Silvia Agüero: "Si tu feminismo no es antirracista, no vale una mierda"

La activista feminista, actriz y comunicadora Silvia Agüero en una entrevista con Efeminista en el Teatro del Barrio (Madrid). EFE/Laura de Grado

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Silvia Agüero: "Si tu feminismo no es antirracista, no vale una mierda"

Ane Amondarain | Madrid - 19 abril, 2024

Fomentar el diálogo entre los diversos feminismos, apostar por un posicionamiento antirracista y que el Estado español reconozca al pueblo gitano son las principales reivindicaciones de Silvia Agüero, activista feminista, actriz y comunicadora nata, quien lleva años luchando contra el antigitanismo desde diversos espacios. También desde los escenarios.

"Si tu feminismo no es antirracista, no vale una mierda", declara de forma rotunda Agüero (Vallecas, Madrid, 1985) en una entrevista con Efeminista en el madrileño Teatro del Barrio, que considera su casa.

Aquí fue donde en 2022 creó y estrenó el exitoso diálogo teatral 'No soy tu gitana', bajo la dirección de Nüll García y el trabajo actoral de Pamela Palenciano. Esta obra la ha llevado a recorrerse toda España durante dos años, sin realizar ningún parón, y se podrá ver durante todo el mes de abril en las salas del Teatro del Barrio.

El humor y el sarcasmo son las herramientas de las que se sirve para poder acercarse al público, generar un ambiente empático e infundar esperanza en las generaciones gitanas futuras. Mientras que realiza un viaje en el tiempo para desmontar los estereotipos que se han atribuido históricamente a las gitanas y denunciar el intento de exterminio de esta comunidad desde el siglo XVII.

Pero entramos en su hogar y Silvia Agüero derrocha sinceridad. Muestra abiertamente su enfado y malestar ante la falta de reconocimiento, el desamparo y las violencias que sufre el pueblo gitano, en general, y las mujeres, en particular. Para que se dé el cambio tiene claro que entre las diversas corrientes feministas tiene que haber "un diálogo y unión", por eso apela al feminismo payo para que sea más interseccional.

En la actualidad, Agüero presenta el programa de debate y entrevistas 'Al Lío', en Canal Red, colabora habitualmente en Pikara Magazine, forma parte de la asociación Pretendemos Gitanizar el Mundo y es autora, junto a Nicolás Jiménez, de 'Resistencias gitanas' (Libros.com, 2020), un ensayo donde se reivindica que la palabra que mejor define al pueblo gitano es "resistencia".

Intersección entre el racismo y el machismo

Pregunta (P).- ¿Cuándo comienza su activismo público por un feminismo gitano?

R.- No lo sé. No hay un momento en la vida en el que digas 'venga, quiero ser activista de lo que sea'. Siendo consciente del racismo, que es difícil, al igual que es muy difícil ser consciente del machismo —por eso no todas las mujeres somos feministas y no todas las personas racializadas somos antirracistas—, en el momento en el que eres consciente y ves que no es una cosa puntual, sino universal y estructural, pues, te puedo decir que con 12 años ya empecé a saber qué era el racismo. Después, en el parto de mi última niña, con 29 años, fui consciente de esa intersección entre el racismo y el machismo.

P.- Lleva muchos años trabajando contra el antigitanismo. ¿Se han dado avances durante este tiempo?

R.- Te voy a ser sincera, no soy pesimista, soy realista: No. Se sigue debatiendo si España es un país racista cada vez que hay un acto racista de cualquier índole. Y esto se sigue debatiendo en un país que es racista, joder. Estoy hasta el coño de que tengamos que debatir esto. Sois racistas y machistas, punto.

No se puede avanzar en ningún momento cuando en un barrio como Lavapiés (Madrid) hay gente, que es público del Teatro del Barrio y que se considera antirracista, súper progre y súper moderna, que no sabe que en su barrio, en la calle Tribulete, han apalizado a dos chicos negros. No puedes pasar desapercibida de esto. Si tu feminismo no es antirracista, no vale una mierda, porque lo único que quieres es llegar a vivir mucho mejor y a las demás que nos den. 

No pienso que hayamos avanzado una mierda porque salgo de la obra —perdón, estoy muy enfadada— y siempre tengo a cinco tipos de personas que son las mismas a cualquier lado que vaya. Una de ellas viene llorando diciéndome: 'Ay, perdón, cariño. ¿Te puedo dar un abrazo?'. Entiendo que te duela. Pero, ¿de qué me sirve que me pidas perdón? Haz algo para cambiar esto, no soportes el racismo, no soportes el machismo. 

