Vanessa Montfort en la presentación de 'La Hermandad de las Malas Hijas' el pasado mes de noviembre. EFE/ Javier Cebollada

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Vanessa Montfort explora las relaciones maternofiliales en "La hermandad de las malas hijas"

Sarah Sidki-Alaoui Arriaga | Madrid - 9 enero, 2024

Tras el éxito de 'Mujeres que compran flores', Vanessa Montfort (Barcelona, 1975) ha decidido explorar los complicados lazos entre madres e hijas en una historia que pone a dialogar a las madres de la transición con las hijas de la democracia.

"La hermandad de las malas hijas" (Plaza y Janés) nace del despertar de una generación que, a raíz de la pandemia, comienza a darse cuenta de que sus madres están envejeciendo y de que la brecha generacional que les separa cada vez es más grande.

"Somos muchas las que hemos sido criadas por una generación de mujeres que fueron madres durante el 'baby boom' o algo después, y a las que se les crearon grandes expectativas sobre lo que iba a ser la libertad de la mujer que luego no se cumplieron. Lo vieron reflejado en nosotras" explica Montfort en una entrevista con Efeminista.

A través de cuatro protagonistas, Montfort indaga varias relaciones materno-filiales que se entrelazan a raíz de la extraña muerte de un paseador de perros de su barrio. Una historia cuyo hilo conductor es descubrir el misterio de esa muerte, pero en la que el verdadero misterio son las relaciones entre estas hijas y sus respectivas madres.

Comedia e intriga se juntan para entender porqué estas relaciones son tan complicadas y en la necesidad de marcar unos límites para poder crecer. Un diálogo intergeneracional ante la rivalidad y dependencia emocional entre las madres e hijas. Unas madres e hijas cuyo destino es intentar entenderse, unas hijas que llegado el momento deberán hacer de madres de sus madres y verlas como mujeres antes que madres.

"La hermandad de las malas hijas", de Vanessa Montfort

Pregunta (P).- La novela muestra la complejidad de las relaciones materno-filiales una vez se es adulto, ¿qué le lleva a querer descubrir y contar este tipo de relaciones?

Respuesta (R).- Cuando afronto una nueva novela contemporánea siempre escucho lo que se dice a mi alrededor y empiezo a tomar notas del natural. En 'Mujeres que compran flores'  lo que escuchaba es que había que dar un paso más en cuanto a la tercera ola feminista y el movimiento Me Too.

Con 'La hermandad de las malas hijas', lo que empiezo a escuchar en la post-pandemia es una preocupación especial por el cuidado de los padres. Mi generación se había dado cuenta que sus padres estaban haciéndose mayores. Esta generación, y especialmente las mujeres, hemos sido educadas por madres a las que les crearon grandes expectativas sobre la libertad de la mujer, que en muchos casos no se han cumplido y que han visto en nosotras. Además, las relaciones entre madres e hijas son casi siempre tragicómicas y quería aterrizar todo esto en una trama entretenida con unas madres e hijas de esa generación que tienen una conversación pendiente.

P.- Habla mucho de la brecha generacional y las diferencias entre las madres de la transición y las hijas de la democracia. ¿Cree que existe tanta brecha en las relaciones de generaciones posteriores? 

R.- Creo que hay menos brecha. Es una cuestión de índices de libertad y de estilos de vida. Hay menos brecha que entre las mujeres que fueron madres en la transición y las que lo han sido después. Porque sobre el papel se avanzó mucho pero en la práctica no. Eran mujeres trabajadoras pero a la hora de tener hijos todas volvían al entorno familiar a ocuparse de sus hijos y quedaban ensombrecidas y paralizadas. A nosotras en cambio nos han educado para que no nos pasara eso. Por eso afecta a varias generaciones, aunque la siguiente a la mía ha vivido lo mismo, pero un poco menos. Y así sucesivamente.

Relaciones complejas entre madres e hijas

P.- Ahora se habla más de la complejidad de las relaciones materno filiales, hay más publicaciones y más libros sobre este tema...

R.- Sí y tendemos a sacralizar la figura de la madre. Siempre se ha sobreprotegido la idea y la sensación de maternidad. El panorama social está cambiando muchísimo. La figura de la maternidad antes era sagrada y no se podía discutir, está bien que ahora lo discutamos y rebatamos. No sólo para las que van a ser madres o deciden no serlo, sino para las que ya lo han sido. Poder tener una conversación de adulta a adulta y verlas como seres humanos que son.

P.- ¿Por qué son tan complicadas estas relaciones? 

R.- Yo creo que es por falta de diálogo y tiempo. A raíz de la novela, me empecé a preguntar qué pasaría si tuviese que espiar a mi madre. Todos nos llevaríamos una sorpresa si lo hiciéramos. La relación con nuestra madre va cambiando según nos hacemos adultos, y debemos reconstruirla como adultos. Con el tiempo dejamos de conocernos. No sabemos qué sueños tiene nuestra madre, si se ha enamorado de nuevo, cuáles son sus frustraciones etc.

No entendemos que nuestras madres han sido personas antes de nosotros y lo son después. Aunque hablemos mucho con ellas, no hablamos de verdad y esa falta de diálogo hace que no nos entendamos.

P.- En la novela, no sólo se habla de las relaciones madre-hija, también de las amistades que crecen juntas y se van distanciando con el tiempo.

R.- Sí, dos hermandades. Las malas hijas y las malas madres, que tienen una relación incluso más fuerte que la que tienen las hijas. En casi todas mis novelas acabo hablando de la amistad, y sobre todo de la amistad femenina. Desde 'La Mujer sin Nombre' y mi novela anterior, en la que hay una hermandad muy clara, he ido jugando con ello y me gustaba la idea de que fuesen las madres las que tuvieran esa hermandad. También quería explorar las amistades en distintas generaciones.