Diana Oliver: «Para poner los cuidados en el centro hace falta dinero»

Cristina Bazán | Madrid - 7 junio, 2022

La pandemia puso en evidencia la desigual carga de cuidados que ha recaído siempre sobre las mujeres, un problema que desde organismos internacionales se busca erradicar, pero que no se logrará sin que los gobiernos se comprometan y destinen dinero para realmente «poner los cuidados en el centro».

Así lo asegura la periodista y escritora Diana Oliver, quien publica «Maternidades precarias», un libro muy personal sobre el deseo de ser madre, las exigencias sociales, la idealización de la maternidad, y sobre cómo el traer hijos al mundo y cuidarlos se ha convertido en un privilegio que muchas mujeres, aunque quieren, no pueden asumir.

«Si de verdad queremos darle valor a la maternidad, si de verdad queremos poner los cuidados en el centro, que es lo que continuamente se dice a nivel institucional, a nivel político, a nivel social, (…) hace falta darles dinero, darles recursos y darles apoyo verdadero. Que realmente cuidar sea un valor y sea una cosa que proteger, que ensalzar y que valorar», afirma Oliver (Madrid, 1981) en una entrevista con Efeminista durante su paso por la Feria del Libro de Madrid.

En el libro (Arpa, 2022), la autora cuenta cómo ella y su pareja han tenido que realizar un sinnúmero de malabares para poder destinar tiempo de calidad a sus hijos y no caer en la pobreza durante ese intento. «Creo que ahí hay que poner el foco, en la precariedad. En cuáles son las dificultades que tenemos, de dónde nacen nuestros malvivires y qué está haciendo la precariedad con nuestras maternidades, no solo a nivel laboral y a nivel estructural, a nivel habitacional o a nivel más material, sino que la precariedad está también en cómo nos relacionamos, en cómo cuidamos, en cómo estamos cuidándonos entre nosotras y entre nosotros».

«Maternidades precarias», de Diana Oliver

Pregunta: ¿Por qué decidió escribir este libro?

Respuesta: Decidí escribir «Maternidades precarias» porque sentía que hay determinados discursos que no están, que faltan.

¿Qué pasa cuando tú decides que quieres cuidar y que quieres ser madre, pero no encuentras el sostén social e institucional que te permita cuidar de tus hijos? Me parecía importante captar esa parte. Y también qué pasa cuando no tienes una carrera profesional, cuando no tienes un trabajo reconocido socialmente, cuando incluso no tienes empleo o no tienes papeles o te atraviesan determinados problemas que no están en esos discursos. Me parecía que faltaba poner el foco ahí.

P: ¿En qué momento la la maternidad se convirtió en un privilegio?

R: Creo que la maternidad se convierte en un privilegio cuando no se dan las circunstancias económicas y materiales para poder ser madre. Cuando eso te impide poder alcanzar la maternidad. Pero también cómo criamos y cómo vivimos en una sociedad en la que prima el «yo», en la que no existe ya lo colectivo. Ahora se ha dificultado muchísimo más el poder ser madre, y no solo llegar a ser madre, sino también criar a los hijos. Sostener eso es muy complicado.

El capitalismo se apropia de la maternidad

P: Asegura también que el capitalismo se apropia de este deseo.

R: El capitalismo se ha apropiado de nuestros cuerpos, se ha apropiado de nuestros deseos, de nuestras maternidades, lo ha colonizado todo.

Creo que actualmente se ha mercantilizado absolutamente todo, incluso el deseo de ser madre. La sociedad te empuja a que lo puedes retrasar (el embarazo) lo máximo posible, pero luego ese máximo no es real porque la biología manda y hay un período en el que tú tienes más fertilidad. Eso se ha mercantilizado. Y se ha mercantilizado también el cuidado a través de la externalización, para que tú sigas produciendo como si nada hubiera pasado.

P: Usted no externalizó los cuidados, ¿cómo convivió con el conflicto interno entre el deseo del éxito profesional y el de ser madre?

