8M: Mujer y…

Macarena Baena Garrido - Efeminista - 8 marzo, 2022

Con discapacidad, migrante, prostituida, gitana, trans, maltratada, sintecho y mayor. Son Carmen, Nadege, Marcela, Aroa, Niurka, Rosalía, Cristina y Marta, ocho mujeres que este 8M han querido poner voz y rostro a las miles que, como ellas, sufren una doble discriminación. Ser mujer y…

Son mujeres para las que los techos de cristal son más gruesos y los suelos de barro más espesos, para las que encontrar un trabajo, alquilar una vivienda, recibir atención sanitaria o ser aceptadas en la sociedad todavía son solo deseos. Mujeres sin derechos, invisibles, señaladas, doblemente discriminadas o, simplemente, apartadas.

Este año, con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, Efeminista ha querido visibilizar, a través de estas 8 mujeres, a todas aquellas que, como ellas, se enfrentan a una doble discriminación.

Carmen, Nadege, Marcela, Aroa, Niurka, Rosalía, Cristina y Marta son mujeres de distinta raza, edad, origen y formación pero a todas les une una misma cualidad, la resiliencia, y una misma reivindicación para este 8M: igualdad.

Que se reconozcan sus derechos, que la sociedad no las señale, dejar de ser invisibles, tener las mismas oportunidades que el resto, no sufrir agresiones, ser tenidas en cuenta a la hora de elaborar políticas públicas, que se respete su espacio, regularizar su situación, que se cumplan las leyes… son sus reivindicaciones. Piden feminismo para todas, sororidad e igualdad.

Estas son ellas:

Carmen, síndrome de Down

Carmen Jiménez es madrileña, tiene 26 años y síndrome de Down. Su vida ha consistido en superar retos y no dejar de estudiar. Cursó los estudios de primaria y secundaria en centros públicos y después se matriculó en el grado de Farmacia y Parafarmacia, del que se graduó hace unos años. En esa etapa quiso vivir nuevas experiencias y se fue de Erasmus, convirtiéndose en la primera española con síndrome de Down en formar parte del programa.

Ahora trabaja como técnica de farmacia en un hospital de Madrid, donde también es la única mujer con síndrome de Down de su equipo. Sacar una oposición y el carné de conducir son sus siguientes retos.

En España hay 2,5 millones de mujeres con discapacidad, una cifra que alcanza los 41 millones en Europa y los 600 millones en todo el mundo. Algunas organizaciones estiman en 156.000 el número de mujeres con discapacidad en edad de trabajar en España y advierten de que tan solo el 12,7 % de ellas tiene un empleo remunerado.

La actitud protectora de la sociedad, que espera muy poco de ellas, y la poca confianza en sus habilidades profesionales son algunos de los estigmas a los que se enfrentan. Es necesario que se entienda que la inclusión laboral requiere ajustes y apoyos iniciales y que se conozca que son trabajadoras muy comprometidas y perfectamente cualificadas para desempeñar su trabajo.

De cada cuatro empleos que se generan para personas con discapacidad, solo uno es para una mujer y, por lo general, es el peor remunerado.

Nadege, migrante

Nadege Makougang es camerunesa, tiene 34 años y lleva un año viviendo en España. Le duelen las injusticias y quiere dar voz a todas las migrantes que salen de su país en busca de un futuro mejor.

Insiste en que las mujeres que vienen a España lo hacen por necesidad. Todas huyen de algo tan terrible como para jugarse la vida en una patera: guerra, hambre, matrimonios forzados, violaciones o vulneración de los derechos humanos.

Según datos del Portal de Datos sobre Migración en España, el número total de migrantes es de 6,8 millones, de los que algo más de la mitad, el 52,2 %, son mujeres.

La mayoría de las migrantes en situación irregular no encuentran empleo, no pueden acceder a una vivienda y tienen muchos problemas para recibir atención sanitaria. Además, muchas de ellas tiene un nivel de estudios muy bajos que dificulta su integración.

La situación de calle, el hambre y la desesperación hacen que se vean obligadas a prostituirse o que acaben siendo captadas por una red de trata.

En su travesía hasta llegar a España sufren mucha violencia y agresiones sexuales. Por el camino pierden a familiares o hijos, y llegan con una mochila llena de dificultades con las que luego hay que trabajar. En España la reintegración falla y son múltiples las trabas y dificultades que se encuentra para regularizar su situación.

Marcela, prostituida

Aunque han pasado ya más de diez años, a Marcela, una brasileña de 39 años y superviviente de trata con fines de explotación sexual, aún se le quiebra la voz cuando recuerda la forma en la que la engañaron y la obligaron a prostituirse en Portugal y España. Desde que salió del horror, hace once años, es mediadora lingüística en Apramp, donde ayuda a otras mujeres.

