La escritora y activista Irantzu Varela posa para Efeminista. EFE/ Laura de Grado Alonso
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Irantzu Varela retrata "el amor bollero" y un "feminismo de calle" en 'Darle Fuego a Bilbao'
Irantzu Varela se estrena en el mundo de la novela con Darle Fuego a Bilbao con un propósito claro: reivindicar los rituales callejeros que rodean a la ciudad, en concreto durante su semana de fiestas, la Aste Nagusia, a través de un "costumbrismo bollero".
Así, la ciudad de Bilbao junto a Maddi —autóctona y activista de 50 años—, y Sigyn —una alemana de 30, entusiasta de la escena bilbaína—, protagonizan esta novela marcada por la fiesta, las costumbres y la música pero, sobre todo, por una lucha feminista novedosa, decidida y centrada en la autodefensa colectiva.
Varela (Portugalete, 1974) confiesa en una entrevista con Efeminista, que la historia de Darle Fuego a Bilbao (Continta Me Tienes) no se sitúa en 2018 por casualidad, y admite que lo hizo a sabiendas de que, en este momento, "hubo una especie de ficción en la que parecía que habíamos dado un paso hacia un lugar imparable".
La periodista y escritora pone en valor los avances del feminismo realizados en 2018, pero al mismo tiempo reconoce: "la revolución va a ir un poco más lenta de lo que podíamos pensar".

La escritora y activista Irantzu Varela posa para Efeminista. EFE/ Laura de Grado Alonso
El feminismo: una lucha diaria que se ha "democratizado"
P.- La novela Darle fuego a Bilbao sucede en la Aste Nagusia, pero en un escenario muy concreto que es un círculo feminista muy activo. ¿Por qué decidiste que este fuera el escenario?
R.- He elegido ese momento y ese espacio porque en en 2018 hubo una especie de ficción en la que parecía que lo que habíamos dado era un paso hacia un lugar que era imparable, ¿no? Y entonces y de alguna manera, en ese año en Aste Nagusia hubo algo similar. Una especie de grupo, de plataforma, de grupos diferentes, grupos feministas que se juntaron para hacer autodefensa colectiva y me parecía un momento interesantísimo.
Visto con perspectiva, pues bueno, la revolución va a ir un poco más lenta de lo que podíamos pensar, pero me pareció un momento muy especial en el que pensábamos que habíamos cambiado todo para siempre —que eso es verdad—, pero de una manera como muy radical y me parecía un un entorno muy bonito.
Además, yo quería que estuviera muy presente la fiesta, la farra y la autodefensa feminista también dentro de la farra.
P.- Claro, porque desde 2018, ¿cómo crees que ha evolucionado el movimiento feminista?
Yo creo que ha pasado lo que tiene que pasar cuando un movimiento más o menos minoritario explota y se convierte en algo que forma parte casi del sentido común. Se ha convertido cualitativamente en algo prácticamente masivo. En los últimos años se ha definido como feminista gente que nunca hubiera imaginado hacerlo, pero también que ha habido que reajustar.
Somos un movimiento al que se nos ha negado mucho la memoria. A veces es como, bueno, retomemos los debates, retomemos la genealogía, etc. Ha habido que hacer mucha mucha pedagogía, otro tipo de pedagogía, mucha más que antes.
Ha habido mucha gente que se ha apuntado de cero, o sea, que se ha sumado al movimiento y luego ha aprendido las bases. Cuando antes, previo a 2018, parecía que si no te lo habías leído todo, no se te consideraba feminista.
Yo creo que eso ha sido muy bonito: hemos roto con esa idea de que el feminismo es un pensamiento y que es elitista. Es un movimiento y es en la calle y cualquiera puede considerarse como tal.
Hay que retomar algunos debates, hay que reorganizarse un poco, pero yo soy muy optimista. No tanto como era en marzo de 2018, que parecía que ya estaba todo y sin embargo, luego nos ha venido la respuesta, la reacción. Históricamente eso ha pasado siempre, siempre que ha habido un avance en derechos.
Es como que la historia nos dice que actuemos, que no hay que parar y que no hay marcha atrás. Yo lo veo clarísimo.
Nuevas formas de militancia: "más horizontales y menos patriarcales"
P.- Las protagonistas del libro tienen una diferencia de 20 años de edad. La más mayor, de Bilbao, vive el movimiento con mucha pasión y la chica alemana, la más joven, está igualmente implicada en el movimiento, pero se lo cuestiona más, sobre todo a los "líderes". ¿Crees que hay una cuestión de edad en el cómo nos acercamos al feminismo?
