8M: Aroa, mujer y… gitana

María G. de Montis y Macarena Baena Garrido | Madrid - 8 marzo, 2022

Aroa Silva Jiménez, gitana de 32 años, se casó poco después de terminar la educación primaria, a los 13. «Muy pronto, la verdad, una locura, porque con 13 años no sabes ni lo que quieres«.

Su vida ha estado marcada por la precariedad y la discriminación; cuenta que siempre se ha sentido «como un bicho negro». «Te sientes así porque te miran por encima del hombro. Entras a un centro comercial y el de seguridad te sigue solo porque eres gitana. Vamos a ver, que por el simple hecho de ser gitana no voy a robar», explica en una entrevista con Efeminista que, con motivo del 8M, Día Internacional de la Mujer, ha querido visibilizar a 8 mujeres que se enfrentan a una doble discriminación.

Ahora, Aroa se encuentra en búsqueda activa de empleo. Se ha apuntado a un curso de inserción laboral en la Asociación Mujeres Gitanas Alboreá, aunque reconoce que, por el momento, «la cosa va mal». «Una mujer gitana va a buscar un trabajo y la discriminan por el simple hecho de ser gitana. A lo mejor voy yo y va una que es paya y la cogen a ella antes que a una gitana».

Todos los estudios coinciden en que las personas gitanas, y en particular las mujeres, se enfrentan a una realidad discriminatoria, racista y muy precaria. Seis de cada diez niñas y niños gitanos no terminan la educación primaria y tan solo el 17 % acaban la educación secundaria obligatoria (ESO). La cifra de paro entre la población gitana se estima en el 52 %, y el 65,5 % se encuentre en riesgo de pobreza severa. Una situación más dramática para las mujeres: tan solo el 16 % están ocupadas, mientras que el 60 % se encuentran en el paro.

Aroa: «A las gitanas nos tratan mal, como si fuésemos menos»

Pregunta: ¿Cómo ha sido tu vida hasta ahora?

R: Tengo 32 años y soy una mujer gitana que ha sufrido discriminación. Una de tantas. Y, como todas, nos casamos muy pronto y tenemos hijos muy pronto. Yo hijos no tengo, pero me casé con 13 años. Muy pronto, la verdad, una locura, porque con 13 años no sabes ni lo que quieres.

Yo tengo un padre muy raro. No me dejaba hacer prácticamente nada: no te pongas esto, no salgas aquí, no vayas allí… Mi padre es un machista, de los machistas antiguos. Que si llevo un leggin, como no me ponga una camiseta que me tape el culo, me dice “dónde vas con esas mallas, cacho guarra, que se te ve el culo”. Vamos a ver, que no pasa nada, que no voy desnuda.

Yo vivo aquí, en Puente de Vallecas. Nosotros hemos vivido toda la vida en Moratalaz, toda la vida con payos, y nos ha ido genial. Los queremos como si fueran de nuestra familia. Hemos tenido una relación muy buena.

P: ¿Cuáles son las discriminaciones que sufren las gitanas?

R: En el colegio, el simple hecho de salir al patio y estar con otros compañeros que te miran por encima del hombro o que dicen “es gitana, yo no quiero jugar”. A lo largo de mi vida, de mi infancia, de mi juventud… sales a la calle y te miran como “no te arrimes”. Te sientes como un bicho negro, como yo digo, porque te miran por encima del hombro.

Subes en el autobús o vas en el metro o entras a un centro comercial y el de seguridad te sigue porque eres gitana. Vamos a ver, que por el simple hecho de que yo sea gitana no voy a venir a robar, que vengo a comprar como cualquier otro ciudadano, que soy una persona más.

Alguna vez me he sentido agredida por la calle, me llaman «gitana de mierda». Vamos a ver, ¿por qué? Somos una persona más. Sí claro que tenemos mucho racismo. Nos tratan mal, siempre como si fuésemos menos. Yo no digo ni que seamos menos ni que seamos más, somos todos iguales.

Yo estoy ahora mismo en la Asociación Mujeres Gitanas Alborea. Llevo unos seis u ocho meses formándome. Estamos en la búsqueda activa de trabajo y la verdad es que va mal, porque si va una gitana a buscar un trabajo, la discriminan por el simple hecho de ser gitana. A lo mejor vas tú y va una mujer que es paya y la cogen a ella antes que a una gitana. A ver, que todos tenemos los mismos derechos, tanto derecho tiene ella de trabajar como yo. Que ella tenga más estudios, que ella tenga más experiencia, no digo que no, pero tenemos los mismos derechos.

