Thelma Fardin: Se cuestiona la demora de las víctimas en denunciar pero no la de la Justicia en actuar

Cristina Bazán | Guayaquil - 20 octubre, 2022

La actriz argentina Thelma Fardin, reconocida internacionalmente por su papel en la novela adolescente «Patito Feo», dice que «le sorprende mucho» que las personas cuestionen a las víctimas de violencia porque se demoran en denunciar a sus agresores, pero no hacen lo mismo con la Justicia que tarda años en resolver los casos.

«Nos dicen a nosotras por qué tardamos en denunciar, y tenemos un millón de explicaciones para eso: cómo nos juzga la sociedad, la falta de contención, la falta de respuesta de la Justicia y del Estado, pero no le preguntan la Justicia por qué tarda tanto en administrar y dar justicia. Eso es muy fuerte y muy contradictorio», asegura Fardin en una entrevista con Efeminista.

Y es que ella vivió en carne propia esos cuestionamientos luego de que en 2018 interpuso una denuncia en contra de su excompañero de reparto Juan Darthés, por haberla violado cuando tenía 16 años en una de las giras que la famosa serie infantil hizo en Nicaragua.

Darthés declaró este 20 de octubre por primera vez ante el Tribunal de Justicia Federal de Brasil, después de que el proceso judicial se anulase en febrero pasado.

«Pasó tanto tiempo hasta que lo acusaran, él se fue Brasil, se movió el caso para allá. Después el proceso en Brasil también se volvió muy violento. En la audiencia la defensa me hizo preguntas espantosas, me tuvieron cuatro horas declarando como si fuese yo la que estaba en el banquillo de los acusados. La Justicia no ha sido reparadora», afirma desde Guayaquil (Ecuador), a donde llegó para ser embajadora del Observatorio Paola Guzmán Albarracín.

El caso de Fardin es considerado el inicio del #MeToo argentino y latinoamericano por la repercusión que tuvo y porque están involucrados tres países. Según Amnistía Internacional, la noche en que la actriz hizo pública su denuncia contra Juan Darthés, las llamadas al 144 (la línea argentina para víctimas de violencia de género) aumentaron en un 1.200%. Las redes sociales se llenaron de mensajes de apoyo y de historias de mujeres que contaban sus casos de abuso bajo los hashtags #MiráComoNosPonemos y #YaNoNosCallamosMás.

Sin embargo, el camino para conseguir justicia ha sido largo y duro, asegura Fardin. Han pasado cuatro años de su denuncia y pese a las pericias y declaraciones revictimizantes por las que ha tenido que pasar el juicio se ha dilatado.

«A través del poder y de presentaciones que él ha hecho en instancias superiores de justicia ha tratado de obstruir y que se termine el juicio. Es todo el tiempo una montaña rusa de emociones para mí porque se frena el juicio, (me dicen) declarás, no declarás, (luego) declaro. (Me dicen que) en dos días termina el juicio, pero no, se suspende y las audiencias son en un año. Entonces es muy enloquecedor, porque vos vas planeando tu vida y diciendo: «Bueno, hasta acá» y sin embargo nunca termina».

Ponerle voz a las silenciadas

Pregunta: ¿Qué significa para usted ser la embajadora del Observatorio Paola Guzmán?

Respuesta: Para mí es muy importante tender redes a lo largo de América Latina, por lo que venir desde Argentina a ponerle voz a esta historia, que además es una historia de lucha por parte de su madre Petita y de organizaciones que han estado acompañándola a lo largo de los años y procurando que llegara a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, es muy importante. Y es muy necesario que seamos muchas las que construyamos voces y podamos ponerle voz y nombre a aquellas que han sido y son silenciadas.

P: ¿Cree que Ecuador y otros países puedan implementar medidas para evitar que más niñas sean víctimas de violencia sexual?

R: En los últimos años el recorrido del movimiento feminista ha sido masivo y eso ha hecho que inevitablemente ciertos sectores del Estado, de las instituciones, hayan tenido que dar alguna respuesta. Pero no nos alcanza. Vamos a necesitar más porque no queremos ni un caso más como el de Paola ni una muerta más por el solo hecho de ser mujer o disidencia.

Lamentablemente las cifras son muy dolorosas. En Argentina tenemos 230 mujeres muertas en lo que va de este año por el solo hecho de ser mujeres. No alcanzan las políticas públicas que se implementan en cada uno de nuestros países, y espacios como el Observatorio son fundamentales porque tenerlo enmarcado en algo con esta dimensión, con tantas organizaciones de América Latina vigilando, por supuesto que eleva la vara y nos da la esperanza de que vamos a poder construir que los Estados a lo largo de América Latina sean responsables.

De todos modos, estos países están suscritos a muchísimos tratados internacionales, a las recomendaciones de la CEDAW, a la Convención de Belém do Pará, por lo que ya deberían haber hecho algo. Sin embargo, son muchos los esfuerzos que hay que seguir haciendo para pedirle al Estado que esté a la altura.