R.- Bueno, yo creo que hay una cuestión generacional que tiene que ver con con las formas de militancia. Una mujer de la edad que tiene Maddi que tendría 50 años en 2018, vasca, que ha vivido unas militancias que tenían una forma y unos códigos muy concretos, muy de militancia, (la palabra también hay que darle igual una vuelta, ¿eh?); se encuentra con otras formas de organizarse, otras formas de comunicarse, otras formas de plantearse los líderes y por eso me parecía muy interesante que fueran de de diferentes generaciones.
Yo creo que ahora las tías se han socializado en otras maneras de militancia, en mi opinión más horizontales y menos patriarcales.
O sea, es una cuestión de en qué contextos has crecido políticamente y las mujeres de cierta edad, de ciertos contextos, especialmente Euskal Herria, han crecido políticamente en contextos con estructuras muy patriarcales. Igual porque no había otra...
Me parecía muy interesante poner eso en cuestión, porque de alguna manera también es una decisión tuya. "Toda la vida lo hemos hecho así", bueno, pues no lo hagamos como toda la vida. Me apetecía mostrar una tía mayor que se ha socializado en otras militancias y que ha crecido en otras luchas y en otras formas de luchar, pero que está dispuesta a aprender las nuevas.
También por eso como lo de el perreo, etc. O sea, como una persona de otra edad, está dispuesta a entender que su mejor o el mejor momento —de su vida—, no es el que ya recuerda cuando su juventud, sino en el que estás ahora. Solo hace falta mirar a tu alrededor y ser perceptiva.
P.- Sí, hay un punto en el que Maddi, reflexiona y dice algo así como, "no entiendo qué hace la gente que no sale a manifestarse todos los días". ¿Tú qué crees que hace esa gente?
R.- Bueno, a mí personalmente me parece complicado la gente que no encuentra ninguna lucha a la que sumarse. Se me hace muy raro. Igual no es el feminismo la que te interpela, pero no sé, o el ecologismo o lo que sea.
Se me hace muy raro pensar que en tu día a día no haya una injusticia estructural que no te interpele.
Buscaba plantear eso a través de ella. Creo que la militancia o el implicarte en luchas también alimenta, o sea, tiene un poco que ver con los sentimientos, la necesidad de pertenencia que tenemos todas a grupos. Entonces, por eso hago un poco un chiste, ella también piensa, "pues igual la gente que no se mete en movimientos sociales se hace la Atleti o se hace heavy o se hace católica", ¿no?
De alguna manera sentimiento de pertenencia tenemos todo el mundo, pero a mí me cuesta mucho entender a la gente que su sentimiento de pertenencia no está relacionado con una injusticia estructural. Es como: ¿qué haces en tu vida? ¿Nada te esto no te conmociona? Y si te conmociona, ¿no te pide hacer algo al respecto?
También quería reflejar un poco sobre la gente que está implicada en una lucha incluso en la semana que está de juerga. Que a la vez se lo puede pasar bien, estar de juerga, incluso enamorarse, estar con otras personas y bailar.
Quería romper con esa idea de de que estamos siempre enfadadas, amargadas... Es una forma de vivir y también de vivir, pasándoselo bien.

La escritora y activista Irantzu Varela posa para Efeminista. EFE/ Laura de Grado Alonso
Un libro para todas: resignificación y reflejo del Bilbao "de verdad"
P.- ¿Y a quién dirías que se dirige este libro?
R.- A mí me gustaría pensar que este libro va dirigido a toda la gente que le guste leer historias que tengan muchos componentes. Creo que te diviertes; te vas un poco con ellas en su proceso de si se están enamorando o no; también las acompañas por unas fiestas, que la gente que lo conocemos, las amamos, pero que son unas grandes desconocidas.
Me gustaría pensar que no es un libro de nicho.
Evidentemente, pues a la gente, a las bolleras que les guste el contexto de el movimiento feminista y Euskal Herria, pues les va a encantar. Pero me gustaría pensar que cualquiera puede acompañar este viaje, como cuando eres capaz de acompañar el viaje de una señora que vive en la Campiña en el siglo XVIII, ¿no?
Creo que tiene los elementos que enganchan: es una historia en la que te vas con ellas de viaje y te pasas esa semana con ellas, independientemente de cuántas veces has estado en Bilbao o de tu orientación sexual o si alguna vez has sido una mani. Me gustaría pensar eso.
P.- El libro tiene banda sonora... el propio título...
R.- Yo lo he hecho a propósito, que la música tenga una presencia muy grande. El título me lo han prestado, con mucho cariño y con muchas ganas. Un grupo que en Bilbao, Doctor Deseo, para la gente de cierta generación son los Rolling Stones. Es un grupo muy de Bilbao, describe un Bilbao de los 80 y los 90 que ya no existe y que genera cierta nostalgia.
