Imagen de la portada de 'Ana No'.
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'Ana no', ser roja, pobre, viuda y analfabeta en la España de posguerra
Hay libros que traspasan fechas y años, que es, por otra parte, lo que caracteriza a una buena obra de arte, y eso es lo que pasa con la novela Ana no, de Agustín Gómez Arcos (Enix, Almería, 1933-París, 1998), un escritor que vivió en Francia, donde triunfó escribiendo en francés y fue todo un símbolo, y paladeó por dos veces el premio Goncourt, pero al final se lo retiraron, mientras en España se le ignoró. Regresó una vez muerto Franco, pero no tuvo ningún reconocimiento y volvió a Francia, donde murió.
Está enterrado en el cementerio de Montmartre, la necrópolis de los artistas, y su nombre es estudiado en los libros de texto.
Ana, no, ser pobre, roja, viuda y analfabeta en la posguerra
Desde hace un par de años, la editorial Cabaret Voltaire está reeditando todas sus obras, como El cordero carnívoro, María República, El niño pan o Ana no, un libro publicado por primera vez en 1977 en francés. Ahora vuelve a los anaqueles de las librerías y los clubes de lectura siendo un libro poético y doloroso, desgarrador que habla de la memoria de una herida silenciada, la de las mujeres que perdieron a sus maridos e hijos desaparecidos en las cárceles franquistas y en las fosas comunes.
Mujeres anónimas que tuvieron que guardar silencio y fueron víctimas del régimen, condenadas a la miseria en los pueblos de España e invisibles para una sociedad que solo las veía cuando las fuerzas vivas proclamaban el día de la caridad.
Ana emprende un viaje a los 75 años para ver a su hijo en la cárcel
Este es el caso de Ana, la protagonista del libro de Gómez Arcos, Ana Paucha, una mujer del sur, una mujer de mar, de sol, enamorada de su marido y con tres hijos. El marido y dos de sus hijos mueren en la guerra civil y su hijo pequeño está preso y condenado a cadena perpetua en una cárcel del norte de España.
Así, el libro es un viaje que Ana, analfabeta y pobre, emprende a los 75 años, andando en zapatillas desde el sur hasta el norte para ver a su hijo preso, al que le lleva un pan de aceite con almendras, anís y mucho azúcar y del que no se separa nunca, pegado a sus entrañas.
En este intenso y duro viaje que emprende a la intemperie se va cruzando con miles de adversidades y personajes, entre ellos, uno que la enseña a leer y escribir, algo que la ayudará a nombrar a la Ana que fue niña, madre, esposa, una mujer sin identidad que termina por convertirse ya cerca de la muerte en una Ana sí.
Mujeres silenciadas y el espejo de la miseria humana
Un gran libro que duele pero que es un grito de dolor, bello y necesario que abre heridas y reivindica a las mujeres silenciadas y pone el espejo a la miseria humana.
Para quien desee conocer más la vida de Agustín Gómez Arcos, Laura Hojman ha realizado un intenso documental sobre su vida y obra bajo el título Un hombre libre. Un recorrido por la vida y literatura de un escritor "radical", como lo definió en una entrevista a EFE esta cineasta sevillana, quien ya realizó otro gran documental sobre María de Lejárraga, con el título 'A las mujeres de España. María Lejárraga.
El documental sobre Gómez Arcos acaba con una frase rotunda del escritor, dicha en francés: "España soy yo". Y Hojman añade: "Esto es el documental porque nos habla de cómo se ha construido España. A base de silencios. Es el momento de recuperar esas voces y traerlas a nuestro tiempo para construir una España más diversa en la que quepamos todos", decía.
Memoria y feminismo
Y sobre Gómez Arcos destaca: "Cuando alguien ha sufrido tanto, se ha sentido señalado y ha sido expulsado de aquello que le pertenecía, tiene derecho a escribir desde el dolor y estar enfadado. Con ese enfado escribe sobre memoria, feminismo, libertad y amor".
Afirmaba Hojman que "Gómez Arcos es el símbolo de un patrimonio cultural impresionante que perdimos".
"Todas esas miradas y experiencias en los márgenes -incide- quedaron fuera del marco homogéneo de la dictadura, y al dejar fuera esto, España perdió un valor cultural que tiene que ver con nuestra construcción como sociedad".
"Sin memoria perdemos identidad"
Hojman, que trabaja con la memoria como eje, explicaba que ésta es "una herramienta de construcción de futuro; sin memoria perdemos la identidad", aseguraba en la entrevista con Efe, al tiempo que expresaba su preocupación por los discursos y narrativas que "blanquean el franquismo", lo que achacó al "poco cuidado" que se ha dado en este país a la memoria colectiva".
"Qué importante es conocer de dónde venimos y ponernos en otros lugares, en otros ojos, y generar empatía y comunidad", concluía.