Thelma Fardin y el #MeToo

P: Su caso es considerado el inicio del #MeToo argentino y latinoamericano. ¿Se imaginó la repercusión que tuvo?

R: Quizás del movimiento feminista, sí, pero la dimensión que cobró fue más amplia, interpeló a toda la sociedad argentina y cuando viajo me sorprendo al descubrir que a otras sociedades de otras partes de América Latina también. No me lo esperaba, pero sí tenía la convicción muy visceral de que necesitaba hacerlo porque si del otro lado una persona se iba a sentir acompañada iba a ser más que suficiente para mí.

También se enmarcó en un contexto social en la Argentina en particular que fue el caldo de cultivo para que la sociedad esté más permeable y preparada para hablar del abuso sexual, de algo que siempre dio vergüenza y que fue siempre un tabú. Estas cosas que se guardaban debajo de la alfombra. Veníamos de un contexto en el que estábamos debatiendo sobre el aborto legal, seguro y gratuito y eso permitió que habláramos de la soberanía de nuestros cuerpos, de las violencias a las que habíamos sido sometidas e inevitablemente, tirando del hilo, llegamos a lo que sucede con la violencia sexual en las mujeres, en las niñas y niños. Incluso interpeló a varones que se atrevieron a contar sus historias de abuso de sus infancias.

La actriz argentina Thelma Fardin (c) habla durante la rueda de prensa en la que denunció públicamente a Juan Darthés, en diciembre de 2018 en Buenos Aires (Argentina), rodeada de actrices argentinas. EFE/ Marina Guillén

P: Publicó un libro, «El arte de no callar», ¿qué la animó a escribirlo?

R: Era un momento en el que todos los medios de comunicación en Argentina hablaban de mi vida, de mi historia, de cómo lo había hecho, de por qué había hecho la denuncia, un sinfín de cosas. Yo veía mi vida revuelta por un montón de personas y tenía la necesidad de ser yo la que volviera a tomar las riendas del discurso de mi vida.

El libro tuvo la intención de ser una caja de herramientas para que se supiera realmente el proceso que yo había atravesado y no el que querían contar que se atravesaba. Era una forma de abrazar a esas personas que me escribieron en mis redes sociales, pero que yo no daba abasto para responderles. Organizar la propia historia siempre es muy necesario.

A mi muchas veces me preguntan: ¿qué le dirías a alguien que atravesó o atraviesa una situación de violencia sexual? Y la verdad es que es muy difícil dar una receta y decir: «Bueno es 2 + 2 y entonces el resultado es este», pero sí puedo contar algo más amplio y que de eso alguien recoja algo que haga que se sienta acompañado.

«El sistema judicial es muy violento»

P: Ahí cuenta la violencia que recibió y que es la que sufren las víctimas por parte de la Justicia…

Cuando escribo ese libro todavía no tenía noción de que íbamos a tener que terminar litigando en Brasil. Y la verdad es que sí, cuando yo empiezo el proceso judicial no tenía la menor idea de cómo funcionaba la Justicia, cuáles eran los organismos que había que recorrer, por dónde se empezaba. Incluso lo que más me preguntan a mí en redes es: «¿Qué hago? ¿Por dónde empiezo?». No es claro el sistema en ese sentido.

A mí me pasó exactamente eso y descubro desde el primer momento que el sistema judicial es muy violento. Me toca viajar a Nicaragua a radicar la denuncia porque fue ahí donde sucedió el delito y cuando pongo la denuncia me someto a una pericia psicológica y a una pericia física, a pesar de que habían pasado 9 años entre mi denuncia y el hecho. 

Recuerdo que me dijeron que si no me hacía la pericia física lo iban a usar en mi contra. ¿Cómo te pueden decir eso? Desde una primera instancia sentí un sistema de justicia absolutamente violento conmigo. Después los tiempos son muy revictimizantes y violentos porque de pronto tu vida queda atada a eso.

Hay que trabajar mucho para que los sistemas de todos nuestros países en relación a la administración de Justicia tengan no solo perspectiva de género, sino que se modifiquen esos tiempos en los que es muy difícil pensar que hay algo sanador y tenés tantos años de tu vida atada al proceso judicial.

La actriz argentina Thelma Fardin habla durante la presentación este miércoles 1 de mayo de 2019 en Buenos Aires de su autobiografía «El arte de no callar». EFE/ Marina Guillén

«Lo que la Justicia me diga a mí se lo dirá a otras»

P: Y eso que usted es una actriz, que tiene altavoz para denunciar y seguir en esto…

R: Soy una persona pública, soy blanca, hegemónica, clase media y mi caso es paradigmático porque por supuesto que lo que la Justicia me diga a mí se lo va a estar diciendo a muchas otras, porque se están mirando en este caso esas otras mujeres que se han atrevido a denunciar.

Hay muchas organizaciones trabajando para mí de manera gratuita, si no yo no me hubiera podido sostener este proceso litigando en tres países distintos. Hubiese sido imposible. Entonces, si a mí me cuesta que tengo todas esas herramientas y puedo tener atención psicológica, ¿qué hace una persona que no tiene ni la mitad de esas herramientas y que quizás hace una comida por día? Es muy doloroso pensarlo y por eso la responsabilidad que se siente de poder llegar a término con esto, porque si a mí me están cansando, ¿cómo no van a cansar a cualquier otra con menos herramientas?

