Día mundial de la poesía: Torremozas y Libero, editoriales comprometidas con la lírica por mujeres

María G. de Montis | Madrid - 21 marzo, 2022

Torremozas y Libero son dos editoriales comprometidas con su tiempo. Pese a las casi cuatro décadas que separan la formación de una y otra, ambas dedican sus catálogos a publicar poesía escrita por mujeres. La primera, liderada por Marta Porpetta, nació hace 40 años orientada a la reparación: aunque también publica autoras contemporáneas, está especializada en la recuperación de voces históricamente silenciadas. Por su parte, Libero busca publicar «una poética que tenga relevancia en el mundo en el que vivimos y en el de la mujer», como explica su editora, Inés Martínez.

Torremozas, pionera en la publicación de voces de mujeres, es el hogar en España de poetas como Pita Amor, Audre Lorde o Gloria Fuertes, y Libero cuenta entre sus baldas con libros como Pueblo yo, de Aida González Rossi, Árbol ginecológico, de Victoria Vaccaro, o Ayes del destierro, de Andrea Sofía Crespo. En el Día Mundial de la Poesía, Efeminista reúne a las responsables de estas dos editoriales especializadas en lírica por mujeres para hablar de orígenes, lecturas compartidas y genealogía.

Editoras «por necesidad»

Lo que une a estas dos editoriales es muchísimo más que el tiempo que las separa. Torremozas no solo es el espejo en el que muchas se han visto reflejadas, sino que abrió camino para que editoriales como Libero encontrasen el suyo.

Para empezar, ambas editoriales nacieron «por necesidad», como explican sus editoras a Efeminista desde la oficina de Torremozas en Madrid. La más veterana surgió porque su creadora, la poeta Luz María Jiménez Faro, tenía muchas dificultades para publicar.

«Ella y su marido eran poetas y veía que lo tenía más difícil que él», explica su hija y actual editora, Marta Porpetta. «Creó esta editorial como un espacio para que todas esas mujeres que no lo tenían fácil pudieran publicar. Y desde entonces han pasado 40 años».

Cuenta Porpetta que, cuando Jiménez Faro abrió la editorial, decidió darse a conocer con un anuncio en la revista «para mujeres» Telva. «Nosotras íbamos a Correos y, de la cantidad de mujeres que respondieron a esos anuncios diciendo que escribían y que no se lo habían enseñado a nadie, nos daban sacas enteras con correspondencia. La respuesta fue tremenda».

Hace siete años, Jiménez Faro falleció y Porpetta se hizo cargo de Torremozas. Un puesto para el que lleva preparándose toda la vida. «No es que haya ido a la editorial, es que la editorial siempre estaba ahí», bromea. «Cuando éramos pequeñas siempre ayudábamos con paquetes, etiquetas… escuchábamos todo lo que pasaba alrededor. Yo he ido aprendiendo con el paso del tiempo».

A Inés Martínez, sin embargo, no le quedó más remedio que aprender de golpe y a la fuerza. Ella montó su editorial, Libero, entre 2018 y 2019. «Yo entré en la editorial cuando se iba a publicar mi poemario Pasión silenciosa», explica. «Entré un poco a escondidas porque no se trataba de autopublicarme, sino de empezar a estudiar y conocer la edición«.

«Durante el proceso todas se fueron y me quedé sola con la publicación de mi propio libro», relata. «Así que decidí que, si iba a tener a cuestas esa casa y ese libro, iba a hacerlo mío: le cambié el nombre, le puse mi cara, mi sello y mi línea».

De eso hace ya casi cuatro años. Ahora, Martínez publica a voces «que hablan desde la periferia». «Fuera de Madrid, de las grandes ciudades, crecen discursos que están súper nutridos, que tienen mucho que ofrecer, pero no son tan conocidos. Y Latinoamérica tiene unas literaturas interesantísimas», añade. «Lo digo en plural porque cada país tiene su propia literatura, su propia tradición, su propia violencia… en España no veo eso».

Publicaciones «de riesgo»

También las lecturas de estas dos editoras están entrelazadas. El primer recuerdo de una poeta que guarda Porpetta es de Juana de Ibarbourou, la autora favorita de su madre. En concreto, de uno de sus poemas, La higuera. 

