• Foto de Miguel Missé.

  • Portada del libro "A la conquista del cuerpo equivocado".

Miguel Missé: «La transexualidad es un espejo de lo que somos como sociedad»

Carmen Sigüenza - 18 noviembre, 2020

 

Miguel Missé, sociólogo, activista trans, es una de las voces más claras e interesantes a la hora de reflexionar sobre la transexualidad y el género, como demuestran algunos de sus libros, entre ellos, «El género desordenado», «Transexualidades. Otras miradas posibles»,  que arrojan luz sobre esquinas complejas del ser humano y su cuerpo que necesitan una mirada amplia, matizada, sin blancos o negros.

Ahora, en su último ensayo «A la conquista del cuerpo equivocado» (Egales), cuya primera frase comienza diciendo: «Siento la extraña sensación de que me han robado el cuerpo»,  Miguel Missé ( Barcelona, 1986) pone en cuestión el relato tradicional de la transexualidad,  la mirada social sobre la misma,  la necesidad o no de hacer el tránsito desde corta edad para paliar ese malestar con el cuerpo, y considera que en realidad toda la cuestión está en la cabeza de cada uno, porque «el cuerpo no es el problema». «La transexualidad es un espejo de lo que somos como sociedad», dice.

P.- Usted cuestiona en el libro o pone en tela de juicio la idea extendida de que el malestar de las personas trans reside en la insatisfacción con su cuerpo. ¿No es así?

R.-  Más bien diría que eles el síntoma, pero que el cuerpo no es el origen del problema. Nuestros cuerpos no están mal, no están equivocados. Otra cosa es que algunas partes de nuestros cuerpos, aquellas relacionadas con nuestras características sexuales, estén profundamente significadas culturalmente y acaben generándonos rechazo por las connotaciones que tienen y las cosas que dicen de nosotros.

El rechazo al cuerpo tiene de fondo el rechazo a los imaginarios sociales que se proyectan en el cuerpo. Pero transformar el cuerpo es más rápido y más asumible para nuestro sistema social. Y es también el relato que muchas personas trans hemos aprendido para explicarnos, es decir que no hemos tenido otros discursos para elaborar nuestras rupturas con la normatividad de género. Construir y divulgar otros relatos es una tarea que me parece fundamental.

Pensar lo trans desde una perspectiva estructural y cultural

P.- Modificar el cuerpo no es la solución a su entender.  Solo sería casi una concesión social, ¿no?

R.- Es una solución posible pero no la única posible. Diría en primer  lugar que la modificación corporal es muy importante en la vida de muchas personas trans porque nos ayuda a identificarnos más con nuestro cuerpo en el espejo y porque en algunos casos nos permite pasar desapercibidos socialmente. Estas dos cuestiones no son menores y por eso no es fácil que otras soluciones compitan con la modificación corporal.

En segundo lugar, diría que, en tanto que no creo que la transexualidad sea un fenómeno innato ni biológico, las modificaciones corporales y la misma identidad trans tienen que ver con nuestro contexto social e histórico. Y aquí quisiera señalar algo, el problema no es tanto reconocer que detrás de las personas trans hay necesidades que tienen que ver con la cultura, sino presentar eso como una derrota e invisibilizar que detrás de todas las personas hay muchas decisiones que responden a malestares sociales, contradicciones o normativas sociales. Hay que atreverse a pensar la cuestión trans desde una perspectiva estructural y cultural sin que ello implique borrar los itinerarios y experiencias de las personas trans.

La transexualidad es un espejo de lo que somos como sociedad

P.- ¿Qué ha hecho mal la sociedad con las personas trans?

R.-  No sé cómo contestar a esta pregunta, en mi cabeza las personas trans y la sociedad son lo mismo. No hay una sociedad que mira lo trans desde fuera. La transexualidad es un espejo de lo que somos como sociedad y nos dice cosas de cómo hemos conceptualizado el género, el cuerpo y la identidad. Y por otro lado la gente trans se piensa a si misma con los discursos que circulan en esta sociedad, no tiene otros.

«Las personas trans son personas que hemos tenido que inventarnos una manera de vivir que nos permitiera expresar nuestro género con la máxima libertad»

Pero si la pregunta es en torno a qué violencias enfrenta la gente trans, diría que son de distinto grado y de distintas dimensiones. Diría que las personas trans son personas que hemos tenido que inventarnos una manera de vivir que nos permitiera expresar nuestro género con la máxima libertad. De hecho, más que inventarnos nada nos hemos acogido a aquello que en cada momento histórico ha existido para hacer posible nuestra vida.

