La psicóloga María Esclapez desmonta el amor romántico en su libro «Me quiero, te quiero»

María G. de Montis | Madrid - 21 febrero, 2022

La psicóloga María Esclapez lleva casi una década poniendo todas sus energías en la divulgación: tanto en redes sociales, donde sus publicaciones con recomendaciones y claves en materia de salud mental llegan a miles de seguidores, como en las librerías, donde aporta su granito de arena con títulos que buscan que cada vez más gente tenga una «relación sana con el sexo».

Ahora publica su tercer libro, «Me quiero, te quiero», editado con Bruguera, en el que cambia ligeramente de tercio para desmontar el mito del amor romántico, hablar «sobre comportamientos tóxicos» y conseguir «un mundo un poco más sano», según explica esta psicóloga especializada en sexología clínica y terapia de parejas en una entrevista con Efeminista.

«El libro habla sobre relaciones, pero no solo sobre relaciones de pareja. Si prestamos atención, veremos que muchas de las dinámicas que se explican en el libro también suceden en otro tipo de relaciones, como de amistad o en la familia», explica la terapeuta (Elche, 1990).

«Podemos decir que es un libro que habla de vínculos y que nos enseña, a través de ejemplos propios, de ejemplos de pacientes y de la teoría, a establecer relaciones sanas, a identificar esos comportamientos que hemos normalizado y que no son normales. También hace un repaso a todos los mitos del amor romántico, a todas las fases del amor e incluso al duelo», apunta.

La lucha contra el mito del amor romántico, «una necesidad»

P.- La lucha contra la dependencia emocional y el amor romántico es un acto feminista. ¿Cuándo y por qué empieza a dedicarse profesionalmente a ello?

R.- Yo creo que desde que empecé a aprender sobre feminismo en la adolescencia. Al principio fue complicado, porque como profesional tenía que construirme primero y hay cosas que hacía que eran machistas, porque hemos crecido en una sociedad machista y son cosas que hemos aprendido inconscientemente.

El primer paso fue ese, deconstruirme y empezar a crear conciencia acerca de esas cosas, de esas ideas, de esos pensamientos que tenía. Después vi que, a nivel social, era una necesidad hablar de ello, y por eso empecé a hacerlo en redes sociales. Ahora creo que ha llegado el momento de plasmarlo en un libro.

P.- Usted, además, defiende la perspectiva de género en la terapia.

R.- Sí, para mí es fundamental. Es importante entender que hay que tener perspectiva de género en todo, porque al final hay cosas que hay que trabajar y que se basan en esa deconstrucción de los ideales patriarcales.

El amor no dura «tres años»

P.- Dedica varias páginas a las fases del amor y a desmontar la idea del eterno enamoramiento: explica que, como mucho, dura tres o cuatro años, pero que después no se acaba el amor, sino que se transforma. En su experiencia como terapeuta, ¿es complicado asumir esa fase?

R.- Desde luego, incluso hay parejas que demandan volver a esa fase de enamoramiento. Y yo les digo: “A ver, eso no puede ser, eso es imposible, porque tu cuerpo ya no va a reaccionar igual en la fase de enamoramiento”. No solo hay una reacción cognitiva, sino también fisiológica, y es muy complicado volver a ese punto.

Se puede trabajar en alimentar el amor de una pareja, pero un amor tranquilo, sano. Diferente, pero no por ello peor. Al principio, esa respuesta impacta. Hay personas que entienden que el amor se trabaja de otra manera en esa fase y que van a tener una relación igual de satisfactoria, pero hay otras que no, que se quedan muy chafadas. Pero es que es que no se puede.

María Esclapez libro

La psicóloga María Esclapez posa con su tercer libro, «Me quiero, te quiero». Imagen cedida por Penguin.

Psicología con perspectiva de género

P.- En el libro explica cómo ha sido su proceso para reconstruir esas lecciones sobre el amor romántico. En su caso, su desarrollo personal fue paralelo a su desarrollo profesional. ¿Cómo lo vivió?

