Ouka Leele artista

Ouka Leele durante una entrevista concedida a Efe. EFE/Javier Blasco

Muere Ouka Leele, la artista icono de la movida madrileña

Madrid | EFE - 25 mayo, 2022

Ouka Leele fue una de las artista más importantes de la llamada movida madrileña. Un rostro que se hizo icónico a través de sus fotografías en blanco y negro que luego pintaba. Referente del la llamada «posmodernidad», la pintora y fotógrafa falleció el martes, 24 de mayo, a punto de cumplir los 65 años.

La madrileña Bárbara Allende Gil de Biedma (1957), conocida por su pseudónimo Ouka Leele, irrumpió en el panorama a principios de los ochenta con su espíritu ecléctico y sus fotos coloreadas a la acuarela y se convirtió en una referente del arte contemporáneo, por lo que fue galardonada con el Premio Nacional de Fotografía en 2005.

Una artista cuyos primeros pasos en este mundo no fueron fáciles ya que la pareja con la que estaba en sus inicios artísticos «le prohibía pintar» y que encontró una salida en la fotografía.

«Me prohibía pintar. Y yo dejaba que me lo prohibiera. Era la ley del terror: ‘como pintes, te vas a enterar'», así recordaba a Efeminista Ouka Leele sus comienzos en el mundo del arte y su paso de la pintura al mundo de la fotografía.

Pasión por la pintura desde pequeña

Oriunda de Madrid, nació en el seno de una familia de alta burguesía bilbaína, los Allende de Neguri, el 29 de junio de 1957. Sus raíces estaban vinculadas al mundo del arte: su padre, Gabriel Allende Maíz, era un destacado arquitecto enamorado de la pintura; su madre, Victoria Gil de Biedma, hermana del poeta Jaime Gil de Biedma. La artista era también prima segunda de la política Esperanza Aguirre.

Comenzó a pintar y a escribir poesía de muy pequeña, pero la cámara que le regalaron en su Primera Comunión no la usaba. Acudió a la academia de Orsini para estudiar dibujo ya que entre sus planes estaba el matricularse en la Facultad de Bellas Artes, pero no llegó a ingresar en la Universidad.

La pareja con la que estaba en sus inicios artísticos le prohibía pintar, «y yo dejaba que me lo prohibiera», explicó en una entrevista con Efeminista en 2019, y decidió entonces cambiar el pincel por la cámara fotográfica.

Así se inició en el mundo de la fotografía a finales de los setenta, con una formación autodidacta y de forma casual, ya que siempre había querido ser pintora.

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Representante de la «posmodernidad»

Oaka Leele comenzó a pintar sus primeras fotografías en blanco y negro en 1978 tras trasladarse a Barcelona, donde un año después participó en «Peluquerías», su primera exposición individual con una atrevida locura de marcada influencia dadá, que le trajo el reconocimiento de la crítica.

La idea surgió cuando la revista «Star», publicación mítica dentro del mundo «underground», le encargó una foto en color para la portada y, como ella se inclinaba por el blanco y el negro, decidió retocar a mano sus obras con acuarelas de fuertes, tomando las viejas postales como inspiración.

Sin embargo, el éxito de la madrileña despertó con su trabajo fotográfico de la movida madrileña y fue reconocida como fiel representante de lo que se vino a llamar «posmodernidad», ya que sus obras reflejaban a la perfección el espíritu ecléctico de ese movimiento artístico.

Con cada nueva obras, a medio camino entre la pintura y la fotografía, evolucionaba y sorprendía al público y a la crítica y desde finales de los 70, tiene obra en instituciones como el Museo Reina Sofía, la Fundación La Caixa o la Colección ARCO y su obra está colgada en las paredes de galerías y museos de París, Londres, Tokio o Nueva York.

 Premio Nacional de Fotografía en 2005

En 2005, lejos ya de los combinados nocturnos de la época, Leele fue galardonada con el Premio Nacional de Fotografía que otorga el Ministerio de Cultura «comiendo lentejas» con su hija, y confesó que en toda su trayectoria hasta entonces lo que había perseguido era «acercar la belleza a la realidad» y crear nuevos mundos.

Un premio concedido por «su decisivo testimonio de la sensibilidad y la vida artística española de los 80 para acá, y sus personales aportaciones cromáticas, compositivas y narrativas».

Aunque sus fotografías sobre la movida han ayudado a construir una historia imborrable de la evolución que por entonces vivía la sociedad española, no quiso encasillarse en un estilo y se considera libre por no tener un sello de fábrica, lo que consideraba una «condena para los artistas».

Con su trabajo, decía, perseguía «acercar la belleza a la realidad» y crear nuevos mundos; concebía la fotografía como «poesía visual, una forma de hablar sin usar palabras», y sus fotografías, creadas en principio en blanco y negro, las pintaba llenándolas de luz y color.

Colaboración 75 aniversario de la Agencia EFE

Entre su amplia producción, escogía la emblemática foto de Cibeles hecha en 1987. «Una superproducción que duró todo un día, con doce o trece personas posando, un fotógrafo en helicóptero y yo subida con la cámara a una grúa»; aunque sentía también especial cariño «por trabajos más íntimos» como las fotos a su hija.

Sus muestras seguían año tras año. Ejemplo son «Cibachromes» en el Festival Internacional de Fotografía de Huelva o en «Foto Colectania» en Barcelona.

Entre sus últimos trabajos figura la colaboración con la celebración del 75 aniversario de la Agencia EFE, en la que fusionó presente y futuro a través del objetivo de su cámara, para crear la fotografía que ilustraba el cartel de la exposición conmemorativa, en la que su hija María Rosenfeldt hacía las veces de modelo.

Y, en 2021, junto a su hija y la firma Picopico, lanzaron una colección de prendas recicladas o «upcycling» con antiguas batas como materia prima. Año en el que participa de nuevo en PHotoEspaña con una muestra de sus primeros años, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.