"No existimos para el Estado español. Sólo existimos en servicios sociales"

P.- ¿Cómo afecta el antigitanismo en el día a día de las personas gitanas?

R.- En todo. Para empezar el pueblo gitano no es reconocido por la Constitución española. No existimos para el Estado español. Sólo existimos en servicios sociales. Es muy difícil avanzar así. Estos cursos feministas que se hacían de alfabetización para mujeres, de macramé, de corte y confección o peluquería y estética, a donde nos mandaban a las chicas de barrio payas o gitanas para las garantías sociales, son los cursitos que nos dan ahora para las gitanas.

Las que mandan en todas estas profesiones y tienen el poder son payas feministas. Es muy fuerte. Todos esos servicios sociales son profesiones feminizadas. Esto es un apelar directamente a las feministas porque se les ha olvidado y como no seamos duras esto se os va a ir de las manos porque va a llegar un punto en el que vais a tener el poder y vais a machacar a las que tenéis por debajo, sin querer, pero eso es lo que hace el privilegio. Nos afecta todo, todo el rato. 

Hace dos años, la profesora de mi hija me hablaba como si fuera analfabeta e hice el papel porque sé encajar muy bien ahí. Soy una tía bastante empática y cuando veo a alguien sé lo que quiere de mí. Esto es una psicología que hemos aprendido las gitanas para sobrevivir en este mundo. A Nico, a mi marido, le hablaba a la cara perfectamente para que me tradujera a mí. Cuando la gente me ve, se piensa que me he pasado la pantalla del racismo, pero no. A mí me ha pasado estar aquí ensayando con Nül García (directora de 'No soy tu gitana'), ir al Mercadona de aquí al lado y que me persigan y a ella no.

Una comisión de la verdad que reconozca el intento de exterminio

P.- ¿Qué podría hacer el Estado español para que se reconozca al pueblo gitano?

R.- Puede hacer algo que ya se ha venido haciendo en Suecia y es hacer un libro blanco. Hacer una comisión de la verdad con su propio organización. Tendría que haber gente del gobierno, gente del pueblo que haya sufrido y, sobre todo, gente imparcial. Crear una comisión de la verdad para investigar todos los crímenes desde el siglo XVII, porque ha habido 230 leyes antigitanas y un intento de exterminio

Y cambiar la Constitución para que el pueblo gitano sea un pueblo más que conforma el Estado español. Tener, entonces, una propia comunidad sin territorio compacto. Es decir, seríamos el pueblo gitano, tendríamos nuestra propia dotación económica, nos podríamos presentar a las elecciones sólo como gitanos y gitanas. Y que nuestras movidas las decidiéramos nosotras y tuviéramos poder real para decidir en nuestras vidas, cosa que ahora no pasa. No es tan descabellado, es posible. No es que no sepan, no es que no puedan, es que no quieren.

Genealogía feminista gitana

P.- Algo muy elocuente de las violencias que sufren las gitanas es cómo, a lo largo de la historia, las narrativas contra ellas se han adaptado a los tiempos. 

R.- El pueblo gitano somos el chivo expiatorio y el poder siempre ha hecho esto para mantener a la sociedad a raya y a las mujeres divididas. Lo ha hecho con el pueblo gitano, en general, pero específicamente contra las gitanas. En España ha habido 230 leyes contra el pueblo gitano, pero contra las gitanas también porque éstas se negaban a cumplir las leyes que estaban redactadas en masculino genérico. Era su manera de escapar por las grietas del sistema. Cuando se dieron cuenta de esto, empezaron a redactarlas en femenino y en masculino. 

La memoria histórica del pueblo español payo blanco está basada en la negación. Todo esto que hacemos, y que hacen en el feminismo las payas, de buscar en la genealogía, lo debería hacer el pueblo español no sólo con las mujeres. Tendríamos que empeñarnos en saber sobre esa genealogía porque es una negación constante. Eres blanca porque no eres negra, eres paya porque no eres gitana, eres atea porque no eres judía, no porque no seas cristiana. El pueblo español no sabe quién es. Se tiene que ver reflejado en un espejo para saberlo.

P.- Habla de genealogía feminista gitana, ¿nos podría contar más sobre ello?

