Ana Requena con su libro 'Provida: Manifiesto a favor del aborto' en una entrevista con Efeminista. EFE/ Laura del Grado Alonso

Suscríbete a nuestra newsletter "Sin permiso"

Ana Requena: "Defender el aborto es ser 'provida' y defender las vidas dignas"

Nayara Garde - 5 mayo, 2026

Los discursos conservadores y "antiderechos" contrarios al aborto se han apropiado del término "provida", una contradicción clara para el feminismo y para voces como la de la periodista Ana Requena, quien denuncia esta incoherencia en su último libro, Provida: Manifiesto a favor del aborto.

"Hay que defender que ser 'provida' es defender la vida una vez se produce, vidas con derechos para todo el mundo y, sobre todo, que no es defender solo la vida porque que exista: es defender el sostenimiento de vidas dignas", reivindica Requena (Madrid, 1984) en una entrevista con Efeminista.

Provida: Manifiesto a favor del aborto (Now Books) es un libro compuesto por las historias de varias mujeres que han abortado, unos relatos que Requena ha compilado y a los que pone en contraste con voces teóricas, con investigación, con la actualidad y con la historia; porque concibe a la creación de un discurso claro, colectivo y basado en la experiencia, como una herramienta fundamental para combatir el estigma que rodea al aborto.

"Tenemos que crear espacios y conversaciones para que las mujeres hablen de sus interrupciones voluntarias del embarazo y para que podamos expresar cada una de las experiencias sin que suponga culpa, vergüenza o ser señalada en ningún sentido", sentencia la periodista.

Ana Requena con su libro 'Provida: Manifiesto a favor del aborto' en una entrevista con Efeminista. EFE/ Laura del Grado Alonso

Estar en contra del aborto: mujeres como "sujetos de segunda"

"En realidad el estar en contra de del derecho al aborto no es eso, defender la vida, es defender un modelo concreto de sociedad y una manera de entender la vida en el que las mujeres somos una especie de seres de segunda, ciudadanos de segunda, seres subordinados".

P.- ¿Qué implicaciones tiene la palabra "provida"?

R.- El libro se llama "provida" en un intento de reapropiarnos de un término que en las últimas décadas ha servido para que quienes están en contra del derecho al aborto se definan. Se autodenominan provida y claro, ese es el sentido con el que hemos asumido esa palabra en las últimas décadas.

Se ha dado por hecho que era legítimo que quienes estaban en contra del derecho al aborto, es decir, que quienes quieren que el aborto esté prohibido o muy restringido, y que por tanto, de alguna manera defienden la maternidad forzosa, se autodenominen "provida".

Ese sentido de la palabra "provida" el feminismo lo ha impugnado y lleva mucho tiempo impugnándola. Pero es cierto que es un concepto que se ha asumido y que son los antiderechos quienes lo han significado.

Creo que hay que reivindicar el término "provida" para quienes están a favor del derecho al aborto. No deja de ser un contra sentido que las personas que están en contra del derecho al aborto que son normalmente, quienes también se oponen después a medidas que sostienen la vida, sean quienes se llaman a sí mismos "providas".

Hay que defender que ser "provida" es defender la vida una vez que esa vida se produce, defender vidas dignas, vidas con derechos para todo el mundo y que, sobre todo, no es defender solo la vida porque que exista, es defender una vida que se sostenga. Es defender el sostenimiento de vidas dignas.

¿Cómo puede ser que se llamen "provida" quienes después aplican recortes a la dependencia, recortes a las ayudas en la infancia, recortes a la infancia que necesita asistencia especial en las escuelas, en los institutos..?

Que quienes se llamen "provida" sean los que después están en contra de que reduzcamos la jornada laboral para vivir mejor y también para cuidar; quienes están en contra de que se intervenga el mercado de la vivienda para que la gente pueda tener viviendas dignas para llevar a cabo sus proyectos vitales... O que se llamen "provida" quienes después, por ejemplo, no creen que las familias diversas LGTBI deban tener derechos para existir y para llevar a cabo también sus proyectos de cuidados y de vida.

Es un contrasentido, realmente, que quienes están en esas posiciones ideológicas puedan arrogarse el término provida.