La canción Darle fuego a Bilbao que además me parece que tenía suficientes connotaciones: vale como autodefensa, vale como dejar sobre la mesa la idea de la violencia, vale para el amor, para el sexo, o sea, vale para muchas cosas.
Y claro, sí, hay mucha presencia de la música también porque yo quería hacer, no sé si un homenaje, pero tirar un poco de la mano a esa Bilbao punk que de vez en cuando, sobre todo en esa semana de fiestas, aflora. De esa Bilbao gris, nihilista y un poco macarra, que la gente que haya visto cine kinki sale perfectamente. El pico y en muchas otras, quería coger y sacarle un poco de brillo a esa parte de del Bilbao punki.
Una persona que haya que estado en Aste Nagusia sabe que estás todo el tiempo expuesta a música y la música ha tenido mucho que ver también en el contexto vasco y en nuestro devenir como pueblo y en nuestra las luchas, la música siempre ha sido fundamental.
Entonces, un poco de Eskorbuto, un poco de La Furia... Me resulta muy difícil contar una historia en Euskal Herria sin que haya música, y una música muy concreta.
Una reivindicación de los rituales paganos y callejeros
P.- La peregrinación que hacen a la tumba de Iosu...
R.- Claro, es que resulta mucho más sencillo hacer un poco de épica cuando los ídolos son un poco lejanos, pero Eskorbuto... Nacieron en el barrio San Juan, en Santurtxi: nacieron las personas y nació el grupo y la tumba de Josu está ahí. De hecho, no hace falta más que ir al cementerio de Santurtxi y ver que ellas dos no son las únicas que peregrinan ahí porque siempre hay una lata de Kas de limón, un no sé qué... También buscaba generar otros rituales y otras referencias.
Me parecía muy interesante porque el relato que hay de Bilbao es muy concreto y a veces me parece como un poco burgués y un poco topicazo: que si que los pintxos, que si que tal... Pero también ha sido es una ciudad muy obrera, con mucha conciencia de clase, muy luchadora y con sus propios ídolos: los de Eskorbuto, las Vulpees, etc.
Buah, es que ahora tengo que hacer un libro sobre el punk en Bilbao, después de todo lo que he leído y he escuchado.
P.- Describes mucho a las txosnas y el ambiente que las rodea, lejos del norte la gente no parece conocerlas...
R.- Me daba miedo estar haciendo un libro para gente que ya conoce la Aste Nagusia. Yo quería contar porque es una fiesta muy especial.
Es una fiesta en la que el recinto festivo es un espacio autogestionado y la fiesta la sostienen organizaciones politizadas con trabajo voluntario 24/7 durante 9 noches, y el dinero que tú te gastas en comprarte un pincho y en tomarte una caña va para apoyar a las luchas políticas.
A mí eso me parece muy excepcional y es muy bonito de contar y también marca absolutamente como son las fiestas. Pero, claro, como yo he crecido en ese recinto festivo, me preocupaba bastante el no saber contarlo bien.
Luego también lo he hecho muy a propósito. Hay algunos términos que no me da la gana de traducir porque la gente entiende perfectamente cringe y todo eso, ¿no?
Usamos con mucha naturalidad anglicismos, pues vamos a aprender a que en Euskal Herria no son casetas, son txosnas y no son tapas, son pintxos y algunas otras cosas, con costumbrismo. Katixa Agirre dijo que el libro era costumbrismo bollero y costumbrismo bilbaíno un poco también.
Me parece que Bilbao es una ciudad que todavía tiene mucho, hay muchas historias por contar en Bilbao. Me gustaría que la gente empezara a sentirse familiar con rincones de Bilbao, aunque no haya estado, porque yo creo que es una ciudad que da para bastante literatura.
P.- Cuando acabé de leer el libro sentía que yo misma había vivido esa Aste Nagusia...
R.- Ese era mi plan. Me parecía muy importante explicar qué coño es la Aste Nagusia y resulta mucho más fácil explicarla si has estado por allí, aunque no tengas toda la información. Porque yo a cada amiga que viene le explico, "esta es la txosna de esto", "esta es la de lo otro", "aquí tal"... Un poco los rituales.
Pero me gusta mucho que me digas que que no has estado y que te has sentido ahí. Ese era un poco el plan: ir con ellas en esa fiesta.
Además, me parecía muy interesante que una de ellas —de las protagonistas—, hubiera oído hablar mucho de Bilbao, pero que no hubiera estado y al final acaba entendiendo que "esa muñeca" (Mari Jaia), durante una semana esa muñeca es un tótem.
