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La autora del ensayo Un nuevo contrato sexual: Placer y poder en la industria del deseo femenino, Andrea García-Santesmases, en una entrevista con EFE. EFE/ Julia García

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Andrea García-Santesmases: "Tenemos que pensar cómo convivir y deconstruir la masculinidad y feminidad tradicionales"

Julia García González | Madrid - 17 mayo, 2026

"Tenemos que pensar en formas de convivir, de deconstruir la masculinidad y la feminidad tradicionales y, desde feminidades y masculinidades más libres, poder encontrarnos y crear otro tipo de relaciones, asegura la antropológa Andrea García-Santesmases quien, en su su ensayo Un nuevo contrato sexual: Placer y poder en la industria del deseo femenino, alerta sobre los discursos de guerra de sexos y la idea de que "cada vez somos más distintos, estamos más enfrentados, y somos antagónicos y antagonistas".

Además, en la investigación  la autora ha analizado productos culturales, realizado entrevistas con "gigolós" y reflexionado sobre la mercantilización de la sexualidad y la neoliberalización de la vida íntima de las mujeres.

García-Santesmases reivindica una centralización del deseo femenino en las perspectivas feministas y asegura, en una entrevista con Efeminista, que hay que "seguir denunciando todas estas violencias, pero hay que intentar no esencializar a los varones como necesariamente peligrosos".

La industria del deseo femenino y la búsqueda del placer

Pregunta (P).- ¿Qué es la industria del deseo femenino?

Respuesta (R).- En esta investigación analizo la industria del deseo femenino y con ello me refiero a ese entramado industrial, mediático y cultural que intenta acoplar la reivindicación feminista en torno al deseo, al placer, la sexualidad y convertirla, estandarizarla, en productos y bienes de consumo y experiencias también.

Tradicionalmente, todo ese campo que tiene que ver con lo erótico ha sido consumido exclusivamente por varones y, a día de hoy, nos encontramos con que hay una expansión industrial que incluiría desde esa producción que tiene que ver con los juguetes sexuales, con las experiencias eróticas, con los talleres, las formaciones, la mejora de la sexualidad femenina, con su sanación.

P.- ¿Aleja esto a las mujeres de la búsqueda de su deseo, de su placer?

R.- Yo creo que hay una disputa en torno a cómo reivindicar nuestro placer y nuestro deseo. Evidentemente todas las mujeres somos diferentes y no es que haya un único deseo femenino o una única fantasía femenina, pero sí creo que es difícil enunciarla en voz propia cuando tenemos este entramado mediático y cultural que intenta coaptar demandas tradicionalmente femeninas y feministas.

Pensemos en los juguetes sexuales, o en otro tipo de formaciones y talleres del ámbito de la sexología, que en lugar de contribuir al empoderamiento y la liberación sexual, lo que hacen muchas veces es paliar problemas más estructurales como la brecha orgásmica o la extremada normatividad del mercado afectivo sexual de las relaciones.

P.- En el libro mencionas "aún cuando ellas pagan, el miedo no cambia de bando" ¿A qué se refiere con esta afirmación?.

R.- Una de las cosas que me ha interesado analizar, uno de los ejes vertebrales del texto y de la reflexión, es qué ocurre cuando cambiamos un a priori que pareciera consustancial a la heterosexualidad, que es que a priori el hombre es el que busca sexo, el que siempre quiere sexo, el que demanda sexo. Lo demanda a nivel mercantil, lo demanda a nivel afectivo, lo busca en su día a día.

Y pareciera que las mujeres somos quienes restringimos ese acceso a la sexualidad. Si nos queremos hacer valorar, tenemos tener una monogamia comedida. En otras ocasiones se habla incluso de castidad, pero sigue habiendo un estigma y una problematización de la reivindicación femenina y la búsqueda de relaciones sexuales.

Es ahí donde creo que esta industria es interesante porque, concretamente en los servicios eróticos que yo he analizado, todo cambia. Es una transformación radical, porque como son las mujeres las que buscan experiencias eróticas, las que demandan, las que incluso pagan por ello, se invierten los roles de género. Ahora ellos serían hombres objeto y nosotras seríamos mujeres empoderadas.

