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El proyecto de interrupción voluntaria del embarazo comenzó a debatirse este jueves en el Congreso de la Nación. EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo

La intensa lucha feminista para legalizar el aborto en Argentina

Cristina Bazán | Guayaquil - 10 diciembre, 2020

Argentina vive de nuevo en las calles una jornada clave que puede marcar la historia del país si el Congreso y el Senado aprueban el proyecto de ley para la interrupción voluntaria del embarazo, reclamado desde las entrañas de un movimiento feminista que se ha convertido en luz y guía para toda la región.

Llegar hasta aquí no ha sido fácil, especialmente después de que en 2018 la Cámara de Senadores rechazase el proyecto que permitía a las mujeres acceder a un aborto sin poner en riesgo sus vidas por hacerlo de forma clandestina. Solo entre 2018 y 2020,  dieciséis de ellas han muerto como consecuencia de abortos inseguros, según datos del medio feminista LatFem.

Sin embargo, ese resbalón ha representado un gran impulso para los movimientos sociales que tienen la seguridad de que esta vez, tras ocho presentaciones anteriores de leyes a favor de la legalización y con el apoyo explícito del presidente Alberto Fernández, el aborto legal, seguro y gratuito será ley.

«En 2018 hubo una despenalización social. El debate permitió que la población se informe y nosotros hicimos una gran cobertura para dar a conocer por qué Argentina tenía que ampliar su horizonte de derechos. Creemos que el debate de 2018 sentó las bases para que pudiéramos pensar que ahora hay muchas más posibilidades», explica a Efeminista Jenny Durán, de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, una alianza que agrupa a organizaciones sociales, feministas y de derechos humanos, partidos políticos y sindicatos de todo el país.

La lucha feminista por el aborto

Desde hace quince años, la Campaña ha realizado un intenso trabajo de comunicación, acompañamiento y detección de obstáculos que puedan tener las mujeres y personas gestantes en el acceso a métodos anticonceptivos o de aborto seguro, que varía de acuerdo a cada provincia. Una realidad que se evidenció más con la llegada de la pandemia.

«Hay un movimiento que denuncia o que presiona para que sí existan de este tipo de servicios en los distintos lugares del país y para que la gente también esté informada. Somos muy cercanas a la Dirección de Salud Sexual y Reproductiva para ayudarles a identificar las dificultades en el acceso», señala la activista.

La directora ejecutiva de Amnistía Internacional (AI) Argentina, Mariela Belski, también cree que el trabajo «incansable» del movimiento de mujeres ha sido clave para llegar de nuevo hasta el Congreso y avanzar en la ampliación de derechos.

«La Campaña se transformó en un símbolo de lucha que desde su lanzamiento, en 2005, ha presentado sistemáticamente su propio proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo -en 2019 por octava vez consecutiva- para el tratamiento por el Congreso», menciona.

El impacto del #NiUnaMenos

La Campaña también fue una de las organizaciones que se movilizó para apoyar a Belén, una joven de 25 años que fue encarcelada en 2014 tras sufrir un aborto espontáneo por un embarazo del que no conocía. Fue acusada por homicidio y salió en libertad en 2016 gracias al apoyo de su abogada y del movimiento de mujeres que incluyó su causa en la marcha del #NiUnaMenos del 2016. Su historia marcó un antes y un después en la lucha a favor de los derechos de las mujeres.

«A partir de la enorme visibilización del movimiento de mujeres y los feminismos que se dio tras las primeras marchas del #NiUnaMenos, de 2015, se fueron haciendo explícitas otras demandas. La demanda por identificar el trabajo de cuidado no remunerado, el impacto de la violencia en las relaciones de pareja, la violencia de impedir los derechos sexuales y reproductivos y de impedir el derecho al aborto», cuenta Natalia Gherardi, directora ejecutiva del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA).

