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25N: La violencia machista y sus múltiples formas
El grito de "Ni Una Menos" en Argentina como respuesta al brutal asesinato de Chiara Páez en 2015; la firme decisión de Gisèle Pelicot en Francia de plantar cara a sus agresores y reivindicar que "la vergüenza cambie de bando"; el desgarrador caso de violencia vicaria que costó la vida a la hija de Ángela González en 2003 como consecuencia de la desprotección judicial en España; o la determinación de Olimpia Coral para impulsar leyes contra la violencia digital en América Latina, son solo algunos de los casos paradigmáticos que han marcado la lucha de las mujeres contra todas las formas de violencia machista en el mundo.
Este 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, Efeminista lanza una campaña que explora las diversas manifestaciones de la violencia machista a través de una serie de videos y textos didácticos.
Compuesta por ocho piezas, cada una de ellas ofrece información clave, testimonios reales y un análisis de los datos más recientes con el objetivo de visibilizar la situación de millones de mujeres en el mundo. El proyecto se adentra en las principales formas de violencia machista: física, psicológica, sexual, digital, vicaria, económica e institucional.
1.- Origen del 25N
El 25 de noviembre fue proclamado como el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres en 1999 por la Asamblea General de la ONU, en memoria de las hermanas Mirabal, activistas dominicanas apodadas "Las Mariposas", que fueron asesinadas en 1960 por oponerse a la dictadura de Trujillo. Su trágico destino, sin embargo, impulsó a generaciones futuras en la defensa de los derechos de las mujeres.
Casi cuatro décadas después de su asesinato, en 1999, la ONU estableció el 25 de noviembre como fecha para conmemorar y honrar su legado y para recordar la violencia estructural y sistémica que aún afecta a mujeres en todo el mundo.
2.- Violencia física: el crimen machista
La violencia física sigue siendo una de las formas más devastadoras y visibles de violencia machista. Va desde agresiones como golpes, empujones, patadas, quemaduras, pellizcos, puñetazos, arrancar el cabello o mordiscos hasta los asesinatos, que son la máxima expresión de la violencia machista.
"Ni Una Menos" se ha consolidado como uno de los movimientos más emblemáticos en la lucha contra los feminicidios, y se ha convertido en un grito global que exige el fin de la violencia machista, tanto en España como en el resto del mundo.
Este lema nació en 2015 en Argentina, tras el asesinato a manos de su pareja de Chiara Páez, una adolescente de 14 años embarazada. Su feminicidio fue el detonante que movilizó a miles de mujeres en Argentina, que salieron a las calles para exigir el cese de la violencia de género.
Lo que comenzó como una protesta local rápidamente se extendió por todo el continente americano, y hoy "Ni Una Menos" se ha convertido en un símbolo de la lucha contra los feminicidios.
En esta región, una mujer es asesinada cada dos horas, según la Cepal, y en España, 40 mujeres han perdido la vida a manos de sus parejas o exparejas en lo que va del 2024, 1.285 desde 2003, cuando empezaron a contabilizarse.
3.- Violencia sexual: un delito infradenunciado
La violencia sexual sigue siendo uno de los delitos más infradenunciado. Según datos policiales, solo el 10 % de las víctimas decide presentar denuncia, ya que la violencia sexual ocurre, en muchos casos, dentro del círculo de confianza, como la familia o la pareja.
En Europa, una de cada diez mujeres ha sufrido violencia sexual, y la mayoría de las agresiones provienen de personas conocidas. El caso de Gisèle Pelicot en Francia ha vuelto a poner en evidencia la magnitud de este problema. Durante más de una década, fue víctima de agresiones sexuales perpetrados por decenas de hombres y por su marido, Dominique Pelicot, quien la drogaba para luego ofrecer su cuerpo y grabar las agresiones.
Sus poderosas palabras, "es hora de que la vergüenza cambie de bando", resuenan con fuerza tras una batalla judicial que ha dejado una huella profunda en la lucha contra la violencia sexual.
En su última declaración en este proceso ante el Tribunal de lo Criminal de Aviñón, Pelicot ha preguntado a los que se sientan en el banquillo a modo de reproche en qué momento le habían pedido permiso cuando la violaban.
"Siento rabia hacia estos hombres porque en ningún momento pararon, en ningún momento denunciaron. Vinieron a satisfacer sus pulsiones sexuales. Podían parar en todo momento y ni uno solo denunció. Eso llama la atención", ha denunciado.
4.- Violencia vicaria: el daño a través de las hijas e hijos
La violencia vicaria es un concepto que ha cobrado mayor visibilidad en los últimos años y que fue acuñado por la psicóloga argentina Sonia Vaccaro. Se refiere a una forma de violencia machista en la que el agresor utiliza a los hijos e hijas como herramientas para infligir daño a la madre, ejerciendo control sobre ella a través del sufrimiento de los menores.
Esta violencia puede manifestarse de diversas formas, como amenazas, maltrato psicológico e, incluso, con el asesinato de los hijos para causar el mayor daño posible a la mujer. "Te voy a dar dónde más te duele" fue la frase pronunciada por un maltratador que refleja perfectamente el objetivo de este tipo de violencia.
