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La activista Leida Portal en una entrevista con EFE. EFE/ Paolo Aguilar

Las mujeres prostituidas en Lima obligadas a pagar

Carla Samon | Lima - 14 abril, 2022

Hace más de un mes, la mafia proxeneta amenazó a Carolina con represalias si no pagaba un cupo para prostituirse en las calles de Lima (Perú). Ante el miedo de que le tiendan una emboscada, la joven apenas trabaja y se limita a atender solo a sus clientes de confianza.

Carolina (nombre ficticio), venezolana de 36 años, llegó a Perú hace tres y lleva la mitad de ellos prostituyéndose en el distrito limeño de San Juan de Lurigancho. Recientemente, recibió un mensaje de WhatsApp que decía lo siguiente: «No queremos hablarles de otra manera y luego se vallan (sic) a sentir incómodas. Tienes que pagar una plaza de 200 (soles)».

Asesinadas por negarse a pagar un cupo

Dice que su vida corre peligro. Y no le falta razón, pues esa amenaza fue el preludio de la muerte de dos mujeres ecuatorianas asesinadas a balazos a mediados de febrero, en el centro de Lima.

Pocos días después, ese doble crimen se replicó en el distrito de El Agustino, donde una semana atrás también murió baleada en la cabeza otra joven colombiana que se había negado a pagar un cupo.

Estos infortunios recrudecieron el debate y arrojaron luz sobre el agónico drama que viven las mujeres que son prostituidas en Perú, donde un amargo cóctel de discriminación, chantajes y violencia las mantiene en constante zozobra.

Tres décadas y media ejerciendo

Eso lo sabe bien Leida Portal, una activista de 55 años que acumula más de tres décadas y media en el mundo de la prostitución, que la lastró a sufrir abusos, torturas y extorsiones.

Leida, una suerte de matriarca para las más de 150 mujeres que integran su asociación Rosa Mujeres de Lucha Perú ingresó a la prostitución luego de quedarse viuda. No había cumplido 20 años cuando a su hija le diagnosticaron una enfermedad cardíaca severa.

«Los médicos me dijeron que mi hija se iba a morir (…) y que necesitaba una válvula y yo, si no tenía para comer, mucho menos tenía para comprar una válvula. Fui a diferentes ferreterías y nadie me la vendía. Regresé al doctor y me dijo (…) ‘hija, es un hospital donde tienes que ir a buscarla'», relata a Efe.

Pagar la deuda con su cuerpo

Luego, mientras trabajaba vendiendo ceviche en un mercado de la norteña ciudad de Chiclayo, una de sus clientas le ofreció ayuda económica para viajar hasta Lima y poder operar a su hija.

Aceptó. Pero nunca imaginó que, al regreso, tendría que pagar con su cuerpo las deudas del viaje.

«Así es que yo empiezo en la prostitución, por una necesidad de salud«, dice la mujer, cuya trayectoria la llevó a recorrer clubes y calles de costa y selva, así como llegar hasta México y Argentina.

Fue en Lima, sin embargo, donde vivió las peores atrocidades. Allí, pronto topó con las mafias organizadas que reclaman cupos de entre 200 y 1.500 soles semanales (entre 54 y 405 dólares) para dejarlas trabajar, dependiendo de su edad y localización.

La policía exige pagos

Quienes también exigen pagos constantemente, denuncia Leida, son los propios miembros de la policía.

«La policía venía y nos subía a las más bonitas y nos llevaba a Chorrillos, en una casa, y nos metía allí con más policías y nosotras teníamos que atenderlos toda la madrugada. El sexo gratis. Todo era para ellos diversión y allí nos amanecían y nos dejaban botadas en la playa (…). Nos decían que si no queríamos ese trato teníamos que pagar«, apostilla.

El infierno llegó una noche de 2011 cuando tres suboficiales la secuestraron y torturaron por haberse negado a pagar «ni un sol más».

«Fue totalmente terrible. Me golpearon, me filmaron desnuda, me secuestraron. Dije ‘ya perdí’. (…) Yo sabía que nos mataban y pensé que ya me había llegado el momento», dicr sobre este episodio, que hoy sigue en manos de la Justicia.

Falta de coherencia

Para Susana Chávez, directora del Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos (Promsex), la situación de vulnerabilidad que enfrentan las mujeres prostituidas, y en especial las migrantes, «las hace presas» de estas bandas organizadas.

La obstetra asegura a Efe que la persecución de los delitos vinculados a la prostitución se ha visto entorpecida por políticas públicas centradas casi exclusivamente en evitar que el trabajo sexual sea un escándalo público y atajar la transmisión de enfermedades.

«¿Qué hay de las condiciones de las mujeres? Esto no está presente», se lamenta, tras criticar la «falta de coherencia» del Estado peruano por permitir el trabajo sexual y reducir los derechos laborales de las mujeres que lo ejercen.

Chávez insiste en la necesidad de «perseguir definitivamente a los proxenetas y desmantelar las bandas de trata«, además de acabar con el estigma que impide entender que puede haber mujeres que encontraron en la prostitución un modo de vida.

Consultada por Efe sobre las acciones destinadas a revertir esta situación, la Municipalidad de Lima ha declinado a declarar «para evitar entorpecer las diligencias» de los recientes asesinatos.