P.- Hay un momento del libro en el que defines a los autodenominados "provida" como personas a las que "les asusta la pérdida del control sobre la reproducción humana y el mundo como lo conocemos". ¿Crees que las personas que se denominan "provida" son conscientes de lo que esto implica?

R.- Creo que la mayoría de gente que se autodenomina provida o que los grupos ultra que se llaman provida sí son conscientes de que defienden una posición política concreta, pero la hacen pasar como una defensa general de la vida, pero no es cierto.

No defienden la vida en general, están defendiendo un proyecto político concreto y un modelo de sociedad muy concreto: un modelo de sociedad donde, en todos los casos o en algunos casos, la maternidad forzosa les parece una opción.

Les parece una opción razonable que las mujeres no podamos decidir sobre nuestros cuerpos y sobre nuestras vidas. Es decir, les parece razonable que se le pueda imponer a una mujer una maternidad, tener un hijo, aunque no lo quiera. Y creo que hay que dejar eso claro.

En realidad estar en contra del derecho al aborto es estar a favor de la maternidad forzosa, estar a favor de considerar a las mujeres como una especie de sujetos subordinados, seres humanos de segunda que van a poder decidir sobre sus vidas y sus cuerpos solo cuando nosotros —los hombres—, lo consideremos, ¿no? Solo en determinadas circunstancias.

Si se empiezan a dar otras circunstancias, entonces vamos a poner unos límites que no van a venir de la propia autonomía ni de la independencia de de ese ser humano de esa mujer, sino desde fuera.

En realidad estar en contra del derecho al aborto no es eso. Defender la vida es defender un modelo concreto de sociedad y una manera de entender la vida en el que las mujeres somos una especie de seres de segunda, ciudadanos de segunda, seres subordinados.

Si la maternidad es libre hay quienes pierden el control de la reproducción de la vida, de la reproducción del sistema como lo conocemos, porque no viene desde fuera, sino que esa reproducción se produce desde la autonomía y de la independencia de las mujeres.

El aborto también es liberación y alivio

P.- ¿Por qué y cómo decides hablar del aborto? En el libro expones el modo en el que el discurso de apoyo al aborto muchas veces cae en una victimización exagerada de las víctimas. 

R.- Uno de los errores que se comete en defensa del derecho al aborto es defender el aborto, pero con la boca pequeña. Es decir, parece que solo podemos defender el aborto si lo identificamos con el drama o con la tragedia, con algo que entristece y que deja fatal a las mujeres. Eso lo que hace es estereotipar el aborto y contribuir al estigma del aborto, porque así el aborto parece algo terrible.

Cuando tú hablas con muchas mujeres que han decidido en algún momento de sus vidas abortar, te das cuenta de que lo que define fundamentalmente esa experiencia es la liberación y es el alivio.

Hay un montón de experiencias y de emociones distintas en función de de cada una y del momento de su vida, de lo acompañadas que estuvieron, de lo que se encontraron por el camino... Y por supuesto, que puede haber experiencias diversas y que puede haber a veces tristeza, a veces miedo, pero también hay muchas otras emociones de las que no solemos hablar, porque también hay alegría.

No puede ser que el aborto solo se defienda con la boca pequeña y solo si lo ligamos al drama y a la tragedia.

Tenemos que defender el derecho al aborto porque es que es la base de la autonomía corporal y vital de las mujeres, porque es indispensable para que haya liberación sexual. No podemos hablar de que ejercemos nuestra liberación sexual si no tenemos derecho al aborto, porque entonces la liberación sexual y el sexo se convierte en una amenaza para las mujeres, porque si algo no sale como esperas, sabes que el resultado puede ser una maternidad forzosa.

Tenemos que ser capaces de transmitir que el aborto tiene tantas experiencias como mujeres que lo han vivido y de visibilizar el aborto como un acto de emancipación de autonomía que proporciona mucha liberación y mucho alivio a muchísimas mujeres sabiendo que después cada una ha tenido su experiencia concreta.

Esto pasa mucho en la izquierda. Hay muchos hombres progresistas y muchas mujeres que defienden el aborto con buena intención, pero siempre desde ese punto punto de hablarlo bajito y del drama; y creo que tenemos que hablarlo en voz alta y desestigmatizarlo.