Y sin embargo, lo que yo me encuentro en una investigación de dos años donde he hecho entrevistas, observaciones, análisis de páginas web y productos culturales, es que hay cosas que tienen que ver con el patriarcado, y tienen que ver de manera profunda con el género, que no varían por mucho que cambie el pago, y eso tiene que ver con qué cuerpos se consideran y se viven violentables y violentadores y con cómo juega el deseo heterosexual en la lógica sujeto-objeto.

P.- ¿Qué impacto tiene esta inversión de roles de género en las mujeres?

R.- Una de las cosas que yo quiero plantear en el debate es que reflexionemos sobre si realmente la liberación en el campo sexual, pero podríamos pensar en muchas más ámbitos, va por la emulación de comportamientos tradicionalmente masculinos.

Es decir, ¿queremos trabajar como los hombres y entonces estar explotados en empleos de mierda, o ser 'superjefas' y que toda nuestra vida gire en torno al trabajo? Y ahora entonces nos preguntaríamos, ¿queremos follar como los hombres, queremos reproducir esas dinámicas históricas de acumulación de parejas sexuales, de banalización del sexo, del serialización de la sexualidad?

Lo que noto cuando hablo con muchas mujeres es que esta lógica de la 'tinderización' de las relaciones muchas veces lleva una falta de responsabilidad afectiva, y además se sigue produciendo una brecha orgásmica, no es que por follar tanto como ellos tengamos tanto placer y lo pasemos tan bien, porque de facto muchas veces en las relaciones heterosexuales, sobre todo las casuales, no se prioriza el placer femenino, o más bien se prioriza el masculino, determinadas prácticas, determinados ritmos que no acaban de satisfacernos, y creo que tenemos que pensar un nuevo contrato sexual que no sea el definido en términos androcéntricos.

'Heteropesimismo' y dinámicas heterosexuales

P.- En el libro mencionas el concepto de 'heteropesimismo'. ¿Son las dinámicas heterosexuales una asignatura pendiente?

R.- Totalmente. Creo que que no podemos zanjarlas tan rápidamente con esta lógica 'heteropesimista'.  No podemos zanjar la discusión en torno a heterosexualidad diciendo, 'continúa la brecha en torno a los cuidados, en torno al reconocimiento, y además ahora hay brecha orgásmica, o sea, que esto no hay quien lo aguante', y esta idea un poco facilona de 'ojalá fuera lesbiana', como si ser lesbiana fuera sencillísimo y no existiera lesbofobia.

Pero en cualquier caso esta desgana, este hastío, como de ridiculización de todo lo que tiene que ver con la heterosexualidad, que también tiene que ver con los hombres igualitarios o con los aliados, o con hombres que intentan plantear cosas distintas, creo que hay un una parte de crítica muy necesaria pero también hay una parte de falta de propuesta de alternativas que me preocupa.

Si nos quedamos simplemente en criticar y denunciar la heterosexualidad como un régimen opresor y en el día a día los micromachismos como algo que desgasta y que hastía, esta frase de 'el mercado está fatal', dejamos sin alternativa a muchísimas mujeres que quieren convivir con varones, que desean a varones y que esa va a ser su forma de relacionarse afectiva y sexualmente, con quienes se van a reproducir y van a convivir. Entonces, creo que tenemos que intentar pensar nuevos lenguajes y nuevas ideas para que eso sea vivible.

P.- ¿Qué relación tiene todo ello con los incels?

R.- Los incels son los principales 'heteropesimistas'. Al final lo que están planteando es 'no hay posibilidad de tener relación con las mujeres'. Quizá ellos son un grupo pequeño y muy estereotipado, que ya lo hemos representado mucho mediáticamente, pero sí veo un discurso mucho más amplio que el de los incels en la población masculina, que tiene que ver con esta idea de 'a las mujeres no hay quien las entienda, ahora para cualquier cosa hay que firmar un contrato porque te pueden denunciar'.

