Vanessa Montfort: Las mujeres estamos en una situación de ansiedad

Laura de Grado | Madrid - 14 junio, 2019

Mujeres «multitarea» en una sociedad hiperconectada que produce ansiedad, soledad y violencia, así define Vanessa Montfort la situación de las mujeres en la «sociedad del malestar».

La novelista y dramaturga Vanessa Montfort reflexiona en su libro «El sueño de la crisálida» (Plaza & Janés) sobre las prisas y la sobrecarga con las que se vive ahora, que hacen «muy difícil empatizar con otro ser humano y eso genera violencia».

De todo ello, las mujeres son las más perjudicadas pues, además de soportar el grueso de la violencia que se genera, se sobrecargan de trabajo y acaban teniendo ansiedad.

«Vivimos una sociedad ansiosa que sustituye constantemente lo urgente por lo importante, con lo cual nunca hay tiempo para lo importante», defiende Montfort durante una entrevista con Efeminista en su paso por la Feria del Libro de Madrid.

A través de sus personajes la novelista habla de la invisibilidad de las mujeres en la Iglesia denuncia «desde abusos de poder hasta abusos sexuales de mujeres contra mujeres», un debate que -según ella- hay que «empezar a tratar».

Una novela anti prejuicio

Pregunta.- «El sueño de la crisálida» es una historia entre dos mujeres opuestas que de repente se encuentran en la vida y se apoyan en cierto modo, ¿les cambia la vida esta alianza?

Respuesta.- Esta es una novela sobre todo anti prejuicio. Es una novela que habla de dos personas que no estaban destinadas a encontrarse, en este caso son dos mujeres, pero habla más bien del encuentro entre los seres humanos. Es decir, entre personas que deciden que se van a revelar contra la frase «esto siempre se ha hecho así», cada uno de ellos a su manera.

Está Greta, una de las coprotagonistas, que pertenece a una congregación religiosa y que es muy contestataria con la posición de la mujer en la Iglesia Católica. Está Patricia que es la mujer a la que le cuenta su historia para escribir un reportaje, que también es muy crítica con los medios de comunicación y con cómo a veces las nuevas tecnologías en vez de acercarnos, mal utilizadas, nos aíslan unos de otros.  Y como el periodismo tiene que volver a acercarse a los hechos y no verlos en diferido.

«Las mujeres estamos en una situación de ansiedad»

P.- Trata también la ansiedad que genera lo que usted llama «sociedad del malestar»,  ¿afecta esto de manera especial a las mujeres? 

R.- La prisa en la sociedad de nuestros días nos afecta en cuanto a que el primer síntoma de ansiedad es intentar llenar tu vida de cosas. Esa acumulación de acontecimientos, de que te pasen cosas o de mirar el móvil cada cinco segundos para ver si alguien te reclama, son todos síntomas de ansiedad, lo que pasa que no los identificamos como tal.

A las mujeres, como ya contaba en «Mujeres que compran flores», nos afecta en que nosotras somos multitarea, entonces tenemos que estar haciendo cincuenta cosas a la vez. Seguimos soportando mayoritariamente el peso del hogar, y ya no digo el hogar con niños, sino del hogar en general, de la organización del hogar, y, además, trabajamos fuera. Entonces claro, las mujeres especialmente estamos en una situación de ansiedad bastante fuerte.

P.- Una de las causas que plantea es la hiperconexión y la autoexigencia, ¿cómo salimos de esta situación?

R.- Yo creo que es un compromiso con uno mismo y por supuesto tienes que ir contracorriente porque el resto de la sociedad está organizada así.

Pero es cierto que es un compromiso, mi compromiso es que voy a agendar mi tiempo de descanso, es decir, para mí, aunque suene frío decirlo, voy a destinarle el mismo tiempo a descansar y a disfrutar de lo que me gusta y a cuidarme y a disfrutar de los míos, que a trabajar. Y cuando descanso no es para volver a sobrecargarse, no, voy a descansar porque quiero, porque es parte de lo que necesito.

Invisibilidad de la mujer dentro de la Iglesia católica

P.- Contaba que el personaje de Greta es muy crítica con la posición de la mujer en la Iglesia Católica, un debate que se está viendo mucho últimamente y que están planteando incluso desde el Vaticano. ¿Cómo es la relación actual entre mujeres e iglesia?

R.- Cuando la persona que da lugar al personaje de Greta, que es una persona real, se me acerca para contarme esta historia, tuve esa sensación que tenemos a veces como periodista o como escritora, ese radar, que dices «esta historia no se ha contado antes». Y es verdad que en el mundo de la ficción no se ha contado.