Ana Requena posa en una entrevista para Efeminista. EFE/ Laura del Grado Alonso

El estigma sobre el aborto, una de sus principales limitaciones

P.- En el libro, a parte de desmitificar el aborto, abogas por una resignificación de la maternidad y otros tópicos que envuelven a las mujeres y que, de alguna manera, también rodean al aborto, ¿cómo se consigue eso?

R.- Necesitamos hablar del aborto en en voz alta. Necesitamos un relato colectivo del aborto. Es muy curioso porque muchas mujeres cuando ven que tienen la posibilidad de compartir su experiencia de aborto, lo que sienten es una especie de alivio de que por fin van a ser escuchadas, de que por fin hay un espacio para hablar de una experiencia que tuvo relevancia en sus vidas.

Porque de alguna manera entendemos que el aborto es un derecho, pero es un derecho un poco clandestino. Y eso es porque sigue existiendo un silencio y un estigma colectivo y esa sensación de que es algo más bien a esconder o de lo que avergonzarte.

Tenemos que acabar con eso y para eso tenemos que hablar en voz alta del aborto, tenemos que crear espacios y conversaciones para que las mujeres hablen de sus interrupciones voluntarias del embarazo y para que podamos expresarnos con todos los matices de cada una de las experiencias sin que eso suponga culpa, sin que eso suponga vergüenza, sin que eso suponga ser señalada en ningún sentido.

Parte de la estrategia actual para limitar el aborto no pasa por cambiar leyes, pasa por seguir potenciando el estigma del aborto.

¿Cómo se consigue eso? Pues a través de estrategias como difundir bulos, como el falso síndrome posaborto o pasa también por hacer sentir mal a las mujeres que interrumpen sus embarazos.

¿Cómo las haces sentir mal? Denominándolas irresponsables, infantilizándolas, haciéndoles sentir que ellas solas no van a poder tomar la decisión y por eso necesitas un sobre con información, por eso necesitas que alguien piense por ti y que alguien decida por ti; o metiendo miedo. Diciendo que las consecuencias del aborto van a ser dramáticas en tu vida cuando no hay evidencia científica o cuando, como hemos visto, para muchísimas mujeres no es así.

Hay muchos discursos que constantemente critican de manera, más o menos explícita, a las mujeres por abortar y que las llaman irresponsables, y me hace gracia porque parece que interrumpir voluntariamente un embarazo es no hacerse cargo. Hacerse cargo de un embarazo puede ser llevarlo a término o puede ser decidir que no estás en disposición de llevar a término ese embarazo.

Eso también es ser responsable con tu situación y las mujeres asumen con responsabilidad sus embarazos y deciden lo que hacer con ellos y así debe ser. Otra cosa es que decidan algo con lo que los antiderechos no están a favor, pero eso no quiere decir que esas mujeres sean irresponsables o que no se estén haciendo cargo de esa situación.

El aborto, cuestión de clase y de "código postal"

P.- En el libro eres bastante explícita e incluso evidente con el hecho de que detrás del aborto se esconden otras desigualdades como la de clase. Se aborda el aborto en la sanidad pública, en la sanidad privada, incluso llegas a denominar al aborto como una "cuestión de código postal".

R.- La evidencia dice que el dinero y la clase importa y que allá donde el aborto no es legal, seguro y gratuito, las mujeres que tienen dinero y que pertenecen a determinadas clases sociales son las únicas que pueden pagar un aborto seguro, las únicas que pueden pagar ir a otro lugar, viajar, exiliarse para abortar como sucedía en España cuando el aborto no era legal y quien podía pagárselo se iba a Francia o se iba a Inglaterra. Eso sigue sucediendo en los países donde donde el aborto no está legalizado.

Quien tiene dinero puede pagarse un aborto seguro y quien no está abocada a la clandestinidad a poner en riesgo su salud y su propia vida o no le queda más remedio que afrontar una maternidad forzosa.

Incluso en España, a día de hoy, el aborto más allá de la semana 20, cuando hay complicaciones graves para para el feto, las mujeres necesitan pasar por la evaluación de un comité ético. Cada comunidad tiene su comité ético compuesto por tres personas que son las que deciden caso a caso si esa mujer puede interrumpir el embarazo. Estamos hablando de casos muy graves: malformaciones muy graves, incompatibles con la vida.

