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Un libro recupera la historia del Lyceum Club Femenino, las mujeres que quisieron “adelantar el reloj de España”

Laura de Grado Alonso | Madrid - 29 mayo, 2026

Hace cien años, cuando las mujeres españolas seguían relegadas de buena parte de la vida pública, cultural y política, un grupo de intelectuales decidió desafiar los límites de su tiempo y abrir un espacio propio desde el que pensar, crear y reclamar derechos históricamente negados. Aquel gesto cristalizó en el Lyceum Club Femenino, fundado en Madrid en 1926 y considerado hoy la primera gran asociación feminista española. Sobre aquella aventura colectiva, borrada durante décadas por la guerra, el franquismo y el olvido, gira El club de las modernas, el nuevo libro de la periodista y escritora Eva Cosculluela.

"El Lyceum se creó como una asociación que utilizaba la cultura y la educación como vehículo de transformación de la sociedad y las mujeres", explica durante una entrevista con Efeminista la periodista cultural y antigua librera zaragozana, Eva Cosculluela (Zaragoza, 1972) sobre esta asociación inaugurada en Madrid el 4 de noviembre de 1926.

Integrado por figuras como María de Maeztu, Clara Campoamor, Victoria Kent, María Lejárraga, Zenobia Camprubí, Elena Fortún, Carmen Baroja, Concha Méndez, Ernestina de Champourcín o Josefina de la Torre, el Lyceum reunió a centenares de mujeres decididas a ampliar la presencia femenina en la vida cultural, intelectual y política española a través de conferencias, debates, proyectos sociales y redes de apoyo mutuo.

Conferencia de la escritora Palma Guillén (5º izda), embajadora de México en Panamá, en el Lyceum Club Femenino. Asisten, entre otras: La política y abogada Victoria Kent (4ª dcha), la actriz Margarita Xirgu (2ª dcha), la pedagoga María de Maeztu (5ª dcha) y la también política y abogada Clara Campoamor (1ª dcha). EFE/Díaz Casariego/jgb

Una generación de mujeres borradas de la historia

La autora, que dirige el club de lectura feminista Sin género de dudas de la Universidad de Zaragoza, reivindica en su investigación el papel de toda una generación de escritoras, juristas e intelectuales que, pese a haber ocupado un lugar destacado en la vida cultural de su tiempo, acabaron desapareciendo de los relatos oficiales.

"A lo largo de la historia siempre nos han dicho que las mujeres no han llegado hasta nuestros días porque no creaban, porque no había mujeres creadoras. Sin embargo, esto no es así", afirma Coscuella, que sostiene que existió "un borrado" sistemático de aquellas intelectuales y artistas.

"En el momento en el que ellas estaban creando sí aparecían en la prensa, se hablaba de ellas, formaban parte de los círculos culturales. Pero cuando llegó la hora de conformar el canon, un canon creado por hombres y para hombres, ellas se quedaron fuera", lamenta.

La autora llevaba años preguntándose por qué tantas creadoras españolas habían desaparecido de los relatos oficiales, y la respuesta comenzó a tomar forma cuando descubrió, casi por casualidad, la historia del Lyceum Club durante una visita a una exposición sobre la Residencia de Señoritas.

"Me sorprendió muchísimo que de la Residencia de Estudiantes supiéramos absolutamente todo y de la Residencia de Señoritas y del Lyceum Club prácticamente nada", recuerda.

A partir de ahí inició una larga investigación marcada por la ausencia de archivos y documentación oficial. "Prácticamente no había información. Había algún libro descatalogado y poco más", explica la autora, que ha reconstruido la historia del Lyceum a través de memorias, biografías, artículos académicos y la hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional.

Recorte de prensa de 'El Heraldo de Madrid', del 5/11/1926. Hemeroteca Biblioteca Nacional

El Lyceum, el club que quiso modernizar España

Fundado en 1926, en plena dictadura de Primo de Rivera e inspirado en los clubes femeninos que ya existían en ciudades como Londres, París o Nueva York, el Lyceum Club Femenino reunió a cerca de quinientas socias y se convirtió en un espacio de encuentro para mujeres de perfiles ideológicos y sociales muy distintos.

