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Comadres, disidencias y familias elegidas, otras formas de criar más allá de la norma

Laura de Grado Alonso | Madrid - 3 mayo, 2026

Familias trans y no binarias, relatos escritos desde la mirada de las hijas, maternidades atravesadas por la discapacidad, experiencias de no maternidad, separaciones en las que la crianza continúa de forma compartida, vínculos de amistad que sostienen la vida cotidiana o maternidades bolleras forman parte del mosaico de historias que recogen los dos volúmenes de (h)amor co(m)adre, una obra que amplía los límites de lo que hoy se entiende por familia.

Coordinados por la escritora Silvia Nanclares y editados por Sandra Cendal, cofundadora de la editorial Continta Me Tienes, entre las firmas del libro figuran Silvia Agüero, Lucas Platero, Alba Muñoz, Harriet C. Brown, Violeta Assiego, Mar García Puig, Patricia Reguero, Ana Requena Aguilar, Mar Gallego, junto a colectivos como el Sindicat de Mares en la Diversitat Funcional, Histeria Kolektiboa o Mujeres Voces Resistencias.

"La maternidad, entendida desde el plano más cisheteronormativo es casi un 'por supuesto', algo que no se pone en cuestión. Y para nosotras, las disidencias, la familia es algo que nos ha sido negado históricamente, como personas bolleras, como personas trans, como personas maricas. Se nos ha asociado a las vagas y las maleantes, no a quienes cuidan. Y, sin embargo, hemos sido quienes han sostenido los cuidados al margen de la familia tradicional. Por eso en los libros aparecen constantemente los derechos y los deseos en clave no hegemónica", explica a Efeminista Sandra Cendal (Madrid, 1983).

Lejos de ser un proyecto cerrado, (h)amor co(m)adre adopta la forma de un "archivo vivo". Dividido en dos tomos -Identidades y Parentescos-, el libro articula un recorrido que va desde las experiencias más atravesadas por la cuestión sexo-genérica hasta una crítica más amplia del modelo familiar normativo.

"Queríamos abarcar el máximo número posible de voces", explica Cendal, "porque es el reflejo de esas aternidades que ya existen", un término (aternidad) con el que alude a experiencias de crianza no normativas que desbordan las categorías clásicas de maternidad y paternidad.

Un archivo vivo frente a la norma

El proyecto nació, en parte, del desborde. La acumulación de relatos, experiencias y perspectivas obligó a dividir la obra en dos tomos que funcionan de manera autónoma, pero dialogan entre sí.

"Hay una cantidad enorme de historias, testimonios, de maternidades, aternidades, paternidades que hay que contar más allá de la heteronorma, que ya está contada suficientemente", apunta la coordinadora del libro, Silvia Nanclares (Madrid, 1975), autora de obras como Quién quiere ser madre, Abrazaremos el caos por ti o Nunca voló tan alto el telivisor.

"Las disidencias tenemos una genealogía muy clara en relación a las madres. Las madres son las amigas, son aquellas mentoras en nuestra propia disidencia, esa persona persona que conoces cuando estás en la adolescencia y ya abierto el camino por el que tú quieres seguir", añade por su parte la editora, Sandra Cendal.

En Identidades, los textos exploran cómo la maternidad, la paternidad o la no maternidad están atravesadas por la cuestión sexo-genérica: cuerpos, transiciones, deseos, imposibilidades. En Parentescos, el foco se desplaza hacia los vínculos -qué se considera familia, quién queda fuera y qué estructuras sostienen realmente la vida cotidiana-, en un guiño a la propuesta de la pensadora Donna Haraway, que invita a “hacer parentesco” más allá de la familia biológica.

El concepto de "comadre", criar entre muchas

Uno de los ejes del proyecto es la resignificación de la maternidad desde lo colectivo, por ello el propio título introduce esa idea de lo compartido.

"Ese ‘co’ es coparticipar, criar entre muchas. Intentamos desesencializar a la madre, dar lugar a quien ha gestado, pero rodeándola de muchas más cosas", explica la coordinadora del libro.

La propuesta cuestiona el modelo de madre como figura central y autosuficiente, y desplaza el foco hacia redes de apoyo, vínculos elegidos y prácticas comunitarias.

En los textos aparecen así formas de parentesco que no pasan necesariamente por la genética: familias elegidas, vínculos afectivos no reconocidos o experiencias de no maternidad. También espacios de ambigüedad.

"Hay textos que hablan de ese umbral, de los años en los que todo el mundo te pregunta si vas a ser madre o no, como si fuera una obligación", señala la coordinadora.

"La ley va muy muy por detrás de lo que vamos el resto"

El libro dialoga con el marco legal español, marcado por avances recientes en materia de cuidados. Las reformas introducidas en 2023 , en línea con la Ley de Familias, ampliaron los permisos retribuidos, permitiendo atender a convivientes o personas cercanas sin vínculo familiar directo durante un máximo de cinco días.