Sabemos que esos comités tardan en muchas ocasiones mucho tiempo, las mujeres se enfrentan a procesos en los que no saben si esa decisión va a llegar a tiempo para abortar en el plazo que la ley permite, no saben si el comité de su comunidad autónoma lo va a aprobar, hay grandes diferencias. Hay casos que en el comité de una comunidad no se aprueban y en el comité de otra comunidad autónoma sí han salido adelante.

Eso hace que haya mujeres que activen el comité en varias comunidades autónomas para intentar que alguna les dé el visto bueno y que muchas mujeres, que se lo pueden permitir, por ejemplo, viajen fuera, viajen a Bruselas. ¿Quién hace eso? Quién quién se lo puede pagar.

Aunque es un porcentaje pequeño de los abortos, —porque son pocos abortos al año—, ese pasar por ese comité ético que aún tiene muchos criterios subjetivos, muchas de esas patologías no están definidas claramente, no hay una lista de patologías según la cual puedas decir claramente, "este caso entra, este no", a veces en esos comités antiaborto ha habido profesionales que eran claramente objetores de conciencia.

Todas esas situaciones están haciendo también que, a día de hoy en España, haya mujeres que si pueden, paguen para irse fuera a hacerse ese aborto.

La mayor parte de los abortos los financia la sanidad pública, pero se hacen en clínicas privadas. Tenemos un problema en la sanidad pública, no está funcionando.

No ha funcionado la regulación de la objeción de conciencia, hay mucho estigma entre los profesionales, no hay formación... Todo eso hace que haya habido una política de derivación automática a la privada.

El desconocimiento que hay sobre el cómo funcionan estos procesos, hace que muchas que consideran que pueden sacar el dinero para pagarlo, prefieran ir directamente a alguna clínica privada y abonarlo ellas, aunque no debería ser así, porque es una prestación sanitaria pública.

Ana Requena posa en una entrevista para Efeminista. EFE/ Laura del Grado Alonso

La situación internacional del derecho al aborto: un lobby evidente

P.- También haces referencia a la situación internacional y a países como El Salvador.

R.- En países donde el aborto está prohibido y muy reprimido las consecuencias para la salud de las mujeres están siendo muy graves porque muchas mujeres, por ejemplo, tienen miedo de ir a una revisión ginecológica, incluso teniendo un embarazo intencionado, porque si le sucede algo, saben que un médico igual avisa a la policía. El caso de El Salvador es muy llamativo, porque si bien partían ya de una prohibición del aborto, en los últimos años la situación ha empeorado mucho y se ha criminalizado todavía más.

Estamos en un punto en el que hay mujeres que tienen emergencias obstétricas, que tienen abortos espontáneos o muertes perinatales, —porque a veces esas muertes perinatales no suceden en las primeras semanas, suceden en la semana 15 o en la semana 18—, que acaban en la cárcel, porque son sospechosas de haberse provocado ese aborto.

Ha habido muchas mujeres encarceladas en El Salvador porque se consideraba que eran responsables, no solo de aborto provocado, sino que las acusan de homicidio.

Esto nos tiene que servir para ver que que el aborto no sea legal tiene consecuencias que van más allá de de la mera interrupción voluntaria del embarazo. Tiene consecuencias para cómo se llevan a cabo los los embarazos, sobre los abortos espontáneos, sobre la salud sexual y reproductiva.

Estamos hablando de El Salvador, pero si pensamos en Estados Unidos, la desprotección en la que ha quedado ahora el aborto después de la decisión del Tribunal Supremo también está teniendo consecuencias muy graves. Hay mujeres en estados de Estados Unidos, que ahora mismo tienen que viajar muchos kilómetros porque ya están rodeadas todas de estados donde el aborto está prohibido.

Antes tenían siempre algún lugar cerca, ahora cada vez han sido más los estados que han aprobado leyes del latido, que hacen prácticamente imposible abortar, que ponen presión sobre los profesionales sanitarios también para que denuncien, o hablen de casos que consideran sospechosos...

Por supuesto, son las mujeres pobres o las mujeres migrantes, las que más sufren esta situación, porque son las que no van a poder pagar un viaje o las que no pueden pagar ir a un centro privado.

