Marta Carmona, psiquiatra: el feminismo es clave para tratar la enfermedad mental

María G. de Montis | Madrid - 10 octubre, 2022

En España, el 7,1 % de las mujeres reconoce que tiene un cuadro depresivo moderadamente grave o grave, un porcentaje que duplica el de los hombres. Son datos de 2020 del Instituto Nacional de Estadística (INE). Todo esto en un país en el que, además, el consumo de medicamentos para tratar la ansiedad y la depresión se ha disparado: tan solo en 2021 se consumieron prácticamente 50 millones de unidades, según el Observatorio del Medicamento de la Federación Empresarial de Farmacéuticos Españoles.

La enfermedad mental es «un problema de salud nacional» que, como indican la psiquiatra Marta Carmona y el médico de familia y diputado en la Asamblea de Madrid Javier Padilla en su último libro, «Malestamos», debe afrontarse con una intervención integral: psicológica, pero también social.

«Nos daba la sensación de que lo clínico se había puesto muy sobre la mesa, pero que había un gran vacío a la hora de entender el malestar, esas sensaciones malas que en realidad tienen que ver con las condiciones de vida», dice Carmona en una entrevista con EFEMINISTA, en el marco del Día Mundial de la Enfermedad Mental, que se conmemora el 10 de octubre.

«Cuando intentamos utilizar el marco clínico para entender todo un sentir social y todo un momento histórico… se queda cortísimo», añade la especialista (Madrid, 1984). «Eso lo comentamos Javier y yo varias veces y quisimos poner en marcha discusiones y debates con esa mirada colectiva, ni clínica ni individual».

Marta Carmona psiquiatra

La psiquiatra Marta Carmona y el médico de familia Javier Padilla, autores de «Malestamos». Capitán Swing / Cristina Candel

Una óptica psiquiátrica feminista

Editado en Capitán Swing, el ensayo aborda el papel de lo colectivo en el tratamiento de cuestiones transversales, como la explotación laboral, la crisis económica o el machismo. Problemáticas que, en opinión de Carmona, también presidenta de la Asociación Madrileña de Salud Mental, deben abordarse desde una óptica psiquiátrica transversal.

Sin una formación paralela como feminista, ella misma «habría sido infinitamente peor profesional», asegura. «Habría atendido peor a todos mis pacientes, no solo a las mujeres».

«Cuando yo me formé como psiquiatra ya era feminista, pero me faltaba todo el trabajo teórico, toda esa teoría», cuenta. «Aun así, me faltaba la interseccionalidad, a la que llegué gracias, entre otras cosas, al feminismo. Y ahora, muchos años después, creo que es parte fundamental de la formación de un profesional en la salud mental: si intentas hacer una intervención terapéutica sin ella, vas a tener unas cegueras enormes. No es que no vayas a poder ayudar a nadie, pero aumenta la probabilidad de que hagas daño en tu intervención».

Y es que, de acuerdo a un estudio de la Federación vasca de asociaciones de familiares y personas con enfermedad mental (Fedeafes), el riesgo de sufrir violencia por parte de la pareja o expareja se multiplica entre 2 y 4 veces cuando se tiene una enfermedad mental. Además, el 80 % de las mujeres con enfermedad mental grave que han estado en pareja han sufrido violencia, y el 42 % de las mujeres con enfermedad mental grave que están viviendo violencia en la pareja no la identifican como tal.

La sobreprescripción

Las mujeres tienen tres veces más riesgo de desarrollar depresión, el problema de salud mental más frecuente y que será la principal causa de discapacidad en el mundo, según datos de la Confederación de Salud Mental de España. Desde la fundación también alertan de una tendencia a la sobremedicación de las mujeres: una cuestión que también Carmona reconoce como «un tema importante a resolver».

«Pero, si nos vamos a lo micro, vemos un encuentro entre una médica de cabecera y su paciente en el que la paciente llega hecha un guiñapo por mil cosas, y la médica de cabecera, que solo tiene un minuto y medio para verla, le da una medicación», explica, y recuerda que «hay más mujeres que hombres ejerciendo la profesión».

«Además, hay enfermedades y patologías que las mujeres presentan más habitualmente que los hombres y que la medicina considera síntomas inespecíficos, como los mareos, que tienen causas muy diferentes», apunta la psiquiatra. «Es un síntoma que a los clínicos nos suele dar mucha pereza, pero que en el fondo hablan de la mirada médica, de cómo los manuales de medicina, que históricamente han estado escritos por hombres, arrastran una mirada patriarcal».

«Así que volvemos a la médica de cabecera, que estará haciendo una prescripción a partir de su formación sesgada, pero que está haciendo todo lo que está en su mano para mejorarla, porque tampoco podemos pretender quitarnos siglos de patriarcado, de condicionamiento en la mirada, de la noche a la mañana», alega Carmona.

Socializar el sufrimiento

En 2020, un estudio del grupo de investigación OPIK, en la Universidad de País Vasco, concluyó que, con estados de salud mental similares, se prescriben más psicofármacos a las mujeres que a los hombres. La doctora en Salud Pública Amaia Bacigalupe, una de las autoras del trabajo, atisbaba en los resultados un «sobrediagnóstico y sobreprescricpión» para ellas, pero también un fenómeno de «infradiagnóstico e infraprescripción en los hombres».

De ahí que Carmona se pregunte: «Si tenemos a una mujer con un millón de sufrimientos acumulados que probablemente deberían estar socializados y redistribuidos de otra forma, ¿quién lo ha hecho mal? ¿La médica y la paciente?».

«No, ni muchísimo menos, pero el estado social tiene que dar más herramientas para responder a ese sufrimiento», añade. «Y, además, habría que dejar de normalizar algunas de las situaciones con las que estas mujeres o chicas llegan a la consulta», como las dobles jornadas y la falta de reparto de los cuidados, la precariedad laboral u otras situaciones relacionadas con la migración.

Y alerta: «No podemos pasar a toda la población por una batidora y luego tratar de recomponerla».