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Una menor camina por la calle junto al escaparate de una tienda de juguetes, en una imagen de archivo. EFE/ David Arquimbau Sintes

Deshumanización, cosificación y bajo autoestima por la hipersexualización de las niñas

Violeta Molina Gallardo | Madrid - 11 octubre, 2023

La hipersexualización es un problema grave que deshumaniza, cosifica y merma la autoestima de las niñas y provoca que la infancia se acabe de forma abrupta a edades tempranas. Bailes sensuales, tops y minifaldas, maquillaje, lenguaje sexual y poses sugerentes son habituales en niñas de 6, 7 y 8 años.

Con motivo del Día Internacional de la Niña, maestras, pensadoras feministas e investigadoras analizan para EFE una problemática muy compleja en la que, alertan, convergen el acceso prematuro a las nuevas tecnologías, la ubicuidad de la pornografía, las estrategias del mercado y una fuerte reacción del patriarcado a los avances del feminismo.

“Mayores antes de tiempo”

La hipersexualización se aprecia en niñas cada vez más pequeñas. Rosa Gallardo, maestra de primaria en un colegio público de Madrid, explica que aparece mucho antes y lo achaca a la “ventana abierta al mundo” que es internet, a la que se asoman “sin control ni límite”: “Las están haciendo mayores antes de tiempo”.

Celia Herradón, también maestra en Madrid, alerta de que el problema se adelanta y cuenta que hay alumnas que van maquilladas a clase con 8 años, que en primero encontró a una niña que metía ropa en la mochila para cambiarse en el baño.

Pero la cuestión, precisa, no se limita a la ropa, se extiende a las conductas. “En los coles vemos que replican bailes hipersexualizados que ven en las redes sociales, poses, formas de moverse. Una ‘influencer’ de 25 años es el referente de una niña de 6 y esta percibe que la mujer debe ser un objeto de deseo y de repente tienen la necesidad de gustar. Desde muy pequeñas buscan encajar en un modelo inalcanzable, de una belleza muy normativa. Ya en la infancia les llega que no todos los cuerpos son válidos”, denuncia.

A esa edad, añade Herradón, una menor no es capaz de detectar que hay filtros, edición de imagen, una “mentira”, y esto genera una gran frustración y una merma en su autoestima.

Un cuerpo perfecto

Contribuye una publicidad hipersexualizante, no sólo por el tipo de ropa, sino por las modelos infantiles con miradas, poses y gestos sexualizados como si fueran adultas. Y la estética sexual está presente en televisión, series, redes, videojuegos…

La profesora de la Universidad Nebrija experta en comunicación y publicidad Carmen Llovet habla de “socialización a través de un cuerpo sexy perfecto”, de la vinculación de esa imagen al éxito y al reconocimiento. Eso, destaca, incide en la baja autoestima porque las niñas carecen de alfabetización mediática para entender o rechazar esos mensajes.

“Lógicamente al concentrar tu valor en algo físico, y sexual, dejas de lado otra serie de realidades como tu simpatía, tus capacidades, tus amistades, tus relaciones familiares. Reduces a la persona a un objeto sexual. (…) Se ha normalizado la cultura sexual como un valor, las mismas cantantes, ‘influencers, y actrices se autorrepresentan sexualizadas”, dice Llovet.

¿Y si las niñas no llegan a responder a esa imagen ideal? La experta responde: Photoshop, filtros, trastornos de alimentación y autolesiones.

La investigadora de la Universidad Pablo de Olavide, Gema Otero, experta en coeducación, sostiene que la hipersexualización es un “mecanismo claro para la deshumanización de las niñas”, pues normalizan el ser tenidas en cuenta únicamente a través de su aspecto.

Violencia simbólica

“Es una estrategia para que aprendan a gastar tiempo, dinero y energía en un proyecto corporal para la mirada masculina. (…) Es una violencia oculta, simbólica, que termina sometiendo a las niñas a prácticas de autovigilancia corporal, acompañada de una búsqueda constante de la validación ajena. Y es la asunción de un proyecto corporal que termina siendo el proyecto de su vida: nuestro cuerpo siempre está en proyecto, nunca nos gustamos a nosotras mismas”, señala Otero.

Así, insiste Otero, interiorizan que lo relacionado con las mujeres no tiene el mismo valor que lo masculino, y se dan cuenta de que sólo “son protagonistas allá donde se las ve bellas, casi perfectas”, esa es la forma de obtener más ‘likes’ y aplausos.

La reacción del patriarcado

La pensadora feminista y exdirectora del Instituto de las Mujeres, Beatriz Gimeno, enmarca esta hipersexualización temprana en una “reacción del patriarcado” a los avances en igualdad que refuerza los roles tradicionales e introduce una gran presión y “disciplinamiento sobre los cuerpos” y los comportamientos: un control sobre el físico que persigue convertirlas en objetos de deseo, en seres a disposición del otro.

Y eso “genera mucho sufrimiento”: “la que no da el tipo, la que está más gorda, todas se sienten feas, piensan que les falta algo”. A esas edades, puntualiza, “una quiere ser aceptada y querida, no señalada”. Se las presiona para que se sexualicen muy pronto, cuando no están en condiciones de rebelarse ni quieren ser la rara de la clase.

Otero advierte de que acceden a contenidos “tremendamente misóginos desde edades muy tempranas”, muchas veces sin ningún tipo de acompañamiento: “Es muy preocupante que nos encontremos en las aulas de cuarto y quinto de primaria a alumnado que te verbaliza que consume pornografía”.

Herradón reconoce que la mayoría del alumnado de sexto de primaria ve porno, una fuente de información sobre la sexualidad misógina y violenta que redunda en la cosificación de las mujeres.

Pero también el mercado es un actor importante en la hipersexualización de las niñas. En las colecciones infantiles hay bikinis con relleno para niñas de tres años, faldas de cuero, minifaldas exageradas y escotes hacia el pecho, rejillas…

Gimeno habla de la “comercialización de la vida”: “El capitalismo influye, el mercado presiona en el mismo sentido”, asegura.