8M: Niurka, mujer y… trans

Macarena Baena Garrido y Cristina Bazán Salcedo | Madrid - 8 marzo, 2022

Niurka recuerda con claridad que fue cerca de los 7 años cuando fue consciente de que era una mujer y está segura de que ese reconocimiento interior le permitió fluir con naturalidad y preparase para enfrentarse a un mundo que muchas veces la trató con violencia.

«¿Qué es lo que me ha ayudado en todo este proceso? El no ser coartada, el no ser mutilada en mi expresión de género. Es decir, en mi forma de ser, de sentarme, de comportarme, de hablar, de vestirme… El día en que me visibilicé salí como un tanque. “Esta soy yo, no hay otra”. Esto para mí es fundamental, porque fue mostrarme al mundo como yo era», asegura Niurka en una entrevista con Efeminista que este año, con motivo del 8M, Día Internacional de la Mujer, ha querido visibilizar a 8 mujeres que se enfrentan a una doble discriminación.

Aunque afirma que en su entorno más cercano fue arropada desde el primer momento, las discriminaciones se hicieron visibles desde que era muy pequeña, en el ámbito estudiantil, y, posteriormente, en el laboral. «Yo creo que sería absurdo decir: “no he sufrido situaciones”. Lo que pasa es que vas creando diferentes mecanismos de defensa».

«Por ejemplo, yo era la primera de mi clase. Ahora cuando hago una lectura digo: ¿quién se iba a atrever a burlarse, a cuestionar, a discriminar a esta persona a la que han sacado en fin de curso como modelo? Sin embargo, aunque reconocían esa potencialidad, ese talento en mí, había gente que nunca me ponía el 10. No querían que yo diera el discurso de fin de curso académico. Este tipo de situaciones las he vivido, pero también me han fortalecido porque me han hecho decir: «esta soy yo, no hay otra y voy a seguir»», asevera.

Niurka: «El dolor más grande es no ser reconocidas como mujeres»

Pregunta: ¿Cuál ha sido tu vida hasta ahora? 

Respuesta: Yo soy Niurka. Soy una mujer valiente, luchadora y creyente, algo a veces poco entendible. Soy una mujer trans y en estos momentos me defino como una mujer activista, luchadora y defensora de los derechos humanos, del colectivo trans en general, pero sobre todo de las mujeres, que quizá dentro de esta vulnerabilidad somos las más vulnerables.

También soy teóloga de profesión. Soy parte de la comisión ejecutiva de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales, Intersexuales y más (FELGTBI+), y colaboro en un proyecto de inserción sociolaboral para personas trans. Me dedico además a dar formación a las empresas en temas de diversidad de género, formación al equipo de recursos humanos y sensibilización a toda la plantilla en la realidad trans. Y también participo en un grupo potente de mujeres por la revuelta en la Iglesia.

Con 7 años más o menos yo ya sabía que era una mujer. No conocía el término transexualidad u otro tipo de palabras que hoy en día ya me suenan, pero tenía clarísimo que era una mujer. Y creo que el reconocerme como una mujer en ese momento ha hecho que también aprenda a vivir, a sostenerme y a sobrellevar mi historia de vida, a veces en estructuras muy machistas, muy patriarcales, muy cerradas, muy binarias CIS normativas también.

P: ¿Cuáles son las discriminaciones a las que se enfrentan las mujeres trans?

R: Yo creo que el dolor más grande que podemos llevar las mujeres trans es el no ser reconocidas como mujeres. Esto es muy doloroso porque si tú no me reconoces como mujer, si tú no me reconoces como compañera, en esta sororidad y en este feminismo en el que ambas estamos luchando por la igualdad, me estás quitando toda mi dignidad, toda mi humanidad. Me estás despellejando y me estás dejando sin ser yo.

Siempre digo que no soy enemiga, soy compañera, soy aliada, porque juntas tenemos que luchar contra este sistema patriarcal u opresor que nos quiere aplastar.

Ahora estoy en el grupo de mujeres de la revuelta en la Iglesia, que es un grito de las mujeres en el ámbito eclesial. Y para mí es importante decir: «oye, yo también soy una entre tantas y lucho por las mismas situaciones de discriminación que estáis luchando vosotras». Lucho como otras tantas mujeres por tener un sitio en el ámbito laboral. Ahora estamos hablando de estos planes de igualdad, pues yo también estoy luchando contra esta situación. No de manera aislada a las demás mujeres, sino unida con las otras.

