«Solo los valientes», un testimonio sobre la memoria y la identidad trans

Cristina Bazán | Guayaquil - 31 marzo, 2022

La primera vez que Alejandro Albán recuerda haberle dicho a su madre que no era una niña sino un niño fue cuando caminaban de la mano hacia el preescolar. A partir de ese momento, el camino del ahora psiquiatra fue de autoconocimiento, cambios, miedos y luchas que lo llevó, 20 años después, a tomar la decisión más importante de su vida: el cambio de sexo.

El testimonio de ese largo recorrido de encuentro consigo mismo es el que Alejandro, hombre trans y gay, cuenta en «Solo los valientes» (Círculo de tiza, 2022), un libro sobre la memoria y la identidad trans, cuya historia se le «impuso de alguna manera». «Este libro es una necesidad personal que surgió, que no fue el fruto de una reflexión ni nada por el estilo. Al final es el proyecto el que te llama un poco a ti y en ese momento yo no podía escribir otra cosa que no fuera esto», explica a Efeminista Alejandro Albán.

Esta historia, que es la segunda que ha escrito, pero la primera que publica, también es una crítica indirecta al discurso que cuestiona la identidad de género y que asegura que ser mujer u hombre «no es un sentimiento».

«Yo creo que las personas trans somos la evidencia de que el género no es únicamente una construcción social. Tiene una parte profunda que no se debe a la crianza, que se debe más bien a la esencia, que se debe a la identidad sexual con la que o nacemos o se forma de forma muy temprana», afirma.

La historia de «Solo los valientes»

Pregunta: ¿Por qué decidió contar su historia en un libro?

Respuesta: Yo estaba escribiendo otra cosa. Pero le iba poniendo cada vez más trozos de mi biografía y me salían solos. Y al final me dije «lo que necesito escribir en este momento es esto». Entonces surge como la necesidad tan perentoria de que si no escribía esto, no podría escribir nada más. Y necesitaba escribir. Es como que esa historia adquiere su sitio y al final no la puedes parar

P: ¿Y qué es lo estaba pensando antes de escribir esto? ¿Qué historia quedó atrás?

R: Justo antes de empezar yo había acabado mi primera novela y estaba escribiendo un ensayo. Como yo soy psiquiatra y me dedico profesionalmente a escribir artículos científicos, pues pensé en escribir un ensayo literario. Pero lo que descubrí mientras lo estaba haciendo es que me aburría soberanamente y que necesitaba otro tipo de cosas. Y fue entonces cuando esta novela, a la que le había dado vueltas en mi cabeza antes, reclamó su lugar. No podía reprimir mis ganas de escribir, pero no podía ponerme con otra cosa y sacarlo adelante. Era esto o nada.

Un ejercicio de memoria

P: Hay muchísimos recuerdos de su vida en el libro, ¿los tenía anotados en algún diario o fue un ejercicio de memoria?

R: Fue sacar mucho de memoria. Tenía alguno que otro testimonio escrito de algún diario, pero mis diarios solo se remontaban a 2013. Antes de eso, he tenido que jugar con la memoria y ver lo que me ofrecía.

Hay un proceso de ponerte en el lugar de tu yo anterior, que a veces tiene algo de artificial, de preguntarte «qué estaba pensando yo en este momento». Y un poco de construir un personaje, al fin y al cabo es un personaje a partir de tus recuerdos, pero que tiene que tener una coherencia narrativa a lo largo de la historia. Es verse un poquito desde fuera e ir construyendo la historia, es tener esa distancia suficiente como para poder construirla.

P: Empieza el libro con una frase de Jeanette Winterson que dice: «La escritura que te escribe es peligrosa, va donde no querías ir». ¿Esto es lo que pasó?

R: Sí, claro. La historia al final necesitaba ir por donde tenía que ir. Si yo quería guardar algo y ser pudoroso en algún sentido, si no quería hablar de ciertos temas… Al final si vas quitando cosas, la historia no se sostiene, no tiene arquitectura, y al final te debes a la historia.

