María Lejárraga feminista escritora

Escena del documental. Cedida.

Laura Hojman propone rehabilitar a María Lejárraga, escritora y feminista

Magdalena Tsanis | Madrid - 21 abril, 2022

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Fue novelista, dramaturga, diputada en la Segunda República y autora de clásicos como Canción de cuna o el libreto de El amor brujo, pero los libros de texto no la mencionan. Un documental propone rehabilitar el nombre de María Lejárraga (San Millán de la Cogolla (La Rioja), 1874 – Buenos Aires, 1974), quien firmó su obra con el nombre de su marido, Gregorio Martínez Sierra.

«Adoptar seudónimos ha sido una estrategia común a lo largo de la historia porque existía y existe aún esa mirada prejuiciosa sobre las obras culturales hechas por mujeres, parece que están destinadas solo a otras mujeres y algunas autoras querían evitar esa etiqueta para estar en condiciones de igualdad», explica a Efe Laura Hojman (Sevilla, 1981).

La directora sevillana, que había filmado previamente un documental sobre Rubén Darío (Tierras solares, 2018) y otro sobre Machado (Antonio Machado, los días azules, 2020), descubrió a Lejárraga a través de escritoras como Vanessa Montfort y Antonina Rodrigo, que participan en la película.

«Cuando empecé a leer sobre ella, su vida y las cosas que había hecho, sentí primero una fascinación absoluta y después una sensación de rabia porque hubiera caído en el olvido, esa fue la chispa para el documental, lo sentí como un acto de justicia y de reparación porque por desgracia habla mucho de cómo este país ha dejado en el olvido a tantas mujeres».

Una historia de verbena

Lejárraga y Martínez Sierra se conocieron en una verbena en Carabanchel (barrio de Madrid) y desde un primer momento les unió la pasión por el teatro, cuenta Montfort en el documental. Se casaron en 1900: ella era maestra y él estudiante de Derecho, aunque nunca acabó la carrera.

Publicó un primer libro de cuentos para niños firmado con su nombre real pero su familia la criticó duramente por «exponerse» a la mirada del público y a partir de entonces empezó a usar el seudónimo de su marido y a colaborar con él.

A día de hoy, en Wikipedia sigue figurando él como uno de los fundadores de la revista modernista Helios, junto a Juan Ramón Jiménez o Ramón Pérez de Ayala, pero la que escribía, en realidad, era ella. «Él era más bien un gestor cultural, con mucha labia», dice Rosa Montero.

Su primera novela se publicó en 1906, Tú eres la paz, y la escribió durante un periplo europeo con una beca que obtuvo como maestra. La trama, con tintes de autoficción, giraba en torno a un triángulo amoroso que sucedía en paralelo a un acercamiento de Martínez Sierra a la actriz Catalina Bárcena, con quien acabaría emparejándose y teniendo un hijo.

Una de sus obras más célebres fue Canción de cuna (1912), representada con gran éxito desde Broadway a Buenos Aires o París y con la que ganó el premio nacional de literatura dramática. El texto, que José Luis Garci llevó al cine en 1994, bebía de sus recuerdos acompañando de niña a su padre, médico en un convento de monjas.

El documental narra también cómo surge su amistad con Turina y con Falla, con quien visitó la Alhambra en un viaje del que nació el clásico Amor brujo.

Una obra perdida

Incluso tras separarse de su marido, el tándem Lejárraga-Martínez Sierra siguió operando del mismo modo. «A ella no le interesaba la fama ni figurar», afirma Hojman. Pero lo que no calculó bien es que al morir su marido en 1947 perdería su nombre literario y el control de su obra.

«Hoy día está ampliamente aceptado que la escritora era ella porque hay muchas pruebas, pero persiste cierta controversia porque legalmente, por derechos de autor, las obras tienen que estar firmadas por Gregorio Sierra, ya que cuando él muere no ratifica en su testamento el reconocimiento de ella como autora», explica Hojman.

Si en alguna de sus obras resulta más evidente la autoría de Lejárraga, es en Cartas a las mujeres de España (1914), recopilación de artículos periodísticos en los que incitaba a las mujeres a la independencia personal y profesional y a que no sintieran rubor por proclamarse «feministas».

Sin embargo, ella misma no se sinceró hasta que publicó unas memorias, ahora sí firmadas con su nombre, con el título Gregorio y yo (1953).

Lejárraga, activista sufragista

La segunda parte del documental se centra en la faceta política de Lejárraga, activa sufragista e impulsora de asociaciones de mujeres como el Lyceum Club y la Asociación cívica para la educación de la mujer. En mayo de 1931 se afilió al PSOE y en las elecciones de 1933, las primeras con sufragio femenino, accedió al Congreso de los Diputados como número dos por Granada.

«Tenemos la impresión de que España siempre ha estado a la cola en derechos sociales y avances, pero esa España de los años 20 y 30 era efervescente y se abría camino a un lugar avanzado y libre», afirma Hojman.

«Las mujeres fueron motor de cambio social, consiguieron grandísimos avances, pero esa España -previa a la Guerra Civil- no la conocemos y una de las intenciones del documental es hablar de ese país que pudo ser, algo que ya estaba en Los días azules, pero ahora desde el punto de vista de las mujeres».

En este sentido, Hojman reivindica una idea que también lanza Montfort en el documental y es la necesidad de «un proceso de recuperación de la memoria histórica de las mujeres».

Según Montfort, el caso de Lejárraga es «el mayor fraude de la literatura española». La profesora y académica estadounidense Patricia O’Connor publicó un ensayo en los años sesenta atribuyéndole, con pruebas, la totalidad de las 90 obras que firmó su marido, pero el caso nunca tuvo mucho impacto.

Lamentablemente, dice Montfort, el silencio no se debe tanto a «una conjura» como al «desinterés».