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A la izquierda, la escritora Cristina Sánchez-Andrade, en una foto de Carlos Porras. A la derecha, la portada de su ensayo "Fámulas", cedida por Anagrama.

Sánchez-Andrade da voz a las crudas vivencias de las empleadas del hogar en «Fámulas»

Carmen Sigüenza | Madrid - 16 mayo, 2022

Servidoras, sirvientas, criadas, domésticas, fregonas, «Fámulas»… estas son algunas de las acepciones que recogen diferentes diccionarios para referirse a las personas, todas mujeres, que se dedican a ser empleadas del hogar. Un trabajo en la sombra, duro, invisible y no reconocido, del que ahora se empieza a hablar y al que se le reconocen más derechos, regulando su situación laboral y dando valor a su lucha con movimientos como las kellys.

La literatura, el ensayo, el cine o el teatro también ponen ahora voz y foco sobre la situación de este sector. Y eso es lo que ha hecho la escritora gallega Cristina Sánchez-Andrade con su ensayo «Fámulas», editado por Anagrama, fruto de su reflexión sobre la dureza que padecieron estas mujeres durante el confinamiento por Covid y de haber visto en escena la obra de teatro «Las criadas», de Jean Genet. Algo interno se movió dentro de ella y quiso tratar el tema dando voz a cuatro mujeres: Joaquina, de Portugal; Deybi Vanesa, de Honduras; María Fátima, de Cabo Verde, y Rosario, de Nicaragua. 

«Escogí (Fámulas) esta palabra un poco antigua para criada, que no todo el mundo conoce, por el juego entre “fámulas” y “fábulas”. Al final, lo que hacen es contar sus propias historias».

Trabajadoras domésticas o criadas con testimonio muy duros y crueles, que cuentan sus experiencias con toda libertad y con nombre y apellido, «para que todo el mundo se entere». Así quedan reunidas estas voces en un libro que toma como modelo el título «Voces de Chernóbil», de la Premio Nobel Svetlana Aleksiévich,  y en el que Sánchez-Andrade también reflexiona sobre la relación amo-esclavo.

Fámulas, en lugar de criada

P.- ¿Cómo nació este libro y por qué eligió el término de «Fámula», en lugar de criada o sirvienta ?

R.- Siempre me ha interesado saber lo que piensan las empleadas del hogar de la gente y los lugares en los que trabajan. Todos hemos tenido alguna vez a alguien que ayuda con las labores domésticas o con el cuidado de los hijos o los mayores. Si lo piensas, son mujeres que se meten de lleno en nuestras vidas.

«Durante el confinamiento se han dado casos muy duros de explotación».

Estas personas no solo son testigos de nuestros mayores secretos, sino que conocen nuestros objetos, nuestras manías y obsesiones, hasta nuestra ropa interior.

Creo que una empleada del hogar te puede conocer incluso mejor que tu propia madre, que ahora no vive contigo. Sin embargo, es raro que hagan comentarios, al menos a la gente para la que trabajan, porque se las tacharía de indiscretas. Eso, por un lado, me fascina. Por otro, sé que durante el confinamiento se han dado casos muy duros de explotación, y hasta a algunas se las ha dejado encerradas durante tres meses sin salir, para que no contagiaran a la gente para la que trabajaban. A una de las chicas que aparece en el libro, hasta la dejaron al cuidado dos personas mayores que estaban a punto de morir (¡y murieron con ella como único consuelo!).

Entonces me decidí a hacer entrevistas para que, con toda libertad, estas mujeres contaran sus experiencias. Mi requisito era que ni yo las conociera ni ellas me conocieran a mí. Con este anonimato, tendrían libertad para decir lo que quisieran. A alguna le he cambiado el nombre, pero a otras no, porque me dijeron que eran tantas cosas y tan humillantes las que habían tenido que sufrir que precisamente querían salir con nombre y apellidos. Que todo el mundo se entere, me dijeron.

Otra cosa que quería era que contaran la cruda realidad con sus palabras, que no hubiera ningún narrador que alterara el relato, un poco lo que hace Svetlana Aleksiévich en Voces de Chernóbil, que sería mi modelo. En este libro, los testimonios son crudísimos precisamente porque son tal cual ocurrieron. La gracia que tiene Fámulas, creo, es que se reconocen los giros, los modismos, la manera de hablar de cada una de las protagonistas.

Escogí esta palabra un poco antigua para criada, que no todo el mundo conoce, por el juego entre “fámulas” y “fábulas”. Al final, lo que hacen es contar sus propias historias.

«Las que limpian»

P.- En el libro relata cómo quedó fascinada por la obra de teatro Las criadas, de Jean Genet, tras verla en un teatro de Madrid. La obra está basada en el crimen de las hermanas Papin, que asesinaron a sus patronas. Hoy el tema de la servidumbre, las empleadas de hogar… está encima de la mesa y gracias a la lucha que hacen Las Kellys por sus derechos laborales se han hecho mucho más visibles. Pero, en su opinión, ¿el feminismo está haciendo lo suficiente?