Me preocupa que la denuncia necesaria que hemos hecho contra las violencias sexuales haya llevado también a una esencialización de género donde parece que cada vez somos más distintos, estamos más enfrentados, somos antagónicos y antagonistas. Y entonces volvemos a unos discursos de guerra de sexos que digo, '¿pero en qué momento hemos regresado a esto?'. Lo que tenemos que pensar es formas de convivir, de deconstruir la masculinidad y la feminidad tradicionales y desde feminidades y masculinidades más libres poder encontrarnos y crear otro tipo de relaciones.

La autora del ensayo Un nuevo contrato sexual: Placer y poder en la industria del deseo femenino, Andrea García-Santesmases, en una entrevista con EFE. EFE/ Julia García

P.- En el ensayo señalas que el nuevo mercado heterosexual, supuestamente libre de prejuicios y tradiciones, parte de una falacia: que las posiciones de partida de hombres y mujeres son equivalentes.

R.- Claro, yo creo que lo que se ha visto en investigaciones como las de Eva Ilouz o Katherine Angel, incluso la mía propia, es que no son equiparables esas posiciones de partida. Eso sería plantear que no existen estructuras de poder como son el patriarcado o como son el colonialismo, desarraigados a un mercado afectivo sexual en el que simplemente cada uno hace lo que quiere, siempre y cuando sea consentido, y solo tenemos que negociar qué quieres tú, qué quiero yo, a ver si coincidimos.

Venimos de historias en que la sexualidad nos ha atravesado como sujetos, en las que nos ha puesto en un lugar o en otro a la hora de poder acceder al espacio público, a la hora hora de vivir nuestros cuerpos, a la hora de pensar nuestras fantasías, a la hora de la autoestima, las relaciones afectivas, las relaciones familiares. Todo ello configura la manera en que llegamos a ese mercado afectivo sexual.

¿Qué cuerpos se consideran deseables o no deseables? Hay una estructura que demarca que ciertos cuerpos son deseables y ciertos cuerpos no, y en el caso de las mujeres, por ejemplo, está mucho más configurado por el atractivo físico, que a su vez está mucho más demarcado por cuestiones de edad o de peso, que configura mucho más que el acceso que puedan tener los varones.

Un nuevo contrato sexual alejado de la lógica androcéntrica

"Hay un malestar femenino real (...) Creemos algo nuevo, si no es la lógica androcéntrica neoliberal del consumo de cuerpos, que sean entonces encuentros donde la afectividad, las formas de familia o las formas de erótica se jueguen de otra manera".

P.- ¿Cómo crees que se debe crear ese nuevo contrato de sexual del que hablas al final de la investigación? ¿Cuál es tu propuesta?

R.- No sé si tengo una propuesta concreta, más bien abro una pregunta que tendremos que resolver colectivamente. Lo que sí creo es que tenemos que dar portazo de una vez por todas al viejo contrato sexual, a estas ideas de los varones con acceso al cuerpo de las mujeres, donde la valía femenina se rige por el número de relaciones sexuales y esto que parecía algo obsoleto, algo viejuno, algo rancio, me preocupa cómo está siendo reactivado o reactualizado en estos discursos de la 'manosfera' y muchas veces de la 'femesfera'.

También se está viendo en espacios online de mujeres, donde de repente te vuelven a hablar de una esencia femenina, de una identidad femenina, de hacerte valorar, de asegurarte que te respeten, que tu energía femenina sea puesta en valor, y todo eso parece que tiene que ver con restringir el número de parejas sexuales y con estas ideas de que sea el hombre quien pague y te abra la puerta, o sea, con volver a roles muy tradicionales porque nos hemos sentido desvalorizadas en las relaciones contemporáneas.

Yo creo que hay un malestar femenino real, un malestar 'heteropesimista' con las relaciones heterosexuales contemporáneas, y tenemos que tener cuidado con que la única alternativa sea 'ah, vale, volvamos a lo de antes, que ahí al menos nos valoraban'. Hay que tener mucho cuidado con esto, más bien, creemos algo nuevo, si no es la lógica androcéntrica neoliberal del consumo de cuerpos, que sean entonces encuentros donde la afectividad, las formas de familia o las formas de erótica se jueguen de otra manera.

