Shon Faye: “La transfobia y la misoginia están íntimamente conectadas”

María G. de Montis | Madrid - 31 marzo, 2022

Lapidario, accesible y esclarecedor: el primer libro de la escritora, periodista y activista por los derechos humanos Shon Faye, Trans: un alegato por un mundo más justo y más libre, es un ensayo sobre la realidad discriminatoria a la que se enfrentan las personas trans en Reino Unido. El libro anima a todo el mundo a luchar por revocar esa problemática, ya que, según asegura la inglesa (Bristol, 1988) en una entrevista con Efeminista, también las mujeres verían «mejorar su situación», porque «la transfobia y la misoginia están íntimamente conectadas».

«Si miras alrededor, comprobarás que las opresiones contra los derechos de la mujer se parecen mucho a las que sufren las personas trans: nuestros problemas están hermanados», explica Faye. «Nuestra lucha es por conseguir la autonomía de nuestros cuerpos, la libertad contra la violencia y la discriminación».

El libro, que acaba de llegar a España de la mano de Blackie Books con traducción de Rosa María García, analiza entre otros puntos las políticas cosméticas que «lejos de ayudar, penalizan a las minorías» y el papel que han jugado los medios de comunicación en la deformación y diseminación de odio hacia el colectivo trans. Un «problema social» al que Faye, periodista graduada en Derecho, quiere «dar la vuelta, porque la realidad es que la gente trans siempre tiene algo que ofrecer a la sociedad».

Un libro contra la desinformación

PREGUNTA.- ¿Cómo ha sido escribir este libro?

RESPUESTA.- El proceso fue un poco catártico, me permitió hacer un trabajo de pedagogía y corregir mucha desinformación sobre las personas trans. Pero al mismo tiempo tuve que lidiar con muchas dificultades y con el trauma colectivo; muchas de las personas a las que entrevisté habían sufrido mucho, así que el proceso de escritura no fue el más sencillo que he tenido.

He estado trabajando en este libro mucho tiempo: me lo encargaron en 2019, aunque la mayor parte fue escrito durante el confinamiento de marzo y abril de 2020. Lo hice gracias a que nos encerraron en casa, pero fue una manera de concentrarme en mi propia salud mental durante ese encierro.

Pero el confinamiento también me ayudó a generar argumentos más radicales en el libro, porque creo que muchas de las políticas que vimos alrededor del mundo en respuesta a la pandemia eran inimaginables antes. Los gobiernos pagando a los trabajadores porque no podían trabajar, por ejemplo: eso era algo que hace cinco años no habríamos imaginado.

P.- El ensayo ha vendido más de 30.000 ejemplares en Reino Unido y se está traduciendo a varios idiomas, ¿cómo afronta esta promoción internacional?

R.- Yo ya tenía un cierto nivel de relevancia en los medios británicos antes de escribir el libro, porque soy periodista freelance y tengo un podcast (Call Me Mother, en el que entrevista a miembros del colectivo LGBTIQ). Hay mucho odio hacia la gente trans, especialmente hacia las mujeres trans con peso en medios y redes sociales, así que me he acostumbrado a un cierto nivel de abuso y hostilidad en línea.

El libro ha ayudado a equilibrar todos esos mensajes negativos porque ahora también me llegan muchísimos comentarios agradables. De alguna manera, lo ha hecho todo más llevadero, más fácil.

El dolor, «un punto de unión, no de división»

P.- Comienza su libro asegurando que la mejora de las condiciones y la consecución de derechos para las personas trans mejorará la vida de todo el mundo. ¿Cómo?

R.- Bueno, lo digo por dos razones: la primera, porque es cierto. La segunda, porque la gente está habituada, especialmente en Reino Unido, a escuchar en los medios cómo la gente trans ha infringido alguna cosa o les ha quitado algo. Eso es un problema social al que quería darle la vuelta, porque la realidad es que la gente trans siempre tiene algo que ofrecer a la sociedad.

El problema es que mucha gente trans vive en los márgenes de la sociedad, y cualquier sociedad debería ser juzgada por cómo trata a sus miembros más desfavorecidos. Si empiezas a mirar a la gente más marginada y a mejorar sus condiciones, desde el acceso a un hogar hasta mejores ingresos o acciones contra la violencia de género, también mejorarás las condiciones de la gente que tiene más privilegios. Hay un montón de grupos minoritarios a los que se ayudaría tomando medidas para las personas trans.

P.- En el libro también habla de las sonadas declaraciones que la autora de Harry Potter, J K Rowling, ha hecho sobre el colectivo trans. Recoge un texto que la escritora subió a su web en el que se mostraba «enormemente preocupada por las consecuencias del activismo trans de hoy en día».

R.- Sí, su postura me entristece porque nuestra opresión viene del mismo sitio. Cuando leí esos comentarios me enfadé, pero no puedes vivir así todos los comentarios transexcluyentes que te encuentras. Y en el fondo, como te digo, no culpo a J K Rowling, sino que me entristece, porque las opresiones basadas en el género que sufrimos todas las mujeres, incluidas las mujeres trans, vienen de hombres.