R: Creo que hace falta visibilizar otros discursos que vayan más allá del éxito profesional, de las carreras profesionales y de los techos de cristal, porque hay infinitas circunstancias en las que eso no entra. 

Puede ser que para tí la prioridad no sea tu trabajo, no sea esa carrera laboral, sino que sea mera supervivencia y que tú te encuentres en que te conviertes en madre y que por un lado no puedes ejercer esos cuidados porque no te lo puedes permitir. Para pedir una excedencia hace falta tener mucho dinero, para tener una reducción de jornada, también. Para poder incluso luego llegar a trabajar, el que tú puedas seguir un horario y unas determinadas horas día a día teniendo que cuidar también de un hijo. Es muy problemático. Creo que es muy difícil hacer compatibles dos universos que son completamente distintos.

Aquí hay una parte también que el feminismo debe resolver en cuanto a los cuidados.

Los cuidados en el centro

P: En el libro habla también de crianzas sostenibles, de resignificar la maternidad y los cuidados. ¿Por dónde se debe empezar?

R: Creo que es importante poner el foco en la precariedad, en cuáles son las dificultades, qué es lo que provoca nuestros malvivires con respecto a la maternidad. Si realmente está en nosotras, está en esa renuncia permanente y en ese conflicto permanente interior. O si realmente es que el sistema nos está empujando continuamente a que no tengamos hijos o que los tengamos tarde, o que lo retrasemos lo máximo posible y que cuando los tengamos, además, siempre parezca que es secundario o que lo tenemos que ocultar. Hay que poner el foco ahí.

P: Tras la llegada de la pandemia, organismos internacionales como ONU Mujeres, especialmente en América Latina, buscan incentivar a los países a poner a los cuidados en el centro. ¿Es posible?

R: Sí, hay que darle los recursos y el dinero que necesita. Si vivimos en una sociedad en la que solo se valora lo económico, en la que solo se valora el capital, el trabajo, lo productivo, la maternidad no es nada, no tiene nada que ver con esto. 

La maternidad exige unos tiempos, la maternidad no produce, no es algo que revierta económicamente de primera. Pero realmente está haciendo una labor muy importante, que es traer personas a este mundo y educarlas y criarlas y cuidarlas de forma saludable. Es un valor muy importante. Entonces, para poner los cuidados en el centro hace falta darles dinero, darles recursos y darles apoyo verdadero, que realmente sea un valor que queramos cuidar, porque cuidar sea un valor y sea una cosa que proteger, que ensalzar y que valorar.

Portada del libro

Portada del libro "Maternidades precarias", de Diana Oliver.

«Nos obligan a ser madres desde el patriarcado»

P: Y ¿por qué cree que se ha desvalorizado?

R: Porque al final el cuidado ha estado asociado a la mujer. Era un trabajo que hemos estado haciendo nosotras gratuitamente durante décadas, siglos, desde el principio de los tiempos.

Entonces el cuidado, todo lo que tenga que ver con lo que hace la mujer, no tiene el mismo valor que lo que hace un hombre. El hombre que genera riqueza, el hombre que genera poder. Todo está muy relacionado con el poder y con las jerarquías. Y al final la maternidad forma parte del universo femenino. Los cuidados históricamente forman parte del universo femenino y eso se sigue arrastrando todavía hoy en día.

P: ¿Hay machismo?

R: Sí, totalmente. Creo que nos obligan a ejercer la maternidad desde una perspectiva patriarcal, a ser madres desde el patriarcado. En la que el cuidado y el maternar se puede ejercer si lo ejerces como un hombre, que sea siempre secundario y que sea siempre una cuestión de menor relevancia.

R: Y luego se exige que sean buenas trabajadoras y buenas madres al mismo tiempo.

R: Sí. Vivimos en una sociedad hiperexigente en la que a las madres, además, se les exige mucho más. Porque no solo tienes que trabajar, sino que tienes que trabajar para sobrevivir y muchas veces para pagar un alquiler y con unos sueldos absolutamente imposibles de asumir en una vida vivible.

