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Lucila Rodríguez-Alarcón reivindica el amor como "herramienta de construcción masiva"
"¿En qué momento dejamos de proyectarnos en un mundo posible basado en el amor y toda la proyección está basada en la supervivencia y el odio?", se pregunta Lucila Rodríguez-Alarcón, quien en su ensayo Activistas del amor lanza la propuesta radical de recuperar el amor como fuerza política, consciente y transformadora en un mundo saturado de odio, ruido e inmediatez.
Con un enfoque que combina rigurosa investigación y reflexión personal, el libro reivindica el activismo del amor como una herramienta imprescindible para imaginar y edificar utopías colectivas inclusivas, donde la lucha feminista recupere ese "amor que le llevó a crearse" como señalaba la pensadora bell hooks.
"El amor es una herramienta de construcción masiva. Lo que pasa es que al ser una herramienta tan potente, cuando ha conseguido grandes cambios, lo que ha venido después es una especie de sistema reactivo narrativo para denostarlo", explica a Efeminista Rodríguez-Alarcón, ingeniera agrónoma y experta en comunicación política, que ha liderado campañas en Bruselas, el Ayuntamiento de Madrid y organizaciones como Oxfam Intermón.
Actualmente dirige la Fundación porCausa, dedicada a la investigación y el periodismo sobre migraciones, a la que se destinarán todos los beneficios del libro, publicado por la editorial Imprenta.
Durante la entrevista, que tiene lugar en pleno proceso de presentación del libro —que firmará en la Feria del Libro de Madrid el 12 de junio y en otras ciudades como Barcelona, Bilbao o Valencia—, Rodríguez-Alarcón habla de feminismo, de desinformación, de la falta de relatos utópicos, y de cómo una sonrisa, una canción o un baile pueden ser las semillas más revolucionarias. Porque, como sostiene, "el ser humano está hecho para estar con otra gente, sonreír, abrazar y bailar".

Lucila Rodríguez-Alarcón, directora de la Fundación porCausa y autora de 'Activistas del amor' posa durante una entrevista con Efeminista en la Feria del Libro de Madrid. EFE/Laura de Grado
'Activistas del amor', una herramienta contra el odio
Pregunta (P): En el libro propones una especie de hoja de ruta para convertirse en un activista del amor. ¿Qué es esto de ser activista del amor y por qué lo considera tan necesario?
Respuesta (R): Vivimos atrapadas en un sistema de odio, sobreinformadas y es muy difícil salir de ese marco. Y ese marco está impregnado de odio, como si vivir dentro de ese espacio lleno de odio fuera la única opción posible. El libro lo que explica es que te tú puedes salir de ese marco, que esa caja en la que estás no es real, que la puedes deconstruir, que es una caja narrativa. Pero para poder salir tienes que hacer un movimiento activo, es decir, tienes que esforzarte. Tienes que hacer un movimiento activo, por eso tienes que ser activista, activista del amor, que es el la opción que proponemos dentro del libro.
P: En un momento del libro afirma que el amor es la única herramienta para acabar con el odio. ¿Qué papel tiene para situaciones como las que estamos viendo, lo que está pasando en Gaza, todas las leyes de Trump antipersonas...?
R: El amor en el libro se presenta como un acto consciente y, por lo tanto, un acto político, entendiendo la política como todo lo que regula nuestra capacidad de socializar y de ordenarnos. Cuando tú no puedes resolver algunas de las cosas de forma individual, ni siquiera de forma colectiva en comunidades muy pequeñitas, sí puedes elegir cómo gestionas todas las tensiones y las tristeza. Y la forma de gestionarlo puede cambiar tu vida y la vida de las personas que te rodean.
El libro lo que propone es: utiliza herramientas que sean amorosas, que construyan comunidad, que es lo opuesto a destruir, que es lo que hace el odio. Entiende que el bienestar comunitario es lo que te va a llevar al bienestar individual y no al revés. Y a través de herramientas como la danza, la risa, el arte y la acción comunitaria pueden hacer que tu vida sea mejor.
"El amor es una herramienta de construcción masiva"
P: El amor siempre ha estado dentro del marco del amor romántico heteropatriarcal. En el libro también reivindicas sacarlo de ahí, ¿por qué?
R: El amor es una herramienta de construcción masiva. Lo que pasa con el amor es que al ser una herramienta tan potente, cuando ha conseguido grandes cambios, lo que ha venido después es una especie de sistema reactivo narrativo para denostarlo. Estamos hablando del amor como si fuera el amor romántico, como si fuera algo ñoño, como si fuera algo hipersensible...y situándolo en un espacio en el cual el amor solo pertenece a la mujer, y además, solo pertenece al ámbito de lo privado. Y para construir solo tenemos el odio. Y tenemos ese odio o esa forma de construcción que es muy masculina, que es muy agresiva. No podemos seguir construyendo así, porque luego es muy difícil encontrarse dentro de ese espacio.
Yo propongo una construcción alternativa, donde el amor forma parte de la base sobre la que construimos, pero claro, eso es extremadamente femenino. Es la construcción comunitaria, es el entender, es el empatizar dentro de estos roles que se han creado por el heteropatriarcado, porque en realidad el amor no debería ser ni femenino ni masculino.
"Es un libro extremadamente serio"
P: ¿Cree que su libro ha sido infravalorado por esa denostación o prejuicio que aún existe hacia el amor?
R: Llevo varias entrevistas y constantemente me sucede que me hacen algún chiste sobre el tema del amor. Y me gusta aclarar que es un libro extremadamente serio. Es un libro lleno de bibliografía, lleno de investigación, lleno de recursos que permiten a las personas construir desde el conocimiento. No es una tontería.