Monárquicas y republicanas, católicas y laicas compartieron conferencias, debates y proyectos sociales con el objetivo común de ampliar la presencia de las mujeres en la esfera pública y acelerar la modernización cultural y social de España.

"Las fundadoras estaban muy convencidas de que las mujeres no podrían progresar si no estaban formadas adecuadamente, no podrían reivindicar sus derechos si no sabían cuál era su condición como ciudadanas o cuáles eran los artículos de las leyes que las discriminaban", explica Cosculluela.

Y subraya además que aquellas mujeres entendían la cultura como una herramienta de transformación colectiva, y que "sabían que poniendo en marcha una programación cultural en literatura, arte, música o ciencia, eso redundaría en una educación y formación de la mujer que la elevaría y, con ella, elevaría a la sociedad entera", señala.

Esa voluntad modernizadora quedó resumida en una frase de la escritora de la Generación del 27 María Teresa León que Cosculluela recupera en el libro: las integrantes del Lyceum querían "adelantar el reloj de España". No aspiraban únicamente a mejorar la situación de las mujeres de su entorno, sino a impulsar un cambio profundo en un país que seguía manteniendo fuertes desigualdades legales y sociales, explica.

La Casa de los Niños o el Comité del Libro para el Ciego

En sus salones se organizaron ciclos sobre literatura, música, derecho o medicina, pero también se impulsaron iniciativas sociales pioneras como la Casa de los Niños, antecedente de las actuales escuelas infantiles, destinada a hijos e hijas de trabajadoras que pasaban jornadas enteras en fábricas o talleres.

"Allí los niños recibían comida, atención médica y cuidados básicos de higiene", explica Cosculluela, que recuerda que "muchas familias vivían en condiciones extremas".

La escritora relata que el proyecto nació para atender a madres obreras que no tenían dónde dejar a sus hijos e hijas durante la jornada laboral y que, en muchos casos, se veían obligadas a dejarlos solos en casa. Además de alimentación y cuidados, los menores recibían seguimiento médico en una época marcada por la pobreza, la desnutrición y una elevada mortalidad infantil.

Otra de las iniciativas destacadas fue el Comité del Libro para el Ciego, una biblioteca de obras en braille elaboradas por las propias socias. "Muchas aprendieron el sistema y copiaban libros en sus casas para que personas ciegas pudieran acceder a la literatura o a manuales técnicos", relata la escritora.

El proyecto llegó incluso a contar con el apoyo de la Biblioteca Nacional, que cedió una sala para albergar aquellos "libros blancos", llamados así porque sus páginas parecían vacías para quienes no podían leer braille.

"Las atacaron muchísimo"

El crecimiento y la influencia del Lyceum estuvieron acompañados desde el principio por fuertes críticas procedentes de los sectores más conservadores de la sociedad y de ámbitos vinculados a la Iglesia. Sus integrantes fueron acusadas de abandonar el hogar, descuidar la maternidad y poner en peligro el modelo tradicional de familia.

"Las atacaron muchísimo", recuerda Cosculluela y explica que "el hecho de que unas mujeres decidieran reunirse para ocupar un espacio propio igual que lo hacían los hombres levantó muchísima polvareda".

La autora señala además que el término "feminista" estaba profundamente estigmatizado y denostado en aquellos años y muchas mujeres evitaban definirse así públicamente, pese a defender en la práctica reivindicaciones claramente feministas.

Coscuella encuentra, además, paralelismos entre aquellos discursos y algunos debates actuales sobre el feminismo y la presencia de las mujeres en el espacio público.

"Hoy seguimos viendo reacciones que cuestionan que las mujeres ocupemos espacios públicos, pensemos por nosotras mismas o tengamos voz propia", sostiene. A su juicio, esta semejanza demuestra que "nada está ganado para siempre" y sirve como "un recordatorio de que los derechos hay que seguir defendiéndolos cada día".