Las autoras señalan que ese reconocimiento no se traslada a otros ámbitos clave: no existen derechos equivalentes en casos de fallecimiento y duelos por personas no familiares, ni en pensiones de viudedad, ni en herencias, donde la ley continúa privilegiando el modelo familiar clásico basado en la consanguinidad o el matrimonio.

"La ley va muy muy por detrás de lo que vamos el resto y no solamente en la crianza, o sea, si se te muere una amiga no tienes derecho ni a estar un día en tu casa", afirma Cendal en referencia al texto de Inés Plasencia, que propone nombrar como "viudas" a quienes atraviesan la pérdida de una amiga.

Backlash y la vuelta a la idea tradicional de familia

Los textos se insertan también en un contexto internacional marcado por el avance de la ultraderecha, la reactivación de discursos tradicionalistas sobre la familia y una ofensiva política y cultural contra los derechos de las personas LGTBIQ+. En países como Hungría o Polonia, por ejemplo, se han impulsado en los últimos años reformas que limitan el reconocimiento legal de las familias diversas, mientras que en Italia el Gobierno ha promovido la retirada de derechos a hijos e hijas de parejas del mismo sexo en registros civiles.

Nanclares advierte de un "estrechamiento del marco crítico" y de la emergencia de discursos que reivindican una vuelta a modelos tradicionales.

"Me llama la atención la alianza entre la corriente Terf (Feminista Radical Trans-Excluyente), que insisten en lo biológico como esencia, y posiciones de extrema derecha del ‘quédate en casa’. Es paradójico, pero muy revelador", señala.

El auge de fenómenos como las tradwives -mujeres que promueven en redes sociales un modelo de vida centrado en el hogar y la sumisión a roles tradicionales- o el crecimiento de determinados perfiles de "influencers de maternidad" que idealizan y monetizan la crianza normativa también forman parte de ese giro cultural. No se trata, según las autoras, de una tendencia aislada, sino de un síntoma.

"Hay mucha rabia porque ven amenazados sus privilegios. Nos están viendo de repente conquistar espacios que nos han sido vetados históricamente", expresa por su parte Cendal.

"Los derechos reproductivos y los derechos familiares están en el punto de mira"

Este giro cultural convive con datos de violencia. Según la Felgtbi+, el 54 % de las personas LGTBI+ en España ha sufrido acoso, discriminación o agresiones en el último año, y una de cada dos personas trans ha sido víctima de violencia física.

En el caso de mujeres lesbianas y bisexuales, el 81,9 % ha sufrido violencia por su orientación sexual, según el Instituto de las Mujeres, lo que refleja la persistencia de la discriminación y el impacto de la visibilidad.

Nanclares añade que esta reacción afecta también al ámbito de los cuidados. "En este contexto, los derechos reproductivos y los derechos familiares están en el punto de mira y, una vez más, las mujeres, los sujetos feminizados o las disidencias quedan fuera de la ley y de la norma", afirma.

Pese a ello, su compañera, Sandra Cendal, reivindica una mirada estratégica y defiende con convenicimiento que "ser optimista ahora mismo es una postura política".

A su juicio y sin ser ingenua "los cambios sociopolíticos" en torno a la familia y la crianza son lo suficientemente profundos como para dificultar una vuelta atrás completa.

Crianza trans y no binaria: visibilidad frente al estigma

Entre los relatos, destacan también experiencias de crianza trans y no binaria, todavía poco representadas en el espacio público y a menudo atravesadas por el extrañamiento social.

En uno de ellos, Lucas Platero, padre trans, narra su experiencia diaria en espacios como el parque o el colegio junto a su hija. Allí aparecen las miradas de sorpresa, pero también la curiosidad de otras infancias ante aquello que no encaja en los esquemas binarios.

Esa reacción inicial, explica la editora Sandra Cendal, no es en sí problemática. "Las infancias se acercan con una curiosidad genuina a lo que no entienden", señala. La clave, añade, está en la respuesta: "No se trata tanto de eliminar las preguntas como de que el diálogo sea posible".

Cuando ese extrañamiento no encuentra respuesta, advierte, puede transformarse en rechazo. "Se convierte en violencia, cuando no en odio", apunta.

Los relatos insisten en una idea clave: estas familias ya forman parte de la vida social y comparten muchas de las preocupaciones comunes a cualquier crianza, desde la conciliación hasta el acceso a recursos educativos, aunque atravesadas por una exposición constante a la norma.

"Estamos entre vosotras. Las disidencias ya estamos en los colegios, en los parques, en los cumpleaños", señala la editora Sandra Cendal.

Lo que queda por contar

Las impulsoras del proyecto reconocen que el archivo sigue incompleto. Existen múltiples experiencias que apenas aparecen o quedan fuera: familias construidas desde vínculos no reconocidos, abuelas que asumen la crianza en ausencia de otros recursos o maternidades atravesadas por la migración y la distancia.

"Cada experiencia de crianza o de no maternidad es única. Son infinitas las que faltan", resume Cendal.