Eso fue lo que me pasó. Dije: «Bueno, aquí y lo que haga falta, la sinceridad que sea necesaria para al final construir la historia«. El oficio de escritor me lo tomo muy en serio. 

Y también es un proceso de obligarte a mirar atrás, a períodos de tu vida que tenías enterrados y que preferías que se quedasen ahí, guardaditos. Es inevitable mirar atrás y no hacerlo desde una forma profunda, no únicamente recordando los hechos, sino poniéndote en la piel de tu yo anterior. A veces escribir también sirve un poco para saber qué pensamos y qué sentimos sobre ciertos temas. Hasta que no nos paramos a escribir sobre sobre ellos, no descubrimos con profundidad cuál es nuestra opinión o nuestros sentimientos sobre determinados aspectos de nuestra vida.

P: También habla del miedo y la culpa, ¿influyeron en su decisión final?

R: Quizá esa culpa te vaya ralentizando un poco, pero no pasa nada, porque también tienes que esperar hasta estar preparado. Sí siento que me habría gustado iniciarlo antes, pero creo que más que por la culpa se debió a una falta de autoconocimiento por mi parte. Ahora hay cada vez más visibilidad sobre el tema trans y quizá ahora, si yo tuviese 17 años, pues a lo mejor habría sido capaz de darme cuenta antes y de iniciar el proceso antes. Pero cuando me di cuenta de todo, que fue con 20 años, me costó todavía tres o cuatro años más dar el paso hacia la transición.

El escritor y psiquiatra Alejandro Albán. Foto: Círculo de tiza.

El escritor y psiquiatra Alejandro Albán. Foto: Círculo de tiza.

La niñez trans

P: Cuenta en el libro que era muy pequeño cuando se dio cuenta de que no era una niña, ¿qué opina sobre los que cuestionan y les dicen a las mujeres trans que ser mujer no es un sentimiento?

R: Yo creo que las personas trans somos la evidencia de que el género no es únicamente una construcción social. O sea el género tiene partes de construcción social, las partes más superficiales, pero tiene una parte profunda que no se debe a la crianza, que se debe a la esencia, que se debe a la identidad sexual con la que o nacemos o se forma de forma muy temprana.

También depende mucho de las personas, cada uno lo siente de una manera distinta. Pero para mí, la conciencia de esa identidad se funde con los primeros recuerdos de mi vida. O sea, están previo a cualquier amago de construcción social. Y las personas trans somos la evidencia de que la identidad sexual es hasta cierto punto inmune a esa influencia social y a esa crianza.

Las personas que siempre han tenido su género acorde con su sexo biológico no entienden el poder de eso. Yo creo que hay que entender que cuando te niegan ese derecho a que tu cuerpo, tu nombre, toda esa expresión de género se alinee con tu verdadera identidad sexual, cuando ves ahí la discordancia, es cuando sientes el poder que tiene realmente la identidad sexual y lo importante que es. Las transexcluyentes son capaces de decir eso porque no les han obligado a vivir una vida como hombres.

Esto de la construcción social es un argumento que no se sostiene por sí solo, porque si tú tienes mujeres que se creían en ambientes muy distintos. O sea, en donde la construcción social del género es muy distinta. Si se crían bajo en roles muy tradicionales, muy férreos, con estereotipos muy marcados y otras en contextos muchísimo más liberales, con un rol de género más relajado, con mucha más igualdad. ¿Me estás diciendo que esas mujeres que se criaron en medios más tradicionales son más mujeres que las que no se les impuso de forma tan férrea esa construcción social?

Y además, las mujeres trans también sufren todas las consecuencias del machismo. Las mujeres trans sufren transfobia y machismo por ser mujeres. Y ahora encima los ataques de las feministas transexcluyentes. Se lo llevan todo. Y es curioso porque los hombres trans no entramos en este debate. Parece que nos ignoran a posta porque somos una verdad incómoda en el discurso del feminismo transexcluyente.

