Anatxu Zabalbeascoa "gente que cuenta"

La periodista Anatxu Zabalbeascoa junto a la portada de su libro. Imágenes cedidas por Círculo de Tiza.

Anatxu Zabalbeascoa encierra en «Gente que cuenta» el arte de la entrevista

Carmen Sigüenza | Madrid - 17 marzo, 2022

Anatxu Zabalbeascoa lleva años entrevistando a algunas de las personas más interesantes de nuestro tiempo en sus diferentes ámbitos, como la literatura, la arquitectura, la música o el deporte. Ahora ha reunido estos «viajes al otro» -como denomina a las entrevistas otra de las grandes del género, Rosa Montero-, en el libro «Gente que cuenta», editado por Círculo de Tiza, con prólogo de Antonio Muñoz Molina.

«Cada entrevista de Anatxu Zabalbeascoa es un relato fiel, aunque nunca una copia. Queremos escuchar esas voces. Queremos aprender de ellas(…) el resultado, misteriosamente, es un libro sobre la sabiduría, la del vivir y la del hacer, sea lo que sea, hacerlo mejor posible, hacerlo de tal manera que no pueda mejorarse…», escribe Muñoz Molina en el prólogo de este libro, en el que aparecen Patii Smith, Edna O’Brien, Isabel Coixet, Zara Hadid, Margo Glatz, Delphine de Vigan, María Jiménez, Jacobo Siruela o Jhuma Lahiri, entre otros muchos.

Pero cada entrevista de este libro, que ya fueron publicadas en «El País Semanal», Zabalbeascoa, Historiadora de arte, periodista y autora de una docena de libros entre, relatos, arquitectura, cuentos infantiles, la enriquece con una coda, una páginas finales en la que cuenta algo de la intrahistoria de la entrevista, su trastienda, unos textos que no fueron publicados. Aspectos, detalles personales, sensaciones o algo de lo que sucedió en cada diálogo.

«Decidí darles algo más, un poco más de verdad, la verdad que no aparece en los periódicos porque las dificultades del periodista para conseguir la información no forman parte de la información”, según reza en el libro de estilo de El País, explica a Efeminista la autora.

Un fresco de voces plural e internacional

P.-Mujeres y hombres escritores, artistas, antropólogos, arquitectos, diseñadores, cantantes… ¿Cómo ha sido la selección de estos entrevistados?

R.- Por impulso e intuición. Casi todos han sido descubrimientos que quise compartir y propuse a mis jefes. Gente que dejaba entrever historias. Personas sobre las que pensaba que merecía un esfuerzo tratar de saber más.

P.- ¿Están sus mejores entrevistas o son las que le parecen más interesantes por algo?

R.- Entre las que me parecían más interesantes (por divertidas, descubridoras o por la osadía y naturalidad de los entrevistados) intenté componer un fresco plural –de varias profesiones- e internacional.

P.- Entre ellos y ellas Isabel Coixet, Patti Smith, Delphine de Vigan, David Foenkinos, Rem Koolhaas, Zara Hadid, Colita, María Jiménez, Patricia Urquiola, Mary Karr, Jhumpa Lahiri, Carlos Moreno, Jacobo Siruela… ¿Todas las entrevistas son elegidas por usted?

R.- Sí, yo soy la que propongo. A veces me encargan otras y aplico el mismo esfuerzo (pero todas estas las propuse por interés propio).

Vidas de las que poder aprender

P.-  ¿Qué tiene que tener un entrevistado para que le interese?

R.- Una vida de la que poder aprender y ganas de contarla. Ideas y hechos. Reflexión, vivencias, aprendizajes. Una buena historia y cabeza.

P.-  El arte de la entrevista necesita tiempo y escucha. Algo que se aprecia en sus entrevistas; sin embargo, ahora las entrevistas se han convertido en promoción en la mayoría de los casos. Incluso en cine o música son escasos minutos. ¿Qué opina?

R.- Muchas gracias. Estoy de acuerdo en que una entrevista necesita tiempo, antes durante y después. Y me parece que lo otro son declaraciones, no entrevistas. Un periodista siempre pregunta, pero no siempre entrevista. Dedicar solo 15 minutos a una entrevista solo puede ser interesante para que ese entrevistado aparezca mucho en la prensa, pero no para que diga algo. Si dice algo, será siempre lo mismo. Ese tipo de entrevistas tendrá un interés económico, pero difícilmente de contenido, parece pensado para lectores que no leen. Y eso es un oxímoron.

A mí ha costado mucho llegar a hacer estas entrevistas como para no dedicarles todo mi esfuerzo y mi tiempo. Claro que no son rentables económicamente, pero sí vitalmente.

«Una buena entrevista es un género impactante porque pones la verdad en boca de una persona».

P.-  ¿Cómo ve este momento periodístico la entrevista, que muchas veces hay que defender con vehemencia ante los redactores jefes porque dicen que no se vende?