Su caso es el de al menos 12.000 víctimas de trata que, según el Ministerio del Interior, hay en España, aunque reconocen que la cifra real es muy superior. El negocio mueve unos cinco millones de euros al día.

Marcela, que al año de llegar a España pudo escapar de las redes de trata y prostitución, asevera que ninguna mujer en su sano juicio se ofrece para acostarse con 25 ó 30 hombres diariamente. Ni por dinero. Porque eso produce, tanto física como psicológicamente, daños que muchas veces son irreparables.

Según datos del Parlamento Europeo, unas 40 millones de personas en el mundo son víctimas de la prostitución. En Europa Occidental se calcula que son entre uno y dos millones. El 80 % son mujeres y niñas, en su mayoría de entre 13 y 25 años.

La Fundación Scelles -observatorio internacional de lucha contra la prostitución- ha explicado que se trata de un negocio mundial asociado al crimen organizado que genera unos beneficios mundiales de 100.000 millones de euros anuales, de 30.000 en Europa y de 1.800 en España.

España es el primer consumidor de prostitución de Europa y el tercero del mundo. Entre un 20 y un 40 % de los hombres españoles reconoce haber pagado por sexo.

Aroa, gitana

Aroa Silva, gitana de 32 años, se casó poco después de terminar la educación primaria, a los 13 cuando, como ella misma reconoce, «no sabes ni lo que quieres«.

Su vida ha estado marcada por la precariedad y la discriminación; cuenta que siempre se ha sentido como «un bicho», que la gente las mira por encima del hombro, y denuncia la discriminación que las gitanas sufren desde pequeñas, en sus propias familias por el machismo, en el colegio, en el ámbito laboral, en la sociedad….

Ahora, Aroa está en búsqueda activa de empleo. Se ha apuntado a un curso de inserción laboral en la Fundación de Secretariado Gitano de Mujeres Gitanas de la asociación Alborea, aunque reconoce que «la cosa va mal». Cuando una gitana va a buscar un trabajo la discriminan por ser gitana.

Todos los estudios coinciden en que las personas gitanas, y en particular las mujeres, se enfrentan a una realidad discriminatoria, racista y muy precaria. Seis de cada diez niñas y niños gitanos no terminan la educación primaria y tan solo el 17 % acaban la educación secundaria obligatoria (ESO). La cifra de paro entre la población gitana se estima en el 52 %, y el 65,5 % se encuentre en riesgo de pobreza severa. Una situación más dramática para las mujeres: tan solo el 16 % están ocupadas, mientras que el 60 % se encuentran en el paro.

También hay una importante brecha de género en el acceso a la educación: tan solo un 15,5 % de las gitanas acaban la ESO, frente al 19 % de los gitanos, y las tasas de analfabetismo, casi inexistente en la población general (2 %), doblan en el caso de ellas (14 %) a ellos (6 %). Esas cifras se extienden al empleo: la tasa de ocupación de las mujeres es del 16 %, frente al 44 % de los hombres, y el paro femenino ronda el 60 %.

Niurka, trans

Niurka, teóloga e integrante de la comisión ejecutiva de la FELGTBI+, recuerda con claridad que fue cerca de los 7 años cuando fue consciente de que era una mujer y está segura de que ese reconocimiento interior le permitió fluir con naturalidad y preparase para enfrentarse a un mundo que muchas veces la trató con violencia.

Asegura que el dolor más grande que puede llevar una mujer trans es el no ser reconocida como mujer, porque eso implica despojarla de su dignidad y su humanidad.

Integrante también del grupo de mujeres de la revuelta en la Iglesia, esta mujer lucha contra toda las injusticias que afectan al colectivo trans entre las que cita las dificultades para alquilar una vivienda, el cuestionamiento constante, la discriminación en el ámbito educativo, laboral y sanitario, la negativa en muchos espacios a reconocerlas y nombrarlas por el nombre que manifiestan.

Por todo ello, Niurka pide celeridad en la aprobación de la ley trans, que implicaría el reconocimiento de los derechos de todas las personas trans y «mucha educación» para que los más jóvenes conozcan y respeten la diversidad.

Aunque no existen aún cifras segregadas sobre la violencia que se ejerce específicamente contra las mujeres trans, diversos estudios, como uno realizado en 2020 por el Instituto Andaluz de la Mujer (IAM), señalan que las mujeres trans están expuestas a dinámicas de discriminación y violencia transfóbica, especialmente cuando se encuentran en situaciones de vulnerabilidad social, que derivan en depresión, ansiedad, abuso de sustancias, autolesiones y suicidio.

Además de la violencia, el 80 % de las mujeres trans están excluidas del mundo laboral y, en caso de acceder a un empleo, consiguen uno de carácter precario, según ha denunciado la organización Médicos del Mundo Cataluña.

Por su parte, una investigación realizada por la FRA (European Union Agency for Fundamental Rights) revela que en España el 77 % de las mujeres trans ha sufrido discriminación a la hora de buscar empleo.