Creo que su ira está mal dirigida: no debe ir hacia las mujeres trans, sino hacia los gobiernos, por ejemplo, por no proteger a las mujeres. Es más fácil culpar a una minoría, y para eso se necesita cortar todos los puntos que las mujeres trans tenemos con otras mujeres, como la misoginia, la violencia por el género, las opresiones de género, la discriminación laboraltenemos mucho más en común que diferencias.

Así que sí, me produce pena, porque el dolor debería ser un punto de unión, no de división.

Un libro «para abrir camino» a las mujeres trans

R.- He leído reseñas en las que se dice que este libro está cargado de ira. ¿Lo percibe usted así?

R.- No, no lo creo, pero las mujeres trans tendemos a ser estereotipadas como enfadadas. Para mucha gente, el mero hecho de que opine ya es una especie de muestra de enfado. Pero, en general, creo que este libro es muy calmado, sobre todo si tenemos en cuenta la cantidad de hostilidad a la que nos enfrentamos a diario la gente trans.

Podría haber sido un texto mucho más iracundo, pero adopté un tono más calmado porque quería que la gente conectase con el contenido del libro, no con la emoción.

P.- ¿Por qué optó por el ensayo para escribir este libro?

Bueno, parece que las memorias son la única forma de que las mujeres, en particular las mujeres trans, formen parte de la literatura, con detalles muy íntimos sobre su cuerpo, vidas, historias y traumas. Es interesante que los hombres cisgénero no hayan tenido que hacer eso nunca, ¿no?

Cada vez más, las mujeres cisgénero pueden escribir textos políticos en un tono más académico, y yo quería que las mujeres transgénero también tuviesen ese precedente. Así que traté de alejar mi emoción de las entrevistas, incluso aunque las experiencias de las personas trans que hablaron conmigo me afectaban mucho.

De todas formas, no quería compartir mi historia con el mundo entero y no creo que tenga que hacerlo para generar un discurso político. Además, yo solo tengo un tipo de experiencia trans y, comparada con la de otras personas en Reino Unido, ha sido relativamente privilegiada: he sido publicada, ahora tengo un libro que se lee en varios países y una plataforma en medios, soy blanca y de clase media… así que no soy particularmente representativa de la gente trans más vulnerable. Quería usar esta plataforma para amplificar las experiencias de gente trans que normalmente no aparece en los medios.

El estado también ejerce violencia

P.- En el libro habla de una violencia estatal contra las personas trans. ¿Cómo se manifiesta?

R.- Cada vez más organizaciones LGTBI hacen campaña a favor de este colectivo, pero el aparato del estado ha sido muy hostil con la gente trans a lo largo de la Historia. No ha sido hasta finales del siglo pasado que, de repente, se ha transformado en una especie de aliado. Y yo quería argumentar que no lo es, que no es el caso.

No hay más que mirar a la policía, al sistema judicial, a las fronteras o la inmigración. Quizás si eres una persona trans blanca, con documentación y ciudadanía, puedes vivir relativamente cómodo con el apoyo del estado, pero no es el caso para la mayoría de gente trans. Hay muchísimos refugiados y demandantes de asilo trans, muchos prisioneros, muchos trabajadores sexuales o gente trans con problemas mentales o adicciones. Y el estado no interviene ni nos protege, porque muchas veces el estado es una fuente de esa violencia y hostilidad.

Un ejemplo es la legislación sobre crímenes de odio en Reino Unido. Hemos tratado de combatir la violencia transfóbica con esa tipificación, pero el problema es que, para cuando se denuncia, el daño ya está infligido. Y una gran parte de esa violencia está perpetrada por gente joven, lo que es claramente un fallo de educación. ¿Cómo estamos educando a la gente joven en la diferencia, sobre la gente trans, sobre los distintos géneros? Creo que el mundo iría mejor si, en vez de investir en castigos, invirtiéramos en prevención.

P.- De hecho, los datos indican que después del confinamiento han aumentado los discursos y crímenes tránsfobos, homófobos y machistas.

R.- Sí, parece que algunas personas se han radicalizado. Justo hace unos días atacaron a un amigo en el metro. Siempre he sabido que por ser trans, me exponía a una inseguridad, a unos problemas, al menos en el momento en el que alguien me identifica como tal. Pero ahora estoy bastante nerviosa, si te digo la verdad. Y me estresa no solo que ni los medios ni el gobierno ni el sistema educativo estén combatiendo esto, sino que lo estén empeorando.

La gente ve la televisión y lee periódicos y ve hostilidad contra grupos minoritarios. Y ahí están, todos sus prejuicios validados, ¡está bien tenerlos, según eso! Así que se sienten legitimados para odiar en público, lanzar proclamas tránsfobas o incluso atacar. Creo que eso hace que mi libro sea todavía más urgente.