R.- Esto es complicado, porque siempre se ha dicho que en casa de herrero cuchillo de palo, ¿no? En mi caso, al menos, es un poco así. Yo terminé mi carrera sin haber estudiado nada de relaciones de pareja ni de dependencia emocional, que es lo que me interesaba, así que empecé un máster que tenía que ver con todo esto. Y mientas, yo mantenía relaciones con dependencia emocional, ¡estaba todo mal!

Empecé leyendo libros. No había muchos, pero los que encontré me abrieron los ojos. Yo llegué a un punto en el que sabía que lo que estaba haciendo no era sano, que donde estaba metida no era sano, que no me hacían bien este tipo de relaciones y que incluso hacía cosas que eran súper tóxicas.

Pero el camino es duro y largo. Para mí, hubo un punto de inflexión en el que decidí que quería estar sola y vivir sin pareja, que lo necesitaba. Al tiempo conocí a mi actual pareja, pero nuestra relación ya fue muy diferente, precisamente porque yo había trabajado muchas cosas.

«Las personas no son tóxicas»

P.- Usa la palabra “tóxica”. ¿Qué es exactamente ser tóxica?

R.- Ahora mismo se usa mucho tanto el término tóxico como las red flags, que son un conjunto de comportamientos o ideas que hacen que un vínculo se desarrolle de manera tóxica, es decir, poco sano. Hay un ejemplo que se ve muy claro en relaciones que es el comportamiento pasivo-agresivo, lo que conocemos como ley del hielo, que es algo que he hecho yo y seguramente muchísima gente.

Se da cuando dos personas se pelean, discuten y se enfadan, y una de ellas entiende que la otra ha hecho algo que no debería para hacerle daño. Así que se calla y ejerce con el otro esa conducta pasivo-agresiva a modo de castigo. El problema es que no hay comunicación, que la otra persona se siente desplazada, como si no existiera. Y muchas veces hacemos esto sin darnos cuenta del daño que puede ocasionar, de las consecuencias, sin atender a esa responsabilidad afectiva.

Esto se puede cambiar, porque yo he tenido parejas en terapia de pareja que lo han lo han vivido y lo han cambiado, pero hay que prestar atención a algo muy importante: la empatía. Si yo no practico la empatía con mi pareja en ese momento, aunque esté enfadada, va a ser súper complicado dejar de establecer esa ley del hielo, ya sea consciente o inconscientemente. Ahora, si entiendo cómo se puede sentir la otra persona, hasta dónde llegan las consecuencias de mis actos y el alcance del comportamiento que estoy teniendo, se puede cambiar.

P.- Empezó como divulgadora ya mientras estudiaba la carrera, ¿de dónde viene esa vocación?

R.- Empecé con esto cuando estaba terminando la carrera. Como te decía, me faltaba bibliografía sobre sexo y amor, así que empecé a leer libros, muchos. Y cuando los leía, no dejaba de pensar con sorpresa que la gente no sabía muchas de esas cosas, pero que tenía que saberlo. Empecé a sentir una especie de ansia por contarlo, así que me abrí un blog para hablar de felicidad, de sexualidad o de relaciones de pareja.

Yo te diría que es vocación. Al fin y al cabo, a mí nadie me paga por publicar en Instagram, ni tampoco me obligan, pero cuando lo hago soy feliz porque siento que es necesario. Veo que la gente lo recibe con muchas ganas y me escriben con agradecimiento.

Ser mujer en redes

P.- Por otro lado, su perfil es público y de gran alcance. Entiendo que ser mujer divulgadora lleva a ciertas respuestas desagradables, incluso a mensajes de odio.

R.- Sí, además bastantes. He recibido todos los insultos que quieras y más, y muchos mensajes que no hay por donde cogerlos de gente que ha entrado al perfil, ha leído una publicación y ya se cree que lo sabe todo sobre ti.

Pienso que la crítica está bien, porque yo al final no quiero sentar cátedra sobre nada, pero es muy injusto que tú estés intentando hacer algo positivo para la sociedad, que no te paga nadie porque lo haces por vocación y que encima te echen encima todo lo que te echan. También es verdad que el lado positivo es mucho mayor, porque hay muchísima gente que me apoya y me manda mensajes positivos todos los días. Pero cuando ves esa parte negativa, que además no tiene ningún argumento sólido, que solo son insultos.