R.-  Creo que esto remite a las entrevistas promocionales de las que hablábamos. Una buena entrevista es un género impactante porque pones la verdad en boca de una persona. El problema puede estar en creer que poner en marcha la grabadora y hacer una pregunta da como resultado una entrevista.

Las entrevistas de «Gente que cuenta»

P.- En «Gente que cuenta» añade unas páginas finales en cada entrevista de la intrahistoria de la entrevista. Incluso cuenta algún aspecto de su propia vida en ese momento, y eso la hace muy atractiva, porque es como la trastienda de la entrevista y suma. ¿Cómo se le ocurrió?

R.- Eva Serrano, la editora de Círculo de tiza, me propuso hacer el libro y contesté que no porque las entrevistas están en la web. Me insistió, me dijo que se leerían de otra manera. Lo volví a pensar. Me pregunté a quién podía interesar. Tal vea a estudiantes de periodismo, tal vez a gente curiosa. Y entonces decidí darles algo más, un poco más de verdad, la verdad que no aparece en los periódicos porque “las dificultades del periodista para conseguir la información no forman parte de la información”, según reza en el libro de estilo de El País.

P.- En muchas de las entrevistas, sobre todo a mujeres, la infancia complicada, el dolor, incluso algún maltrato o violaciones, son un factor común. ¿La herida es uno de los acicates para transformar ese dolor en belleza en creación?

R.-  Claro que sí. El arte es esperanza. Y es luz en las heridas. Y el trauma, y las propias heridas, son el pozo donde el ser humano hace el viaje de lo peor a lo mejor de la vida. ¿No?

P.-  La verdad es una de las cosas que más atraen de sus entrevistadas y entrevistados. Su labor tiene algo también de psicoanalista, de escucha. ¿La ha hecho este trabajo más sabia, más humana?

R.- Tengo la suerte de llevar toda la vida aprendiendo con mi trabajo. Preferiría ser más humana que más sabia, aunque me parece que va junto. Por lo demás: sí, es una labor de escucha cuando estás entrevistando. Para eso tienes que tener el personaje en la cabeza y la cabeza lista para dejarte sorprender, para que no te cuadre lo investigado. Para escuchar hay que tener tiempo y merecerlo. Tal vez cuando uno se prepara bien una entrevista se hace merecedor de ese tiempo, creo. Y, en mi experiencia, de la confianza del entrevistado/a.

P.- ¿Una mujer tiene mayor psicología o paciencia para escuchar?

R.- Lo lógico es que haya de todo. Sí ha habido grandes entrevistadoras mujeres, pero también mujeres impertinentes, hombres poco observadores… Creo que en un diálogo lo importante es dirigirse a la persona adecuada y esforzarse para que esa conversación sea un intercambio de verdad.

P.-¿Lo ha pasado mal en algunas ocasiones? Por ejemplo, como con Edna O’Brien, quien preguntó a su editora si estaba segura de que usted era inteligente.

R.- Claro. Sobre todo con las cancelaciones, los cambios de planes cuando tienes que rendir cuentas a un jefe, es decir: siempre. Mi hijo Pablo siempre repite que lo que dice A de B no habla de B si no de A. Pues eso. No te puedes tomar como personal algo que, en realidad, es una información sobre la propia entrevistada.

Edna O’Brien tuvo todo el tiempo del mundo para posar sonriente. Cuando le tocó sentarse a contestar empezó a quejarse de lo mal que la habían tratado en el avión. Ella, que ha narrado en sus novelas la dureza de su infancia irlandesa, se quejaba de falta de atención. Traté de contemporizar. En lugar de darle la razón y sumarme a la crítica a las azafatas, le dije que había pasado por cosas peores. Fue entonces cuando preguntó a su editora si estaba segura de que yo era inteligente. Evidentemente en aquel momento no lo fui. Tendría que haber recordado que tenía 84 años y darme cuenta del reconocimiento tontón que estaba buscando. Su editora lo hizo mejor: le pidió una copa de vino blanco.

Quedan muchas mujeres a las que dar voz

P.- ¿A quién le gustaría entrevistar y no ha podido aún?

R.- A los mismos que a muchos de nosotros: Milan Kundera. O a otros, admirados por mis hijos, para tratar de entenderlos mejor, a mis hijos.

P.- ¿Cree que todavía hay muchas mujeres en todos los ámbitos a las que hay que dar voz?

R.- Sin duda. Los que no lo hacen se lo están perdiendo. Han vivido mucho, tienen mucho que contar, están dispuestas a hacerlo y no repiten siempre lo mismo porque, con frecuencia, pocos les han preguntado antes.

P.- Gay Talese decía que la grabadora mató la entrevista y al periodismo. ¿Qué opina? ¿Cree que también hubo mucho de prepotencia y machismo en esto del llamado nuevo periodismo en los 60 ?

R.- La grabadora es un seguro para el entrevistado y para el entrevistador. Sólo puede perjudicar a quien no busca claridad. Yo la dejo muy visible. Y la gente pide, con frecuencia, off the records. Tenemos necesidad de ser escuchados.