Nuria Coronado: «El concepto ‘sugar daddy’ prostituye y putifica a las mujeres»

María G. de Montis | Madrid - 22 junio, 2022

El silencio en torno al abuso no protege a las supervivientes de abuso, sino a sus agresores. Esa es la tesis de la que parten la periodista Nuria Coronado y la ilustradora Laura Strego en su último libro, «Lolita contra el lobo», el estremecedor relato de la violencia sexual y los malos tratos que Strego sufrió entre los 12 y los 17 años. Un ejemplar que nació a raíz de una entrevista entre las dos en la que, según recuerda Coronado en una charla con Efeminista, Strego narró «cómo el concepto de las Lolitas o de los ‘sugar daddies’ nos sigue prostituyendo y putificando a todas las mujeres, de cómo la sociedad mira hacia otro lado».

«Esa entrevista tuvo una difusión brutal, viral, y me supo a poco. Le dije a Laura que tenía que haber una continuación, que teníamos que seguir llevando el mensaje de los abusos sexuales a menores al público», explica. «Creo que era muy necesario y los comentarios que nos llegan de este libro van en esa dirección. Y esto es lo más bonito que te puede pasar siendo un tema tabú, ¿no? Poner palabras a un tema que quiere seguir poniendo silencio, porque con el silencio eres cómplice de un dolor absoluto.

Un dolor que, según asegura la fundación de apoyo a la infancia ANAR en un estudio reciente, afecta al menos a un 20% de los menores de edad, la mayoría mujeres. Por su parte, 1 de cada 5 casos son varones, en su mayoría menores de 12 años (53,4%). Además, la mayoría de los abusos sexuales se produjeron de forma reiterada (69%) y en más de la mitad de los casos tuvieron que soportar violencia física o intimidación. La violencia es mayor hacia las mujeres, sobre todo hacia las adolescentes.

Los ‘sugar daddies’

PREGUNTA.- ¿De dónde nace esta colaboración?

RESPUESTA.- Yo seguía a Laura en redes sociales y me parecía que sus ilustraciones eran magia, pero esto surge porque le hice una entrevista en la que ella hablaba de cómo el concepto de las Lolitas o de los ‘sugar daddies’ nos sigue prostituyendo y putificando a todas las mujeres, de cómo la sociedad mira hacia otro lado.

Esa entrevista tuvo una difusión brutal, viral, y me supo a poco. Le dije a Laura que tenía que haber una continuación, que teníamos que seguir llevando el mensaje de de los abusos sexuales a menores al público. Le propuse escribir el libro desde desde la sororidad más absoluta, como víctimas y supervivientes, desde esa posición de protagonistas, desde el conocimiento y desde el feminismo. Creo que era muy necesario y los comentarios que nos llegan de este libro van en esa dirección. Y esto es lo más bonito que te puede pasar siendo un tema tabú, ¿no?

Poner palabras a un tema que quiere seguir poniendo silencio, porque con el silencio eres cómplice de un dolor absoluto.

Un dolor que, en estos momentos, está pasando un 20% de las y los menores de nuestro país. El 20% de las y los menores están siendo abusados sexualmente. De entre ellos, casi el 90% son niñas. ¿Podemos permitirnos eso? ¿Podemos permitirnos tener niños y niñas rotas? ¿Quiénes van a ser el día de mañana? Por nuestra parte, vamos a luchar contra ello con la palabra, con la voz y con la razón.

El silencio es cómplice del abuso

P.- Ahí está la clave del libro, ¿no? La oposición de la palabra, que se colectiviza, frente al silencio cómplice que puede generar los abusos en el hogar. 

R.- Claro. Fíjate, siempre se nos pide a nosotras, a las supervivientes, que demos el paso, no, pero incluso cuando lo das te encuentras en la soledad más absoluta. Cuando vas a denunciar nadie te cree, las propias familias te cuestionan. Hay un perjuicio y al final gana siempre la otra parte, la parte que te está victimizando.

Alzar la voz está muy bien, pero llega un momento en el que necesitamos que se nos escuche y que se nos crea. Y, cuantas más nos unimos, más alto es el grito. Deja de ser algo individual, sino que hay una causa y se crea un efecto. Vivimos en una sociedad en la que hay una desigualdad, una tortura absoluta contra todas y cada una de nosotras, donde somos tratadas como meros cuerpos, meros objetos de uso y de consumo para los hombres. Y hablarlo es la manera de empezar a frenarlo, para que luego haya políticas políticas públicas y una sensibilidad social que se quiera involucrar y que vea que esto no es un caso aislado, sino que cada vez nos afecta más y que está motivado por el uso y el consumo de la pornografía. 

Por eso, cuando hablamos de la abolición de la prostitución y de la pornografía hablamos con el razonamiento de que toda esta violencia sexual, que cada vez está siendo más violenta, valga la redundancia, está martirizando nuestros cuerpos y nuestras almas, porque está rompiendo las vidas, la infancia y la juventud de muchísimas niñas y niños. Hay que pararlo ya, no solo echándonos las manos a la cabeza cuando leemos una noticia o un titular, sino pensando en las consecuencias que esto tiene en el día a día de todas aquellas niñas, niños o jóvenes afectados por esta violencia machista.

P.- En España, ¿falta todavía un movimiento #MeToo?

R.- Fue un grito, un movimiento muy potente, pero luego ha pasado de todo. Y tenemos aquí casos como el del señor Plácido Domingo, que pese a ser denunciado con pruebas, está siendo contratando, llenando auditorios y recibiendo premios y es prácticamente el embajador de la marca España.

Tenemos a un agresor sexual como representante de este país.

