La escritora Alicia Valdés y la portada de su libro 'Auge'. Autora del retrato: Isabel Sangro. Fotografías cedidas por Penguin Random House
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Alicia Valdés describe la capitalización política del malestar de los hombres jóvenes en 'Auge'
La politóloga y escritora Alicia Valdés identifica una trampa discursiva en la que, afirma, ha caído parte de la sociedad y de la clase política al abordar la radicalización de parte de la juventud y advierte de que los malestares contemporáneos de los hombres no se originan en el feminismo, como refleja la extrema derecha, sino en el "declive de un sistema mundo, económico, social y político que es el capitalismo".
Para la autora del ensayo Auge. Género, juventud y extrema derecha (Debate), la conversación actual sobre los hombres jóvenes se ha convertido en una "profecía autocumplida" alimentada por el alarmismo mediático y una dinámica que prefiere señalar culpables antes que pararse a comprender el origen del problema: "Si seguimos la narrativa de que los chavales son fascistas por culpa de las feministas, estamos comprando el diagnóstico de la extrema derecha".
"¿Para qué queremos saber quién es el culpable de un fenómeno? ¿Para llevar a cabo una especie de castigo sádico?". Con esta interpelación, Valdés asienta las bases de un texto que, según cuenta en una entrevista con Efeminista, nace de la urgencia. Su motivación inicial fue la "necesidad de responder al alarmismo" que detectaba en los medios de comunicación, impulsado por lo que describe como una crisis periodística donde el catastrofismo es la moneda de cambio para conseguir más clics.
Frente a esta estigmatización constante, a menudo justificada por encuestas que, advierte Valdés, son solo "una foto fija de un momento concreto" y deben constituir una excusa para escribir titulares sensacionalistas, la autora reivindica la necesidad de acercarse a esta generación desde una perspectiva empática y libre de prejuicios.
"La juventud a día de hoy no es la juventud que había hace años y quienes nos acercamos a ella tenemos que hacer siempre un ejercicio de comprensión".
Nutriéndose de la teoría política y de su contacto directo con la realidad social a través de su propia experiencia trabajando con menores en el sistema de justicia juvenil, Valdés desmonta la nostalgia por los viejos arquetipos y ofrece una radiografía lúcida sobre la masculinidad y su revolución, para buscar soluciones reales frente al malestar capitalista y el espejismo de las redes sociales.
La caída del "Hombre con H mayúscula"
Para entender la deriva radical de una parte de los hombres jóvenes, Valdés apunta directamente a la crisis del sistema capitalista y a los arquetipos sobre los que este se construyó. El primer paso para este análisis, advierte, es reconocer la propia heterogeneidad: "No hay un sujeto individual o único que es el hombre, sino que están los hombres".
Históricamente, apunta la autora, el sistema ha ensalzado la figura del "Hombre con H mayúscula", el proveedor que trabajaba fuera y "ganaba el pan", frente a la "Mujer con M mayúscula", relegada al hogar.
Mientras que la caída del arquetipo femenino ha permitido a las mujeres emanciparse e imaginarse desde una perspectiva plural y revolucionaria, la caída del arquetipo masculino ha tenido una respuesta muy distinta.
"Ante la caída del Hombre con H mayúscula, parece que la reconfiguración que se está dando no es en términos de crítica, sino de nostalgia", argumenta Valdés.
Conceptos virales hoy en día, como el de los hombres "de alto valor", no son para la autora más que "discursos nostálgicos" sobre un modelo inalcanzable.
Valdés sitúa el foco del problema lejos de la guerra de sexos y explica que, ante la frustración que genera la imposibilidad de alcanzar este estándar caduco, la extrema derecha irrumpe para capitalizar el descontento.
Según afirma, se trata de una hábil instrumentalización política que simplifica una fractura estructural profunda con caricaturas misóginas a través de movilizar el miedo y la ira: "Hay un montón de hombres de clase obrera que ya no entran en el hombre con mayúscula. Ah, pues culpa de las que no se depilan los sobacos, ¿no?".
Un malestar real "secuestrado por la extrema derecha"
El éxito de la extrema derecha, insiste la autora, radica en haber secuestrado un malestar que es real y profundo para distorsionar la concepción del feminismo. Ante una generación de jóvenes nacidos a partir de los 2000 que se enfrenta a "la precariedad, la incertidumbre y un futuro apocalíptico", el discurso reaccionario ofrece una narrativa tramposa: convencerlos de que el feminismo va en contra de los hombres.
La problemática, advierte Valdés, es que este discurso está calando de manera transversal, arrastrando a fuerzas progresistas y de centro que terminan comprando y validando el diagnóstico conservador.
Frente a este enfrentamiento diseñado, la politóloga es tajante y defiende que la raíz de esta crisis no se encuentra en la emancipación de las mujeres, sino en los cimientos de un sistema fallido.
Dejar de hablar de ellos y empezar a actuar con ellos
Contra esta espiral de estigmatización, Valdés exige pasar a la acción política, alejándose de una mirada "adultocéntrica" que se limita a culpabilizar a las familias o al sistema educativo, como a menudo reflejan los productos culturales de éxito audiovisual, como la serie Adolescencia.
A esto, Valdés añade la urgencia de intervenir en el terreno donde hoy se libra "la verdadera batalla cultural", el ecosistema digital.
"Hay un problema muy claro con las redes sociales; son la privatización de internet de la mano de un algoritmo controlado por magnates que cojean de la derecha", afirma Valdés, que exige repensar los espacios de interacción juvenil.
Sin embargo, apunta que la inacción institucional sigue siendo el mayor punto ciego de esta crisis. Mientras los diagnósticos pesimistas se acumulan en tertulias y periódicos, la autora expone: "Si los problemas de incertidumbre del sistema capitalista están generando malestares con sintomatologías graves en personas adultas, ¿qué no van a hacer en gente joven?".
"La primera causa de muerte en el Estado español entre los jóvenes es el suicidio. Claramente, algo está sucediendo", expone.
Para Valdés, la encrucijada no admite más demoras ni discursos vacíos: "Podemos hacer dos cosas: decir que estos chavales ya están perdidos, o intentar entender qué está sucediendo".
Tras años de ruido mediático y debates estériles, el mensaje de su libro interpela directamente a las administraciones públicas: "Llevamos dos o tres años con la conversación pública en torno a los jóvenes, pero yo todavía no he visto cosas concretas ni políticas públicas para acercarnos a ellos", concluye.