Las situaciones de transfobia en el ámbito social son más fuertes. Por ejemplo, cuando quieres alquilar una habitación, el cuestionamiento constante de si alquilan o no te alquilan. La discriminación que vivimos en el ámbito educativo, cuando no se nos reconoce con el nombre que manifestamos.

El porcentaje de discriminación que sufrimos las mujeres trans es muy alto y muy preocupante, porque muchísimas, queriendo o no, estamos expuestas. Porque por nuestras características externas o por nuestros rasgos no encajamos en este estereotipo de mujer tan estrecho que la sociedad nos muestra, y quizá estamos más expuestas a estas situaciones de discriminación que muchísimos hombres trans que se visibilizan con mayor facilidad.

P: ¿Qué reivindicaciones haces para el colectivo trans en este 8 de Marzo?

R: Una de las cosas que pido de entrada es el reconocimiento como mujeres. Creo que eso es importante, fundamental. Pero este reconocimiento tiene que plasmarse en leyes. Estamos detrás de la ley trans estatal, que esto es importante decirlo, porque implicaría el reconocimiento de todas aquellas mujeres, no solo en las grandes ciudades, también en las zonas rurales, que muchas veces olvidamos, en estos pueblos en los que están a veces totalmente abandonadas. El reconocimiento de las mujeres trans migrantes.

Pido también el acceso sin discriminación de las mujeres trans en el ámbito laboral. Necesitamos el compromiso no solo de las instituciones públicas, que deberían crear programas y protocolos de intervención y de integración, sino también convenios de colaboración con el ámbito empresarial.

El acompañamiento de las de las mujeres trans en el ámbito sanitario. Creo que no podemos estar tan abandonadas. Cuando queremos hacer nuestros procesos, nos exponemos a profesionales que no tienen preparación a la hora de atendernos. Una mujer trans en algún momento de su vida tendrá que visitar un urólogo y la gran pregunta es: ¿el urólogo está preparado para atender a esta mujer?

Creo además que necesitamos mucha educación a todos los niveles, porque hay que romper con este binarismo tan encorsetado que nos quiere meter a todas en una camisa de fuerza. Creo que es importante que la sociedad entienda que somos mujeres en plural, porque reconocer eso es reconocernos en nuestra diversidad. Es saber respetar y darle su lugar a esta y a esta.

Tengo la esperanza de que las mujeres luchemos juntas. Unidas en esta palabra que tanto me gusta: sororidad, y en el feminismo. De que no nos veamos como enemigas. De que hablemos de los feminismos que nos integran y que nos invitan a caminar juntas en nuestra interseccionalidad.

8M: las mujeres trans en cifras

Aunque no existen aún cifras segregadas sobre la violencia que se ejerce específicamente contra las mujeres trans, diversos estudios, como uno realizado en 2020 por el Instituto Andaluz de la Mujer (IAM), señalan que las mujeres trans están expuestas a dinámicas de discriminación y violencia transfóbica, especialmente cuando se encuentran en situaciones de vulnerabilidad social, que derivan en depresión, ansiedad, abuso de sustancias, autolesiones y suicidio.

Además de la violencia, el 80 % de las mujeres trans están excluidas del mundo laboral y, en caso de acceder a un empleo, consiguen uno de carácter precario, según ha denunciado la organización Médicos del Mundo Cataluña.

Por su parte, una investigación realizada por la FRA (European Union Agency for Fundamental Rights) revela que en España el 77 % de las mujeres trans ha sufrido discriminación a la hora de buscar empleo, un 34 % lo padece también una vez que lo encuentra y por ello el 58 % se oculta y no habla de su identidad en ese ámbito de su vida.

Las cifras de empleo entre el colectivo trans son muy negativas y esto hace que un 48,2 % de ellas se haya visto obligada a prostituirse para poder subsistir.

Esta discriminación sociolaboral, sumado al rechazo familiar, ha empujado a más de un 10 % de mujeres trans en España a dormir en la calle al menos una vez en su vida.