Almudena Sánchez escribe en «Fármaco» un libro valiente y literario sobre la depresión

Carmen Sigüenza - 13 mayo, 2021

«Hoy no me pudo levantar del sofá, no sé por qué, y llega otro día, y otro, y tampoco… ¿Qué me pasa?  ¿Cómo de repente tengo un fundido en negro?» Esto le pasó un día a la escritora Almudena Sánchez y esto es lo que les pasa cada día a cientos de miles de personas, más mujeres, y la palabra que abarca este desgarro, este manto negro que cubre una vida, de pronto, este padecimiento, es: Depresión.

Y de la enfermedad de la depresión habla Almudena Sánchez (Mallorca, 1985) y lo hace de forma muy delicada y literaria en «Fármaco» (Literatura Random House). Un libro íntimo, pero universal, nada triste, sino real y con toques de ironía, en el que la autora retira el velo al tema de la enfermedad mental, de forma bella e inspiradora, con una escritura valiente, que quiere alejarse totalmente de los libros de autoayuda, y que muestra su herida, una herida «triste», porque «es hora de que la fragilidad salga al escenario«, explica en una entrevista con Efeminista.

Fármaco

Cubierta de «Fármaco», escrito por Almudena Sánchez, que publica Literatura Random House. Foro: Literatura Random House

P.- En un  momento en el que los trastornos mentales, la depresión, la ansiedad o el estrés ha sufrido un aumento por la pandemia, y en el que se necesita hablar de los cuidados y la fragilidad del ser humano, aparece «Fármaco», un libro en el que relata su depresión.

R.- «Yo creo que este es un momento en el que se está debatiendo, por fin, o se está empezando a hablar, ‘tartamudeando’, sobre salud mental. Creo que es bueno. La ciencia está avanzando a golpes agigantados, cada vez tenemos más fármacos, pero en términos humanísticos no podemos hablar de esto así. Cada vez que alguien intenta hablar del tema le interrumpen o le dicen ‘vete al médico’, le insultan o se lo toman a broma. Creo que estamos muy atrasados en lo que se refiere a hablar de forma sensible y humana de esto. Yo lo he sufrido. He sufrido otras enfermedades físicas en las que me han apoyado mucho, pero no así en la enfermedad mental. Te sientes muy desprotegida, te sientes incomprendida y te sientes mal, te sientes loca.

«Es hora de tratar una enfermedad mental de la misma forma que se trata una enfermedad física».

Y creo que es hora de tratar una enfermedad mental de la misma forma que se trata una enfermedad física. Ojalá lleguemos en algún momento a ese nivel de comprensión, y con el libro quería hacer énfasis en eso, en que empecemos a tratarla con normalidad, entenderla, sensibilizarnos con ello. Hay que empezar a normalizar estas conversación.

P.-  La enfermedad mental siempre ha sido un estigma social, y solo el arte, la literatura, la creación… han hablado de ella. ¿Cree que la literatura, el arte en general,  ayuda a sanar ? ¿A usted la palabra, el hacer literatura de la enfermedad, la ha ayudado? 

R.- Bueno, yo creo que las cabezas se descolocan y es algo normal. La palabra depresión también tiene mucho que ver con la presión, ¿no? Cuando tú presionas mucho tu cerebro, tienes un montón de acumulación de traumas y también responde a un concepto medicinal químico, es cúmulo, digamos. Eso pasa y se ve reflejado en el cuadro de ‘El grito’, de Munch, por ejemplo, en el ‘Guernica’, de Picasso, también. Todo es un mundo totalmente descolocado que hay que comprender. En la música, por ejemplo, Béla Bartók, cuando hacía las disonancias. Sentía que su cabeza no estaba estructurada. ‘No estoy bien’, decía, ‘veo muchas sombras ahí’, o ‘El Quijote’, que es exactamente un canto a la locura.

«La locura para nada es buena. Estoy totalmente de acuerdo en curarla»

Yo me sentía muy lúcida cuando estaba tomando antidepresivos y y veía el mundo de forma existencialista, y lo veía con muchísima más inteligencia y lucidez. Ahora que ya no lo estoy tomando, ya no lo veo así. No quiero decir que la locura para nada sea buena. Yo de hecho, estoy totalmente de acuerdo en curarla, porque no se pasa nada bien. Sufres mucho también, aparte de verlo de una forma más lúcida, se sufre mucho. Es una especie de existencialismo a lo bestia. Y lo sé porque lo he sufrido, es real, nos pasa. Nos pasa a nosotros y les pasa a los animales también, y es una enfermedad como cualquier otra.

Quiero decir que me gustaría, por fin, que se tratase de forma normal. Yo eso lo he echado mucho de menos y, por supuesto, creo que el arte ayuda. Bueno, yo a mi libro no lo llamo arte porque me da mucho respeto, pero espero que sea un testimonio. He intentado hacerlo lo más auténtico, poético y sensible posible para que podamos entender que es una faceta nuestra, que tenemos que pensar en ella, que asimilarla y que tratarla como algo normal.