Y luego además te exigen ser una madre adecuada, con un estándar profesionalizado muy elevado, en el que tienes que saber educación, psicología, tienes que saber hacer un montón de actividades, tienes que cuidar la alimentación y también el ejercicio. O sea, tienes una serie de cuestiones superprofesionalizadas a tu alrededor que se exige para poder criar a los hijos. Y luego también nosotras mismas nos exigimos mucho porque vivimos en este contexto en el que todo es exigencia, todo es producir y todo es competitividad.

P: Y porque nos han criado así.

R: Sí. En la maternidad hay muchas mochilas. Están nuestras mochilas personales, nuestras mochilas emocionales, nuestra relación con nuestra propia madre, con nuestra familia, nuestro entorno y todo eso influye.

La maternidad es como una especie de lupa o de linterna que alumbra todo lo que está fallando en el sistema y te lo saca así y te lo te lo muestra muy evidentemente. Y dices ¿cómo no he podido verlo antes?

El movimiento feminista y la maternidad

P: Hablaba antes de la implicación que debería tener el movimiento feminista. Y en el libro dice que hay que convertir la maternidad en una prioridad, ¿por qué cree que esto no se ha podido combinar con el discurso de «mi cuerpo, mi decisión»?

R: Es una cosa que a mí me llama mucho la atención. Ahora en la reforma del proyecto de la ley del aborto (en España) se ha puesto de manifiesto la necesidad de proteger nuestros cuerpos, de proteger nuestros derechos reproductivos, porque cuesta mucho mantenerlos en el tiempo. No solamente es alcanzarlos, sino lo que decía Simone de Beauvoir: “Tenemos que estar pendientes de nuestros derechos permanentemente porque no los podemos dar por conseguidos”. Entonces siempre tenemos que estar alerta.

Igual que el feminismo ha hecho muy suyo el «mi cuerpo es mío», «mi cuerpo, mi decisión», el que tú puedas decidir qué hacer en torno al aborto, también creo que «mi cuerpo es mío» para la maternidad. «Mi cuerpo es mío» para asumir el proceso de embarazo, de parto, de postparto, de exterogestación y de lactancia materna como yo desee. Y eso es una cosa que no nos estamos permitiendo desde el feminismo y que socialmente nos está costando mucho visibilizar que nosotras pasamos por una serie de procesos que ellos no pasan y que debemos protegerlos. Debemos protegerlos para que todas quepamos allí, por los derechos de la infancia también y por nuestros propios derechos como mujeres de hacer verdaderamente con nuestros cuerpos lo que deseemos.

P: ¿Cree que esa podría ser la siguiente lucha?

R: Yo creo que sí. Un paso que hemos visto ha sido, por ejemplo, las bajas por menstruaciones dolorosas. Es una diferencia entre nosotras y ellos. Ellos probablemente no puedan imaginar lo que es eso. Se está además minusvalorando y haciendo como que es un problema que no pasa nada. 

Si se ve que se debe proteger ese proceso, ¿por qué no otros? Yo creo que sí, que el movimiento feminista debería poner el foco en esto, en saber que nosotras somos diferentes y que ellos son distintos a nivel biológico y que protegernos, que darnos esos derechos no nos penaliza, sino que todo lo contrario, que es algo que ganamos todas. 

Siempre se dice que proteger un embarazo, un parto, un postparto, aumentar los permisos de maternidad supondrían una discriminación. Yo creo que hay que perseguir a quienes están discriminando y hay que ser mucho más contundentes con eso. La empresa que discrimine y que esté generando esta desigualdad que sea la que pague por ello, no que seamos nosotras las que tengamos que renunciar a nuestros procesos y las que tengamos que mercantilizar nuestros cuerpos y nuestras crianzas para que podamos seguir alimentando esta rueda productiva.