P.- Hablas de un lobby, de un discurso que se está expandiendo a través de ciertas instituciones y de ciertas ciertos perfiles.

Existe un lobby organizado desde hace décadas para favorecer leyes que restrinjan el aborto o que lo prohíban y lo criminalicen y sabemos que es así porque además ya hay muchas investigaciones que han seguido el rastro del dinero, por ejemplo, que han seguido cómo hay grupos y partidos que se retroalimentan, de países diferentes... La propia Iglesia Católica durante mucho tiempo ha hecho un lobby muy importante para que el aborto fuera una práctica eh clandestina y que no se legalizara el aborto.

A partir de ahí un montón de grupos ultraconservadores y también partidos de extrema derecha han hecho alianzas internacionales para hacer encuentros donde marcan cuáles van a ser sus líneas de actuación, consensuar estrategias como, por ejemplo, la de forzar a escuchar el latido fetal.

Esta ocurrencia de escuchar el latido fetal que aquí, en España, escuchamos de vez en cuando porque la propone algún político, especialmente de de Vox, no es algo que venga de España, es una estrategia importada desde fuera. Orbán en Hungría, por ejemplo, instauró una ley que obligaba a las mujeres a escuchar el latido si querían abortar. Es decir, que en esos encuentros internacionales, es donde pactan un poco estas alianzas y estrategias.

¿Por qué es un lobby? Porque tienen dinero. Sabemos que los lobbies que buscan restringir el aborto tienen mucho dinero de estos grupos ultra para intentar, en distintos países, presionar para que el aborto no sea un derecho.

Incluir el aborto en la Constitución no es sinónimo de aborto seguro y gratuito

P.- Hacia el final del libro hablas del aborto de la Constitución. Dices que ves muy complicado que el aborto entre en la Constitución. ¿Cómo lo ves ahora que el Consejo de de Estado ha dado el visto bueno?

R.- Yo creo que va a ser difícil que tenga los apoyos necesarios para seguir adelante. O sea, para que realmente el aborto entre la Constitución, creo que se necesitan unos apoyos que no veo que estén garantizados. Es interesante la propuesta y que viene del entusiasmo que generó que Francia incluyera el aborto en su Constitución.

Pero creo que tendríamos que pensar qué necesitamos para que el aborto sea una realidad práctica en España, es decir, está bien, lo tenemos que blindar en nuestras leyes, pero si tenemos leyes que no se aplican o que no se ponen en en práctica como deberían, pues podemos tener las mejores leyes que luego el día a día de las mujeres y de esa prestación sanitaria no es la que nos gustaría.

Que el debate sobre incluir el aborto en la Constitución no nos despiste de pensar si los registros de objetores se están poniendo en marcha adecuadamente, de qué están haciendo los hospitales públicos para reorganizar sus recursos humanos y garantizar que la sanidad pública haga esos abortos, de si en los planes de estudio de medicina se está incluyendo obligatoriamente que la gente aprenda a hacer interrupciones voluntarias del embarazo, —no solo atender abortos espontáneos—, si sabemos si los estudiantes y las estudiantes de MIR van a pasar por servicios donde se practican interrupciones voluntarias del embarazo o va a haber residentes de ginecología y obstetricia que no vean y que no sepan lo que es una IVE, si está habiendo información accesible para que las mujeres sepan a dónde tienen que ir si se quedan embarazadas y no quieren seguir adelante con su embarazo.

Algo tan sencillo como a dónde vas, a quién preguntas, qué circuito seguir es algo que muchas mujeres no saben. Necesitamos también esa información. Creo que tenemos que atender a todo eso para garantizar que el aborto sea un derecho efectivo para todas.

La idea de blindar en la Constitución puede ser una buena idea si se hace bien. Si está en un lugar de la Constitución que no rebaje ese derecho a como ya lo entendemos ahora. Hay expertas que alertan un poco de que en función del capítulo donde también se incluya el derecho, pues puede tener un efecto u otro, o puede tener algún efecto indeseado.

No fiemos a eso que vayamos a tener el aborto público seguro y gratuito que queremos porque eso tiene que ver con un montón de políticas y tiene que ver también con el estigma, y acabar con el estigma está en manos de todo el mundo.