Casos como el de Anna y Olivia, de 1 y 6 años, brutalmente asesinadas por su padre en 2021 en España, son solo una muestra del horror de la violencia vicaria. También se encuentran los asesinatos de José y Ruth, de 2 y 6 años, a manos de su padre, José Bretón, en 2011, o el trágico caso de Nerea y Martina, de 2 y 6 años, que fueron asesinadas por su padre en 2018 durante el régimen de visitas, a pesar de las denuncias previas de su madre por amenazas.
5.- Violencia digital: ejercer violencia a través de la tecnología
La violencia digital es una manifestación creciente de la violencia machista, especialmente en el contexto de las redes sociales y la tecnología. A través de la distribución no consensuada de imágenes íntimas, el control de dispositivos o el acoso en línea, los agresores buscan humillar, acosar y controlar a las mujeres.
En España, el 80 % de las mujeres han sido acosadas en las redes sociales, pero la mayoría no lo denuncia, según datos del Instituto de las Mujeres.
La lucha contra esta forma de violencia la encabeza la activista mexicana Olimpia Coral, quien ha sido pionera en la creación de leyes para sancionar la violencia digital en varios países de América Latina. En México logró la promulgación de la Ley Olimpia, un hito que posteriormente extendió a Argentina y Ecuador, y actualmente continúa su labor en Colombia.
"Aunque sea virtual es real. Cuando eres sobreviviente de esta violencia sexual, de la difusión o producción no consentida de material íntimo, una siente que fue violada sin ser penetrada. Una siente que violan tu cuerpo con cada like, con cada compartir, con cada me divierte, con cada comentario, con cada interacción", explica la propia Coral.
6.- Violencia institucional: cuando el sistema falla a las mujeres
La violencia institucional se refiere a cualquier forma de violencia ejercida por las instituciones del Estado hacia las mujeres, ya sea de manera directa o indirecta, y que puede manifestarse de forma física, sexual, psicológica o simbólica. Esta violencia no siempre es evidente, ya que a menudo se expresa a través de prácticas discriminatorias, omisiones, inacción o políticas públicas que refuerzan la desigualdad de género y la desprotección de las víctimas.
El caso de Ángela González, en España, demuestra cómo la justicia falló al no proteger a su hija Andrea de un padre maltratador. La justicia obligaba a la niña a reunirse con su padre y maltratador de su madre. Tal y como había advertido Ángela, su hija fue asesinada en 2003 por su padre en una de las visitas pautadas en el régimen de separación.
También son ejemplos de violencia institucional los casos de las "madres protectoras", quienes, al intentar proteger a sus hijos de abusos, a menudo se enfrentan a decisiones judiciales que las desamparan y revictimizan. La ONU ha alertado sobre un "patrón estructural" en la justicia española que, en lugar de proteger a los menores, los desprotege y discrimina a las mujeres.
O el de Argentina, donde diversas organizaciones han denunciado al Estado por incumplir su deber de proteger a las mujeres contra la violencia de género, tras los recortes en presupuestos y la eliminación de programas de atención a víctimas.
La violencia institucional también afecta a muchas mujeres víctimas de violencia machista, pero se ve especialmente en las mujeres migrantes, quienes enfrentan barreras burocráticas, desconfianza y desprotección.
7.- Violencia económica: el control a través del dinero
La violencia económica implica el control sobre los recursos financieros de la víctima, lo que genera dependencia y limita su autonomía. Los maltratadores ejercen poder de diversas maneras, como el sabotaje económico, la privación intencionada de recursos, la explotación económica o el impago de pensiones alimenticias.
"La violencia económica se basa en la privación no justificada de bienes o recursos, algo que no solo afecta a la víctima en su presente, sino que también condiciona su futuro", explica la magistrada Lucía Avilés.
En España, aproximadamente el 11,5 % de las mujeres mayores de 16 años han sufrido violencia económica, aunque esta forma de abuso aún no está reconocida en el Código Penal como violencia de género.
Avilés subraya la importancia de reconocer y tipificar esta forma de violencia, pues sin independencia económica, las mujeres están atrapadas en relaciones de abuso, ya que no tienen medios para tomar decisiones por sí mismas.
8.- Violencia psicológica: el daño invisible
Por último, la violencia psicológica, aunque menos reconocida que la física, es la forma más común de maltrato. Se caracteriza por el abuso emocional y psicológico, en el que el agresor busca controlar, humillar y aislar a la víctima. A menudo comienza de manera sutil y gradual, pero sus efectos pueden ser devastadores para la salud mental de la mujer.
"La violencia psicológica es la más recurrente en nuestra sociedad y está muy normalizada. Son comportamientos y actitudes que utiliza el agresor para humillarte, controlarte y dominarte. No te deja secuelas físicas. Y siempre que hay maltrato hay violencia psicológica, aunque no siempre hay violencia física", explica la psicóloga de la Asociación de Psicología y Psicoterapia Feminista, María Martín Fuente.
Se puede manifestar en el control de la vida cotidiana, la manipulación emocional y la invalidación de las percepciones de la víctima, como en el caso del gaslighting.
Y sus consecuencias van desde la ansiedad y el estrés constante, hasta una sensación permanente de alerta. Las víctimas pueden llegar a dudar de su propio criterio y experimentar una profunda inseguridad. A nivel físico, los efectos incluyen irritabilidad, problemas en la piel, náuseas, dolor de estómago, diarreas e incluso la caída del cabello.