Cecilia Gessa dirige «Princesa», un corto sobre «las señales» que alertan del maltrato

María G. de Montis | Madrid - 18 abril, 2022

Al menos 1.136 mujeres han sido asesinadas por violencia de género en España desde 2003, fecha en la que comienzan a contabilizarse estas víctimas, hasta hoy; mujeres que murieron a manos de sus maltratadores y que pasan a integrar una cifra que anula sus nombres e historias. Por eso, la directora de cine Cecilia Gessa ha construido su último cortometraje a partir de una de esas posibles historias: Princesa es un relato de terror que narra los últimos minutos de la relación entre una mujer víctima de violencia de género, interpretada por Nerea Barros, y su agresor, a quien pone voz y rostro Harlys Becerra.

A lo largo de 17 minutos, Gessa desarrolla la historia de un «grave problema social y universal» que a ella, como superviviente de una relación de maltrato, le toca «de lleno»: «Quería hablar de maltrato, sobre todo del psicológico, que es la antesala del físico. Quería mostrar esos pequeños detalles, esas señales que pasas por alto y que perdonas, que no eres consciente de que esconden algo mucho más grave detrás», explica la realizadora en una entrevista con Efeminista.

«Mi intención con Princesa es que llegue a más mujeres, a más familias, y que se den cuenta de lo que les pasa», asegura Gessa. «Porque yo misma, hace años, fui maltratada psicológicamente cuando apenas había información, y no supe que lo había estado hasta mucho tiempo después. Hoy en día hay mucha más información, pero toda ayuda es importante».

Trabajar para concienciar

PREGUNTA.- El cortometraje cierra con la cifra actualizada de víctimas de violencia machista; a día 18 de abril, la Delegación del gobierno reconoce 1.136 víctimas mortales desde 2003. El final personaliza a las víctimas, las saca de esa cifra: la historia que cuenta Princesa podría ponerle nombre a cualquiera de estas mujeres.

RESPUESTA.- Efectivamente. Hay un dato curioso, que realmente es muy triste: cuando yo escribí este cortometraje, hace poco más de un año, las mujeres asesinadas eran 1.109. Hoy son 1.136. Y, como dices, al final del cortometraje hay un contador que no para de subir.

Cada víctima es una mujer, una familia, una vida diferente, y creo que es importante visibilizar. Mi intención con Princesa es que llegue a más mujeres, a más familias, y que se den cuenta de lo que les pasa. Porque yo misma, hace años, cuando apenas había información, fui maltratada psicológicamente, y no supe que lo había estado hasta mucho tiempo después. Hoy en día hay mucha más información, pero toda ayuda es importante.

Con el cortometraje he conseguido lo que quería, pero seguiré trabajando en la película de la que nace este corto, porque me falta tiempo para contar cómo empieza el maltrato. En mi caso en particular, reconozco que el susto, el miedo, hicieron que lo echase de mi casa. Reaccioné bien, ¿no? Con el tiempo, noté que me recuperaba a mí misma. Pero ellos te aíslan de tus amigos, de tu familia, de ti misma… parece mentira que hoy en día siga sucediendo, pero pasa. Y hace falta seguir trabajando en ello.

Estamos viviendo una época importante: el 8M es un gran movimiento que crece cada año. Pero no podemos dar nada por sentado.

La «contención» del maltratador

P.- De hecho, parece que el consenso sobre la violencia machista se está rompiendo: la existencia de la violencia de género ahora se pone en duda.

R.- Sí, completamente. Y mi primera, mi gran motivación para trabajar son las injusticias, el dolor, esas pequeñas cosas como las que el maltratador llama a Nerea Barros en Princesa. Quiero que la gente sea consciente de que cada mínimo insulto o descalificación es violencia y te mina. De hecho, hay una cosa muy importante en la película, el lema: «No te culpes por algo que no hiciste».

Ellos tienen la capacidad de manipularte para que te sientas culpable y es importante que los espectadores lo entiendan.

