Sara Torres Erika Lust

La escritora Sara Torres (izq) y la directora de cine para adultos Erika Lust (dch) posan durante una entrevista con Efeminista por la publicación de su libo 'La abundancia del deseo'. EFE/Laura de Grado

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Sara Torres y Erika Lust: "Todo es susceptible de ser erotizado y lo primero es que sea visible"

Laura de Grado Alonso | Madrid - 6 junio, 2025

En La abundancia del deseo, la escritora Sara Torres y la directora de cine para adultos Erika Lust se sumergen en un diálogo lúcido y provocador donde desmontan las construcciones patriarcales que han definido históricamente el deseo, el placer o las fantasías sexuales, y examinan cómo los sistemas de poder han moldeado la intimidad y excluido a ciertos cuerpos de la narrativa sexual.

"El deseo no se puede definir de forma estable. Es mucho más interesante hablarlo entre varias que tratar de proponer una definición única", coinciden ambas en una entrevista con Efeminista que es, más bien, una prolongación de la conversación que propone el libro y que tuvo lugar en enero de 2025.

Así nace este libro-conversación, publicado por la editorial feminista Con Tinta Me Tienes, que se despliega como una invitación a repensar lo que excita, lo que incomoda y lo que nunca se permitió imaginar.

"Se trata también de dar ese espacio a las mujeres para ocupar un lugar que tradicionalmente no hemos tenido —añade Lust—. Porque nosotras hemos sido, sobre todo, objetos de deseo, más que sujetos deseantes".

Desaprender el deseo: ¿libertad o imposición?

Uno de los ejes vertebradores del libro es la idea de "desaprender el deseo". Sin embargo, este planteamiento también abre una pregunta compleja: ¿son nuestros deseos realmente libres o han sido moldeados por estructuras impuestas? Erika Lust (Estocolmo, 1977) responde con claridad: "No somos libres. Somos productos del sistema en el que hemos crecido".

"Hemos sido bombardeadas desde pequeñas con construcciones sobre el deseo, y muchas mujeres desean cosas completamente según el patriarcado. Pero eso no significa que no tengan derecho a vivirlo o a probarlo", añade la directora de cine para adultos sueca, guionista y productora independiente.

"Somos animales culturales  y eso implica que sexualmente también somos animales culturales, y que todo lo que imaginamos tiene que ver con imágenes a las que hemos sido expuestas", coincide Sara Torres (Gijón, 1991), autora de Lo que hay y La seducción.

Para la poeta y novelista, la clave no está en eliminar el deseo aprendido, sino en ganar autonomía sobre él. "Las personas que hemos sido educadas en determinadas normas no vamos a olvidar esa norma, pero sí podemos ganar autonomia respecto a esas estructuras patriarcales".

La escritora Sara Torres (izq) y la directora de cine para adultos Erika Lust (dch) durante una entrevista con Efeminista por la publicación de su libo 'La abundancia del deseo'. EFE/Laura de Grado

Erotizar lo que ha estado en las sombras

Desaprender el deseo implica también revisar qué cuerpos, prácticas y sensibilidades han sido históricamente excluidos del imaginario erótico, explican.

"Todo es susceptible de ser erotizado —afirma Torres—, y lo primero para que algo sea erotizable es que sea visible. No deseamos aquello que permanece en la oscuridad representacional. Sin embargo, cualquier corporalidad que empieza a ocupar un lugar de visibilidad, acompañado de simbolismos positivos, de valor y de poder, adquiere de pronto una potencia de deseo".

Esa visibilidad, coinciden ambas autoras, no es neutral: está mediada por mecanismos de representación que deciden qué cuerpos son deseables y cuáles quedan fuera del relato. "Tenemos que ser conscientes de cómo funcionan esos mecanismos y aprender a utilizarlos también a nuestro favor", añade Torres.

Uno de los ejemplos más claros de esta exclusión es el del sexo lésbico, habitualmente invisibilizado o distorsionado en la narrativa pornográfica dominante.

"Lo que falta es la representación de cuerpos que saben follar de otras maneras y que lo disfrutan. Falta la representación de una cultura sexual y una artesanía sexual queer, que son saberes subculturales que aprendemos entre nosotras. Y cuando se llevan a la práctica, son un relato de lo sexual que muchas personas ni siquiera pueden imaginar, porque no está representado, ni siquiera en el porno que dice representar lo lésbico", explica Torres

La poeta critica cómo el porno convencional reproduce escenas que no solo resultan poco creíbles, sino que desconectan del placer real. "Muchas veces, cuando veo porno lésbico, pienso: eso no puede sentirse bien. Ves algo corporal que simplemente no funciona, no te excita porque sabes que físicamente no tiene sentido".

Erika Lust también lo ha visto en primera persona. "Hay gente que se me acerca para agradecerme que por fin se ven representadas en la pantalla, que pueden verse erotizadas. Y hay muchas personas que piden más de eso. Recuerdo una película que hicimos con una mujer de más de 70 años, porque una pareja lo pidió expresamente: querían verse a sí mismos en una escena de deseo. Para ellos, eso tenía un valor real", comenta.

Fantasías sexuales: entre la incomodidad y la liberación

En un contexto marcado "por tanta violencia" y el resurgimiento de "discursos que buscan apartar", Lust defiende que, desde una perspectiva queer y feminista, el derecho a fantasear es "una forma de ocupar el espacio".

Pero no todas las fantasías resultan cómodas. Algunas incomodan, inquietan, generan culpa. "Cuando la sexualidad es un tabú, nuestras fantasías también nos limitan, porque nos da miedo hablar de ellas, compartirlas, incluso vivirlas. Ese silencio nos bloquea, nos hace sentir que somos perversas, diferentes, malas", explica Lust.

"Cuando están en secreto, te identificas fuertemente con ellas. Pero cuando salen a la conversación y se convierten en algo que entendemos como público y cultural, la identificación deja de ser algo tan íntimo y con tanto impacto y entiendes que vienen de una estructura compartida, que viene de un sistema de poder que ocupa los cuerpos y los educa en una sexualidad determinada", continúa Torres.

Y destaca el potencial creativo y liberador de las fantasías. "Cuando empiezas a fantasear, tienes la sensación de que la narrativa no está dada, sino que tú puedes componerla". Eso te coloca en otro lugar", añade.

Porno y educación sexual

La directora sueca, pionera del cine erótico feminista, no esquiva el debate sobre el impacto que está teniendo el porno en la educación sexual de la juventud. "Hay que exigir más responsabilidad a la industria, claro. Pero la gran responsabilidad está en la educación sexual. Y también en las familias, aunque no todas están dispuestas a que sus hijos sepan ciertas cosas".

En La abundancia del deseo, Lust reconoce que, aunque el porno no fue creado con fines educativos, hoy está ocupando ese lugar. La razón que da la cineasta es simple: la juventud tiene curiosidad, y cuando no encuentra respuestas en casa ni en la escuela, acude a internet. Allí, el acceso al contenido pornográfico suele ser el primer contacto con la sexualidad.

Lust, criada en una cultura escandinava donde la educación sexual es obligatoria en todas las escuelas desde 1955, lo dice sin rodeos: "Es la única forma de garantizar que todas las personas accedan a una educación sexual adecuada".