R.- Siempre se puede hacer más. Yo creo que gracias a movimientos como las de las kellys o incluso, se me ocurre, a través de reivindicaciones en obras de teatro tan buenas como Las que limpian, que precisamente está en cartelera actualmente en Madrid, ahora al menos se piensa en el trabajo brutal que hacen y se las ha tomado algo en consideración. También se empieza a regularizar su trabajo, a darlas de alta en la Seguridad social, etc.

El crimen real que hay detrás de la conocida obra de Jean Genet es espeluznante en sí, lo cuento en el prólogo, pero sobre todo porque detrás del mismo, había muchos años de silencio acumulado, que se hizo añicos en ese momento como podría haber sido en cualquier otro. Lo que no puede ser es que esa ira que se va generando año tras año tenga que terminar en algún acto violento. ¡Las hermanas Papin sacaron los ojos a sus empleadoras! Imagínate el resentimiento que habían acumulado. Aunque, además, no debían de estar muy bien de la cabeza, claro, no las eximo de culpa.

Voces de Portugal, Honduras, Cabo Verde y Nicaragua

P.- El libro aporta diferentes voces y testimonios de mujeres de Portugal, Honduras, Cabo Verde y Nicaragua que han trabajado en casas. Testimonios duros, muy complejos. ¿Cómo fue la selección? ¿Ha pensado reunir más?

R.- Realmente no tuve que hacer mucha selección porque salieron de manera espontánea esos testimonios y los tomé. Cuando tenía los cinco, ya no seguí, porque el libro iba a salir en la colección de Cuadernos de Anagrama que tiene esa extensión. Consideré que todo lo que me contaban era material interesante. Simplemente las dejé hablar con una grabadora durante una hora, hora y media y salió todo eso. Todas me dieron las gracias por haber podido decir cosas que tenían en el pecho, que les hacían daño y que no habían podido contar más que a sus amigas íntimas.

En ese sentido, fueron como sesiones terapéuticas para ellas. No descarto hacer más entrevistas. Aunque creo que, si siguiera, me encontraría con cosas todavía más duras y espeluznantes.

Anuncios racistas y repugnantes

P- El anuncio que pone como ejemplo de un hombre que busca servicio domestico diciendo «oferta exclusiva a chica negra» parece inaudito para estos tiempos, pero es real.  ¿Encontró muchos parecidos?

R.- Encontré otros, pero ninguno tan cruel, racista y repugnante como ese. Parece increíble no solo que siga habiendo gente así, sino que esas plataformas de anuncios publiquen semejantes mensajes sin un mínimo filtro. El tipo busca a ‘negra’, como dice él, de entre 20 y 35 años para que, mientras se van conociendo, puedan ir teniendo “momentos de  ternura y complicidad”. Por otro lado, siempre me he preguntado si ese tipo encontraría a alguien. ¿Quién va a ser tan tonta de caer en esa trampa? O si alguien cae, ¡qué lástima que esa sea la única solución!

P.- De la relación amo esclavo o de la servidumbre han hablado psicoanalistas, antropólogos… ¿Qué opina?

R.- Es muy interesante la dialéctica amo-esclavo de Hegel, que es un pasaje que se encuentra en su Femenología del espíritu. Viene a decir que mientras que los animales tienen deseos que se satisfacen con algo inmediato (por ejemplo, el deseo de comida), el  ser humano lo que desea es ser deseado por otro, ser reconocido, y que le den un valor autónomo. Para ello tiene que imponerse sobre los demás. El amo se impone al criado, y la forma que tiene de hacerlo es negándolo, es decir no reconociendo su deseo. Lo domina anulándolo.

Otra teoría importante, que menciono en el prólogo del libro, es la de la ensayista india Gayatri Spivak, que escribió ¿Puede hablar el subalterno? La pregunta que deja planteada este título es muy importante. Ahonda en la idea de que el “subalterno” no puede ser representado, porque ni habla ni podemos hablar por él.

La idea que subyace detrás es que la mayoría de las veces, los que escribimos no somos los que sufrimos las injusticias. Los que las sufren se dedican a trabajar para subsistir y en la mayoría de los casos (aunque ahora las cosas están cambiando, afortunadamente) no han ido ni a la escuela ni a la Universidad y, por lo tanto, no tienen capacidad de escribir.

Por eso quise dar voz directa a estas chicas, que fueran ellas las que, con sus propias palabras, a través de transcripciones, contaran lo que les pasa. En el momento en el que yo creo un narrador, estoy alterando esos relatos. Por eso preferí que fueran transcripciones.

P.- ¿Ha pensado hacer alguna novela sobre el tema? Y, para ahondar en este tema, ¿es más útil el ensayo o la ficción?

R.- Se podría hacer también a través de una novela y, por supuesto, sería muy interesante; ya se ha hecho. Si yo me embarcara en algo así, tendría que tener muchas más entrevistas o testimonios. Seguramente tomaría a alguna persona como referencia y haría que me contara su vida, eso sería muy interesante. Sería un relato en primera persona, intentando reproducir la oralidad de quien lo cuenta.