La actriz, directora y guionista Leticia Dolera durante el encuentro 'La representación de las mujeres en los medios y en la cultura audiovisual', celebrado en la Universidad Carlos III de Getafe (Madrid) en el contexto del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer. EFE/Gema Mañogil
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Leticia Dolera: "En un patriarcado, el cambio o pasa por los hombres o no pasa"
La actriz, directora y guionista Leticia Dolera (Barcelona, 1981) ha lanzado un mensaje sobre la necesidad de unión ante la ola reaccionaria que polariza y enfrenta a la ciudadanía con discursos de odio, al tiempo que ha convocado a las nuevas generaciones a tomar parte activa en el feminismo, porque "en un patriarcado el cambio o pasa por los hombres o no pasa".
Dolera ha pronunciado estas palabras durante el encuentro La representación de las mujeres en los medios y en la cultura audiovisual, celebrado en la Universidad Carlos III de Getafe (Madrid) en el contexto del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer y que ha contado con la periodista de Efeminista Carmen Sigüenza para dialogar con la cineasta, quien ha estrenado recientemente la serie Pubertat, que ha escrito, dirigido e interpretado.
Leticia Dolera, Pubertat
Con la serie asegura que pretende aportar nuevas narrativas al debate sobre la sexualidad, el consentimiento y la adolescencia. Una apuesta que persigue interpelar, consciente de que la transformación exige una mirada colectiva.
La ficción, un drama coral ambientado en una colla castellera catalana, arranca cuando una denuncia por agresión sexual estalla en redes sociales con tres adolescentes implicados. Un hecho que sacude y divide a las familias y a toda una comunidad que debe enfrentarse a sus propias contradicciones, límites y responsabilidades.
Pubertat, que se puede ver en HBO, plantea debates en torno a la preadolescencia, la sexualidad, las redes sociales o el consentimiento, entre otros. Debates que no ofrecen respuestas fáciles, sino que muestran una radiografía de los grises, de las heridas colectivas, de los cuerpos que se sostienen unos a otros, del legado psicológico que arrastramos y de la necesidad de reconversión social.
En palabras de Dolera, este escenario asume el reto de incomodar tanto a quienes se reclaman conservadores como a quienes se consideran progresistas, porque los conflictos reales no se resuelven con consignas simplistas, sino desde el reconocimiento del dolor compartido, la empatía y la responsabilidad social.
Los castells, una metáfora social
Para Leticia Dolera, situar Pubertat en el mundo de la tradición catalana de los castells (la construcción de torres humanas y una tradición declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad) no es una decisión estética, sino profundamente antropológica. La directora ha encontrado en esta tradición una imagen que dice la "conmueve muchísimo" porque representa lo contrario a la forma individualista en que nos relacionamos en la actualidad. "No mirar una pantalla, mirar a esa gente", una comunidad que se apoya.
En un castell, explica, no existe el éxito individual, si una pieza falla, cae todo el grupo. El bienestar no es una cuestión privada, sino colectiva. Además esta tradición permite romper el tabú del cuerpo sin sexualizarlo: "Necesitas tocarte con otros compañeros y compañeras sin un fin sexual".
Dolera reivindica que estas estructuras humanas desafían no solo la gravedad, sino también el capitalismo, ya que nadie cobra por sostener al de arriba. Así, los castells simbolizan la tesis central de su pieza audiovisual: cuando la confianza se rompe, no cae solo una persona, caemos todos.
Ficción para empatizar
La actriz y autora de Morder la manzana (2018) no pretende que su serie refuerce consignas. Al contrario, asegura, lo que quiere es interpelar a todas las personas, incluso a las que se sienten cómodas en sus certezas. No busca que encaje perfectamente con ninguna ideología, ha añadido y ha celebrado que Pubertat pueda incomodar y hacer reflexionar por igual a sectores progresistas y conservadores.

La directora Leticia Dolera y la periodista Carmen Sigüenza durante el encuentro 'La representación de las mujeres en los medios y en la cultura audiovisual'. EFE/Gema Mañogil
En el centro de su propuesta ha evitado el relato plano de ser 'agresor' o 'víctima' como una etiqueta que te defina de por vida. Y ha insistido en que las incoherencias nos atraviesan a todas las personas como a los personajes poliédricos de su serie, especialmente en torno al deseo y los límites en el despertar sexual: "¿Dónde acaba la exploración sexual y dónde empieza la agresión? Hay situaciones que no entran en lo delictivo, pero sí generan heridas", afirma.
La directora denuncia que el sistema penal y el debate público han eliminado los 'grises', pese a que es ahí donde se producen muchas de las violencias cotidianas. Por eso reivindica el derecho a hablar de aquello que incomoda, las contradicciones, las dudas y el aprendizaje.
Urge educación afectivo-sexual para jóvenes
La autora de la serie Vida perfecta (2019) dice que los relatos sobre el sexo están construidos desde la pornografía, la urgencia y el rendimiento. Frente a ello defiende un erotismo que pase por el cuidado y la ternura.
Dolera se ha dirigido a los jóvenes universitarios presentes en el Aula Magna de la Carlos III para decirles que es necesaria una reflexión crítica sobre la masculinidad y la represión emocional: "Que la sociedad patriarcal os diga que no podéis cuidar, a mí me parece superofensivo para vosotros, como si no pudierais ser tiernos, o no pudierais ser lo suficientemente fiables como para cuidar".
El uso responsable de las tecnologías, aprender a cuidar
La directora reconoce que la tecnología bien usada es una herramienta muy útil, pero advierte de la responsabilidad de los adultos de educar en un uso responsable. Denuncia que quienes siguen educando sexualmente a adolescentes son las redes y el porno, sin ningún acompañamiento formativo. Y esto se agrava por la contradicción social que señala: se les sobreprotege solo en la superficie, mientras se les expone a un universo digital diseñado para su adicción y para la objetización de sus cuerpos.
Por eso insiste en educar en consentimiento, en empatía y en escucha, no desde el miedo ni desde el castigo, sino desde el reconocimiento mutuo porque "la sexualidad es comunicación, es conocer al otro y conocerte a ti".
En este sentido, ha instado a las personas presentes en el acto a que pregunten a las mujeres de su entorno si han sufrido algún episodio de violencia sexual durante su vida. "El mero hecho de hacer esta pregunta implica una validación del sentimiento de la otra persona, es una pregunta totalmente humana y que muestra preocupación por el otro", ha concluido.
La urgencia, por tanto, es evidente, porque "sin una educación afectivo-sexual que enseñe a relacionarse a hombres y mujeres sin dolor, no habrá transformación real".