P.-  Las mujeres son dos veces más propensas que los hombres a sufrir depresión. ¿Afecta la presión social y familiar, la vulnerabilidad o fragilidad. ¿Cómo lo ve?

«Si un hombre está loco, es un genio, ¿no? Fíjate, hasta Van Gogh cortándose la oreja. Es un genio, ¿no? Pero una mujer loca es una loca de los gatos»

R.- Creo que estamos sometidas a mucha más presión. Es decir, una mujer tiene que aguantar cosas que un hombre no tiene que aguantar. Y hay un punto de machismo. Por ejemplo, si un hombre está loco, es un genio, ¿no? Fíjate, hasta Van Gogh cortándose la oreja. Es un genio, ¿no? Pero una mujer loca es una loca de los gatos. Hay que encerrarla y que no hablen con ella. No es capaz de hacer arte. Bueno, pues ahí estamos en esta dicotomía, que me parece completamente machista para las mujeres. Las mujeres con trastornos mentales lo han pasado infinitamente peor que un hombre con trastorno mental. Precisamente porque seguramente había una mujer cuidándole al hombre también y con menos prejuicios, seguramente.

Las mujeres trastornadas, por llamarlo de alguna forma, con problemas mentales, han estado solas. Sola, ella, abandonada. Bueno, menos mal. Eso le pasó a mi abuela, lo cuento en el libro. Estaba sola. La llevaban a veces al balneario. No tenían un fármaco para ella. Estuvo, no sé, cuarenta años de sufrimiento continuo. Mi madre, que no me ha contado mucho, sí que me contó que se podía pasar horas mirando un cuchillo. Así que imagínate.

Se las trataba de neuróticas o locas. Si tenías, por ejemplo, un día malo, ya te preguntaban si tenías la regla. Es muy misógino. Espero que se vaya cambiando. El cerebro de ellos y de ellas es el mismo. Si tenemos un cuerpo exactamente igual, una misma calavera, entonces yo digo que al final todo es cosa del lenguaje. Cosa de tradición y prejuicios. Claro que sí.

P.-  Cuándo escribiste este libro estabas también enferma. ¿Cómo lo construiste?

R.- Al principio no podía prácticamente escribir sobre esto. Tenía unos libros medio empezados que eran sobre otros temas, un libro de cuentos, un libro sobre la adolescencia… pero desde que me empezó a pasar esto, no pensaba en otra cosa que en el misterio de lo que me estaba pasando.

No me había pasado nada concreto. No tenía ningún motivo. No había sufrido una ruptura, no se me había muerto nadie. Entonces yo decía: ¿Cómo ha pasado esto, que yo no puedo moverme del sofá ni hoy, ni mañana, ni pasado, y que creo que me voy a morir? Y no me muevo y pasa un mes, y otro. Estaba alucinando con lo que me estaba pasando y me dije: Bueno, yo soy una escritora, creo que tengo esa facilidad de expresión. Y al final lo que te sale bien escribiendo es lo que te importa, lo que te está obsesionando en el momento. Me dije: Esto es un tema muy difícil, lo que hay son muchos libros de autoayuda o los muy técnicos de la universidad. Entonces me propuse hacer algo literario, personal y al estilo Clarice Lispector, sensorial.

Empecé cogiendo apuntes en una libreta. Ni siquiera podía coger el ordenador y fui apuntando mis pesadillas y lo que iba sintiendo, las dosis de medicamentos que  me recetaban, cómo me las iban cambiando, las visitas al psiquiatra. Pero tenía una cosa muy desestructurada. Y, bueno, el año pasado le di una línea narrativa y no quería que fuera empalagoso ni demasiado sentimental. Quería que fuera algo verdadero, no de una treintañera que de repente tenía depresión en la flor de la vida. Creo que esto les está pasando a muchísimas personas más y creo que había que contarlo.

P.-  ¿Y la  idea también de incluir unos tuits?  

«La depresión no tenía ese nombre. La melancolía moderna ahora ya es depresión«

R.- Algunas de las cosas que podía hacer era mirar y ver a personas que hablaban sobre la tristeza. Entonces tuiteaba, era apretar un botón, simplemente, porque no tenía energía para nada. Pero, bueno, yo miraba eso y sentía empatía por esos tuits. Entonces pensé incluirlos y dejarlos como una estructura fragmentaria. Estamos en una época en que las redes sociales son importantes y eso es innegable. Y este es un libro de ahora sobre la depresión. No he leído otros libros así. La depresión no tenía ese nombre. La melancolía moderna ahora ya es depresión. Decidí que que estaba bien ambientar el libro en la época en la que estamos. Así que decidí meter los retuits.