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Noemí López Trujillo: "Hemos perdido la batalla al comprar el discurso de que feminidad equivale a docilidad"
En tiempos en los que la feminidad es acusada de servir a la mirada masculina, la periodista Noemí López Trujillo, responsable de Género en Newtral y una voz reconocida del feminismo contemporáneo, publica Me dibujaron así. Por qué el mundo odia la feminidad (Ediciones Península, 2025), un ensayo con prólogo de Alana S. Portero que reivindica la feminidad y cuestiona los prejuicios que la asocian a la sumisión.
"Se sigue comprando la lógica masculina sobre lo que es la feminidad", sentencia en una entrevista para Efeminista, en la que defiende que la feminidad ha sido "dibujada por la mirada de otros, acotada y empequeñecida", pero en realidad es "muchísimo más".
A medio camino entre el ensayo cultural y la autobiografía, la autora reflexiona sobre la maternidad, el deseo, la necesidad de validación y las múltiples manifestaciones de lo femenino que apenas han sido estudiadas, y entrelaza su experiencia personal con el análisis de mitos y figuras pop que han moldeado el imaginario de lo femme.
Desde Jessica Rabbit a La Veneno o Pamela Anderson, López Trujillo desafía el discurso hegemónico y la imposición de una feminidad aspiracional y silenciosa, para revelar que en la feminidad también habitan la fuerza, la complejidad y la resistencia.
"La feminidad es compleja, monstruosa y peligrosa"
Pregunta- ¿Qué le impulsó a escribir Me dibujaron así?
Respuesta- Me impulsó algo muy personal: la idea de que siento que el mundo no entiende la feminidad y, por tanto, no me entiende a mí y no puedo ser vista en todas mis dimensiones. Y creo que es muy importante poder ser vista en todas tus dimensiones porque es la constatación de que existes en el mundo y de que tu existencia tiene un sentido.
Creo que hemos aceptado cierta derrota con la feminidad cuando hemos aceptado que esta se equipara directamente a lo que practican las tradwives. Hemos perdido la batalla al comprar el discurso de que la feminidad es equivalente a docilidad.
Precisamente lo que quiero con el libro es demostrar desde mi propia experiencia que no tiene nada que ver con la docilidad. Sí, me gusta la ternura; la ternura es algo bello en el mundo, un lugar desde el que es bonito hacer cosas. Creo que la feminidad es tierna, pero no tierna como creen los hombres, no tierna como se supone que debe ser para ser instrumentalizada, sometida, rebajada o empequeñecida. La ternura que forma parte de la feminidad es un lugar desde el que construir algo con otras personas.
Sobre todo, creo que la feminidad también es monstruosa, es peligrosa. Por eso pongo los ejemplos de tantas criaturas mitológicas, porque muestran que su ternura y su cólera iban de la mano.
Para mí, la feminidad es compleja, como todo lo bello en el mundo. Me gustaría que la gente entendiese que yo también lo soy; que no soy, por mi expresión de género, una persona dócil o simplemente sumisa, sino que soy muchas más cosas.
Más allá de la mirada masculina
P- ¿Por qué eligió este título para el libro?
R- El título viene de una de mis películas favoritas: ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, porque Jessica Rabbit es uno de mis personajes favoritos. Digamos que mis figuras de feminidad fueron La Veneno, Pamela Anderson y Jessica Rabbit.
Fueron mujeres denostadas, a veces ridiculizadas, pero poderosas, contestatarias y bastante desobedientes. Jessica Rabbit, en concreto, me parece que en esa película condensa muy bien cómo la mirada masculina ve la feminidad, y cómo a veces intenta reducirla a algo peligroso; algo que, si no está sometido a las expectativas masculinas y se revela, puede convertirse en un artefacto explosivo y peligroso.
Además, ese personaje se emancipa en la propia película. El director le da la oportunidad de responder precisamente a esa mirada masculina.
Jessica Rabbit me despertó, desde muy pequeña, un sentido de mi existencia. Me parecía que reflejaba perfectamente la idea que quería contar en el libro: cómo la feminidad ha sido dibujada por la mirada de otros, acotada y empequeñecida, pero es muchísimo más.

Foto de la portada del libro Me dibujaron así. Por qué el mundo odia la feminidad de Noemí López Trujillo. Cedida por Ediciones Península.
"La feminidad siempre se ha instrumentalizado para someternos"
P- ¿Por qué incomoda tanto la feminidad?
R- Se ha construido un relato para que sea incómoda, precisamente para poder rebajarla. Por ejemplo, pienso mucho en Venus, la diosa, que era totalmente colérica y airada. También era la diosa de la fertilidad, del amor, de la pasión. De ella dependían la paz y la guerra, tanto a nivel conyugal como en los propios imperios. Era una diosa extremadamente poderosa.
El hecho de que la historia la haya reducido a diosa del amor es una manera de empequeñecerla, de dulcificar su personalidad, de rebajar su poder y su capacidad de obrar en el mundo. Cuando los hombres comenzaron a temer el poder femenino en un sentido cultural e histórico, empezaron a rebajar y a empequeñecer a las diosas, a equipararlas a algo limitado.
Ellos se quedan con los rasgos más agresivos, más potentes, como la violencia, la ira, la razón; todo aquello que nos ancla a la realidad. Y construyen la oposición entre razón y pasión. Al rebajarnos así, la feminidad se equipara a docilidad, a la incapacidad de controlarse. Una docilidad tan encorsetada que, a veces, explota y se vuelve irracional o pasional.
Se sigue comprando la lógica masculina sobre lo que es la feminidad.
La feminidad siempre se ha instrumentalizado para constreñirnos, para someternos. Pero aceptar que la feminidad solo es eso es, en realidad, vender nuestra existencia y nuestra posibilidad de ser algo más a los hombres.