No se puede negar la violencia machista. Yo busco que mis trabajos sean fieles a la realidad, no al hecho de haberlo vivido, y eso ayuda a entender muchas cosas. Además, todas las mujeres a mi alrededor han sufrido en algún momento de su vida algún tipo de maltrato machista. Y es increíble que algunas de las cosas que nos hemos contado las hayamos narrado como anécdotas y no como cosas muy graves, la verdad. Cuanto más sepamos, más conciencia tengamos de nosotras mismas y menos perdonemos (porque perdonamos demasiado), más fuertes e independientes seremos.

P.- El título, Princesa, ¿de dónde viene?

R.- El título sale a raíz de estar escribiendo y de buscar esas palabras, esas formas coloquiales con las que una pareja se llama… y cómo se devaluando. De hecho, para mí, como creadora tiene un significado: la p, que en el cartel está en otro color, es la evolución de cómo él la va llamando a ella: primero preciosa, luego princesa y después puta. Y la a, que está como caída, es el ángel caído.

Además, mientras pensaba en títulos, se me ocurrieron palabras que te pueden llamar en una relación y que a mí, personalmente, me molestan: princesa, mamita… Buscaba una palabra que no fuera del todo fea, pero que acotase lo encantador que puede ser un maltratador, ese trabajo de contención que hacen durante un tiempo.

«Princesa» nació del maltrato

P.- Comentaba antes que es superviviente de violencia de género, ¿es este el corto que le habría gustado ver cuando convivía con su maltratador?

R.- Sí, desde luego: ojalá hubiese visto un cortometraje como Princesa, habría sido como una bofetada que te obliga a despertar de golpe. Yo aguanté mucho, aunque es cierto llegaba un momento en el que estaba tan asfixiada y agobiada que su sola presencia me anulaba, era incapaz de tomar ninguna decisión. Y ese fue el punto de inflexión: cuando lo siguiente ya era levantarme la mano, después de romperme el móvil, de que la policía viniese varias veces… entendí lo que podía suceder, me asusté muchísimo y le eché de casa. Porque la casa era mía y eso jugó a mi favor.

De todas formas, costó, porque él volvía e intentaba acceder a mí. Pasó mucho tiempo antes de que desapareciese de mi vida, pero tuve la suerte de que no llegó a más. Luego tuve una depresión muy larga de la que no fui consciente hasta mucho tiempo después. Pero claro, todo esto pasó cuando yo era muy joven y no tenía ni idea de nada. Ni siquiera había visto una peli o una serie, no había referentes.

Puedo separar mi experiencia del corto, de todas formas. Cuando estoy en la ficción, escribiendo, soy otra. Princesa no soy yo, porque ha pasado mucho tiempo y ya lo he superado, pero lógicamente me agarro y cojo todo lo que he vivido, todas esas sensaciones, para transmitir y empatizar.

Un corto con mucho recorrido

P.- ¿Cómo ha sido el trabajo con Nerea Barros y Harlys Becerra?

R.- Ellos son, aparte de bellísimas personas, magníficos profesionales que lo han hecho muy fácil. Hemos trabajado por fases, desde lo más pequeñito, que es una cosa que me viene del teatro. Yo empiezo hablando con ellos de los personajes: me gusta que me propongan, que me hablen de cómo se siente, que añadan… creo que esto es un trabajo en equipo. También les hablé de mí, de mi experiencia, del sitio al que quería llegar, y quitamos mucho texto, porque queríamos quedarnos con lo esencial.

Ellos trabajaron con mucha honestidad y responsabilidad. Por ejemplo, Harlys lo pasó fatal: él es un amor, es risueño, y le costó mucho ser violento.

P.- ¿Qué camino sigue ahora el corto, hacia dónde va?

R.- Lo acabamos de mandar a festivales, la intención es que se vea mucho tanto a nivel nacional como internacional. Estamos a la espera de ver quién es el primero que se lanza. Además, yo cedo siempre mis cortos, y lo voy a hacer con este, a cualquier asociación, instituto o evento relacionado con el maltrato y la violencia de género. Siempre que pueda ayudar, lo hago, porque para eso trabajo.

P.- Y el largometraje en el que se basa este corto, ¿en qué punto esta?

R.- Me queda la parte más complicada, que es el final, pero ahora estoy trabajando en otras cosas y no puedo ponerme con él. Así que estoy esperando a acabar todo lo que tengo que hacer para ponerme en ello; mi intención es tener una primera versión cerrada para final de año y comenzar a moverla entonces.