P.- Muchas mujeres tienen perfiles públicos y están en su misma situación. Como psicóloga, ¿cuál cree que es la manera más eficiente de gestionarlo?

R.- Mi recomendación es que pasen. Sé que es complicado, porque cuando lo lees te hace mucho daño, pero lo mejor es recordar aquellas cosas que las hacen fuertes, que recuerden las cosas por las que están ahí y por las que merece la pena seguir luchando y que pasen de esta gente.

El riesgo del amor romántico

P.- Volviendo al tema del amor romántico, ¿cuál es el mayor riesgo al que están sometidas las mujeres, en relación a estos conceptos? Es decir, ¿cuáles son los efectos más graves de estos mitos?

R.- Te voy a contar los que creo que más se repiten, que son dos. Para empezar, el del príncipe azul, tanto en chicas como en chicos, que es esperar a que venga otra persona a salvarles de su vida, por así decirlo, para que les aporte la felicidad que ahora mismo no tienen.

Y, centrándome en este mito, veo también que se repite mucho la necesidad de tener pareja, no solo por esto que te acabo de decir, también por la perspectiva que tienen la sociedad respecto a las mujeres que no tienen pareja. Fíjate que, cuando hablamos de hombres sin pareja hablamos del soltero de oro, pero cuando hablamos de mujeres siempre es la solterona. Hay muchas más mujeres que vienen a consulta con esa preocupación: oye, tengo treinta y algo y no tengo pareja. Yo intento trabajar con ellas exactamente eso: el mito de que no necesitas tener pareja y que, aunque está genial tener pareja, primero tienes que trabajar en ti misma.

El segundo mito es el de los celos, y se da sobre todo en mujeres jóvenes, como de veinte años o así. Cuando entienden que los celos no son igual a amor, se trabaja mejor, porque se puede hacer una mejor gestión en la relación. La persona que está acompañando en la relación también tiene que ayudar a esa gestión.

P.- De hecho, en el libro destaca que los celos son una emoción a trabajar, sin demonizarlos.

R.- Sí, además ahora tengo varios casos de personas que sienten celos y que se sienten fatal, porque para ellos sentir celos es súper tóxico y ellos no quieren ser tóxicos. Con estas personas se trabaja el entendimiento acerca de que las emociones son respuestas inconscientes: yo no puedo evitar sentirme enfadada, celosa, feliz, asqueada, pero cuando siento esa emoción sí la puedo manejar, porque eso ya es un proceso consciente y racional.

Hay que entender que no pasa nada por sentir celos, al igual que no pasa nada por ser feliz. Nadie se plantea “soy tóxico porque soy feliz», ¿a que no? Pues lo mismo pasa con los celos.

Un libro «para un mundo más sano»

P.- ¿A quién recomendaría este libro?

R.- Pues a todas aquellas personas que tengan vínculos con otras personas, ¡es para todos los públicos! Si tienes una relación de pareja sana, también lo puedes leer, porque al fin y al cabo hay cosas que deconstruir, mitos del amor romántico, esas cosas que arrastramos. Si tienes una relación de pareja que sospechas que puede ser tóxica, lo puedes leer. Si acabas de dejarlo con tu pareja, lo puedes leer. Si piensas en dejarlo con tu pareja pero no te atreves, lo puedes leer, o sea, lo puede leer quien quiera, incluso como decía antes. Si tienes una relación de amistad, una relación de familia, en la que sospechas que también puede haber un vínculo tóxico o alguna cosilla que no funciona, pues también.

Yo quiero que este libro ayude, que abra los ojos a esos comportamientos que hemos normalizado, pero que no son normales y que haga de este mundo un mundo un poco más sano. En general, que todos y todas aprendamos a tener relaciones sanas, independientemente de con quién, ni cuándo o cómo, pero que sean sanas y nos ayuden.