Hay muchas historias sobre el mundo de la Iglesia, pero en este caso pone de manifiesto, por primera vez, esa invisibilidad de mujeres muy valiosas que hay en la institución y que están tratadas como piezas de recambio, entonces no pueden dirigir un retiro espiritual e intelectualmente no están valoradas.

He ocultado todos los nombres para proteger su identidad, evidentemente, porque cuenta cosas muy graves desde abusos de poder hasta abusos sexuales de mujeres contra mujeres.

Esto es una cosa que no se había contado antes y que creo que por la salud de todos, incluyendo a la institución, es sano que se hable. Es un debate que tímidamente el Vaticano está empezando a abrir pero sí te puedo decir que a mí me escribe mucha gente que ha vivido situaciones así, no solamente dentro de la institución sino en colegios. Entonces creo que sí que deberíamos de empezar a tratar ese tema.

P.- A partir de este hueco que ha abierto, ¿cree que se van a empezar a escuchar más voces posicionándose sobre la iglesia?

R.- Hay un movimiento fuerte en Estados Unidos, que es el #ChurchToo, que aquí todavía no lo conocemos mucho y trata de abusos en la Iglesia en general. Y bueno, están apareciendo ahora en redes pero muy poco a poco. En Nueva York, por ejemplo, sacaron un reportaje amplio porque dos mujeres habían hablado de abusos de mujeres contra mujeres y lo consideraban como un hito. O sea que es algo que está por explorarse.

La experiencia nos indica que un tema así, bien tratado y tratado con respeto y con delicadeza, pero llamando a las cosas por su nombre, generalmente produce salud en la sociedad y no lo contrario.

La sociedad de la prisa «genera violencia»

«Está muy bien la tecnología para acercarnos, pero en una sociedad que va tan deprisa es muy difícil empatizar con otro ser humano y eso genera violencia»

P.- Cerca de mil asesinadas por violencia machista desde 2003, ¿qué hay que hacer para parar esto?

R.- Pues seguir denunciando y seguir educando, porque no es cuestión solamente de perseguirlo legalmente, que también, sino de educar.

Y hablo mucho en esta novela también de bulling, del mobbing, de cómo precisamente yo creo que la velocidad a la que vivimos hace que, y ya lo están diciendo los sociólogos, sustituyamos una comunicación cuerpo a cuerpo,  mirada mirada, por un WhatsApp.

Está muy bien la tecnología para acercarnos, pero en una sociedad que va tan deprisa es muy difícil empatizar con otro ser humano y eso genera violencia porque en el momento en el que quien está enfrente no te importa, es más fácil hacerle daño.

Entonces, yo creo que tanto para el maltrato de género, como para cualquier tipo de maltrato, que ahora mismo desgraciadamente son pandemias, la reflexión está en que debemos de empezar a construir un poco más el interior y no tanto el exterior, y apaciguar un poquito el ritmo para que nos dé tiempo a entendernos.

Rebelarse contra la «hiperconexión»

P.-En «Mujeres que compran flores» predecía una revolución de mujeres, y poco después estalló el #MeToo, ¿alguna otra predicción para este año?

R.- Es verdad que «Mujeres que compran flores» llegó como un año antes de que estallara la famosa tercera ola, pero porque los escritores y los periodistas somos detectores de incendios. Yo veía el mismo malestar en el mundo femenino, un estrés vital importante que yo decía «aquí está ocurriendo algo, hay necesidad de dar un paso más».

Y el paso más era en busca, no de unos derechos que ya están adquiridos sobre el papel, aunque haya que seguir luchando por ellos, sino que había una necesidad de búsqueda de una calidad de vida y de las mujeres no sentir que teníamos que ser heroínas, como si fuera el peaje por unos derechos que ya tenemos adquiridos.

P.- ¿Y cuál es el paso más ahora?

R.- Ahora yo creo que hay una especie de necesidad de desconexión. Estamos todos obsesionados con estar conectados y la hiperconexión lleva a la soledad. El principal problema que nos vamos a encontrar de aquí a nada, y ya nos lo estamos encontrando, es la soledad. Esa sensación de que en el fondo no sabes verdaderamente con quién cuentas porque ni siquiera sabes si cuentas contigo mismo, no te da tiempo a pensarlo.

Pues rebelarse contra eso, que es lo que hacen mis personajes, yo creo que es el siguiente paso.