Sylvia Aguilar visibiliza con «Basura» la vida entre desechos en Ciudad Juárez

María G. de Montis | Madrid - 5 mayo, 2022

El mundo cabe en el basurero de Ciudad Juárez. Al menos, el mundo de las tres protagonistas de Basura, la cuarta novela de la escritora mexicana Sylvia Aguilar Zéleny, que se asoma al lugar al que van a parar todos los desechos para reflexionar sobre la culpa, el apego y el abandono. “La frontera tiene su propia cultura, su propio lenguaje, su propia socialización y su propia violencia”, explica la autora en una entrevista con Efeminista.

«Es un microcosmos que funciona como un mundo en sí mismo, es un país en el que se establecen otras dinámicas. Hay una política muy específica de los afectos y de la negociación».

Las protagonistas del libro tienen diferentes edades y contextos, pero el vertedero las vertebra. Alicia es una niña abandonada que pasa los días rebuscando en la basura, Reyna regenta un prostíbulo y Griselda es una doctora que vive al otro lado de la frontera, en El Paso. Cada una tiene una forma de entender los desechos y la ciudad fronteriza, marcada por la migración y con altos índices de delincuencia y violencia contra las mujeres.

Este libro de Zéleny (México, 1973), catedrática y autora de cuentos y novelas en los que la marginalidad, la violencia y la infancia están siempre presentes, fue publicado por primera vez en 2018 en su país natal. Cuatro años después, llega a España de la mano de la editorial Tránsito.

Un libro en torno a la basura

PREGUNTA.- Aunque no se publicó hasta dos años después, la primera versión de este libro es de 2016. ¿De dónde nace?

RESPUESTA.- Yo tenía tres cuentos y quería escribir un libro de relatos que se llamara Basura. La idea viene por un libro de Dorothy Allison que se llama Trust, un libro de cuentos sobre familias del medio oeste estadounidense. Yo quería hacer lo mismo, pero llevándolo a Latinoamérica, porque llevaba tiempo pensando sobre los basureros municipales y la frontera.

El personaje de Alicia era el protagonista de uno de los cuentos y en esa primera versión tenía un hermanito. Ambos vivían en un basurero, pero el resto de las historias tenían la basura por aquí y por allá: dentro de casa, por ejemplo.

Pero tomé un taller con la escritora argentina Luisa Valenzuela y ella, cuando oía estas historias, hablaba todo el rato de novela. “Tu novela por aquí, tu novela por allá”… Yo le expliqué que no era una novela, sino un libro de cuentos, y ella me dijo que no, que era una novela, que solo tenía que encontrar la manera de que los personajes se relacionaran. Así que empecé a cuadrar. Elegí estos tres personajes porque eran las protagonistas de los cuentos que tenía más terminados.

P.- ¿Por qué eliminó al hermano de Alicia?

R.- Porque no quería que esa niña cuidara, ¿sabes? Yo no sentía que esa mamá que abandona a Alicia abandonara a dos hijos, no me sentía cómoda con la idea de dejarla cuidando a un niño. Me gustaba más la idea de que ella se hiciera cargo de sí misma, ¿no? Porque eso es algo que tiene Alicia, esa manera de pensar y de vivir entendiendo que esa vida es lo que hay.

Basura novela Sylvia Aguilar.

Portada del libro, cedida por Tránsito.

Violencias interiorizadas

P.- Ese personaje, en concreto, es el que está sometido a más violencias. Además, las tiene muy interiorizadas, muy normalizadas.

R.- Sí, totalmente. Hay un punto de inflexión, además, que es cuando Reyna la rescata del basurero, pero para ella no es fácil adaptarse a esa otra vida por la violencia la lleva dentro: cuando la salvan, en lugar de endulzarse, está pensando en robarle a Reyna.

Para mí, Reyna representa el amor, Gris (Griselda) la culpa y Alicia la memoria. Pero, además, son mujeres de frontera. Y esa intersección las configura.

P.- ¿Cómo define la frontera?

R.- La frontera es parte de mi vida. Yo no vivo ni en México ni en Estados Unidos: El Paso no es eso y Juárez tampoco. Es un microcosmos que funciona como un mundo en sí mismo, es un país en el que se establecen otras dinámicas. Hay una política muy específica de los afectos y de la negociación. Tiene su propia cultura, su propio lenguaje, su propia socialización y su propia violencia.

Una de las cosas que más me sorprendió fue que, cuando vine a vivir aquí en 2010 (y todavía era la colita de los últimos años de guerra en Ciudad Juárez), me cruzaba con gente amabilísima. Aquí, hasta los niños se hablan de usted entre ellos.

Me di cuenta de que aquí la violencia de las calles se contaba en los periódicos, pero nadie narraba lo que pasaba dentro de las casas, que también es el resultado de la narcoviolencia, de la base militar de Estados Unidos que está aquí, de la migración… había muchas historias de esposos reteniendo los papeles de sus mujeres para que se quedasen con ellos, historias de mujeres sometidas a una violencia tremenda, ¿no? Y eso no se contaba en los medios, estaba silenciadísimo. Pasaba como pasa en la frontera, que la realidad de lo que ocurre dentro no se contaba.

Los secretos, una forma de violencia

P.- Narra la frontera como el resultado de un choque entre dos placas tectónicas, ¿no? Sensible a dos espacios violentos que la oprimen. ¿Cómo se puede luchar contra eso?

R.- Verbalizándolo. Cada uno tiene su estrategia: por ejemplo, Reyna usa el humor y el encanto. Y Gris quizás no tenga una violencia explícita dentro de casa, pero tiene secretos: los secretos y todo lo que no se dice también son una forma de violencia.

Creo que es precisamente ahí donde entra el rol de las escritoras y escritores. Este es un espacio de privilegio y la clave está en saber cómo usarlo, ¿no? Hay que verbalizar esta violencia, hay que escribirla, hay que hablarla y dar talleres, contar que los secretos también son una forma de violencia, que el silencio en la familia también puede serlo.

P.- Todo en este libro es marginal. Usted lo pone en el centro.

R.- Déjame decir algo de la basura, porque me llama mucho la atención. Pienso, por ejemplo, en los cubos de basura, en cómo los escondemos en los muebles o cómo, si los ponemos a la vista, intentamos que sean bonitos, los disfrazamos.

«Los basureros están en las afueras por un tema de contaminación, pero la basura sigue atravesándonos»

Los basureros están en las afueras por un tema de contaminación, pero la basura sigue atravesándonos. Por eso, para mí era tan importante no carnavalizar la basura o disfrazarla, ni tampoco a las trabajadoras sexuales. Hablar de personajes marginales exige cuidado y respeto, ser justa con el lugar y no exotizarlo.

Cuando llegué a Ciudad Juárez hice un voluntariado con mujeres víctimas de violencia. Muchas de ellas cruzaron la frontera ilegalmente y necesitaban demostrar que eran víctimas de violencia para que el gobierno estadounidense les diera una visa especial. Yo salía de allí destrozada, así que no me imagino cómo era para ellas.

Cuando empiezo a escribir, las escucho a ellas. Nunca he escrito lo que ellas me contaron, jamás lo haré, pero el cuerpo, la vivencia, la sensación está ahí. Eso es lo que yo quiero transmitir.