R.- Las gitanas tenemos una memoria histórica oral que nos la han metido a tapón desde chicas. Estamos haciendo esta genealogía desde más de 400 años para atrás. No estamos buscando a nuestras abuelas y tatarabuelas, que las hemos conocido, porque hemos tenido hijos muy pronto. Venimos de unas mujeres que tenían el dinero guardado en las tetas y que no tenían que pedir permiso a sus maridos para abrirse una cuenta corriente. Esa historia es la vuestra. 

¿Cómo vamos a tener el mismo tipo de feminismo? Nuestra historia, aunque haya sido muy parecida y nos hayan afectado las mismas leyes, es muy diferente a la vuestra. Tú reivindicas la igualdad con respecto a un payo que te ha dominado y que ha tenido siempre el poder. Reivindicas ese poder sobre él, tener igualdad, mandar de la misma manera. Yo no. ¿Cómo voy a querer mandar sobre mis hombres, cuando la policía les está pegando palizones, se les mata, cuando a mi hijo no le puedo dejar salir a Casino La Reina (un parque madrileño) porque es un peligro para la sociedad por ser racializado?

No reivindico las mismas cosas y no voy a dejar a mis hombres jamás en la vida. Si mi feminismo tiene que pasar por que vaya adelante con mi feminismo y con mi vida, dejando atrás a mis hombres, nunca va a pasar. Ya me han quitado el carné de feminista, que me quiten todos los puntos. Esto es muy difícil explicárselo a un movimiento feminista que lucha por otras cosas. Hasta que no nos sentemos a hablar y las payas tengan en mente que esta historia ha sido diferente, que vamos a reivindicar otras cosas y que eso les parezca bien... Porque no nos vamos a sumar a una lucha. Al final, tú vas a llegar a ese poder y yo no.

Buscar el diálogo entre los diversos feminismos

P.- ¿Tiene que haber diálogo y unión? 

R.- Tiene que haber un diálogo, unión y un sentido de 'esta también es mi lucha'. Pero tenemos que sentarnos a hablar porque no lo hemos hecho nunca. Si te pones a pensar en tu vida personal, seguramente tuviste una amiga gitana en el colegio de quien ya no sabes nada. Esta es la historia de todo el mundo. Me relaciono con mujeres payas, pero la mayoría de los grupitos aquí, en Lavapiés, que son súper monos, bisexuales, bolleras, trans... —que es mi grupito—, no tienen a mujeres racializadas.

P.- Estamos aquí en el Teatro del Barrio, en Lavapiés. ¿Qué significa para ti este espacio?

R.- El Teatro del Barrio es mi casa. Son las personas en las que confío, con las que convivo, a las que llamo si necesito algo, pero también ha sido un proceso duro, de tener que revisarnos muchas cosas, yo también. No estaba acostumbrada a trabajar con gente paya y ellas tampoco estaban acostumbradas a trabajar con gente gitana. Para ellas ha sido un reto hacer esto y enfrentarse a lo duro que hablamos y a convivir con una mujer gitana. Pero creo es bonito no contar sólo que todo ha sido genial. No, no fue genial. Fue un proceso chungo, doloroso, hasta que ahora podemos hablar de una forma sincera y eso me importa más.

El humor y el sarcasmo como herramienta

P.- Esta obra no tiene pretensión de deconstruir al público. ¿Qué es entonces lo que busca?

R.- Queríamos hacer una obra artística y para Nül García y para mí era muy importante que el público se sintiera cómodo porque nadie se va a sentir así si hablo como estoy hablando ahora. Es imposible, te atacó directamente. Si la obra tiene moralina, no tiene sentido. No quiero deconstruir a nadie, quiero que se lo pasen bien y si después de la obra piensan en leer o hacer algo, pues muy bien, pero si no lo hacen, también. Lo que busca, como cualquier tipo de arte, es emocionar de cualquier manera, con la risa, con el llanto y eso se consigue.

P.- ¿Cómo es tomar, entonces, la risa y el humor como herramienta cuando una está tan enfadada?

R.- Has venido a mi casa a hacerme una entrevista y estoy siendo bastante sincera. Si esta entrevista la hubiéramos hecho en otro sitio, creo que no habría estado igual. Fuera de mi casa soy bastante sarcástica. No puedo hablar a la gente como estoy hablando aquí. Si no es con la risa, ¿cómo vives? Es imposible vivir enfadada.

