Centenares de personas participan en una manifestación con motivo del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en Sevilla. EFE/ José Manuel Vidal
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¿Qué es la cultura de la violación?
La cultura de la violación es un concepto sociológico que describe a esta violencia como un problema social que es aceptado y normalizado, una "mochila cultural que llevamos todos puestos" y que abarca una amplia variedad de prácticas nocivas que permiten que se normalice y justifique la violencia sexual.
El tema ha tomado especial relevancia en España en los últimos días, después de que se hiciese viral un vídeo en el que Antonio Martín, el alcalde de la localidad de Vita, en la provincia de Ávila, entona en un escenario una canción en la que se describe cómo secuestrar a una niña en el bosque, para después llevarla a una casa, desnudarla y violarla, un escándalo que llevó al Partido Popular a expulsarlo del grupo municipal por apología de la cultura de la violación y la pederastia.
"La cultura de la violación en el fondo lo que viene es a legitimar toda una serie de actitudes machistas que pueden venir directamente ligadas a las agresiones o en las que existe todo un subtexto que da por normal que se pueden hacer y que se pueden decir ciertas cosas vinculadas a la violencia", explica a Efeminista la periodista Samara Velte, autora del libro Yo sí te creo. La cultura de la violación y el caso de sanfermines, en el que pone foco en las estructuras políticas, judiciales y mediáticas que posibilitan la violencia estructural contra la mujeres.
En el caso del alcalde del pueblo de Ávila, dice Velte, la cultura de la violación se puede ver precisamente en la existencia de esa canción que está "dentro del conocimiento popular".
"No es una canción que se haya inventado esta persona, y de hecho es el argumento que utiliza para justificarse, porque seguramente ha crecido en una sociedad donde estas estructuras culturales legitimadoras se dan por normales y entonces lo que hace es reproducir. Eso sin quitar las responsabilidades individuales", señala.
"Que esto se pueda expresar en público, en unas fiestas populares donde participa la gran parte de la comunidad, y que además haya gente que aplauda nos muestra que forma parte de un entramado social, donde, por supuesto, no hay sólo un responsable sino que todos formamos parte un poco de esto", agrega.
La cultura de la violación "es omnipresente"
ONU Mujeres señala que la cultura de la violación está impregnada en todas partes. "Está grabada en nuestra forma de pensar, de hablar y de movernos por el mundo. Y aunque los contextos pueden diferir, la cultura de la violación siempre está arraigada en un conjunto de creencias, poder y control patriarcales", señala la agencia de Naciones Unidas.
Se puede evidenciar claramente, agrega, en frases como "Con los hombres ya se sabe...", "estaba borracha" o "las mujeres dicen 'no' cuando quieren decir 'sí'", que generalmente se utilizan para justificar una violencia sexual.
Otros comportamientos ligados a la cultura de la violación incluyen culpar a la víctima, cosificar sexualmente a las mujeres o la trivializar y negar la violación.
También se alimenta de mitos que buscan restar importancia a las agresiones sexuales, especialmente cuando los casos y las víctimas no se ajustan a los estereotipos establecidos dentro de esta misma cultura, como cuando la violencia sexual se perpetra dentro de las relaciones de pareja.
"Una creencia muy común es que las mujeres mienten rutinariamente sobre las violaciones; este mito parece confirmarse a la vista del público con los ejemplos aislados de acusaciones falsas de violación que se publicitan ampliamente. Varios estudios han llegado a la conclusión de que, en lugar de 'denunciar falsamente que se ha producido una violación', las mujeres tienen muchas más probabilidades de ser víctimas de violación y no denunciar el delito ante ninguna autoridad", explican Kimberly A. Lonsway y Louise F. Fitzgerald en su ensayo Los mitos de la violación.
Otro mito común es que sólo "ciertas mujeres" son violadas, principalmente aquellas con "mala reputación" y de grupos socialmente marginales o minoritarios. Esta creencia "funciona para ocultar y negar la vulnerabilidad personal de todas las mujeres al sugerir que sólo otras mujeres son violadas", dicen las autoras.
Relaciones que no se basan en el consentimiento
La también investigadora de la Universidad del País Vasco explica que detrás de la letra de la canción que entonó el alcalde de Vita y también de muchas otras más que están muy normalizadas en la sociedad hay un trasfondo que tiene que ver con la forma en la que las personas se relacionan sexual y afectivamente.
"Cuando tenemos una canción delante con una letra tan explícita y además nos habla de una niña nos escandalizamos mucho, nos llevamos las manos a la cabeza y decimos: "Esto claramente está describiendo una violación", y sí lo está haciendo, por supuesto, pero yo también me plantearía cuántas canciones tenemos o cuántos productos culturales, que en el fondo también son representaciones simbólicas de lo que es nuestra cultura y nuestro pensamiento colectivo, que en el fondo se basan en la misma idea de consentimiento, que es un consentimiento donde el único protagonista, el único sujeto activo es el hombre", menciona Velte.
"Son letras del tipo: 'Yo te voy a hacer esto, yo te voy a hacer aquello, yo te voy a coger, yo te voy a hacer tal y tal'. Cuántas canciones tenemos en este tono y que no mencionan a ninguna niña, si no que se dirigen a una mujer, a veces sin nombre, y las vamos entonando, se ponen muy de moda y forman parte de esa cultura", agrega.
"Nunca es: 'Te voy a hacer esto si tú quieres' u 'Ojalá tú me hagas' o sea, siempre falta la voluntad de la otra parte y ¿ qué vemos luego en las actitudes del día a día? Que la gran mayoría de los hombres tampoco esperan el consentimiento de sus parejas sexuales para llevar a cabo sus relaciones. Es decir, la forma de relacionarnos sexual y afectivamente no está basada en un concepto de consentimiento entre pares, si no es un consentimiento donde las condiciones las pone una parte, tal y cuando firmas un contrato de telefónico, donde las condiciones ya están dadas y tú consientes o no consientes, pero no eres parte de la negociación desde el principio. Ésta es una de las claves", enfatiza.
La escritora llama a poner foco en las manifestaciones menos explícitas de la cultura de la violación, como comentarios o presiones que legitiman la violencia en círculos más pequeños, ya que son esas actitudes o agresiones las que suceden a diario y sobre las que las mujeres tienen menos herramientas para detectar y reaccionar.