Quería reivindicar los rituales paganos callejeros. Me parecía como muy chulo, porque yo de verdad que me emociono viendo esa muñeca.

La escritora y activista Irantzu Varela posa para Efeminista. EFE/ Laura de Grado Alonso
'No somos nada': un Bilbao punki, nihilista y fiestero, pero consciente
P.- La alemana tenía unas expectativas superaltas de Bilbao y, vamos, Bilbao las cumple.
R.- Sí, aunque no quería tampoco que se centrara en eso, pero existe el relato de lo que es Euskalherria, de lo que ha sido la lucha, de lo que ha sido el punk en Euskalherria y de Bilbao en concreto, hay mucha gente que tiene como una fascinación, y luego llega y algunas cosas se ajustan a lo que pensaban, otras no, y otras lo superan.
Porque es una ciudad que tiene muchas peculiaridades. Entonces me parecía muy chulo contarlos desde los ojos de alguien y además desde los ojos de alguien que lo mira desde lejos, desde Berlín. Aunque tampoco me he querido meter mucho en lo del punk.
Si tú hablas con una persona que vivió el punk en los 80 en Bilbao, habla de un nihilismo absoluto que, bueno, lo cuenta Eskorbuto perfectamente. El que "no somos nada", no hay nada. Es un nihilismo absoluto que, sin embargo, de alguna manera, ha devenido en algo mucho más autogestionado, mucho más politizado, mucho más relacionado con la reivindicación de la vivienda y de la justicia social.
La gente que viene de una okupa de Berlín de ahora no tiene nada que ver con lo que eran los geztetxes de los 80. Y ese diálogo también me me gustaba.
El punk también ha tenido su propio proceso. Ahora la gente que hace música punk lo hace con una agenda política y antes pues la agenda política era el nihilismo. Bueno, no sé. Por eso las dos miradas me parecían muy interesantes.
P.- Yo entiendo que están en un contexto de fiesta, pero siento que hay dos cosas que rodean a las protagonistas y resultan más bien incómodas: el consumo de drogas y su diferencia de edad. ¿Qué tienes que decir sobre eso?
R.- Bueno, para mí era como muy interesante plantear una una historia de personas de dos generaciones por todo el diálogo que eso generaba entre ellas sobre cómo entienden la lucha, cómo entienden desde la música, la fiesta, todo.
Está todo muy bien elegido, es muy a propósito la edad de ambas, la más joven tiene 30. Quiero decir que la diferencia de edad para mí también siempre hay que mirarla desde la perspectiva de cuál es la edad de la persona más joven, ¿no? Porque no es lo mismo.
Entonces, y también pues de alguna manera implícita, más o menos, plantear algo que yo tengo muy claro que en las relaciones con diferencia de edad entre mujeres a mí me resultan menos problemáticas, desde el punto de vista del poder, que las relaciones en las que el hombre es el que tiene 20 años más.
Y entonces era a propósito, una relación entre dos personas que se llevan 20 años, que la más joven es ya una persona adulta de 30, y en la que como no hay un poder marcado por el privilegio masculino, pues es que prácticamente no hay un poder. Lo que surge entre las personas, que no tienen muy claro si se están enamorando no y que se están conociendo, pero no hay una persona que tiene una posición de prevalencia sobre la otra, aunque tenga 50 años.
Y luego el consumo de drogas, bueno, no estoy diciendo que la Aste Nagusia sea eso, —bueno, no sé si en el Berkley la gente consume drogas, no he estado—, pero me parecía interesante y me apetecía contar como unas personas que están en un contexto de fiesta hacen un consumo de drogas lúdico, no tengo ni idea hasta qué punto problemático, eso depende también de quién lo lea.
Yo me he pasado la vida, la juventud, —cuando todavía no tenía el criterio feminista tan claro—, consumiendo drogas y leyendo historias donde hombres se drogan, y están rodeados de gente que se droga, y todo el mundo se droga alegremente y son los grandes nombres de la literatura.
Pues a mí me apetecía que se metieran un poco de speed y un poco de M. Bueno, un poco, depende... Igual cuando lo lea mi madre le parecerá muchísimo, y si lo lee una persona que ha estado de verdad en fiestas de Bilbao le parece no sé...
Pero quería que se les fuera de las manos la farra en el sentido de que, esa semana, solo exista eso. Quiero decir, en grandes historias de la literatura hay un montón de droga y no hay ningún problema.
No sé si hay que poner un un warning o algo para la gente, pero vamos, que se consumen drogas en el libro.