Si entiendes el enfado que tenemos las feministas, a las que nos llaman feminazis, sufriendo el machismo constantemente, intentando hacer todo el rato pedagogía para que las que vengan detrás, en los espacios que estén, no lo sufran. Como no te lo tomes a risa...

Por eso nos hacen tanta gracia monólogos como el de Pamela Palenciano, el de Irantzu Varela o, sé que no le gusta mucho a la gente, pero a mí me gusta el de Patricia Sornosa. Patricia, por ejemplo, me impactó. Fue uno de los humores más fuertes que he escuchado y las mujeres nos descojonamos porque estamos todo el día con esto. Hacer la obra es una terapia que me ha servido también para que mis relaciones fuera de aquí puedan darse.

P.- Todos los proyectos de los que forma parte son colectivos. ¿Cuán importante es trabajar en red?

R.- No tiene ningún sentido hablar de mi vida o de mis cosas si no es de una manera estructural. Intento tener mucho cuidado con lo que hablo y lo que no porque se pierde el sentido de lo estructural. Cualquier gitana que entrevistes, te puede decir que a lo mejor nunca ha sufrido el racismo porque quizá lo ha naturalizado o lo ha sufrido a un nivel bajito. Pero esto es una cuestión estructural. Hace poquito me preguntaban si el racismo es subjetivo. Cuando preguntan eso es porque también se preguntan si decir un piropo a una chica en la calle es machista. El racismo y el machismo son bastante objetivos, igual que es objetivo señalarlo

Tiene que ser en colectivo siempre y la siguiente mujer gitana que entrevistéis tiene que ser otra y no yo. Otra mujer gitana te va a hablar de otra manera. Yo tengo 38 años, tengo hijos, pero mi prima Tamara Clavería, de AMUGE (Asociación de Mujeres Gitanas de Euskadi), no está casada y ni se plantea tener hijos. Cuando yo le digo que mi resistencia es tener hijos, ella me dice que no es así para todas. Tenemos los mismos debates que tenéis dentro del feminismo blanco.

"Las luchas del pueblo gitano siempre se ven desde fuera"

P.- ¿Qué proyectos tiene entre manos? ¿Hay algún otro que desee hacer?

R.- Me gustaría grabar un documental, que creo que estoy en ello, y lo que sí que vamos a hacer es volver a editar la revista Pretendemos gitanizar el mundo, en el que hay muchas voces de mujeres y hombres gitanos de todo el mundo.

P.- ¿De qué trata el documental?

R.- Lo estoy pensando. Me gustaría mucho plantear las luchas del pueblo gitano porque siempre se ve desde fuera lo que nos pasa, pero no lo que pedimos.

¿Hasta dónde quieres llegar con tu antirracismo?

P.- ¿Qué es lo que ha llevado Silvia Agüero a estar aquí sentada, en 'Mujeres para inspirarte'?

R.- 'No soy tu gitana' también crea un horizonte de esperanza, ese horizonte es ver que es posible. Hace unos años hablábamos de que no había mujeres piloto y entonces teníamos que buscarlas para que las niñas tuvieran una referencia. Esto también lo crea. He llegado a estar aquí sentada, primero, porque no tengo lache ninguna. Y, luego, porque me he encontrado con gente muy buena que me ha ayudado muchísimo, como mi hermana Noelia, de Radio Vallecas, que es una gran comunicadora. Me contagió el amor y me enseñó.

Ese poco echadas para delante que somos las mujeres, en general, a las gitanas se nos quita en el mercado. He vendido mucho en el mercado, en la calle, en bares... Eso te da creatividad constante. La gente se ríe cuando digo esto, pero es cierto. Hay mucha comunicadora, mucha actriz vocacional entre las gitanas y no nos hace falta una carrera para ello.

Y, luego, gracias a mi marido (Nicolás Jiménez), que es sociólogo y máster en Investigación Educativa y es la persona que más sabe sobre la historia y el idioma del pueblo gitano. Y Araceli Cañadas Ortega y un montón de mujeres gitanas que me han enseñado muchísimo. Mi abuela siempre me dice 'tú con la cabeza bien alta. Nunca mires para abajo'. Cuando las payas me preguntan por qué pueden hacer para ser antirracistas, yo les digo: '¿Tú hasta dónde quieres llegar?'. Puedes llegar hasta llevarte a alguien a vivir a tu casa o hacer lo que hizo Nüll García, que dio un año entero de su vida para que yo siguiera aquí. Si quieres ser antirracista, feminista y de todo, mírate en Nüll García.