¿Sabes qué pasa? Hay mujeres que por el simplemente hecho de ser gitanas decimos “ay, es que yo no puedo”. Una misma se pone esa barrera, pero hay que intentar tirar para adelante: no por ser gitana no podemos. Sí podemos, ¿por qué no? Todo lo que una mujer se proponga. 

Por ejemplo, mi prima está estudiando, todavía no ha sacado bien la carrera, pero está en ello y está estudiando para trabajar en un jardín de infancia. De hecho ha dado ya las prácticas y su novio, que también es gitano, es abogado.

P: ¿Qué quieres reivindicar este 8 de Marzo?

R: Que se acabe el racismo, que nos traten como a una persona más, porque somos una persona más de tantas. Que se acabe ya tanta discriminación, que no haya tanta violencia para tantas mujeres víctimas de violencia de género. Que se acabe ya la discriminación y que seamos todos iguales, que tengamos los mismos derechos que cualquier otro ciudadano, que cualquier otra mujer gitana, paya, o lo que sea. Todos somos iguales, todos tenemos los mismos derechos.

Que intentaran tratar más con nosotros para que vean que todos somos iguales, que no somos malas personas ni esos bichos raros que la gente cree que somos. Que se piensan que somos bichos raros por el simple hecho de ser gitanos.

A las mujeres jóvenes les diría que intenten tener el estudio mínimo y básico. Ya no digo una carrera porque bueno, si no quiere tener una carrera… pero por lo menos los estudios básicos, para poder entrar en un empleo en condiciones, para que no las traten como nos están tratando nosotras. Y que no se casen tan pronto, que no tengan hijos tan pronto, que te da tiempo a todo: a casarte, a tener hijos, a formar una familia y a tener tu propio trabajo para poder ayudar, el día de mañana, a tu marido y a tus hijos.

Animarlas a ejercer ese poder y esa cosa para que no nos discriminen, que todas intentemos siempre avanzar, no quedarnos atrás y decir “no, porque somos gitanas”. Si una mujer paya o de cualquier otra raza puede, ¿por qué no podemos nosotras, por el simple hecho de ser gitanas? Sí podemos, por supuesto que podemos. Yo las animo a todas ellas, a que se animen, a que piensen que sí podemos trabajar, que sí podemos sacar un curso, que sí podemos tener una formación, que sí podemos a cualquier cosa. Sí podemos.

8M: mujeres gitanas en cifras

No hay consenso en torno al número de personas gitanas que viven en España. El Mapa sobre Vivienda y Población Gitana de 2015 estima la población gitana en 516.862 personas, pero la Fundación FOESSA considera que, en la actualidad, la cifra real está entre las 800.000 y 1.500.000 personas.

En el caso de las mujeres gitanas, se enfrentan a barreras sociales muy complejas. La psicóloga de intervención psicosocial y técnica de empleo en la asociación Alborea Irene Hostalet apunta a que «se encuentran con muchas limitaciones culturales, con temas de violencia dentro de la familia y con ideas que incluyen sesgos de género», lo que habitualmente «les impide abrirse varios caminos», especialmente en el ámbito laboral.

En ese campo también se enfrentan a una gran «discriminación»: «muchas veces vemos empresas que no quieren contratar a personas gitanas por los prejuicios que hay hacia ellas», explica la psicóloga.

Para Hostalet, la solución pasa por implementar medidas «a nivel educacional y social», ya que «muchas de las limitaciones no son legales, sino educacionales. Por ejemplo, el caso del jefe o jefa de la empresa que tiene prejuicios hacia ese colectivo y prefiere a una persona blanca».

La situación laboral de la población gitana se caracteriza por altas tasas de desempleo y la precariedad laboral. Es habitual que accedan a trabajos de baja cualificación y alta tasa de temporalidad, lo que se traduce en que alrededor del 65,5 % de la población gitana se encuentra en riesgo de pobreza severa.

También hay una importante brecha de género en el acceso a la educación de la población gitana: tan solo un 15,5 % de las mujeres acaban la ESO, frente al 19 % de los hombres, y las tasas de analfabetismo, casi inexistente en la población general (2 %), doblan en el caso de las mujeres gitanas (14 %) a los hombres (6 %). Esas cifras se extienden al empleo: la tasa de ocupación de las mujeres es del 16 %, frente al 44 % de los hombres, y el paro femenino ronda el 60 %.