P: ¿En qué sentido?

R: Me refiero sobre todo al discurso que tienen las feministas transexcluyentes, porque se les da muy bien meterse con las mujeres trans. Dicen que en realidad son hombres que se quieren colar en el vestuario de las chicas, que me parece súper absurdo y que quieren borrar la realidad de la mujer.

Entonces la pregunta es: “Bueno, me estás diciendo que las mujeres trans borran a las mujeres, pero ¿los hombres trans borramos a los hombres? ¿Están los hombres manifestándose en contra de los hombres trans? Me estás diciendo que yo, según tu punto de vista, ¿soy una mujer? Debería estar en vuestro club manifestándome. ¿O tampoco me quieres allí? No me quieres allí. O sea, tú no consideras que yo sea una mujer, pero le estás negando a las mujeres trans su identidad como mujeres». Es una contradicción. Tampoco querrían que un hombre trans se colara en los vestuarios.

Los derechos de las personas trans

P: Luis G. Martín dice en una reseña que si leyeran este libro nadie discutiría sobre los derechos de las personas trans. ¿Cree que su historia puede crear esta empatía?

R: Luis G. Martín ha sido súper generoso con los comentarios que me ha hecho y muy optimista. Yo no creo que mi libro pueda lograr tanto, pero sí creo que es muy importante acercarse a los relatos de las personas trans y a piezas de ficción sobre las personas trans porque me parece que la literatura, el cine, la televisión son la forma más fácil de acercarnos a esto y de ponernos en el lugar de las personas trans.

No solo mi libro, sino muchas otras obras destacables. Tenemos un corpus de ficción trans que habría que visitar si uno realmente está interesado en ver las cosas de otra manera. Todo esto es lo que hace falta. Creo que la ficción y la no ficción literaria ayuda muchísimo a la visibilidad. Pero debe haber cierto interés del espectador de estar abierto a ver esas realidades desde otra perspectiva, acercarse a la perspectiva de esas otras vidas.

P: ¿Y qué cree que falta por reivindicar para las personas trans?

R: Es una lucha que está en varios frentes. Uno es este de la ficción, que es vital para la normalización. Luego está el tema de la ley, por supuesto. Yo creo que la ley trans que está ahora debatiéndose en España puede facilitar la vida a las personas trans. Al final, la ley es como el marco en el que estamos sumergidos, en el que estamos inmersos y que a su vez puede facilitar muchísimas cosas y también facilitar el cambio de visión de la sociedad. Si tú estás en un país que te permite ciertas cosas, pues también estás en un país que poco a poco se va a nutrir de esa tolerancia desde la ley hasta la sociedad.

Y luego está la educación. Igual que para mitigar la violencia de género es fundamental que haya campañas de educación por la igualdad, también tiene que haber visibilidad en los institutos. Que, por ejemplo, los orientadores estén disponibles para dar consejo a las personas diversas, que no se vuelvan a repetir cosas como esa confiscación de libros de contenido LGTB en los colegios. Eso es vergonzoso.

P: Después de este libro, ¿qué viene para usted?

R: Me voy a tomar un pequeño descanso de la realidad trans. Las dos novelas que tengo entre manos no tratan la realidad trans, pero sí tratan la realidad gay. O sea, no me voy a ir muy lejos. Soy perfectamente capaz de ponerme en la piel de un chico gay cis, pero todavía no soy capaz de meterme en la cabeza de un hetero. Yo creo que voy a dejar a los heteros para los escritores heteros y yo me voy a concentrar en el colectivo LGTBI.

Yo espero que este libro sea recibido como una novela autobiográfica más allá de su tema y que pueda trascender el tema e interesar de forma literaria y por su contenido a personas a las que a lo mejor el tema trans no les no les llamaba tanto la atención, simplemente porque crean que puede ser una buena novela que pueden disfrutar.