caza de brujas documental

Fotograma del documental "A Witch Story" (Una historia de brujas). EFE/ Melosia Films

La cineasta Yolanda Pividal relata la caza de brujas de Salem en un documental

Nora Quintanilla | Nueva York - 22 noviembre, 2022

El documental «A Witch Story» (Una historia de brujas), de la cineasta española Yolanda Pividal, narra, desde una perspectiva feminista, uno de los episodios más oscuros de la historia de Estados Unidos, la caza de brujas de Salem.

Se trata de un proyecto en el que la cineasta lleva volcada desde 2010, cuando leyó el libro «Calibán y la bruja», de la activista feminista Silvia Federici, una de las protagonistas que guían el relato, según explica a EFE con motivo de la presentación de la cinta en el festival DOC NYC, el pasado 12 de noviembre.

Para Federici la persecución de las supuestas brujas fue una «operación institucional», dirigida contra las mujeres con fines económicos que aún sigue y, por ello, la cineasta denuncia el uso de una iconografía que banaliza su sufrimiento y anima a devolverles la voz, para lo que ha impulsado una campaña internacional en su memoria.

19 mujeres condenadas por «brujería» en Salem

«Lo primero que surge es un cabreo inmenso: ¿cómo es posible que esto no se enseñe en colegios, institutos, universidades? Se enseña el Renacimiento (…) pero no nos cuentan que fue la instauración de un capitalismo primitivo que tuvo que pasar por la domesticación de la mujer para poder establecerse», abunda Pividal.

La otra protagonista es Alice Markham-Cantor, una escritora que descubre ser descendiente de Martha Carrier, una de las 19 mujeres condenadas y ahorcadas por «brujería» durante la caza de brujas de Salem (Massachusetts) en 1692, y cuya investigación sobre los hechos revela realidades poco conocidas.

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Alice Markham-Cantor (i), escritora que descubre ser descendiente de Martha Carrier, una de las 19 mujeres condenadas y ahorcadas por «brujería» durante la caza de brujas de Salem (Massachusetts) en 1692, y la activista feminista Silvia Federici (d), durante una escena del documental «A Witch Story» (Una historia de brujas). EFE/ Melosia Films

Mujeres reconstruyendo la historia

Entre otras cosas, Alice ahonda en la historia de Salem, donde los juicios por brujería tuvieron lugar durante un vacío político en el que el poder extendió sus tentáculos para sembrar el miedo y deshacerse de los sectores más vulnerables de la población, algo que se extrapola a otros lugares donde hubo ejecuciones.

La directora, que está involucrada en la campaña de memoria de Federici y que, a través de uno de sus encuentros en España, conoció a Markham-Cantor, atribuye el desconocimiento sobre ese episodio a un «sistema patriarcal en el que la historia está escrita por y para hombres», por lo que anima a las mujeres a investigar y «reconstruir la historia».

«La caza de brujas no es un tema del pasado»

«Nos toca a nosotras investigar nuestras raíces y, para mí, Alice representa eso, investiga su pasado y familia y descubre un tema de mayor alcance: la caza de brujas no es un tema del pasado (puesto que) una media de dos a tres mujeres al día siguen siendo asesinadas acusadas de brujerías en todo el mundo», agrega.

Esos delitos se producen, sobre todo, en países de América de Sur, Oceanía, África y Asia, que pasan de una etapa de colonialismo a otra de «extractivismo capitalista» en el que las multinacionales quieren sus recursos, lo que conecta con temas actuales como la persecución a las activistas medioambientales.

Además, la cinta explora cómo el personaje ficticio de la bruja ha dado lugar a un negocio multimillonario que mezcla cultura y tradición, mientras que la retórica utilizada en Salem se utiliza hoy de forma similar contra los inmigrantes indocumentados o los derechos de la mujer, concretamente en EE.UU.

La directora asegura haber sacado un gran aprendizaje personal del proceso, que la llevó a replantearse su papel en la sociedad y a entender que hay una «caza de brujas literal» y otra que se refleja socialmente en la «involución» de parte del sistema, que ve «a la mujer como un peligro».

Asimismo, en el proceso, pasó de vivir en Manhattan (Nueva York) a un pueblo en la sierra de Madrid, donde conoció a la artista Esther Musgo, que crea una nueva iconografía para referirse a las mujeres acusadas de brujería a través de lo que se muestra en el documental.