La transexualidad como posibilidad no ha existido siempre, de hecho es una posibilidad muy moderna. Pero volviendo a ese ejercicio que tenemos que hacer, diría que nuestro atrevimiento para salir de lo normalmente establecido para vivir con mayor libertad violenta a mucha gente, porque desvela que existen otros itinerarios posibles que no nos habían contado. Y si existían quiere decir, no solo que hay gente distinta a ti, sino que tú también podrías ser distinto. Y en general todas las experiencias sociales que nos desvelan que nos habían contado una película que no se corresponde con la realidad son incómodas. Se expresan a veces con rechazo hacia el otro, pero de fondo revelan el miedo que sentimos al descubrir que uno hubiera podido ser como el otro y no lo sabíamos.

Acompañar a un hijo pequeño es difícil pero apasionante

P.- ¿Qué recomendaría a los padres cuyo hijo o hija les dicen que no se sienten bien en ese cuerpo y no aceptan su género?

R.– En primer lugar, les reconocería que acompañar a una persona pequeña frente a sus malestares con el género y con las expectativas de los demás es difícil. Difícil pero apasionante. En segundo lugar, les diría que ellos y ellas no están fuera de escena, también son actores atravesados por las normas de género. Que lo que les pasa a sus hijos o hijas no les es tan ajeno, es una cuestión de grado, pero si exploran un poco en su propia historia de vida, seguro que encuentran momentos en los que la expectativa de la masculinidad o feminidad tradicionales también se les ha atragantado.

En tercer lugar, les diría que, aunque son tentadoras las respuestas científicas que nos proporcionan verdad, seguridad y estabilidad, tienen que asumir que acompañar implica aprender a gestionar la incertidumbre. Ya sé que para muchas familias no es fácil no saber si tienes un hijo o una hija o sentir que no está claro del todo, pero es que es así.

«No hagamos sentir a estas personas pequeñas que su búsqueda nos genera angustia y sufrimiento»

Muchas familias quisieran tener esa certeza lo más rápido posible, pero por desgracia la identidad de género no es una verdad absoluta que reside dentro de cada persona. Bajo mi punto de vista, la identidad de género es un lenguaje que usamos para explicarnos  el mundo, es una herramienta. No es una esencia innata, pero sí es un código importante en nuestras relaciones sociales y la gente lo usa  para hacerse inteligible en este mundo. Acompañar a alguien en el descubrimiento de su propio código no es fácil, pero lo más importante es que no hagamos sentir a estas personas pequeñas que su búsqueda nos genera angustia y sufrimiento a las personas adultas. Y, por último, al hilo de los debates que se tienen en torno a las personas que inician transiciones de género y luego las dejan, quisiera decir que, aunque no es mayoritario, a veces puede pasar y no es nada malo ni negativo ni humillante ni ridículo ni torpe.
Acompañar es también estar abierto a acoger este escenario con amor y serenidad. Por todo lo anterior, es clave pensar herramientas para acompañar a quienes acompañan.

El ladrón de mi cuerpo estaba siendo yo

P.-¿Qué quiere decir en este ensayo, escrito desde su experiencia personal cuando dice que le han robado el cuerpo?

R.- Quiere decir que aprendí a mirar mi cuerpo desde un lugar concreto pensando que era el único lugar desde donde mirarlo. Aprendí que un hombre trans debe tener unos genitales determinados y que obviamente tener los míos era monstruoso, que nadie iba a desear jamás ese cuerpo. Así que pasé muchos años de mi vida rechazando partes de mi cuerpo. Con los años descubrí referentes, entornos e ideas que me ayudaron a pensarlo desde otro lugar y creo que, de haber tenido todos esos relatos disponibles, habría sufrido mucho menos.

Lo más increíble es que nunca vino nadie a ponerme una pistola en la cabeza y me obligó a sentir rechazo hacia mi cuerpo, no hizo falta, bastó con socializarme en mi cultura y colocar a mi alrededor cientos de referentes corporales y de género en los que mi experiencia no existía. Y como guinda del pastel, un acompañamiento médico centrado en diagnosticar mi transexualidad y plantear mi modificación corporal como único tratamiento hicieron el resto. Así que, de alguna manera, a efectos prácticos el ladrón de mi cuerpo estaba siendo yo.

La experiencia trans se construye socialmente

Incluso desde posiciones bienintencionadas, de tanto entender la transexualidad como algo individual, algunas personas señalan la torpeza de la gente trans por no saber aceptar su cuerpo o romper la normatividad de género con heroicidad. Y es que la experiencia trans se construye socialmente, el deseo de modificar el cuerpo, la necesidad de transitar de género, son ideas que se han forjado colectivamente. Así que a la gente que le parece que la transexualidad refuerza los estereotipos de género y que la gente trans debería poder confrontar las normas sociales y desprenderse de todos esos mensajes, les diría que nada de eso puede exigirse a las personas trans en concreto, en  cualquier caso es responsabilidad de toda la sociedad. No vale con exigirle a la gente trans que sea una revolucionaria del género, de la identidad o del cuerpo. Si no nos gustan nuestros imaginarios sociales sobre estas cuestiones, cambiémoslos, todo el mundo en todas partes.