«Porque es áspera y fea,/ porque todas sus ramas son grises,/ yo le tengo piedad a la higuera…»

A quien evoca Martínez es a otra escritora bien conocida por Torremozas, tanto en lo personal como en lo profesional: Gloria Fuertes, de quien Porpetta es, junto a su hermana, albacea literaria. «Es increíble la cantidad de personas en España que han crecido y empezado en la poesía con Gloria», reconoce ante la confesión de la editora de Libero.

Eso en lo que respecta a sus lecturas. Pero, en lo que se refiere a sus lectoras y lectores, la cosa difiere. Porpetta asegura que, pese a que «las lectoras de Torremozas han estado siempre», sus libros también los leen muchos hombres, sobre todo porque sus autoras «son muy universales».

«Cuando abrimos la editorial nos decían que si solo publicamos para mujeres, que si eran todo temas feministas… no entendían que no eran obras escritas para mujeres, sino por mujeres», asegura Porpetta. «Esa era la única etiqueta que se le podía dar. Donde sí nos entendían era en Latinoamérica, allí lo tenían y lo tienen más asumido».

Una opinión que comparte con la responsable de Libero, editora de varias autoras hispanoamericanas, que añade que «allí nos llevan la delantera muchos en muchos temas».

De sus lectores, Martínez reconoce que la mayoría son jóvenes: «Yo creo que por ser una editorial que publica mujeres de menos de 35 años, hay mucha gente mayor que no se acerca a mis libros. Quizás tiene un prejuicio a mi literatura, que sí que está más enfocada a feminismos, LGTBI, literatura trans…», enumera, aunque invita a todo el que tenga interés «y ganas de descubrir» a echar un vistazo a su catálogo.

El descubrimiento es otro de los puntos en común entre las dos editoriales: la motivación de su trabajo. En palabras de Porpetta, «Torremozas siempre busca descubrir nuevas autoras, tanto actuales como olvidadas», mientras que, con Libero, Martínez busca tanto «los descubrimientos como los diálogos entre las autoras».

«Yo voy buscando cómo una autora puede continuar discutiendo o dialogando favorablemente con el libro anterior», explica sobre el proceso de selección de manuscritos, «siempre con el descubrimiento por delante».

¿Por qué publicar a mujeres?

Conocedoras del sector editorial, Martínez y Porpetta coinciden en que en los últimos diez años se ha empezado a editar a muchas más mujeres. La primera cree que tiene que ver «con el auge de las redes sociales» y con que «las editoriales con más poder» han visto en las escritoras «un hilo del que tirar para lucrarse que antes no estaba». También Porpetta considera que «se suben al carro por una cuestión económica».

«Yo publico mujeres porque la editorial está especializada en eso desde hace cuarenta años», cuenta la editora de Torremozas. «Ni puedo ni voy a cambiar. Además, creo que sigue siendo necesario. Es verdad que no es como en los ochenta, que no había prácticamente mujeres en las editoriales. Afortunadamente, ha habido un cambio en los últimos años»:

También ha habido autoras que habrían deseado tener en su catálogo y se les escaparon. En el caso de Porpetta, el sujeto de ese deseo está claro: Alejandra Pizarnik. «Lo tengo grabado, la verdad, porque pedí un pequeño poemario y la editorial que lo llevaba no me dejó. Es una pena, Alejandra Pizarnik es una de mis autoras ausentes», reconoce.

Por su parte, Martínez fantasea con la idea de haber editado a la Premio nacional de poesía joven Miguel Hernández Ángela Segovia. «Está publicada en la Uña Rota y mezcla muchos registros que, en ocasiones, son difíciles de entender. Pero te llega dentro, puedes repetirlo como un mantra… es espectacular».

Y, aunque las dos reiteran que editar poesía por mujeres no es el negocio más lucrativo en el que invertir, ninguna duda de que, en lo personal, les sale a cuenta. «Se puede vivir tranquilamente si no tienes muchas aspiraciones en la vida», bromea Porpetta.

Martínez, por su parte, reconoce que todavía «es difícil»: «Estoy haciéndome a ello, estoy yo sola», asegura, para después añadir que «si vas bien encaminada y tienes pasión vas a conseguir una vida bastante gratificante».