Imponer una feminidad aspiracional y silenciosa
P- ¿Cree que dentro del propio feminismo hay una desconfianza hacia la feminidad?
Estamos en un momento de mucha ambivalencia. Hay un evidente retroceso de los derechos de las mujeres, y muchas se identifican con la feminidad. De hecho, el patriarcado se esfuerza mucho para que las mujeres entren dentro de su idea de feminidad, precisamente para someternos.
Este retroceso se refleja claramente en la forma en que algunas influencers o creadoras de contenido perforan la feminidad, a veces sin intención, por construcciones culturales. En la moda, en general en las producciones culturales, se promueve una feminidad aspiracional. Y lo aspiracional, con el auge de la extrema derecha, es lo silencioso, lo que no es ruidoso, lo que no desentona, porque lo que buscan es que las mujeres desaparezcamos.
Todo el mundo quiere sobrevivir, así que muchas veces, de manera más o menos consciente, acabamos adaptándonos a esos elementos culturales, adoptándolos en nuestra vestimenta, gestualidad y manera de expresarnos. Ser la nota discordante ahora mismo supone un precio muy alto. Vivir de forma desafiante puede volver tu vida mucho más hostil.
Esa libertad es muy importante, y muchas nos aferramos a ella para que nuestra existencia no sea solo pura supervivencia, pero tiene un precio. Y ese precio lo pagan sobre todo mujeres trans, personas femeninas como travestis o drag queens, trabajadoras sexuales y personas queer, que representan la idea de no respetabilidad.

Foto de la periodista y escritora Noemí López Trujillo durante una entrevista con Efeminista. EFE/ Lucía Rubio
Salir del armario de la feminidad explosiva
P- Creció leyendo relatos bíblicos. ¿Qué imágenes de feminidad encontraste en esas historias?
R- Los Testigos de Jehová, cuando me obligaban a estudiar el Antiguo Testamento y hacer esos estudios bíblicos, no sabían que me estaban dando la llave de mi libertad. Todo lo que intentaban, al encorsetar mi libertad, terminaba haciendo lo contrario, porque la verdad de una siempre tiene que salir por algún lado.
Todo el mundo vive en un armario, como dice Alana. S Portero; no solo existe el armario de las personas LGTBI. Ese era mi armario, el de la feminidad explosiva.
Esas mujeres que aparecían en las historias bíblicas y que eran el ejemplo de lo que yo no debía ser, me ayudaron a ser precisamente quién soy.
Con la lucidez que a veces existe en la infancia, la de la literalidad, logré deshacerme de lo que no me gustaba y quedarme con lo que me interpelaba, lo que me llegaba a las tripas y al corazón: esas mujeres vengativas, desobedientes, que se maquillaban no solo para engañar, sino para derrocar pueblos enteros. Eso me parecía poderosísimo.
La maternidad como arco de redención
P- ¿Cómo ha influido la maternidad en su comprensión y reflexión sobre la feminidad?
R- La maternidad es una validación muy fuerte de esa feminidad que te permite vivir en el mundo de una manera más vivible; te permite pasar por el radar, no estar en el punto de mira, evitar la etiqueta de "problemática" y convertirte en esa mujer decente.
Yo lo viví como una oportunidad de abrazar todo eso, pero a la vez abrazar todo eso suponía deshacerme de todo lo que me hace ser yo. Entonces, esa disonancia, ese conflicto interno irresoluble, de alguna manera me llevó a un lugar muy oscuro en el que me alegra haber estado. No quiero salir de esa oscuridad, he aprendido a moverme en ella.
Por eso no quiero ser arco de redención. Ya no quiero ser la buena hija, la buena madre, la buena esposa, la buena ciudadana, la buena chica femenina, ni la buena alumna. Quiero ser todo lo contrario, porque eso es lo que me hace ser yo, lo que me hace sentirme más viva que nunca. Aunque eso también me acerque a la muerte —en el sentido de que la sensación de tener que sobrevivir en un mundo hostil te aproxima a ella—, pero en ese espacio liminal, en ese lugar de sombras, he aprendido a moverme bien. Y desde ahí, inevitablemente, vivo ahora mi maternidad, porque no podría vivirla desde otro lugar.
"Solo la feminidad está en el punto de mira"
P- ¿ Qué papel juega la necesidad de validación dentro de la sociedad actual?
R- Todo el mundo busca validación. Esta idea que circula ahora, de una especie de falsa emancipación feminista que pretende que nos vistamos solo para nosotras mismas y que nos gustemos solo a nosotras mismas, no es real. Es un estándar inalcanzable de autoestima.
Todas vivimos en el mundo, y todo el mundo necesita ser nombrado y ser visto. Si no, simplemente no existes, tu existencia no está anclada ni en la tierra ni en ningún sitio. Ser visto, ser nombrado, ser deseado, ser amado es lo que te ancla, lo que fija tu existencia en lugares tangibles. Tú puedes ser el árbol, pero la raíz es precisamente esa conexión con la realidad. Y la realidad está llena de gente con la que hablas y te relacionas.
Otro de los grandes problemas que tenemos es que solo la feminidad está en el punto de mira siempre. Cuando una mujer se viste o se performa de cierta manera automáticamente se interpreta que lo hace "para los otros". Y eso significa volver a comprar la idea de que la feminidad existe únicamente al servicio de los demás.
Esa concepción es muy problemática porque es también la asunción que tienen muchos hombres y por la que luego no respetan nuestro consentimiento, porque lo dan por hecho. Si nosotras mismas aceptamos la idea de que la feminidad se hace para los hombres, ellos concluyen: "Efectivamente, lo hacen para mí, la voy a dar por sentada".