La periodista y escritora Eva Cosculluela posa durante una entrevista con Efeminista. EFE/Laura de Grado

Las acusaciones de elitismo y privilegio

Pero las críticas no llegaron únicamente desde posiciones conservadoras. El Lyceum también fue señalado por su carácter burgués y elitista, ya que muchas de sus integrantes pertenecían a familias acomodadas o aristocráticas. La escritora y poeta Concha Méndez llegó a referirse a ellas irónicamente como "las maridas de sus maridos".

Cosculluela reconoce ese componente social, aunque lo contextualiza en la realidad de la época. "¿Quién podía poner en marcha una asociación así si no tenía dinero y tiempo?", plantea. Y responde: "La obrera que trabajaba doce horas diarias no podía hacerlo".

Aun así, defiende que aquellas mujeres utilizaron sus privilegios para impulsar proyectos destinados también a las clases populares. "Lo importante es que no crearon un espacio cerrado solo para ellas, sino iniciativas que buscaban mejorar la vida de otras mujeres", añade.

La lucha contra el artículo 438 del Código Penal

Uno de los episodios destacados en el libro fue la campaña impulsada a partir de 1927 para reformar el artículo 438 del Código Penal, conocido como "el artículo rojo" por "la sangre derramada que se permitía gracias a él".

La norma establecía que un hombre que descubriera a su esposa cometiendo "adulterío" podía agredirla sin pena o incluso matarla con una simple pena de destierro, mientras que si era una mujer quien sorprendía a su marido en la misma situación cualquier agresión era castigada con cárcel.

Desde el Lyceum impulsaron todo un movimiento para exigir una reforma legal que eliminara esa desigualdad jurídica. Las socias organizaron conferencias, sumaron apoyos de juristas y promovieron debates públicos para reclamar que hombres y mujeres recibieran el mismo trato ante la ley.

"Ellas sabían que probablemente no se iba a eliminar el adulterio como delito, pero pidieron algo muy inteligente, que la pena fuera igual para los dos", señala la autora. La presión surtió efecto y el nuevo Código Penal acabó modificando aquella discriminación legal.

De los salones del Lyceum también surgieron algunas de las principales juristas de la época, entre ellas, Victoria Kent, Clara Campoamor y Matilde Huici se convirtieron en las tres primeras mujeres colegiadas en el Colegio de Abogados de Madrid.

La guerra y el final del Lyceum

La Guerra Civil (1936-1939) y la posterior dictadura franquista pusieron fin al proyecto del Lyceum. Muchas de sus integrantes se exiliaron y la sede de la asociación, ubicada en la madrileña Casa de las Siete Chimeneas, fue confiscada tras la contienda.

"Me he preguntado muchas veces dónde habríamos llegado las mujeres si no hubiera llegado este frenazo en seco de la guerra civil y de la dictadura después", reflexiona Cosculluela.

La escritora recuerda que el franquismo no solo acabó con el club, sino también con buena parte de su legado documental y simbólico. Los archivos desaparecieron, muchos materiales fueron destruidos y el edificio pasó a manos de la Sección Femenina.

"Lo que había sido un espacio para la emancipación y la formación de las mujeres terminó convertido en un lugar donde se enseñaban labores domésticas, cocina y cómo ser una buena esposa", lamenta.

La deuda de los libros de texto con las liceístas

Cien años después de su fundación, Cosculluela considera que el sistema educativo mantiene "una deuda pendiente" con aquellas pioneras, cuyos nombres continúan en gran medida ausentes de los currículos escolares frente al protagonismo que sí conservan sus contemporáneos masculinos de la Generación del 27 y la Edad de Plata.

"Nadie duda de la calidad de Alberti, de Lorca o de Cernuda, pero que reivindiquemos la calidad de Concha Méndez, de Josefina de la Torre o de Ernestina de Champurcin, no quiere decir que estemos diciendo que ellos no la tengan, queremos decir que ellas tienen que estar al mismo nivel que están ellos", afirma la periodista cultural.

"Muchas de las protagonistas de este libro no solo merecen estar en los libros de texto, merecerían una estatua en cada ciudad de España", concluye.