Irantzu Varela

La periodista y feminista Irantzu Varela publica su primer libro 'Lo que quede'.Foto cedida para uso editorial/Esther San Emeterio

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Irantzu Varela: "A la violencia diaria que vivimos las mujeres hay que darle una respuesta colectiva"

Laura de Grado | Madrid - 6 mayo, 2024

La periodista y feminista Irantzu Varela escribe sobre ella, su ira y su rabia feminista. También sobre la fuerza que le da vivir en colectivo con las que ella llama "amigas bolleras feministas". Narrar no es nuevo para ella; lleva años haciéndolo en redes sociales, programas, revistas y medios digitales, y ahora lo agrupa en su primer libro, Lo que quede, una obra que podría definirse como sus memorias "autopornográficas". En estas páginas, Varela no solo expone las violencias físicas, sexuales, verbales y digitales que ha enfrentado a lo largo de su vida, sino que también señala a los agresores que las perpetran y evidencia la inacción de un sistema judicial que no cuida a las mujeres.

"Malfollada", "que se pegue un tiro y desaparezca", "ojalá seas la sexta (asesinada) del año, puta" o "linchemos a esta zorra", son algunos de los comentarios que Varela ha recibido por ser una feminista visible y que ha decidido recopilar en su libro. Estas violencias estructurales y sistemáticas necesitan, dice, "respuestas colectivas" porque, desgraciadamente, la experiencia le ha enseñado que la policía no la cuida.

"Tiene que acabarse la impunidad de la violencia contra las mujeres y si no se acaba desde las instituciones que nos tienen que proteger, la acabaremos nosotras, pero colectivamente", añade la creadora El Tornillo en La Tuerka TV y Publico y colaboradora de Pikara durante una entrevista con Efeminista.

Esta memoria personal que ya va por la segunda edición sigue una estructura organizada en orden alfabético. En cada capítulo se presenta una experiencia de violencia vivida por la autora, una reflexión de una voz en off y una narración que muestra quién es Irantzu en la actualidad y cómo ha sanado esas vivencias.

Portada de 'Lo que quede', de Irantzu Varela.

'Lo que quede', la autoficción sin filtros de Irantzu Varela

Pregunta (P).- Lo que quede (Contintametienes) es una exploración muy personal, profunda y dolorosa, a veces, de su vida. Con ira, con rabia. ¿Qué le motivó a compartir estas memorias "autopornográficas"?

Respuesta (R).- En realidad era una manera de pensar. Lo llamé autopornográfica porque me gusta siempre poner nombres épicos a todo, pero es una autoficción. Algunos capítulos están escritos hace mucho tiempo y he preferido no tocarlos porque, de alguna forma, eran una manera de sanar.

Una de las cosas que me gustan de cómo escribo, pero que a veces dan mucho miedo, es que escribo como si nadie lo fuera a leer. Y empezó un poco así, de la necesidad de contar y, sobre todo, de la necesidad de tener una memoria propia. Yo, por muchas razones, por feminista, por vasca, por antifascista, creo mucho en la importancia de la memoria y necesitaba tener una memoria personal. Durante un tiempo no supe qué iba a hacer con ello, pero luego entendí que lo iba a sacar de alguna manera y ya cuando supe que iba a convertirse en un libro me pareció que tenía que contar un poco todo lo que necesitaba contar en ese momento. Ahora estoy bien, eso que cuento está reparado, está sanado.

Contar por una "necesidad propia"

P.- Ha sido muy abierta a la hora de hablar sobre las agresiones sexuales y físicas que ha enfrentado. ¿Para quién la cuenta, para todos esos hombres agresores o para las mujeres que se puedan sentir identificadas y quizá acompañadas?

R.- Yo creo que contarlo es una necesidad propia. Pero, desde luego y está sucediendo ya, también es para que muchas lo lean y sientan que ni es su culpa, que ni son tontas, ni tienen que llevar toda la vida el estigma, ni la vergüenza, ni la culpa. Sé que lo van a coger muchas que les ha pasado algo parecido u otras cosas más graves, pero en realidad yo me he librado mucho la responsabilidad de tener que hacer algo pedagógico y que sirva.

Lo que pasa es que las mujeres y las disidencias cuando hablamos de verdad de nuestros dolores, encontramos mucha gente al otro lado que ha vivido los mismos y eso es político, aunque no lo pretendas.

