Una escuela gratuita en Kabul abre una ventana al veto contra las afganas

EFE | Kabul - 11 noviembre, 2022

La apertura de un centro educativo en Kabul para 2.000 alumnas de manera gratuita ha hecho de esta escuela un pequeño reducto para salvar a las afganas del retroceso que ha significado la vuelta al poder de los talibanes y las rigurosas normas que mantienen a las mujeres de Afganistán lejos de las escuelas.

El mismo día que el centro educativo Ekhlas Naween anunció cursos gratis para las jóvenes que no pudieran pagar sus estudios, 1.600 chicas se apuntaron, los registros incluso superaron la capacidad física de las instalaciones, ha explicado a EFE el director de esta institución en la capital afgana, Haseebullah Malya.

«Tuvimos que filtrar e identificar a aquellas estudiantes que realmente necesitan la educación gratuita», ha apuntado Malya.

Las escuelas de secundaria para mujeres no han reabierto desde la llegada al poder de los fundamentalistas el 15 de agosto de 2021, siguiendo los pasos del primer régimen talibán, cuando quedaron recluidas al hogar, sin posibilidad de trabajar o recibir educación.

Escuela gratuita en Kabul para las afganas

Tras el veto a la educación secundaria, miles de jóvenes se vieron abocadas al mismo destino que vivieron sus madres hace un cuarto de siglo, pero la apertura de este centro educativo despertó cierto optimismo: la posibilidad de continuar con su formación.

Es el caso de Ferogh, una estudiante de 13 años que fue obligada a abandonar la escuela a la que asistía.

«Estoy en octavo curso, no me permiten ir a la escuela, mi escuela está cerca, quiero ir. Es muy difícil. Aún no sé por qué nos está pasando esto. Somos humanos. Estar restringida al hogar sin ningún propósito es muy, muy difícil para una chica», ha contado emocionada.

Sin embargo, Ferogh encontró recientemente refugio en los cursos gratuitos, con los que sueña convertirse en una gran pintora.

«Pintaré la situación de la niña afgana y mostraré al mundo por lo que estamos pasando. Sé que la comunidad internacional todavía no nos ha prestado atención, pero la pintura hará la magia», ha dicho.

Las estudiantes como ella también tienen a su disposición la posibilidad de desarrollarse en otras áreas especializadas como la confección o la reparación de software y hardware móvil, vocaciones que cada vez demanda más la sociedad, según ha explicado a EFE una profesora del centro, Noori Shaista.

Materializar los sueños

El centro formó a sesenta alumnas para las últimas pruebas el mes pasado de acceso a la universidad, las primeras que se realizaron desde la llegada de los fundamentalistas, y logró que cincuenta alcanzasen la puntuación necesaria para iniciar sus estudios superiores.

Entre las jóvenes que aprobaron -se conocieron los resultados el pasado fin de semana- se encuentra Fátima, de 19 años, que pudo acceder a la facultad de Medicina de Alberoni, una de las facultades que mayor nota requería, y que se ubica al norte de Kabul.

«Estoy muy feliz, me califiqué para la facultad de mis sueños, en una situación de altibajos para nosotras; calificarme para la facultad de Medicina fue un sueño para mí. Gracias a mi colegio, profesores del curso y familia por hacer esto posible», ha celebrado.

También Razia entró en la facultad de Medicina, en este caso de Kabul, y ha recordado que si un centro pequeño como el suyo pudo hacer ingresar a 50 estudiantes la cifra sería mucho mayor si se permitiese a todas las mujeres estudiar.

En todo Afganistán 24.000 chicas aprobaron estas pruebas, de cerca de 42.000 mujeres que se presentaron, aunque el veto a la enseñanza secundaria provocó que la mayoría de las participantes fueran jóvenes que se graduaron durante el depuesto Gobierno

«Si un hombre estudia, tendremos una persona educada, y si una niña estudia, tendremos una sociedad educada. Así que estudiemos. La comunidad internacional debería dejarse de hacer política y dar un paso al frente para apoyar al grupo que más sufre de la sociedad afgana», ha sentenciado Razia.

Futuro en el aire

Pero el futuro del centro está en el aire, y es que los planes iniciales de Malya pasaban por que los cursos fueran gratuitos durante cuatro meses, pero ahora que ve la felicidad que ha logrado instaurar entre las chicas, no sabe cómo proceder.

«Anuncié la educación gratuita por cuatro meses, pero ahora no sé qué hacer. Ya no puedo mantenerla y, por otro lado, ver la felicidad de los estudiantes hace que la situación sea realmente dura para mí por el miedo a no poder continuar con el instituto y culminar esta felicidad», ha lamentado el director.

Por ello, ha afirmado que ha presentado propuestas para recibir donaciones y ha solicitado a los afganos que viven en el extranjero su apoyo aunque, por ahora, no ha recibido respuesta.