Rosalía, maltratada

A Rosalía Vicente le costó 30 años denunciar la violencia machista a la que eran sometidos sus dos hijos y ella por parte de su exesposo. Sin embargo, ahora, muchos años después y tras un largo camino de dolor y posterior recuperación es «la persona más feliz del mundo».

Como la mayoría de los maltratadores, el suyo aparentaba ser una persona maravillosa delante de la gente y, cuando atravesaba la puerta de casa, se convertía en el agresor que realmente era. El último episodio, en el que uno de sus hijos tuvo que enfrentarse a él y quitarle un cuchillo, fue el detonante. Su hijo denunció.

Ahora ya con 70 años y una nueva vida, mira hacia atrás y recuerda cómo el padre de sus hijos le fue mermando toda su libertad durante esos años y la alejó de sus vecinos, amigos y familia.

La denuncia que puso Rosalía es una del 1.829.492 que desde el 1 de enero de 2009 hasta septiembre de 2021 se interpusieron en España, según datos del Ministerio de Igualdad. No obstante, solo una de cada cinco, el 21,7 % de las víctimas, denuncia a su maltratador y las que lo hacen tardan una media de casi nueve años en atreverse a dar el paso.

Desde el 1 de enero de 2003, cuando comenzaron a contabilizarse los crímenes machistas, hasta el día de hoy ha habido un total de 1.132 asesinatos machistas, según los últimos datos del Ministerio de Igualdad, 6 de ellas en lo que va de 2022.

Desde 2013 se contabiliza también el número de menores víctimas mortales de la violencia machista, una cifra que asciende a 46. Siete menores fueron asesinados en el último año. El número de menores huérfanos/as por Violencia de Género asciende a 4 en 2022 y a 340 desde 2013.

Cristina, sintecho

Cristina Fernández tiene 53 años y vive en la calle desde hace media década. Tras la muerte de su madre y después de que su pareja la echase a la calle, empezó a vivir en un albergue.

En España hay unas 40.000 personas sintecho, de las entre el 10 y el 15 % son mujeres que sufren una mayor vulnerabilidad ya que, a los riesgos propios de no tener un techo se añade la violencia machista: se estima que alrededor del 70 % ha sufrido agresiones físicas y el 50 % agresiones sexuales

Muchas han trabajado durante años dentro y fuera del hogar, sin percibir ingresos ni cotizar, por lo que la dependencia económica de sus parejas es total. «Una simple ruptura sentimental», recuerdan desde la campaña Mujeres sin hogar, de la Asociación Realidades, «puede implicar la ausencia de recursos económicos básicos para la supervivencia y el bienestar social».

El sinhogarismo femenino representa una problemática dentro del contexto español que requiere ser analizada. En los últimos años, la llamada feminización de la pobreza ha aumentado el número de mujeres sin hogar, que hace necesario implementar medidas específicas.

Las mujeres tienden a estar menos en la calle «siempre que sea posible», usando los albergues aunque «en gran medida» no están adaptados a sus necesidades higiénicas o de seguridad.

Marta, mayor

Marta Guerra tiene 75 años y ha pasado toda la vida entre dobles jornadas: por un lado, como madre de dos hijos, esposa y ama de casa, y por otro como trabajadora. «Yo lo hacía porque quería, pero fue muy duro. La mía ha sido una vida más ajetreada que la que tenían nuestras madres».

Reconoce que lo más duro de todo fue conciliar.

Se levantaba a las 6 de la mañana, junto con su marido, para hacer todas las tareas de la casa, luego llevaba a sus dos hijos al colegio y se ponía a estudiar hasta la hora de comer que los recogía del colegio y hacía la comida. Seguía el resto del día ocupándose de casa y, cuando todos se acostaban, otra vez a estudiar. Así hasta que empezó a trabajar en la Federación Nacional de Cofradías de Pescadores, un sector muy duro.

Ahora, viuda y con sus hijos emancipados, esta mujer alegre y activa, reconoce que sufre la soledad «de una casa vacía» y que le da miedo, por ejemplo, ir por la calle, que muchas no están bien asfaltadas, y pasear sola de noche, pero sobre todo me da pena llegar a casa y que esté vacía»

En España hay más de millón y medio de mujeres mayores de 65 años viviendo solas en España, según la Encuesta Continúa de Hogares de 2020 del Instituto Nacional de Estadística. Entre los factores que las convierten en personas vulnerables cabe citar su mayor dependencia económica, un mayor aislamiento y soledad, la falta de apoyo personal y social o la persistencia de los roles tradicionales de género. A eso se le suma un mayor riesgo de sufrir depresión, relacionado con todo lo anterior.

Todo eso sin olvidar que las mujeres mayores presentan índices más elevados de violencias machistas, que presentan un nivel de instrucción menor, lo que se relaciona directamente con una mayor morbilidad.