Organizar una contraviolencia colectiva

P.- Dice en el libro que nadie va a ser capaz de insultarle nunca de una forma en que no le hayan insultado ya. Hay un par de páginas en la que escribe un montón de comentarios que le han dicho. ¿Qué hacemos con esto, con este dolor, con esta rabia?

R.- Tengo que corregirme porque después de escribir eso se murió Itziar Castro y yo puse en X un mensaje que decía "Buen viaje Itziar". Fue aterrador como la insultaban a ella el día que había muerto una chica joven, sin ningún respeto ni ninguna humanidad, y cómo me insultaban a mí con comentarios como "tú eres la siguiente", "calienta que sales" o "muerte a las gordas". Ese día yo sí que me sentí vulnerable. Esto de hacerte la fuerte no funcionaba siempre.

Y creo que con ese dolor lo que tenemos que hacer es hacerlo colectivo. Hace mucho que tenemos claro que la violencia es estructural y es sistémica y que tenemos que dar respuestas colectivas. A la violencia que vivimos las mujeres diariamente y en especial las que tenemos visibilidad en las redes hay que darle un respuesta colectiva. Nosotras que decimos "no nos cuida la policía, nos cuidan nuestras amigas" y yo que he hecho muchas veces todo lo que hay que hacer porque tengo organizaciones que me apoyan y una abogada muy lista que me dice lo que tengo que hacer y he ido sistemáticamente a las comisarías de la Ertzaintza y a los juzgados a denunciar y no ha pasado absolutamente nada; cuando digo "no nos cuida la policía, nos cuidan nuestras amigas" lo digo en serio.

Entonces creo que hay que empezar a organizar la contraviolencia. Tiene que acabarse la impunidad de la violencia contra las mujeres y si no se acaba desde las instituciones que nos tienen que proteger, la acabaremos nosotras, pero colectivamente.

"He entendido que la policía no me protege"

P.- También relata otro momento en el que denuncia que cuelgan sus datos en un portal y le empiezan a llegar mensajes, videos, fotos, pornografía infantil... Pero no aceptan las denuncias. Si no podemos confiar en la Justicia, ¿qué nos queda a las mujeres para salir de la violencia?

R.- La gente, en una cierta candidez que te da vivir en lo que tú consideras un Estado democrático, cuando te pasa algo te dicen "denuncia", como si la denuncia fuera esta decisión mágica en la que tu vida se convierte en un espacio seguro y feliz y en el que la policía y la justicia patriarcal te protegen. Pues no. Yo desgraciadamente he entendido demasiadas veces que no.

He vivido agresiones que al día siguiente había un movimiento masivo de gente apoyándome, me han pasado cosas que en el Congreso se han hablado a los dos días, además tengo una abogada que me acompaña en este proceso, y algunas cosas eran tan obvias como que me habían enviado a mi teléfono imágenes de niñas practicando felaciones, que tener eso en el teléfono ya es delictivo; me han metido en grupos que se llaman 'La manada' y me mandan fotos de mujeres descuartizadas... O sea, no estoy hablando de cantarme el Cara al Sol, que también lo han hecho, y de decirme que van a violar, no. Sino de cosas que el mensaje en sí mismo es un delito. Esta vez fuimos al juzgado y no lo admitieron a trámite.

Me alegro por las que hayan tenido una experiencia positiva en lo que viene siendo que les cuide la policía, pero no creo que hayan sido muchas.

"No puede ser que tenga tanto coste pretender ser libre"

P.- En el libro también menciona una agresión física por ser lesbiana que ocurrió en 2020, hace no tanto. Una agresión de la que, por cierto, el agresor salió absuelto. Toda esta violencia buscaba callarle, pero no lo ha conseguido, está aquí contando todo esto. ¿En algún momento ha dudado? ¿Se calla cosas?

R.- Claro, todos los días. No puede ser que tenga tanto coste pretender ser libre y, si puedes, apoyar a que algunas otras lo sean. Yo nunca tuve ninguna intención ni de heroica, ni de referencia, ni de nada, yo solo era una señora en Bilbao, una chavala entonces, teniendo opiniones y expresándolas, a la que un día le propusieron salir haciendo unos vídeos pedagógicos y bastante inofensivos.

Por supuesto que nadie tiene que pagar el precio que pago yo y que pagan muchas otras, que te tienes que mudar, que tienes que tomar medidas de seguridad, que tienes en tu entorno gente que sabe que tiene que tener cuidado, que les da miedo que te vayas a los baños públicos tú sola cuando estás en unas fiestas. Yo tomo medidas de seguridad y yo tengo amigas muy conscientes de mi realidad que están preocupadas por mi seguridad y eso es una mierda, eso nadie lo quiere. No tendría que costar tanto ser una persona que dice sus opiniones.

