estafadores amorosos

Un joven con su ordenador, en una fotografía de archivo. EFE/Antonio Bat

La forense del lenguaje, Sheila Queralt, desenmascara a los estafadores amorosos

Carmen Naranjo | Madrid - 4 junio, 2022

«Me estoy quedando sin saldo y no voy a poder hablar con mi amor esta noche» puede ser una frase romántica pero, en realidad, esconde a un estafador del amor, delincuentes profesionales del engaño que dominan el arte de la palabra y cuyos trucos lingüísticos desenmascara la forense del lenguaje Sheila Queralt, quien asegura que «no solo roban la cartera y rompen el corazón»: «se engaña, se roba y se humilla».

El delito más frecuente en internet en 2020 fue la estafa, con 257.907 casos en España (el 89,6 por ciento) de los ciberdelitos, y entre las más comunes se encuentran las amorosas, según datos policiales que cita el último libro de la forense, Estafas amorosas.

Muchos delincuentes aprovechan el éxito de las aplicaciones de citas para encontrar a sus víctimas, unas comunicaciones que analiza Sheila Queralt, que ejerce como perito judicial en Lingúística Forense y que es una de las pocas especialistas en el mundo en el análisis de anónimos, en este libro editado en Larousse.

Los cuatro casos más famosos de España

La autora comienza estudiando cuatro casos de los estafadores de amor en serie más famosos de España (Francisco G. Manzanares, Rodrigo Nogueira, Akbert Cavallé y Carmelo Hernando Matute) analizando sus mensajes.

Los cuatro tienen cosas en común: usaron identidades falsas a lo largo de los años diseñadas para adaptarse a cada una de sus víctimas, han estado activos durante más de cinco años, prefieren estafar a mujeres, todos lograron grandes cantidades de dinero mediante sus estafas (entre 60.000 y 3.000.000 euros), las demandas presentadas en su contra incluyen fraude, amenazas, acoso, abuso y violencia de género y, por último, todos han sido condenados al menos una vez por alguno de estos cargos.

En el libro se analizan sus conversaciones para conocer sus «armas lingüísticas», cómo seducen a sus víctimas, cómo las manipulan y cómo las controlan. Porque ellos dominan «el arte de la palabra casi a la perfección. Se valen de ella para construir estrategias lingüísticas de persuasión, manipulación, convicción y amenaza», explica la lingüista.

La autora desvela el «modus operandi» de estos individuos para llevar a cabo su fraude sentimental y económico: la seducción inicial, el engaño, el conflicto y la huida, y explica sus métodos «para romper con la idea de que ellas son culpables por ser tan ingenuas».

Una estafa por fases

En la primera fase de la estafa, la de la captación, en la que se produce la seducción, el estafador localiza a su víctima en las redes sociales, se informa sobre ella y luego la contacta haciéndose pasar por un hombre encantador y fiable, con mensajes que parecen casuales sobre pasatiempos o preferencias similares a los de su presa.

Gómez Manzanares, que cumple condena actualmente en prisión, se presentaba generalmente como alguien adinerado con varios móviles, una cartera repleta de billetes y llaves de coches lujosos. Al igual que Rodrigo Nogueira, conocido como el Donjuán de las Webs de Citas, que se hacía pasar por chef o empresario de éxito. Cavallé ha simulado ser cirujano, corredor de bolsa o dueño de una cadena hotelera, mientras que Hernando se describía como un exitoso consultor.

En esa fase, en sus mensajes aparecen repetidamente palabras como «confianza», «verdad», «honestidad» que son patrones «del habla de un mentiroso», sostiene Queralt.

También trabajan la adulación y se presentan como similares a sus víctimas: «Qué fuerte que también te guste, y yo que pensaba que era un poco rarito por eso…bueno, ahora ya podemos ser raritos juntos, mi amor».

La autora insiste en que el fraude de estos estafadores no consiste solo en un mensaje, una llamada o un correo en el que piden dinero, sino que se trata de un proceso largo en el que la víctima ha sido manipulada emocionalmente, y tiene las alertas por completo desactivadas.

En el momento del engaño económico al estafador le surge un contratiempo no del todo imprevisto sobre el que preparado la situación: «He tenido que llamar a la grúa y no sé cómo voy a llegar a la entrevista. No llevo ni un céntimo encima». E intentan sutilmente que la víctima no lo cuente: «Me da vergüenza que me hayas tenido que volver a ayudar. ¿Qué pensaran de mí tus amigas?».

En la fase del desenmascaramiento, los estafadores usan ya lenguaje amenazante o tildan a las víctimas de desequilibradas: «No estás bien de la cabeza». «Me acabo de comprar un coche de 170.000 euros, imagínate para qué quiero 1.000 euros. Es un poco absurdo».

Según las cifras policiales citadas en el libro, en Reino Unido en 2018 los estafadores del amor sustrajeron a sus víctimas más de 50 millones de libras; en Australia, más de 28 millones de dólares australianos en 2019, y en Estados Unidos más de 605 millones de dólares en 2020. El número de denuncias por este tipo de delitos se ha disparado en los últimos años y, en concreto, en España han aumentado en un 50 por ciento.