Poderío Liderazgo femenino

La experta en comunicación política Patrycia Centeno, junto al libro editado en Destino. Imagen cedida por la editorial.

Ternura, serenidad y ejemplaridad: «Poderío», el libro que explica el liderazgo femenino

Lara Malvesí | Barcelona - 28 marzo, 2022

La periodista y experta en comunicación política Patrycia Centeno explica en su libro «Poderío» (Destino) cómo el liderazgo femenino presenta valores «menos destructivos» y «extiende la mano en lugar de dar un golpe en la mesa».

Centeno apunta que durante décadas mujeres como Margaret Thatcher han tenido que «masculinizarse» para funcionar como líderes en un mundo patriarcal que las hacía sentir «incómodas y avergonzadas» ya que «todo está pensado por y para ellos».

«El liderazgo perpetuado en el mundo patriarcal tiene que ver con valores como la fuerza, la seguridad, la madurez y la cercanía», cuenta Centeno. «En los primeros salimos en desventaja y quizá solo podíamos jugar en el último, el que tiene que ver con humanizar el poder», dice.

Patrycia Centeno (A Coruña, 1983) es licenciada en periodismo y pionera en el estudio de la estética como herramienta de comunicación política y en 2012 publicó el ensayo Política y Moda, la imagen del poder, al que siguió Espejo de Marx, ¿la izquierda no puede vestir bien?.

La norma del liderazgo alfa

Según la experta, popular en redes por sus comentarios de comunicación política a través de la cuenta de Twitter @politicaymoda, ha sido la norma en los últimos años un tipo de liderazgo alfa que si querían ejercer las mujeres «las obligaba a adoptar eso de pisar o que te pisen o bien, como fue el caso para muchas, a invisiblizarse y dar un paso al lado».

Entre las cualidades propias de ese liderazgo femenino enumera «la serenidad, la ternura y la elegancia de la ejemplaridad».

«Hay mujeres que tuercen el gesto cuando se habla de ternura, como si fuera demasiado cursi», pero fueron la ternura y otras capacidades femeninas las que hicieron que «las líderes gestionaran la pandemia mejor que ellos, que asumieron el reto hablando de lucha o bien simplemente con una huida hacia delante», cuenta.

La autora destaca que no es por todo ello casual que las mujeres sufran en mayor medida «el síndrome del impostor», pues en un mundo que trivializa y ridiculiza todo lo femenino muchas mujeres -y también hombres, con cualidades femeninas- no han podido desarrollarse.

«Todo lo femenino se vive como un estigma, es como una rebaja en el escalafón social».

Por otro lado, apunta que aunque la palabra de moda en el feminismo en los últimos años es «empoderamiento», esto último hace referencia al poder ante el resto de una forma masculina y que ella prefiere el latino «poderío», que hace sentir más cómoda a la mujer.

«La mujer para ganar no necesita tener una victoria sobre nadie, no necesita someter al otro, su poder personal no necesita del beneplácito de los demás», explica.

Líderes femeninas

En el capítulo de figuras políticas que encarnen esos valores de liderazgo femenino, la experta apunta a Barack y Michelle Obama, y recuerda que el expresidente de EE.UU. ha hablado directamente de que al hacer política estaba aplicando los valores de su madre.

«Obama fue el primero en decir que se podía actuar de forma más serena, más tierna, más elegante», señala la experta, quien añade a líderes como Jacinda Arden, la primera ministra de Nueva Zelanda.

En España, nombra como «ejemplo» de liderazgo femenino a la vicepresidenta Yolanda Díaz por su talante de diálogo, su serenidad, y «su sonrisa constante en la mirada, donde se ve la sinceridad de la sonrisa».

Asimismo, también destaca que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, «tiene mucha parte femenina» y «es una gran seductora», si bien «la mayoría de sus cualidades son de liderazgo masculino tóxico».

Centeno quiere dejar claro que el liderazgo femenino «no significa hacerlo todo bien», sino «que lleva consigo la imperfección» y «no se avergüenza ni duda si tiene que pedir perdón». «Se trata de hacer las cosas de una manera menos destructiva», apunta.

«Es un liderazgo que a diferencia del macho alfa no busca imponerse ni enfrentarse al otro mediante el miedo», explica.