivas, escritor de las novelas Tan jóvenes y la pena (2021) y Paisaje nacional (2024), aporta su perspectiva y escribe con la osadía de quien cree "el único relato existente de una marica enamorada de una mujer".

La complejidad del amor en '(h)amor 10 bi(y)bollo'

La periodista y cofundadora Pikara Magazine June Fernández (Bilbao, 1984) tiene claro que quiere "mostrar que las vivencias sáficas son más diversas que el estereotipo y que pueden romper con este". Con su estilo directo, habla de la complejidad de las relaciones: de las que salen bien, de las que no, de las que duelen, de las que generan dependencia...

De eso —del miedo, del dolor, de la parálisis, de no entender, de esperar que algo cambie, del enganche— también habla otra voz reconocida, la conductora del podcast Maldito Bollodrama Laura Terciado.

Pero no todo es dolor. El libro está plagado de erotismo por las esquinas. Especialmente, en el relato de la ilustradora Carla Berrocal, que presenta una historia apasionada y erótica, un encuentro que destila magia y sensualidad, donde el deseo se desborda en escenas explícitas pero impregnadas de poesía.

El libro cierra con el relato colectivo de Loreto Ares, Irene Blanco Fuente y Carmen Llorca Talavera, tres amigas bolleras, autodenominadas LOVG (Lesbianas Orgullosas Visibles y Gustosas). Su relato, que incluye un encuentro entre sus yo adultas y sus yo de 17 años, captura las conversaciones y momentos compartidos, desde la fragilidad de la adolescencia hasta el proceso de descubrimiento de la identidad en la adultez, explorando lo que ha cambiado y lo que sigue siendo igual.