Todo eso, asegura, llevó a la «catalización» de la marea verde, a principios de 2018. «Ese fue el contexto con el que se llegó al Congreso, con un Ejecutivo que si bien habilitó el debate y permitió que representantes de las distintas fuerzas políticas articularan esa discusión, lo cierto es que no hubo apoyo explícito, al contrario, hubo bastantes trabas desde el Ejecutivo para llevar adelante ese debate hasta las últimas consecuencias», recuerda Gherardi.

Los abortos inseguros y sus consecuencias

Las especialistas consultadas por Efeminista coinciden en que aprobar el acceso al aborto legal y seguro se ha vuelto urgente, no solo porque es una cuestión de justicia social, sino porque hacerlo de forma clandestina pone en peligro la vida de mujeres y niñas.

Según cifras de ELA, que también forma parte del Consorcio latinoamericano contra el aborto inseguro, entre 2016 y 2018, 459 mujeres murieron por causas relacionadas al embarazo, parto y puerperio. De esas muertes, 65 estuvieron relacionadas con el aborto.

«Está demostrado que penalizar y restringir el aborto no lo impide, solo lo hace menos seguro, genera riesgos y consecuencias fatales en mujeres y niñas y, además, expone a posibles castigos a médicos y personal de salud. Hoy el sistema de salud en Argentina ofrece dos opciones a aquellas mujeres que quieren abortar: la cárcel o la muerte«, asegura la representante de Amnistía Internacional.

Pero hay más cifras. Jenny Durán, de la Campaña, asegura que las complicaciones causadas por el aborto inseguro dejan casi 50.000 internaciones en hospitales por año. «Y hay personas internadas durante todo un año y que quedan con secuelas», agrega.

Un problema de desigualdad

El acceso a servicios de salud sexual y reproductiva es también un problema de desigualdad económica y social, pues aunque las personas de todas las clases sociales acceden a un aborto de manera clandestina, el precio puede condicionar el acceso a condiciones más o menos seguras. Aunque el desconocimiento sobre cómo acceder a un aborto seguro puede jugar en contra de muchas mujeres que aún teniendo dinero corren el riesgo de ser mal asesoradas.

Por eso, lo que se propone ahora es que además de las causales que ya existen en el Código Penal, haya un sistema de plazos que les permita a todas las mujeres interrumpir su embarazo durante las primeras 14 semanas sin necesidad de que expresen una causa ante el sistema de salud.

Pero además, esta ley va acompañada de otra denominada «Plan de los mil días», que propone el acompañamiento activo de los organismos del Estado a las mujeres que decidan llevar adelante un proyecto de maternidad.

Se espera que la aprobación en el Congreso se realice la mañana del viernes y que de ahí pase al Senado. Si esta segunda Cámara también lo aprueba, pasa al Ejecutivo para su promulgación.

La aprobación, clave para América Latina

Si la interrupción del embarazo se legaliza en Argentina, puede marcar el camino para otros países de América Latina, asegura Mariela Belski de AI, que trabaja desde hace veinte años en temas relacionados con la despenalización del aborto.

«Tal como ocurrió en 2018, el mundo ha puesto los ojos sobre el país. El pañuelo de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito y su color verde trascendieron las fronteras del movimiento en Argentina para instalarse como un símbolo mundial. La Marea Verde llegó en 2018 para quedarse y seguir expandiendo los derechos de las mujeres. En Argentina, en la región y en el mundo», afirma.

La representante del organismo internacional cree que la legalización del aborto podría actuar como una «ola expansiva» que impacte en la ampliación de derechos de las mujeres en toda la región.

«Es un país muy influyente y eso se puede reflejar en las mujeres de los países de la región y en las jóvenes que pueden salir fortalecidas, como hemos visto con los movimiento emancipadores del #NiUnaMenos, El #MeToo, y la Marea Verde, que desde 2018 no ha parado de crecer», menciona. 

Natalia Gherardi, quien ha participado activamente en los debates de las comisiones del Congreso, coincide con Belski, pues cree que la legalización será vital para alimentar los debates en otros países de la región.

«Creo que América Latina mira las experiencias recíprocas. Nos fortalecemos en la construcción colectiva y nos acompañamos en los logros y en los sinsabores«, agrega.