¿Qué más tiene que pasar? ¿Qué más nos tiene que pasar a las mujeres, a las niñas? Hablo de Plácido Domingo como podría hablar de otros tantos no tan conocidos, porque no podemos olvidarnos de todas esas agresiones sexuales que pasan en el entorno más peligroso, en el hogar. 

Por más ley Rhodes que haya, por más que le reciba el Presidente, las niñas y mujeres llevamos denunciando esto tiempo y no se nos recibe con el mismo peso. Nuestro grito se queda en eso, no vemos medidas. Y cuando hablamos de medidas y de políticas hablamos también de inversión, de vidas absolutamente rotas, de la sociedad que queremos.

No hay cambio en 20 años

P.- El libro narra un caso de abusos sucedido hace veinte años. Desde entonces, ¿cómo han cambiado las cosas?

R.- Hemos ido claramente a peor. Nos lo está dando la pornografía y aquí parece que no pasa absolutamente nada, que se normaliza la violencia contra nosotras. Y estamos viendo que las pocas denuncias que llegan a darse son un proceso muy doloroso, sobre todo para las menores de edad: llegar a un juicio, declarar, revictimizarte… y ver que las penas, en muchísimos casos, son bajísimas. Los agresores salen libres o impunes. Teniendo en cuenta que, muchas veces, son los propios familiares.

Es un proceso perverso y no encontramos la paz, en un país en el que se nos llena la boca diciendo que tenemos que defender a las y los menores. Nos están negando el derecho a una vida libre de violencia sexual y a una vida justa en la que podamos ser quienes queramos ser, en lugar de estar atrapadas por toda esa violencia psicológica y sexual brutal. Vives con miedo.

Incluso se nos exige que seamos las víctimas perfectas.

Ocurrió con el caso de la violación de La Manada, ¿no? Cuando hemos sido víctimas y hemos intentado seguir adelante con nuestra vida se nos cuestiona, como si no tuviéramos el derecho. Muchas veces necesitamos que nos escuchen y que nos entiendan, simplemente. Creo que vivimos en una sociedad que nos dirige hacia la soledad más absoluta, salvo en el caso del feminismo, que nos cura, nos ayuda y nos sirve de flotador para agarrarnos. Gracias a eso sabemos que nosotras no somos culpables, sino que el culpable es el patriarcado, y que podemos seguir adelante. Que ni hay una víctima ni una superviviente perfecta, sino que cada una de nosotras lo hace lo mejor que sabe, dependiendo de ese flotador para salir de la mejor manera.

P.- ¿A quién está dirigido este libro?

R.- Es para toda la sociedad, es un altavoz, una pancarta que pone frente a los ojos, a los oídos y al corazón de cualquiera que lo quiera ver una realidad aplastante con la que hay que terminar. También va dirigido a todas y cada una de nosotras, porque cuando hablamos a las demás, en realidad no estamos hablando a nosotras. Y el hablarnos, el reconocernos, el saber que a pesar de todo eso hay otras que también están dispuestas a abrazarnos e incluso a llorar con nosotras, eso también te cura mucho y te hace tener un poco la motivación para seguir adelante.

Es un libro que nos encantaría que llegara a los institutos, para que identifiquen las situaciones y no tengan que esperar a cumplir 40 o 50 años. Porque cuando pones nombre, cuando identificas lo que te está pasando, das un paso más para cambiar ese camino. Y se empieza a hablar de ese proceso de depuración y de supervivencia.

Ojalá este libro llegue a chicas y a chicos jóvenes en los institutos y les haga identificar y ver que esto no puede pasar con esa naturalidad. Ya nos está llegando ‘feedback’ de eso y vamos a empezar a dar charlas por ahí, porque los propios profesores y profesoras están detectando la necesidad de hablar de todo esto desde la experiencia en primera persona. Es maravilloso, porque te das cuenta de que estás haciendo algo para que no le pase a alguien lo que te pasó a ti y eso es lo más sanador para nosotras.

Falta educación sexual

P.- Ponen el foco en la educación como solución, en un momento en el que las encuestas apuntan a un repunte del negacionismo de la violencia de género entre los más jóvenes.

R.- En los datos está la evidencia de que en 20 años no ha cambiado nada. No hay una educación afectivo sexual, el sexo sigue siendo un tabú y, mientras se vea como algo sucio y no como algo natural que pertenece a hombres y mujeres, nos acabará pasando factura siempre a nosotras.

La violencia sexual y la brutalidad que se está reproduciendo en los medios de comunicación es cada vez mayor. Por ejemplo, ‘SloMo’, la canción de Eurovisión que ha representado a nuestro país, está llamando a que las niñas y las mujeres nos hagamos prostitutas y, si vemos la letra, a que literalmente arrastremos nuestros culos sobre el suelo para que otros papis nos vean como algo a utilizar. Y que la televisión pública, avalada por todas las personas que han aclamado y aplaudido esta participación de nuestro país, lleve esto… Nos lleva a ser utilizadas, a ser violadas y ultrajadas con el aplauso colectivo de la sociedad, y hay que verlo todo en ese contexto para entender lo que pasa en nuestros hogares.

La Fundación ANAR acaba de sacar un estudio que dice que esa violencia sexual, esa pedofilia, ya no se está dando solamente entre hombres mayores de edad, sino que esa violencia sexual está llegando, con toda naturalidad, a los menores, que están abusando de otras menores. estamos encontrándonos con casos de niños de catorce, doce o diez años que están agrediendo a niñas menores de edad. Y eso es puro siglo XXI. No puede seguir pasando, no podemos seguir con la venda, no son casos aislados. No podemos tener una sociedad donde la agresión sea la norma.