P: ¿Y qué cree que le está diciendo el sistema a las víctimas?

R: Cuando se garantiza la impunidad están diciéndonos a las mujeres que pueden hacer con nosotras y con nuestros cuerpos lo que quieran porque no va a haber una consecuencia.

En la medida en que siga garantizando la impunidad y sigan sin comprender que los estándares para probar un delito como este no pueden ser los mismos que para probar otro tipo de casos y que la palabra de las víctimas tiene que ser sumamente valorada es muy difícil que se corte esa cadena de violencia.

«La vergüenza no es mía»

P: Es un sistema machista…

R: Sin duda creo que lo primero es que es un sistema machista inscripto en sociedades machistas, porque a pesar de que son distintas todas están atravesadas por los mismos estereotipos de género. Algunas más, algunas menos.

A mi me impresiona que en Brasil a las víctimas de abuso sexual se las pone en los programas con la voz distorsionada y ocultas. En Argentina hemos logrado romper esa barrera, ya antes de mi caso, pero con mi caso en particular, y dejar muy en claro que la vergüenza no tiene que ser nuestra. La vergüenza no es mía, a mi no me da vergüenza lo que me pasó porque yo no tengo la culpa de lo que pasó. Yo sí soy quien hace algo con eso que le pasó.

Podés sentir cómo todavía la sociedad estigmatiza más o menos y eso se traduce en cómo funcionan los sistemas de justicia porque la Justicia son personas que quizás tienen más o menos contacto con la formación en perspectiva de género. ¿Esa formación alcanza? No, pero ayuda a sensibilizar.

Sobre todo el trabajo que estamos haciendo las feministas en toda América Latina va sensibilizando e impregnando porque a lo mejor no me escuchan a mí, me ven en la tele y cambian de canal porque no quieren escucharme, pero sí escuchan a una hija, a una nieta, a una sobrina que se sienta en la mesa del domingo con la familia y por ahí el padre u otra persona hace algún comentario estereotipado y esas jóvenes son la semilla en cada una de las casas que ayuda a sensibilizar y a cambiar la perspectiva de los adultos. Ese ha sido el trabajo más grande que hemos logrado.

P: Usted se considera feminista, ¿cuándo se dio cuenta de que lo era?

R: A mí lo que me pasó fue que me identificaron como feminista. Yo al principio sentía que no podía decir «soy feminista» porque cuando yo hago mi denuncia hace menos de un año que había empezado a leer a grandes teóricas de feminismo y que empezaba a tener más conciencia y a mirar con esa perspectiva. Pero automáticamente después de lo que hice para la sociedad me convertí en la referente feminista.

Así que claro, yo me identifico como feminista, pero el contacto con el título fue algo que llegó primero por la mirada del otro y no porque yo me definiera así. Pero bueno, evidentemente lo era, porque no necesariamente tenés que ser la más formada o una catedrática en la temática, sino que es un posicionamiento frente a la vida. Y evidentemente aquello que hice fue un posicionamiento muy fuerte, muy radical en el sentido de entender que había que luchar contra las violencias.

«Los jóvenes no van a soltar los derechos conquistados»

P: ¿Y qué opina de la reacción antiderechos que se ha generado contra el movimiento, también en la región?

R: Sin duda es la reacción a nuestros avances. Los movimientos de derecha reaccionarios y antiderechos buscan hacernos retroceder, silenciarnos. Estamos en ese momento. Aunque creo que hay algo de la globalización, de la hiperconectividad, que nos va a ayudar a resistir, a diferencia de otros momentos en la historia. 

Es muy interesante para analizar que de pronto toman nuestro discurso, que es liberador y emancipatorio, como si ellos fueran los liberales y emancipatorios y la verdad es que las que vamos por la libertad de todos y todas somos nosotras. Ahí tenemos que estar súper atentas y resistir, seguir comunicando, tender redes, saber que no estamos solas no solamente en nuestras ciudades, en nuestros países, sino en toda la región. 

Creo que siempre estamos con ese peligro porque no van a renunciar a sus privilegios fácilmente y entonces cuando las estructuras se ven sacudidas, resisten. Pero también es un momento en el que las adolescentes de las nuevas generaciones, a pesar de que ellos también intentan conquistar en ese sector, no van a soltar estos derechos que hemos conquistado.

Creo que que va a ser difícil si la derecha cada vez más va a tener prácticas violentas, pero América Latina es un pueblo con mucha conciencia y que ha sabido salir a las calles y eso no pasa en todas las partes del mundo. Creo que por eso va a ser mucho más difícil que nos hagan retroceder. Quizás la pandemia y la imposibilidad salir a la calle hizo que sintiéramos que estábamos más desunidas y que impregnaran estas ideologías tan violentas, pero ahora que hemos recuperado la calle creo que va a ser muy difícil hacernos retroceder.