Las albañilas Karol Castro y Claudia Trujillo mientras trabajan en una obra en Arganda del Rey. EFE/ Lucía Rubio
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Mujeres a pie de obra: cimientos de una construcción feminista
Karol y Claudia son albañilas, un término que aún resulta inusual en un sector tan masculinizado como el de la construcción, lo que se refleja en que en la mayoría de las obras en las que han trabajado, han sido las únicas mujeres entre decenas de hombres. Ellas forman parte del escaso 11,4 % de afiliadas al sector de la construcción, y de un grupo aún más reducido: el 6,2 % de mujeres que realizan trabajos a pie de obra, tareas tradicionalmente asociadas a la fuerza física y a la masculinidad.
Según el informe 'Mujeres en el sector de la construcción 2024', elaborado por el Observatorio Industrial de la Construcción de la Fundación Laboral, actualmente en España hay 160.288 afiliadas a la Seguridad Social en este sector, una cifra que pese a suponer un aumento de 5.451 trabajadoras con respecto al año anterior (un 1,9 % más), sigue siendo muy reducida y apenas ha variado desde 2014.
Las mujeres en la construcción enfrentan barreras que dificultan su desarrollo profesional, como la falta de políticas públicas, la escasa orientación laboral y la ausencia de referentes, factores que refuerzan estereotipos y debilitan el efecto llamada entre las nuevas generaciones, según explican a Efeminista las albañilas Karol Castro y Claudia Trujillo, y María José Legina, directora de Relaciones Laborales de la Confederación Nacional de la Construcción.
Karol Castro: “No es trabajar fuerte, es trabajar inteligentemente”
Karol Castro llegó al mundo de la construcción tras la pandemia, de la mano de su pareja, quien ya llevaba veinte años en el sector. Su primera tarea fue lechar entre cerámicas, un encargo aparentemente simple que terminó marcando el inicio de una carrera que hoy le apasiona.
Desde entonces, su día a día como albañila ha sido muy variado: “Podemos estar un día alisando paredes, como podemos estar poniendo una cocina, soldando o alicatando baños”, cuenta Karol en una entrevista con Efeminista, para quien esa versatilidad es uno de los mayores atractivos del oficio.
Hace cinco años, cuando empezó, apenas conocía a otras mujeres en la obra, algo que con el tiempo ha ido cambiando. Ahora hay más presencia femenina, sobre todo en áreas como la pintura o la carpintería, aunque reconoce que aún no ha coincidido trabajando directamente con otra albañila.
Karol desafía con convicción la idea de que la construcción es un trabajo solo para hombres.
“La gente piensa que es un trabajo de fuerza bruta, pero mi compañera y yo tenemos la teoría de que no se trata de trabajar fuerte, sino inteligentemente”, afirma.
Frente a la tendencia de sus compañeros varones a sobreesforzarse físicamente, ellas han optado por otra estrategia: hacer más viajes con carretillas, cargando un poco menos, y así se cuidan y evitan lesiones.

Foto de Karol Castro pintando una puerta en una obra en Madrid. EFE/ Lucía Rubio
"Siempre tienden a subestimarnos"
Karol cuenta que la mirada masculina de desconfianza con la que muchas veces son recibidas en las obras se transforma rápidamente en respeto una vez que demuestran sus habilidades.
“Siempre tienden a subestimarnos antes de conocer nuestro trabajo, pero ya después nos respetan mucho”, reconoce.
Hoy, Karol y su compañera no solo trabajan como autónomas, sino que han logrado consolidarse en el sector: “Nosotras dos somos extremadamente detallistas”, señala con orgullo y asegura que :“Eso es lo que más les ha gustado a la mayoría de nuestros clientes”.
“Nos funcionaría mucho que fuéramos más y que las chicas se animaran a participar”, expresa Karol, que destaca la importancia de ese “toque femenino" necesario en la construcción.
Claudia Trujillo: “Cuando ven que sabes te ganas el respeto”
Claudia Trujillo comenzó a trabajar en la construcción en Colombia hace casi 20 años, empujada por la curiosidad y los buenos salarios que ofrecía el sector. A los 16 años, mientras ayudaba a una amiga en su casa, se sintió atraída por el trabajo que hacían los obreros y decidió involucrarse.
“Me llamó mucho la atención y le dije al maestro de construcción que si me daba la oportunidad de trabajar con él”, recuerda en una entrevista para Efeminista.
Durante su carrera profesional en Colombia, nunca se sintió discriminada por ser mujer: “Entras como un hombre más, con las mismas condiciones”, sostiene.
Sin embargo, lamenta que su experiencia en España fuese diferente y recuerda que tuvo que enfrentarse al escepticismo y al juicio prematuro.
“Nos menosprecian un poco. Pero ya cuando te ven y saben que sabes lo que estás haciendo te ganas el respeto”, alega.
"Somos capaces"
Claudia ahora dirige obras, planifica tareas, coordina equipos y ejecuta trabajos tan diversos como alicatado, pintura o enfoscado y, aunque disfruta de su trabajo, considera que siendo mujer cuesta más hacerse respetar como encargada: “Siempre está ese desafío de demostrar que sabes de lo que estás hablando”.
“Se ve como algo que es solo para hombres, que requiere de mucha fuerza" y esos prejuicios, explica, hacen que a veces "no nos sintamos capacitadas para desempeñar ese tipo de funciones”.