Y es un libro en el que quise añadir una parte personal muy fuerte porque creo que es imposible construir desde el miedo al compartir las cosas personales. Si no humanizamos la forma en la que comunicamos y nos relacionamos y estamos constantemente con barreras para protegernos de todo ese entorno lleno de odio, no vamos a conseguir cambiar nada, vamos a seguir inmersos en ese sistema que tanto daño nos hace.
Activistas del amor y movimiento feminista
P: ¿Cómo se vincula este activismo del amor con el activismo y la lucha feminista?
R: Yo en el libro sí que recupero una reflexión que hace bell hooks en su libro Todo sobre el amor, que dice que «el movimiento feminista olvidó el amor que le había llevado a crearse». No solamente le ha pasado el movimiento feminista, pasó con todos los movimientos del cambio asamblearios y comunitarios que proponían otro tipo de política.
Sí que creo que el propio movimiento feminista necesita recordar que hay muchísimas personas que no van tan rápido a veces e integrar todo el espectro amplio de feminismo que representa a todas las mujeres. Hay mujeres que pueden ir muy rápido en su deconstrucción, hay otras mujeres -entre las que yo me encuentro, yo no me puedo construir tan rápido y necesito que me dejen participar y que me dejen sentir que formo parte de algo-.
P: ¿El odio y el rechazo hacia las personas trans por parte de muchas personas que se consideran feministas es un ejemplo de eso?
R: El amor per se es justo y el amor per se es igualitario y dentro de ese espacio no cabe excluir a nadie. No puede haber una lucha que sea exclusiva, las luchas tienen que ser todas inclusivas. Lo colectivo tiene que ser inclusivo.
Creo que el modelo está construido de una forma que hace muchos ruidos para que no nos ocupemos de lo que es esencial e importante. Y creo que con lo que ha pasado con el tema trans es un claro ejemplo, porque ¿qué importancia puede tener en la vida de cualquier otra persona cómo una persona quiera expresarse y determinarse o se sienta? No tiene ninguna relevancia, no va a cambiar el precio de las cosas, no va a acabar con la pobreza mundial... Y sin embargo, todo este sistema de odio magnifica cosas que son significantes. Entonces, necesitamos modelos alternativos que nos permitan ocuparnos de lo que es importante.
La ausencia de relatos utópicos
P: Hablando de modelos alternativos. ¿Qué papel tienen la ecología, el antirracismo, los feminismos... para construir utopías y futuros posibles?
R: Yo menciono en el libro a Juan José Tamayo, que habla sobre el tema de las utopías. Me encantó un ensayo en el cual él explica que desde los años 70 no hay relatos utópicos. Yo llevo toda mi carrera profesional buscando relatos utópicos y no los encuentro. ¿En qué momento dejamos de proyectarnos en un mundo posible basado en el amor y toda la proyección está basada en la supervivencia y el odio?
Si pensamos que el mundo nunca va a ser mejor, el mundo nunca va a ser mejor. La utopía es, como decía Galeano, la zanahoria que perseguimos y que nos permite avanzar. No existirá un mundo ecológico, igualitario, feminista, si no tenemos la certeza de que podemos construir una sociedad ecológica, igualitaria y feminista.
Los libros, las series que triunfan son distópicos. No hay ninguna propuesta utópica. Sense 8 es una propuesta utópica que es de las hermanas Wachowski.
P: En Activistas del amor también hablas mucho de desinformación, de verificación. Y sostiene que con esta tendencia de los medios a verificar los bulos se está cometiendo el error de intentar cambiar los marcos narrativos desde dentro. ¿Cuál es su propuesta o su alternativa aquí?
R: Yo creo que falta muchísima valentía y esa falta de valor afecta, concretamente, a nivel mediático. En un momento en el que hay una sobreinformación brutal y en el que, por ejemplo, personas que no son periodistas están ocupando los espacios informativos a través de redes informales, los medios siguen pegándose por las exclusivas y siguen haciendo todos la misma información y siguen estando en un marco que les es preestablecido desde fuera del propio medio y al servicio de intereses que muchas veces no son el interés general.
Entonces el periodismo se tiene que revisionar y tiene que crear relatos no buscando los clicks. Los medios van como pollo sin cabeza desde que se digitalizó la comunicación. Y creo que está pendiente un gran cambio. Pero para eso hace falta valor.
"El ser humano está hecho para estar con otra gente, sonreír, abrazar y bailar"
P: Cierra el libro hablando de herramientas para construir nuevos discursos, como la risa, la música, el arte o el baile.
R: Esta fue de las partes del libro que más me gustaron. Investigando me informé de cómo funciona el baile en nuestro cerebro. Y fue de las cosas más bonitas que que me ha aportado el libro.
Cuando bailamos, se activa nuestro sistema de recompensa a través de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina o las endorfinas, que generan bienestar. Lo interesante es que el baile implica una conexión entre el oído y la previsión motora: tu cerebro intenta anticipar lo que va a sonar, y si acierta, se activa ese sistema de recompensa. Por eso bailar nos hace sentir tan bien: acertar el ritmo o moverse a tiempo con la música produce una sensación de alegría creciente. El ser humano está diseñado para funcionar con ese sistema de premio y ese es un sistema que premia a la comunidad.
Lo mismo ocurre con la sonrisa: es una herramienta que viene "de serie" en el ser humano. No puedes fingir una sonrisa verdadera. Y esa sonrisa está hecha para conectar con otros seres humanos.
El ser humano es una cosa construida para estar con otra gente, sonreír, abrazar, bailar y salirse un poco de esa parte tan consciente que a veces no nos permite construir de una forma más esencial.