Y yo aquí creo que es fundamental que los varones se impliquen. Es más necesario que haya varones, aunque se impliquen de manera imperfecta, aunque tengan aún muchas prácticas y muchos discursos criticables y que habremos de criticar, que la figura del aliado esté tan denostada que simplemente piensen que esto no va con ellos y no se impliquen en este nuevo contrato sexual.

Algo que me parece importante resaltar es cómo la sexualidad femenina está articulada continuamente en esa tensión entre placer y peligro. Y creo que los últimos años nos hemos ido mucho a denunciar los peligros que hay, cómo la violencia patriarcal está presente en muchos lugares, cómo es sistémica, y eso nos ha servido para estar atentas, para poder denunciar cosas que hemos vivido, para ser conscientes de cosas que hemos vivido, para hacer como un exorcismo colectivo del 'metoo', hermana, yo te creo.

Pero al mismo tiempo creo que nos ha producido mucho miedo y creo que tenemos que volver a un discurso donde el placer sea más central, pero no un placer que imite lo que ha sido el placer masculino, ni un placer que sea como ese producto empaquetado, un poco de Sexo en Nueva York, sino un placer realmente propio, un placer gozoso, un placer que parta de nuestros cuerpos y nuestras vivencias.

P.- ¿Crees que eso es posible en una sociedad en la que la violencia sexual y las violencias machistas siguen a la orden del día?

R.- Yo creo que sí, siempre y cuando pongamos en valor y demos cabida a experiencias positivas, que también hay, en la relación con los varones. Algo que veo mucho en mi propia experiencia o en la de amigas cercanas es que en los últimos años nos hemos centrado absolutamente en hablar, en identificar, en analizar todas las experiencias negativas que hemos tenido, que por supuesto han estado ahí y que merecen ser narradas y ser denunciadas.

Pero nos hemos quedado sin palabras, más allá del pudor o la incomodidad, cuando hemos tenido relaciones satisfactorias o placenteras con varones. Cuando son con mujeres, cuando son con otras identidades, ahí sí las ponemos en valor. Cuando son con varones hay como una incomodidad. Como lo que decía Maggie Nelson de 'la heterosexualidad siempre me avergüenza', como una cosa pudorosa. Pero veamos que hay alternativas, que hay varones que están implicándose de otra manera, que hay relaciones que están funcionando de otra manera, que hay encuentros sexuales que son gozosos, que hay encuentros afectivos donde prima el respeto y el encuentro.

Y esto que parece algo muy básico, muy obvio, creo que falta desde perspectivas feministas. Porque si no, solo existe la idealiza romántica del amor heterosexual, la idea de que dos personas se encuentran, se enamoran, se casan y son felices, o el discurso continuamente del miedo y el terror.

P.- ¿Pueden ir de la mano los dos discursos?

R.- Yo espero que sí. Creo que tenemos que seguir denunciando todas estas violencias, pero creo que hay que intentar no esencializar a los varones como necesariamente peligrosos, necesariamente violentos.

Creo que hay una socialización de la masculinidad en la violencia, que es lo que hay que denunciar, pero tenemos que ser cuidadosas a la hora de diferenciar entre masculinidad y hombres, porque en ocasiones incluso lo veo en el caso de los niños, que el niño de repente es como un hombre en potencia y hay una especie de vigilancia de ese niño para que no se convierta en un agresor. Y es como: bueno, son niños, ¿no?

Si precisamente estamos hablando de que toda esa masculinidad tóxica tiene que ver con una socialización patriarcal, socialicémonos de manera diferente, pero tampoco vivamos con el temor a que se conviertan en ese monstruo, porque creo también que los varones luego se relacionan con la idea del monstruo y acabamos perpetuando y magnificando algo que confío, yo soy optimista, no sea tan tan mayoritario ni esté tan extendido.