Foto de Claudia Trujillo cambiando un enchufe en una obra en Madrid. EFE/ Sofía Villanueva
A pesar de esto, se muestra convencida de que se pueden superar las barreras: “Somos capaces”, sentencia. También admite que, aunque los hombres pueden tener más fuerza física, existen formas más inteligentes y eficientes de desempeñar el trabajo.
Para Claudia, el sector de la construcción ofrece ventajas importantes como un buen salario y mayor libertad de horario, elementos que podrían atraer a más mujeres jóvenes. Reconoce que le entusiasma ver cómo cada vez más chicas se suman al oficio en cursos de formación.
Claudia ve el futuro con optimismo y cree que, como en Estados Unidos o Canadá, en España también irá creciendo la presencia femenina en la construcción.
“Cada vez voy viendo a más chicas involucradas”, asevera.
Apostar por la "cultura, la conciliación y la visibilidad"
La directora de Relaciones Laborales de la Confederación Nacional de la Construcción (CNC), María José Leguina, lo tiene claro: la baja presencia de mujeres en el sector no es una cuestión de capacidades, sino de cultura, conciliación y visibilidad.
La mayoría de las mujeres en construcción ocupan puestos administrativos (el 57,5 %), y muchas de las que comienzan su trayectoria técnica o en campo, como aparejadoras o ingenieras, acaban desplazándose hacia “áreas transversales” o cargos de oficina cuando necesitan conciliar la vida laboral con la familiar.
“Cuando quieren compatibilizarlo con su vida familiar, generalmente prefieren salir del área de producción”, explica Leguina, y subraya que en países mediterráneos las cargas familiares siguen recayendo, mayoritariamente, en las mujeres.
Falta de políticas públicas
Actualmente, solo un 10,7 % de las ocupadas en construcción tienen menos de 30 años, mientras que el el 70,6 % tienen entre 30 y 54 años.
La falta de políticas públicas específicas, la escasa orientación profesional desde la etapa escolar o la ausencia de referentes visibles en los oficios de base refuerzan los estereotipos y reducen el efecto llamada para nuevas generaciones.
Leguina argumenta que la innovación tecnológica ha cambiado las reglas del juego: materiales más ligeros, grúas que se manejan por joystick o procesos industrializados reducen significativamente la carga física del trabajo.
“Esa carga, ese esfuerzo físico ya no es el que era”, señala Legina.
La directora insiste en la necesidad de un plan de choque que fomente la incorporación femenina, especialmente en el contexto actual, donde la demanda exige levantar 150.000 viviendas al año: “Es evidente que las mujeres tienen que incorporarse como cualquier otra persona trabajadora a la obra y necesitamos un plan de choque”
“Tenemos que enfrentarnos y empezar a dar la cara, a que se nos vea, a visibilizarnos, porque creo que podemos tener un efecto llamada sobre otras mujeres”, enfatiza.
Soraya Marcos: "Que los hombres te respeten es el mayor desafío"
Desde la administración, pero con toda su energía puesta en la obra, Soraya Marcos trabaja en el sector de la construcción desde hace más de treinta años. Hoy gestiona una empresa familiar donde se encarga de todo, desde la contabilidad y la elaboración de presupuestos, hasta la coordinación documental, la seguridad laboral y el control general de obra.
“Estoy pendiente del negocio, con teletrabajo, haciendo gestiones o atendiendo llamadas hasta las seis o siete de la tarde, y a veces incluso hasta las nueve”, explica a Efeminista.
Su primer contacto con el sector fue a los 19 años cuando comenzó a visitar obras, conducir camiones para recoger material y supervisar tareas junto al encargado. Más tarde, junto a su familia, fundó una pequeña empresa.

Foto cedida por Soraya Marcos de sus inicios trabajando en el sector de la construcción
Soraya rememora que los comienzos no fueron fáciles. Aunque en las oficinas había un cierto respeto, en la obra el ambiente era distinto.
“Cuando iba a por mercancía con el camión me ayudaban, me ponían facilidades. Pero en la obra había risas por detrás, comentarios… me sentía observada y sola”, recuerda.
En aquel entonces las mujeres en la obra eran escasas, salvo algunas aparejadoras o arquitectas. A pesar del tiempo y los avances, Soraya siente que el respeto a las mujeres en el sector no ha cambiado mucho: “Que los hombres te respeten sigue siendo el mayor desafío”.
En su experiencia, cuando una mujer corrige una cuestión técnica, es habitual que los operarios la desautoricen o ridiculicen: “Comentan cosas como ‘habrá estudiado, pero en la práctica no tiene ni idea’, algo que no dicen si el técnico es un hombre”.
La desigualdad es evidente
La desigualdad también se hace evidente en cuestiones tan básicas como el acceso a los baños. Al iniciar una obra es necesario construir baños provisionales.
“Si hay mujeres, hay que hacer dos, y ya desde ahí ponen problemas porque se duplica el coste”, analiza.
Recuerda el caso de una compañera destinada a Brasil, que fue ignorada cuando pidió un baño para cambiarse mientras menstruaba. Con el tiempo, “acabaron desautorizándola y tuvo que dejar la obra”.
Para Soraya, las barreras para las mujeres en el sector están en muchos frentes. Desde la percepción física-“dicen que no tienen la misma fuerza o que entorpecen el trabajo”-, hasta la lucha diaria de gestionar equipos masculinos.
“Te sientes en otro bando”, lamenta.
Su mensaje para las jóvenes es que se formen “porque ahora sin formación no te dan la oportunidad".
"Que se atrevan, que emprendan y que monten su propia empresa”, concluye.