Y con respecto a si me corto, una de las cosas que cuento en el libro, que seguramente es la vez que menos violencia directa recibí, pero fue en la que más miedo pasé, fue cuando me acusaron de echar a Bárbara Goenaga de Twitter. Ahí aprendí una cosa que es es muy dura, pero a la vez es un super poder, que es que yo no tengo nada que perder. A mí no me van a echar del trabajo porque soy autónoma, ya me han pegado, ya me han llamado de todo, ya tengo que tomar medidas de seguridad para la vida diaria, entonces esto es un poco aterrador, pero a la vez es un super poder. Yo no soy más valiente que el resto, lo que pasa que estoy en una situación en la que tengo poco que perder.

"Soy más feliz desde que no busco la aprobación masculina"

P.- A través de las páginas se ve también el proceso de asumirse lesbiana y cómo esa existencia le ha hecho mas feliz.

R.- Mis amigas se ríen porque a veces voy haciendo un repaso retrospectivo de mi vida y digo: "Madre mía, pero si de Fama a mí me gustaba la profesora de baile". Para mí fue mucho más sencillo de lo que ha sido para la mayoría de la gente, porque yo ya era una tía adulta, feminista, visible, con un entorno que ya se había acostumbrado a que tenía una cierta visibilidad y que mi vida estaba un poco politizada. Más que asumirlo fue hacerlo público en mi entorno, porque estaba con una lesbiana. Hacia fuera fue muy sencillo, nadie se sorprendió, ni mi terapeuta ni mi familia ni mis amigas.

Y luego para mí supone algo que me ha hecho muy feliz, que es desprenderme, librarme, de la búsqueda del deseo masculino. La búsqueda del deseo masculino es algo a lo que le dedican las mujeres heterosexuales muchísimo tiempo, muchísima frustración, muchísimo dinero. Y entonces de repente te sales de la búsqueda del deseo masculino y es una liberación y una tranquilidad inmediata.

Yo me muevo en círculos de lesbianas feministas, entonces se generan unos lazos, unas redes de cuidados que yo no he encontrado siendo heterosexual, porque la sociedad te lleva a que muchas de las necesidades humanas se cubran en el marco de la pareja y luego que se convierta en familia. He encontrado un espacio de tranquilidad y donde se habla más bajo y se baila tranquila y se es más libre. No es un Arcadia feliz, pero yo soy más feliz desde que no busco la aprobación masculina.

P.- ¿Y políticamente?

R.- De alguna manera habitar conscientemente una disidencia y convertirla en una identidad política, eso es un proceso consciente que tienes que hacer tú, pero para mí sí que me ha dado una perspectiva. La heterosexualidad no es solo una orientación sexual, es un sistema político muy eficaz. Imagínate lo eficaz que es, que es la principal causa de muerte en mujeres entre 15 y 45 años en el mundo y todavía hay gente que no lo ve.

Entonces, no buscar el deseo masculino es salirte de ahí y es ver que te exilias políticamente. Te da mucha perspectiva y entiendes mucho mejor las violencias y además te conviertes en una mujer mucho más odiosa porque no les sirves. La masculinidad tradicional en el marco de la heterosexualidad, lo que quiere es una criada que le provea de sexo, que le provea de cenas apetitosas y que le provea de compañía.

Entonces cuando te conviertes en una mujer que no es útil para la masculinidad hegemónica en el sistema heterosexual te pones una posición muchísimo más punky de lo que pensabas.

"Necesitas amigas que entiendan las violencias que vives"

P.- En el libro habla de las amigas bolleras feministas.

R.- Yo hablo de las amigas bolleras feministas porque en mi vida han sido fundamentales, porque necesitas amigas que vivan lo mismo que tú, necesitas amigas que entiendan las violencias que vives sin que tú se las tengas que explicar, amigas que entiendan que irte de vacaciones con tu novia implica que tienes que plantearte a dónde vas.

Pero yo también hablo mucho de mis amigas que digo que son tierra, amigas de toda la vida, nos conocemos desde pequeñas y hemos crecido juntas. Las amigas de toda la vida y las amigas bolleras feministas para mí son dos pilares fundamentales. Estoy aquí gracias a ellas. Y también gracias a un montón de feministas que no conozco, pero que me apoyan y que me mantienen muy viva.